Bebo la orina de mis compañeras de trabajo y me pillan

Todo comenzó un día en el que mi ex-novia y yo estábamos en plena faena, en un perfecto sesenta y nueve, ella arriba y yo abajo. En un momento dado, motivada por el frío o por lo que fuera, ella estornudó, escapándose le un poco de pis directamente en mi boca. Confundido y sorprendido por la situación yo me lo tragué mientras que ella se ponía roja como un tomate y se levantaba para pedir reiteradas disculpas. Ella estaba más que avergonzada, es una chica muy pudorosa y el hacer un sesenta y nueve ya era mucho para ella, cuánto más lo que acababa de pasar. Como comprenderéis, de lo avergonzada que estaba ya no hubo forma de reanudar lo que estábamos haciendo por más que hablé con ella; y acabó marchándose de mi casa, dejándome con una excitación física y mental tremenda.

Otro tema muy distinto era yo. Aquello había resultado ser una delicia en mis labios, un manjar para mi paladar, el mejor de los elixires para mis papilas gustativas. Nunca hubiese podido imaginar que aquello me pudiese gustar tanto. Cierto es que había oído hablar de la lluvia dorada, pero de ahí a poder saborearla directamente del cuerpo de una mujer había un abismo.

A partir de ese día aquella situación se convirtió en una obsesión para mí. Mi único objetivo era volver a repetir la experiencia, pero no un sorbo, como fue la vez pasada, sino todo el contenido de su vejiga. Día tras día se lo decía a Susana (así se llama mi ex-novia), pero ello en vez de acercarme a mi objetivo me apartaba cada día más. De hecho no volvimos a practicar el sesenta y nueve nunca más. Y nuestra relación se enfriaba al mismo ritmo que yo me calentaba pensando en poder repetir la experiencia. Hasta que llegó el día, dos semanas después, en el que me dijo aquello de: “discrepancias irreconciliables en cuestiones de sexo” y se marchó para no volver más, quedándome yo solo con mis pensamientos y fantasías.

En aquel entonces, al igual que hoy, vivía solo en un piso de alquiler, pequeño, pero suficiente para mí. Tengo un trabajo que me proporciona un sueldo que me permite pagar el alquiler y mantener mis gastos, sobre todo si casi cada día voy a comer a casa de mis padres que viven a quince minutos caminando de mi curro, con lo que no tengo que preocuparme ni de la comida ni de la cena, la cual mi madre me da en un bol de plástico cada día.

Hasta ese día no había tenido ni teléfono en casa, ya que con el móvil me bastaba, pero a las pocas semanas de dejarme Susana ya tenía ordenador y una conexión de fibra óptica de 300 megas instalada y funcionando a todo trapo. El repetir aquella experiencia líquida se había convertido en una obsesión para mí, quería saber más y empecé a navegar por internet con dos únicas palabras en mi mente “lluvia dorada”. Pude encontrar muchas páginas dedicadas al tema, pero pocas gratuitas. Ello no quitó que pasase varias horas al día pegado al ordenador viendo videos y leyendo relatos de mujeres meando sobre hombres. Lo que más me excitaba no era tanto el mear uno sobre el otro, sino el que el hombre pudiese saborearlo y bebérselo.

Eso me había obsesionado, yo quería volver a probarlo, volver a saborear ese elixir, ese líquido destilado saliendo del manantial de una mujer, saciar mi sed y mi lujuria con el “agüita amarilla” de una hermosa hembra.

En el trabajo somos diez personas, nueve mujeres (con edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta años, incluida mi jefa) y yo. Es por eso que tenemos dos váteres, uno para ellas y otro para mi, aunque están juntos en el mismo lavabo, puerta con puerta, compartiendo la pica para lavarnos las manos. Como soy yo el único hombre en la empresa, en ocasiones, si está ocupado el de mujeres utilizan, el de hombres.

Mi puesto de trabajo está al lado de la puerta del lavabo, con lo que puedo ver quién entra y sale y el rato que pasa dentro. Mi fantasía ya era obsesión y sólo pensaba en lo que estaban haciendo dentro cada vez que entraban, imaginándome saboreando sus efluvios, incluso en alguna ocasión pensando que era yo el váter sobre el que meaban, pudiendo saciar mi sed, con lo que obtenía una tremenda erección.

El viernes de hace dos semanas, en un momento que estaba muy concentrado en mi trabajo no me fijé que habían entrado dos de mis compañeras en el lavabo, y cuando mi vejiga me reclamó ser vaciada me levanté de mi puesto y fui al lavabo para cambiar el agua al canario, pero al entrar descubrí que ambos estaban ocupados, así que decidí volver a mi puesto y esperar a que salieran para utilizar el mío. Pero en cuanto me dispuse a salir, se abrió la puerta del váter de hombres, saliendo de él una de mis compañeras, concretamente Silvia, la que se sienta en la mesa que está al lado de la mía, también muy cerca del lavabo. Así que sin pensarlo me metí dentro y mientras que con una mano levantaba la tapa del váter, con la otra iba a echar el pestillo de la puerta cuando: ¡Sorpresa! ¡No había tirado de la cadena del váter!

Estaba petrificado, tenía ante mí un váter lleno de líquido amarillo calentito que acababa de dejar mi compañera. Por mi mente pasaron miles de cosas, pero había una que no salía de ella: hincarme de rodillas en el suelo y beberme ese líquido. Como soy hombre sufrí un momentáneo atrofiamiento de mi cerebro, ya que toda mi sangre se acumuló en un único punto de mi cuerpo: mi erecto pene. Sin saber cómo me encontré de rodillas al lado del váter, metiendo la mano en el preciado líquido y bebiendo de ésta. Lo que pude saborear, a pesar de estar un poco aguado, era más de lo que yo podía resistir, era una delicia, un placer para mis sentidos, el mejor líquido que pudiese beber. Yo ya no pensaba más que en acabarme aquél líquido, así que metí las dos manos y haciendo un cuenco las llené y me las llevé a la boca para volver a saborear ese elixir. En esto estaba cuando escuché:

¿Pero qué haces cerdo?

Con la sorpresa no había terminado de cerrar la puerta y la había dejado entreabierta. Era otra compañera, Olga, la encargada de una de las dos secciones, que estaba en el váter de al lado y había terminado sin que me diese cuenta y al salir me había visto en tal posición, bebiendo el pis de Silvia. Con el grito apareció en escena Silvia acompañada de mi jefa: Carla.

(Carla) ¿Qué pasa aquí?

(Olga) Que he pillado a este cerdo bebiendo del váter.

(Silvia) Pues seguro que eso es mío, porque me acabo de dar cuenta de que no había tirado de la cadena.

(C) Vaya, así que tenemos un cerdo sediento entre nosotras. ¿Te gusta lo que estás bebiendo?

Yo no podía contestar, no sabía qué contestar, con el empalma miento que llevaba no tenía riego suficiente en el cerebro para pensar racionalmente y necesitaba un tiempo que no tenía para aclarar mis idear y emitir sonidos coherentes por mi boca, ya que hasta ese momento sólo había podido emitir un único monosílabo: Eeeeeh.

(C) Levántate y contesta.

(O) Viendo esa tienda de campaña en su pantalón, creo que no hace falta que conteste.

Yo me había puesto de pié y como no me había dado tiempo a que se me bajase el empalmamiento, se me marcaba un gran bulto en el pantalón, el cual respondió por mí a su pregunta.

(C) Ya veo que sí te gusta y por el bulto del pantalón parece que bastante.

En ese momento se les cambió la cara a todas, pasando de sorpresa-enfado, a rabia-venganza, y no sé cual de ambas expresiones me preocupaba más.

(C) Silvia, sal y haz un cartel que ponga: “Fuera de servicio” y lo cuelgas en la puerta del lavabo y si alguien te pregunta algo di que se ha roto una tubería y que no se puede utilizar en lo que resta de tarde y vuelves a entrar. ¡Rápido!

Silvia salió y volvió a entrar en menos de un minuto, el cual se me hizo eterno, de pié ante aquellas dos mujeres que me miraban de arriba abajo y compartían entre ellas sonrisas cómplices, mientras que yo me arrepentía cada vez más de haberme arrodillado ante el váter y haber probado de aquél néctar de mujer.

(C) Así que te gusta beber del váter. ¿hace mucho tiempo que lo haces?

(Yo) No, es la primera vez.

(O) ¿Seguro?

(Y) Sí, de verdad, es la primera vez que lo hago.

(C) Pero no es la primera vez que lo pruebas ¿Cierto?

(Y) No, la primera vez fue hace unos tres meses con mi novia.

(O) ¿Y lo has seguido haciendo hasta hoy?

(Y) No, no he vuelto a tener ocasión, ella me dejó dos semanas después.

(S) No me extraña, yo hubiese hecho lo mismo con un depravado como tú.

(O) Me parece que acabamos de encontrar una mina de oro con este chaval. (Ambas son mayores que yo)

(C) Pues sí Olga, y esto hay que explotarlo al máximo. Camilo, me parece que te has metido en un buen problema. En este momento tienes dos opciones. O pides la baja voluntaria sin protestar y no vuelves a aparecer por aquí en tu vida, aun que eso no te garantiza que te pongamos una demanda por acoso sexual, con lo que ello significaría: la cárcel, o aceptas lo que te propongamos sin rechistar.

(Y) ¿En qué consiste…?

(O) Eso da igual, ¿Aceptas o te marchas?

Hacía unos días había leído en el periódico que a un hombre por poner una cámara en el vestuario de mujeres le habían metido en la cárcel y lo mío no pintaba mejor que aquello. No quería ir a la cárcel pero tampoco sabía lo que ellas me propondrían. Lo que estaba claro es que eligiese lo que eligiese iba a tener consecuencias nefastas para mí.

(Y) Vale, acepto ¿De qué se trata?

(C) Sabia decisión.

(O) Para empezar toma este vaso, ya sabes lo que tienes que hacer con él.

(C) Y que no quede ni una gota.

Me estaban ordenando que continuase bebiendo del váter. No salía de mi asombro. Estaba totalmente paralizado con el vaso en la mano, mirándolas a las tres sin saber qué hacer. Estaba claro que Silvia estaba sólo como espectadora y que tanto Carla como Olga eran expertas en mandar y organizar, ya que en cuestión de minutos y sin decir una palabra entre ellas, habían urdido un plan para mí.

(O) ¿A qué esperas?

La voz de Olga me hizo despertar de mi letargo, haciendo que me dirigiese nuevamente al interior del váter para obedecer sus órdenes.

(S) Me parece que mis meados le gustan demasiado, vuelve a estar empalmado.

Silvia tenía razón en parte, no eran sus meados, eran los meados de cualquier mujer, pero en este caso eran los suyos los que provocaban en mí una erección de campeonato. Así que me incliné e introduciendo el vaso en el váter lo llené de ese líquido amarillo y me lo bebí, pudiendo saborear nuevamente el preciado líquido destilado por mi compañera.

(C) Como veo que te encanta y estoy seguro que te has quedado con sed, vas a seguir bebiendo hasta que yo te diga. Silvia, ve a los chinos de aquí al lado, compra un embudo grande y vuelve a entrar, pero trae también una botella vacía de litro y medio que llevo todo el día sin mear.

No podía creer lo que estaba oyendo, mi jefa me iba a ofrecer toda su orina, sus meados, su pipí, su elixir destilado, su “agüita amarilla”… a mí. Aquello superaba todo lo que yo me había imaginado en estos tres meses. Justo cuando terminaba de vaciar el váter aparecía Silvia por la puerta con la botella y el embudo, dándoselos a Carla en cuanto entró. Mi jefa se quitó las braguitas quedándose con la falda puesta, puso el embudo dentro de la botella y se puso en cuclillas ante mí, levantándose levemente la falda para poder ver si se llenaba la botella, ya que al llevar todo el día sin mear podría tener más de litro y medio almacenado.

(C) ¡Espera! Son menos cuarto, Olga, sal y di a todas que ya se pueden marchar a casa, que como es viernes y el lavabo se ha estropeado que se marchen todas, y no hace falta que fichen, que ya lo haré yo por ellas a las seis. En cuanto se marchen cierras la puerta de la calle con llave y vuelves a entrar. Te espero.

Tal y como Olga salió y dio la noticia se oyó un poco de alboroto y los tacones de todas alejándose hacia la puerta de la calle. No habían pasado ni dos minutos y Olga había vuelto a entrar.

(O) Ya se han marchado todas, he cerrado la puerta con llave y he apagado las luces de la entrada.

(C) Muy bien Olga. Me parece que he cambiado de planes y la botella no me va a hacer falta. ¡Estírate en el suelo boca arriba! Y pobre de ti que me toques o que no te bebas todo lo que te voy a dar.

Yo me tumbé en el suelo esperando lo que intuía que iba a pasa: ¡Iba a mear directamente en mi boca! Y no me equivoqué demasiado, pero en vez de hacerlo directamente lo hizo ayudada por el embudo. Así que me puso el embudo en la boca, se volvió a levantar la falda, pudiendo contemplar esta vez un coño completamente depilado, se puso encima de mi boca mostrándome ese maravilloso coño y se agachó hasta quedar en posición.

(C) ¡Traga y que no se llene el embudo! No me gusta parar cuando estoy meando. Como me toque parar te prometo que tus pelotas sufrirán mi ira.

Aquellas palabras penetraron en mi mente como una orden, así que me dispuse a tragar con la mayor rapidez que pudiese. Y no tuve que esperar demasiado, ya que en unos segundos, enfrente de Olga y Silvia, se puso a mear en el embudo. En esa posición no podía ver cómo salía ese líquido destilado del coño de Carla, pero lo que estaba saboreando compensaba con creces cualquier ausencia de visión e incluso los insultos que recibía por parte de las tres.

(S) Cerdo, nunca hubiese podido creer que alguien fuera tan puerco como para beberse los meados de otro.

(O) Pero no ves el paquete que tiene en el pantalón, si encima está disfrutando ¿Pero se puede ser más puerco?

(C) Se está llenando el embudo, bebe más deprisa o se lían a darte de patadas en las pelotas hasta que se te baje el empalmamiento.

(O) Qué pena que no me quede nada, porque me estoy poniendo cachonda y me encantaría darle de beber.

(S) ¡Olga! ¿Tú también?

(O) Pues claro ¿Pensabas a caso que esta es la primera vez? No bonita, no. Esto es algo que de tanto en tanto hemos podido practicar con nuestras respectivas parejas. No olvides que Carla y yo somos amigas desde el instituto y tenemos muchas cosas en común fuera de la oficina, tanto que desde hace más de medio año compartimos piso.

(C) Me parece que este cerdo nos va a servir muy bien a partir de ahora.

Cuando Carla vació su vejiga completamente, hasta la última gota de su destilada esencia, en mi sedienta boca, se limpió con el papel que ya tenía preparado Olga para ella, se levantó poniéndose nuevamente las braguitas y, arreglándose la falda, continuó con sus planes para mí:

(C) Olga, llama ahora mismo a Juani y dile que quiero que vengan mañana por la mañana y que adapten el cuartito de limpieza para este cerdo.

(O) Esto va a ser mucho mejor que con el anterior.

¿Anterior? Por eso supo enseguida qué es lo que tenía que hacer y cómo, esa soltura y falta de vergüenza a la hora de descubrir sus intimidades y ponerse a mear frente a sus subordinados: no era la primera vez que lo hacía.

Mientras que mi mente asimilaba las palabras de Carla y Olga y los acontecimientos sucedidos, mis papilas gustativas se recreaban una y otra vez en saborear aquél manjar, elixir procedente del manantial de esa mujer. Todavía me quedaba el sabor de su “agüita amarilla” y lo estaba disfrutando. Nunca en mi vida me hubiese imaginado que podría hacer realidad de esta manera tan brutal mis fantasías de saborear el néctar destilado por mujer alguna, directamente del manantial.

(C) Levanta cerdo. Como habrás comprobado, no tengo ningún reparo en mearme en tu boca, más bien es algo que tanto a Olga como a mí nos fascina y siempre que hemos tenido oportunidad lo hemos hecho con nuestras respectivas parejas. Incluso llegamos a tener a un cerdo en casa para las dos por un mes, pero un buen día desapareció y no hemos vuelto a saber nada de él. Así que tú le vas a substituir. El lunes llegarás dos horas tarde al trabajo. En cuanto llegues vienes directamente a mi oficina, allí te estaremos esperando Olga, Silvia y yo y tendremos una chala en la que te explicaremos cuáles serán tus nuevas funciones y puesto de trabajo.

(O) Para que se te quite cualquier idea de no venir el lunes a trabajar, te voy a mostrar las fotos que te he estado tomando con el móvil sin que te dieras cuenta, en las que se te ve muy bien la cara y todo lo que has estado haciendo, pero en las que no se nos reconoce a ninguna de nosotras. Así que si no quieres que esto llegue a otras personas, como por ejemplo un juez, más te vale que aparezcas por esa puerta el lunes a las once en punto.

(C) ¿A quedado claro?

(Y) Sí, muy claro. El lunes a las once de la mañana en su despacho.

(O) Y tú Silvia ni una palabra de todo esto a nadie.

(S) La verdad es que después de ver a Carla mearle en la cara a Camilo y cómo le crecía el paquete me he calentado y yo también quisiera probar.

(C) No te preocupes, si aparece el lunes, que aparecerá, tendrás muchas ocasiones para hacerlo y disfrutar con ello tanto como lo hacemos nosotras. Y tú, cerdo, ya puedes largarte.

Cogí mis cosas y me fui para casa intentando asumir lo que había pasado y lo que podía pasar a partir del lunes. Tan sólo por un instante pasó por mi cabeza el hecho de no volver al trabajo, de dejarlo todo y buscarme otro curro, e incluso el gastarme parte de los ahorrillos en irme de vacaciones un mes a algún sitio muy lejano, para no hacer nada y olvidarme de todo, mientras que las cosas se enfriasen, especialmente mi cabeza, la cual estaba en ebullición con tantos acontecimientos seguidos. Pero enseguida comprendí que esa no era una opción, ya que estaba pillado y no tenía otra salida que enfrentarme a la realidad y hacer frente a mi nueva situación en el trabajo, al servicio personal de Carla, Olga y Silvia.

Cuando llegué a casa, con el calentón que llevaba, me hice una paja de campeonato recordando lo que hacía menos de media hora acababa de vivir, saboreando una y otra vez los restos de su orina que quedaban en mis papilas gustativas. Cuando ya me había desahogado y calmado de la excitación, me dediqué a limpiar un poco el piso, cenar, ducharme y ver un rato la tele, o más bien hacer zapping en la tele, porque ver no vi nada que mereciese la pena; tampoco encendí el ordenador, ya que ya había tenido bastante dosis de sexo atípico esa tarde. Así que me fui a dormir bastante temprano.

Esa noche tuve una y otra vez el mismo sueño, aun que como sueño que es no tiene demasiado sentido, pero resumiendo el sueño más o menos iba así: Yo estaba en una habitación muy grande sin ningún mueble salvo una cama, tamaño matrimonio, de esas estilo Luís XVI, con columnas de metal y techo de lona, con cortinas en los laterales, en la que estaba tumbado, desnudo y atado a las cuatro columnas, con las piernas y los brazos abiertos. De repente se abre la puerta que está a los pies de la cama, al lado izquierdo de la misma y aparece una mujer, la cual no reconozco al no distinguir su cara (es un sueño) y dirigiéndose a mí me dice:

Tienes sed, me parece que hoy no te hemos dado ni de comer ni de beber.

Y subiéndose a la cama, desnuda de cintura para abajo, plantó su rasurado coño sobre mi cara y se dispuso a mearme directamente en la boca, pudiendo yo saborear ese néctar de mujer.

Muy bien cariño, veo que tenías mucha sed, no has derramado ni una gota.

Y dicho esto se bajó de la cama y se marchó por donde vino. Inmediatamente salida ésta de la habitación entró otra mujer a la cual tampoco reconocí y siguiendo el mismo patrón que la anterior, se subió a la cama y me plantó su también depilado coño en mi boca, para darme de beber su preciado líquido, obteniendo yo una erección inmediata.

¡Vaya! Parece que el nene tiene hoy ganas de guerra. Pues espero que tengas mucha sed porque hoy he estado todo el día bebiendo mucha agua pensando en ti, así que hazme feliz y bébete todo lo que te dé.

Como comprenderéis me bebí todo, todo, todo. Creo que está de más decir que aquello a pesar de ser un sueño lo estaba disfrutando como si fuese real, como si realmente tuviese encima de mi boca ese peloncete coño dispuesto a darme de beber, ese manantial de “agüita amarilla” destilada especialmente para mí.

Muy bien, ahora que ya hemos saciado tu sed, es hora de saciar tu hambre.

Y con un ligero movimiento puso su culo donde antes tenía su coño, para darme de comer tal y como antes me había dado de beber: con lo destilado por su cuerpo, pero en esta ocasión en forma sólida. Yo abrí bien grande mi boca y me dispuse a alimentarme con lo que aquél cuerpo me ofrecía.

Este sueño se repetía una y otra vez, como si pudiese ver en él el futuro que me esperaba: perder mi libertad y ser alimentado por las deposiciones y orines de bellas mujeres.

Cuando me desperté tenía un empalmamiento tremendo, quizás motivado por todo el líquido que había bebido y acumulado durante la noche (Je, je, je)

Para no aburriros explicándoos mis horas de búsqueda en internet sobre los efectos de la ingesta en grandes cantidades de orina humana, os diré que acabé dándome de alta en un par de páginas de dominación femenina en el que incluían un montón de vídeos de lluvia dorada y scat, algo que duró todo el fin de semana, descansando lo justo para comer, dormir un poco e ir al lavabo.

El lunes llegó y con él el momento de la verdad, el momento de enfrentarme a Carla, a Olga y a Silvia. A las once en punto, dos horas más tarde de la hora habitual de entrada, abrí la puerta y sentí como si todas las miradas se dirigiesen hacia mí, como si todas supiesen lo que había pasado el viernes y lo que iba a pasar ahora. Así que con la mirada fija en el suelo, fui raudo hacia el despacho de mi jefa Carla. Allí me estaban esperando las tres, felices y alegres, como si les encantase la idea de verme aparecer. Y en verdad así era, ya que los planes que habían urdido para mí entre Carla y Olga durante el fin de semana, no era para menos.

(C) Pasa, cierra la puerta y siéntate… El que estés aquí hoy después de lo que ocurrió el viernes, nos da pie a pensar que te encanta que una o varias mujeres te dominen y especialmente que se meen sobre ti. Pues como jefa que soy tengo la obligación de atender a las necesidades de mis empleados y facilitarles en la medida de lo posible su trabajo, dándoles un escenario apto para el mismo, velando por su seguridad y salud.

Como bien sabes hoy entramos en campaña y vamos a estar trabajando a tope, tanto que en ocasiones no vamos a tener ni tiempo para ir al baño a mear, así que desde este momento pasas a ser nuestro nuevo “váter portátil”. A partir de hoy tu puesto de trabajo será la mesa que está al lado del cuarto de la limpieza. En cuanto recibas un mensaje por el ordenado de alguna de nosotras, dejarás lo que estés haciendo y te dirigirás inmediatamente al puesto que se te requiera y metiéndote bajo la mesa beberás lo que cada una de nosotras te ofrezcamos, utilizando un embudo y un tubo, como estos, que todas tenemos en nuestras mesas.

Tranquilo todas ya saben lo que pasó el viernes, a las nueve en punto hemos tenido una reunión las nueve y les hemos explicado todo. Ellas están encantadas y por eso todas tenemos una botella grande de agua sobre la mesa, para que todas podamos utilizarte esta misma mañana.

Algunas están un poco nerviosas por hacerlo en público, por eso hemos adaptado el cuarto de limpieza, instalando un váter muy original para que lo puedan hacer en la intimidad. ¿Queda claro? ¿Alguna pregunta?

(Y) Me parece que no tengo nada que decir, ya lo habéis pensado todo vosotras por mí.

(O) Cierto. Tus responsabilidades habituales seguirán siendo las mismas que hasta ahora, con este añadido de “váter portátil”, con lo que tu sueldo y jornada laboral no variará.

(C) Pues si no tienes ninguna pregunta, síguenos que te enseñaremos tus nuevos puestos de trabajo.

Salimos del despacho y fuimos hasta mi nueva mesa, por el camino pude darme cuenta de que casi todas vestían falda y que realmente todas tenían una botella grande de agua sobre sus mesas y algunas ya estaban casi vacías, con lo que no tardarían en requerir mis servicios. Eso hizo que antes de llegar a mi mesa ya tuviese una erección considerable pensando en estar metido debajo de sus mesas pudiendo absorber sus esencias.

Debo decir que ninguna de ellas fuma y que al ser bastante jóvenes todas ellas están bastante sanas, algo que me tranquilizaba. La mayoría son separadas o divorciadas, salvo dos que están casadas y una que tiene pareja estable, las únicas tres que venían con pantalón y que a demás sus botellas estaban por empezar, lo cual me hizo sospechar que ellas no requerirían de mis servicios.

(O) Este es tu nuevo puesto de trabajo, la mesa es distinta, pero el ordenador es el tuyo.

Y abriendo con llave la puerta del cuarto de limpieza…

(C) ¡Y éste es el nuevo váter! Especialmente hecho para ti y por ti. Para que lo puedas utilizar con aquellas que no quieran o puedan utilizarte debajo de su mesa. ¡Hoy va a ser el mejor lunes de trabajo en mucho tiempo!

El mencionado váter no era otra cosa que la estructura de una silla bastante alta de hierro, en la que se había instalado una tapa de váter transparente y debajo de esta se había instalado un recipiente de plástico transparente con forma de gran ensaladera de la que salía en el centro un tubo de goma también trasparente bastante ancho que llegaba hasta unos veinte o veinticinco centímetros del suelo. El artilugio estaba instalado contra una de las paredes, con lo que se suponía que al meterme debajo e introducirme el tubo en la boca, quedaba totalmente inmóvil, sobre todo si pensamos que en esa posición quedaba como el estrado de toda aquella que lo utilizase conmigo, para que pudiese descansar sus pies sobre mi pecho o barriga y no le quedasen colgando por los lados.

Para ellas iba a ser el mejor lunes en mucho tiempo, pero para mí iba a ser el mejor día de mi vida.

 

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