Casada en una despedida de soltera

Llevo años casada y mi marido nunca ha sabido nada de esta historia, sin embargo en mi
despedida de soltera me despedí de la soltería por la puerta grande… Mi historia empieza con
mis amigas y yo misma en un bar muy alocado bebiendo y riendo sin parar. Era un local
especializado en despedidas de soltera, por lo que prácticamente todas las asistentes eran
mujeres y había strippers masculinos haciendo espectáculos toda la noche. Yo creía que tan
solo íbamos a ser un grupo de espectadoras más y me divertía riendo con mis amigas y
disfrutando las vistas.
Había algunos chicos espectaculares y todos iban vestidos con uniformes, cosa que a mí
personalmente me pone muchísimo. Allí estaba yo viendo como un bombero estaba a punto
de enseñarnos la manguera cuando la encargada nos llamó a mis amigas y a mi para un
espectáculo privado. Me quedé en shock y todas empezaron a reír y a empujarme para que
siguiera a la encargada. Tenía mucha curiosidad y me apetecía una barbaridad ver más de
cerca a uno de los chicos, pero al mismo tiempo me daba miedo cometer algún error del que
pudiera arrepentirme, como tocar o dejarme tocar demasiado…
Entramos en una habitación pequeña con asientos en las paredes y allí estaba el policía más
sexy que había visto en mi vida. Me sentaron en medio de la sala y de inmediato empezó a
sonar la música y él se me acercó… Mis amigas gritaban de bien que lo estaban pasando a
costa de mi vergüenza, pero yo las oía a lo lejos, como en un sueño. Solo podía concentrarme
en el olor de aquel macho, en sus músculos y en el diminuto tanga que llevaba puesto. Estuvo
un buen rato bailando encima de mí y alrededor, haciendo participar también a mis amigas.
Cuando terminó, me entristeció pero también me sentí aliviada porque nada malo había
ocurrido.
Pero yo no veía venir lo que iba a suceder a continuación… Estaba sola en el baño,
mojándome la cara con agua fría para bajarme la calentura cuando alguien entró. Al mirar al
espejo, vi que era él, mi policía. Lancé un pequeño grito sordo y me giré rápidamente hacia
él. Ponía esa mirada tan obscena y esa sonrisa tan sexy que sabía hacer a la perfección. De un
tirón pegó mi cuerpo al suyo y nos llevó a ambos dentro de un cubículo del wc. Cerró la
puerta y empezó a besarme y a pasar las manos por debajo de mi vestido, yo estaba en shock
todavía pero pronto me olvidé del mundo y me lancé sedienta a devolverle los besos y a
acariciar ese cuerpo tan perfecto que tanto había deseado minutos antes. Estaba encendida
como una llama, sin pensarlo ni un segundo me quité el vestido y me agarré a él con piernas
y brazos, notando un enorme bulto que me presionaba mi sexo fuertemente.
Él solo llevaba puestos unos pantalones, pero no se molestó ni en quitárselos, de un tirón se
bajó un poco pantalones y tanga y salió disparado ese enorme miembro que antes solo había
visto ligeramente en un estado bien diferente. Entendí perfectamente el motivo por el que le
habían contratado y me entró una increíble sensación de deseo y de miedo al mismo tiempo.
Jamás había introducido dentro de mí un aparato de ese tamaño. Pero no tuve tiempo de
pensármelo dos veces, con un dedo me apartó las braguitas y de un solo empujón me metió
toda su escopeta hasta el fondo. Lancé un grito bestial sin remedio y él sonrió más que nunca.
Si había alguien más dentro del baño, debió largarse de inmediato del susto.
Me estuvo metiendo y sacando su enorme aparato unos cuantos minutos, yo ya me había
acostumbrado al tamaño y estaba a punto de tener un orgasmo como no lo había tenido
nunca. Y así fue, sin previo aviso una enorme oleada de placer me recorrió todo el cuerpo
durante al menos un minuto. Pensaba que me moría de tanto gusto. En cuanto terminé de
gemir y jadear, decidió que era momento de terminar a lo grande y, una vez más sin previoaviso, me puso de espaldas a la pared y empezó a meterme la punta de esa enormidad de
miembro por el ano.
Imposible que lo consiga sin romperme, pensé, pero el estado de excitación era todavía tan
grande que en lugar de protestar abrí al máximo mis piernas para facilitarle el trabajo. Tras
unos pocos segundos empujando, decidió dar la estocada final y meter todos los centímetros
de los que disponía dentro de mi estrechito y maltrecho ano. Esta vez me tapó la boca para
que el grito no hiciera retumbar el edificio y, con la otra mano, empezó a masturbarme por
delante. La sensación era indescriptible, un placer bestial junto a un dolor que me excitaba
todavía más. Por supuesto, la presión era tanta que no tardó más de un minuto en descargar
toda su leche dentro de mi agujerito, al mismo tiempo que yo tenía mi segundo orgasmo y
notaba su calor por todo mi interior.
Sin mediar ni una palabra, me dio un beso en la boca, se subió los pantalones y desapareció,
dejándome extasiada para toda la noche, dolorida para una semana y adúltera para toda la
vida.

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Un comentario sobre “Casada en una despedida de soltera

  • el 8 diciembre, 2017 a las 17:54
    Permalink

    De eso tiene ganas mi esposa pero no se anima, le fasinan los BOMBEROS.
    Cuando ve un Bombero lo primero que ve es el tamaño y si es negro, mejor

    Respuesta

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