Drogada y follada en el instituto

Quiero dedicar este relato a mi amiga Isabel, ya que sin su colaboración no habría sido posible.

A mis 43 años, llevaba ya casi 20 ejerciendo como profesora de biología. Trabajo en un colegio privado y desde que se hizo cargo Marcos, un joven empresario de veintipocos años, había aumentado considerablemente el prestigio del centro educativo.

Yo había pasado de ser una simple profesora a tener una tarea adicional como jefa de estudios. Por ello, Marcos me requería a veces, para que también le ayudase en tareas de dirección y marketing para recabar nuevos alumnos. Así, mi labor se complementaba para visitar a padres de alumnos del centro, o potenciales para cursos sucesivos. A veces, íbamos juntos, ya que yo era profesional de la docencia,

Dentro de mis clases como profesora, tenía dos alumnos con los cuales, por su falta de disciplina hacia mi y parte de sus compañeros, no tenía un buen trato con ellos, pero que, a sabiendas, de los deseos de Marcos, había accedido a subir ligeramente sus notas, para que llevasen el curso sin problemas. Kevin y Roberto que físicamente. eran totalmente distintos, El primero tenía una tez dura, moreno, mientras que Roberto era todo lo contrario, de pelo entre rubio y castaño y piel nórdica. Me constaba, que otros profesores, habían hecho lo mismo que yo. No estaban las cosas como para enfadar al dueño del colegio. Todos sospechábamos que los negocios de las familias no eran lícitos, pero nuestro director siempre respondía que no era problema nuestro mientras pagasen por ser educados allí.

Estábamos a día 1 de mayo y aunque era fiesta, Marcos me pidió que hiciera una visita. Habría tres días sin clase y dentro de mi trabajo, formaba parte el convencer, tanto a los que estaban estudiando el curso en el colegio como a los que pretendíamos captar, para que lo hicieran en el próximo año. Por ello, Marcos me dio una gratificación por trabajar ese día, sin que esa cantidad se reflejase en ningún sitio, tan sólo en un papel que le firmé como que recibía el dinero, pero sin poner concepto alguno.

El día anterior se habían marchado mi marido y mi hijo a la playa. Yo, que tampoco me apetecía demasiado, me había quedado contenta en casa, que en principio, sólo me llevaría unas horas y me dejaría tiempo para mi, estar sola en casa y gastarme esa gratificación en ir de compras.

Había quedado a las doce del mediodía con Alicia. Según me comentó Marcos, era una madre con un hijo de catorce años y debería convencerla para que el año que viene fuera alumno nuestro. A la hora prevista me presenté en su lujosa casa en las afueras de la ciudad. Iba bien vestida, como correspondía a la situación de entrevistarme con el tutor de uno de los alumnos, y que intentábamos evitar su marcha.

Me recibió una mujer más o menos de mi edad. La vi tensa, pero a la vez educada, y se esforzaba por ser amable. Me ofreció tomar café o té, y elegí lo segundo. Al momento vino con las bebidas y unas pastas para acompañarlas.

Comencé a explicarle las virtudes de nuestro colegio mientras intentaba sonsacarle sobre el chico, aunque las ideas que me daba sobre él eran vagas y poco concisas. Algo que no parecía lógico en una madre interesada en la mejor educación para su hijo.

Pasarían pocos minutos hasta que sentí un hormigueo en las manos que me costaba sostener los papeles que le iba mostrando. Poco después ya no podía mantener la cabeza erguida y caí recostada sobre el sofá. Miré a Alicia pidiendo ayuda, esperando que llamase a alguien, pero no se inmutó, y cuando ya comprobó que sólo movía los ojos y respiraba, se dignó a hablarme.

  • Lo siento mucho Isabel. Me han obligado a hacer esto. No he tenido elección. En unas horas estarás bien físicamente. Yo ya pasé por esto hace unos años. Te he dado una droga que te inmoviliza, pero no tendrá efectos secundrios. Sentirás, oirás y verás todo lo que va a pasarte, pero sólo por unas horas. Luego te recuperarás y saldrás de aquí por tu propio pie. En cualquier caso estaré contigo para cuando te despiertes. Lo siento…..

 

 

Se marchó a un ala de la casa y vino acompañada de Marcos, el director y dueño del colegio y de los dos alumnos, Kevin y Roberto.

  • Me marcho. Marcos, eres un hijo de puta. La peor persona que he conocido en mi vida. Llamadme cuando tenga que volver.

  • Qué te pasa, Alicia? Estás celosa? Ya tuviste tu momento de gloria, pero ahora le toca a ella. Pásalo bien, luego te llamo.

Tan sólo oí un silencio y como se cerraba la puerta. Supe que era Alicia que se había marchado. Pude ver como los tres se acercaban a mi, aunque aún no conocía sus pretensiones, pronto iba a salir de dudas..

  • No te preocupes, Isabel. En unas horas estarás perfectamente. Quiero que sepas que esta es mi casa, vivo aquí, y evidentemente Alicia no tiene intención de traer a ningún chico a nuestro colegio. Es más, sólo tiene un hijo, y es de mi edad. Fuimos compañeros de colegio hace algunos años. – Explicó Marcos. – Sabes que soy generoso con quien me ayuda, y por eso he traído a dos de tus alumnos preferidos.

No daba crédito a lo que me estaba sucediendo. No me gustaban nada esos dos alumnos, como decía el director, ya que si no fuera por la diferencia de edad entre nosotros, pensaría que les gustaba y que hablaban de mi a mis espaldas. Les observaba cuando me miraban y hacían comentarios que aunque no los oía, parecían obscenos. Tampoco sabía muy bien lo que querían de mi en esos momentos. Los dos chicos eran descarados y maleducados, mientras Marcos el director, tenía aspecto de haber sido pudiente toda la vida.

  • Dónde nos ponemos? – Preguntó Roberto.

  • Donde queráis. Podemos comenzar aquí. Luego nos vamos moviendo de sitio. Estáis en vuestra casa. Vamos a traer las cámaras que están en la habitación, también usad vuestros móviles y las cámaras pequeñas. Mañana pasaremos una noche estupenda viendo las fotos y el vídeo.

  • Cámaras? Para qué coño querían cámaras? Qué pretendían? – Pensé.

Quería gritar, de hecho no podía abrir la boca ni emitir sonidos. También abría los ojos. En realidad era prácticamente un mueble ante aquellos chicos. Pude observar las cámaras, que traían, que parecían casi de una película.

Los dos alumnos me agarraron y me tiraron al suelo. Después me levantaron y Kevin me apoyó contra su pecho y Roberto comenzó a quitarme la chaqueta. Todo era bastante divertido para ellos, sobre todo los dos jóvenes que no paraban de decir que era hoy su mejor día.

  • Dios mío¡¡¡ Me van a desnudar. – Pensé

Al quitármela se dieron cuenta que llevaba, aparte de la camisa, una camiseta de tirantes debajo. Me iba dando cuenta que aquello no era ninguna broma, y no sólo me iban a desnudar, si no que iban a filmar todo aquello. Pero no podía entender para qué querían fotos y un vídeo sobre mi.

  • Marcos, nunca voy a olvidar esto que haces por nosotros – Dijo Kevin agradecido.

  • Ni yo. – Añadió Roberto.

  • Y quien se acordaba de mi. – Pensé

Me acordaba de mi marido, ajeno a todo lo que pasaba, que me veía feliz con mi faceta de jefa de estudios, y que sabía que estaba trabajando, pero no se podía imaginar nada de esto. También mi hijo, que iba a un curso inferior que aquellos chicos, y a quien yo también daba clase.

  • Vamos a llevarla a una de las habitaciones. Quiero que las fotos sean en varios sitios de la casa. Habéis traído más ropa como os dije?

Ambos asistieron y me agarraron entre los tres y me llevaron como un vulgar saco a la habitación que había dicho Marcos. Parecía de invitados, y estaba bien decorada. Cuando me depositaron en la cama ordenó a Kevin que me quitase el pantalón, pero no sin antes esperar a que volviera su compañero con sus cámaras.

No podía casi respirar. Temía que diera un infarto mientras estaba paralizada. No sabía si estaba bien controlada la droga, lo que no sólo me angustiaba la agresión que sufría, si no que era para mí igual de grave el sobrevivir a aquello.

Intentaba llorar, pero no me salían lágrimas. Me habían tumbado en la cama. Lo primero que hizo fue dirigirse al botón de mis tejanos y desabrocharlo. Miraba a sus compinches de manera divertida, sintiéndose superior en aquellos momentos. Después me levantó ligeramente para colocar su rodilla por debajo de mi culo, sus manos levantaros las piernas para sacarlos lentamente y dejarme con las bragas. Comenzó a tocarlas y pensé que me las quitaría

  • Kevin. Todo a su tiempo. No le metas mano. – Señaló el director.

  • Me gustan sus bragas. No es un tanga, pero son modernas. Es chula la profe.

  • Joder. Tiene buenas piernas la rubia. No sé por qué no se pone usted faldas cortas. Debería lucir esas patas. – Dijo Roberto mirándome ante mi vergüenza.

  • Ahora está muy sexy con la camisa y sin pantalón. Vamos a darnos una vuelta con ella. – Respondió Marcos. – Luego la cambiaremos y entre otras cosas, hay también alguna falda en la maleta.

La camisa apenas me llegaba al inicio de las caderas y no llegaba a cubrir mis bragas, pero los deseos de Marcos fueron órdenes para los chicos, quien ordenó a Roberto que fuese él quien lo grabase, y tomase las fotos.

  • Esto de llevar a la profe de esta forma, en bragas y totalmente dependiente de nosotros, me pone a mil.

  • Mira que hemos imaginado veces llegar a su casa, llamar al timbre y que nos recibiese en bragas. Pues mira, hoy es así.

Sentía frío en las piernas y pies, pero calor en el cuerpo. Estaba sofocada. Pensaba que era una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento.

No podía dar crédito a lo que me estaba sucediendo. Era inaudito. Eran dos alumnos míos y mi jefe. Nunca lo hubiera imaginado, pero mientras me llevaban caminando, veía mis piernas desnudas y los comentarios obscenos de los jóvenes, sentí algo que hacía mucho que no me pasaba. Aunque sus palabras eran sucias, notaba cierto erotismo. A pesar de mi sofoco era consciente que me sentía atractiva para aquellos jóvenes.

Entre risas de los tres, ambos, director y alumno me levantaron. Esta vez era distinto, no me llevaron tumbada, sino que me sujetaban sólo por los brazos y arrastraba los pies. Cuanto me hubiera gustado pedirles que parasen. Qué les podría haber hecho yo para que me estuvieran tratando así. Creo que era una buena profesora, y como jefa de estudios, obedecía y cumplía las órdenes que me marcaba Marcos.

  • Dios¡¡¡ Como me está poniendo esas piernas y ese culito¡¡¡ Se vislumbraba algo cuando llevaba esos pantalones ajustados, pero la realidad supera todas las expectativas.

  • Y ver como cuando la vais arrastrando, se le sube a veces la camisa y se le ven las bragas.

  • Chicos, que podría ser vuestra madre – Comentó Marcos entre risas.

  • Es la madre de Borja, y está que te cagas de buena.

Podría haber pensado que esos chicos me miraban con aspecto libidinoso. Podría haber pensado que les caía mal, aunque a petición de el director, había aprobado su asignatura sin merecérselo. Hice todo aquello y ahora me estaban maltratando de esa manera.

El recorrido hasta otra de las habitaciones fue humillante. Me iban pegando en el culo, y lo tocaban sin pudor, principalmente mi propio jefe. A veces, cuando me agarraban mal y me iba cayendo, me agarraban desde abajo, ante sus cánticos. También intentaban acechar mis pechos, aunque no se centraban en ellos.Tenía unos sentimientos contrapuestos, ya que hacía ya años que no me lanzaban piropos, y estos, a pesar de ser soeces y groseros, eran de tres jóvenes que podían tener la edad de mi hijo.

Por fin llegué al otro habitáculo, que parecía más bien un desván, aunque tenía una cama donde me tiraron sin ninguna consideración.

  • Vamos a quitarle la puta camisa. Lleva una camiseta debajo, y sino, no acabaremos nunca. Es una zorra, pero va muy recatada. Cuando se ha levantado esta mañana, no podría haber imaginado lo bien que nos lo iba a hacer pasar.

  • Déjame quitársela a mi. Por favor. – Imploró Roberto.

  • Qué hijos de puta!!! – Pensé. – No podía hacer nada. Estaba en bragas, por dios¡¡¡ No quería saber hasta donde iban a llegar, aunque sabía que no habría límite.

Roberto tuvo el “privilegio” de quitarme la camisa. No tuvo prisa. La agarró por arriba y uno a uno fue sacando los botones. Quedé tirada en la cama, pero Roberto, con la ayuda de Kevin, mientras mi jefe filmaba fue horrible. Hablaban entre ellos e hicieron poses para que pareciera que estaba consciente. Me levantaron y me llevaron a otro lugar.

  • La vas a besar, como si tuvieras un rollo. – Soltó el director ante mi incredulidad.

  • No quiero que me beséis. Dejadme ya, cabrones¡¡¡ Quiero irme de aquí. No voy a volver a trabajar para ti. Desgraciado¡¡¡ – Pensaba para mis adentros.

Me sentía inerte. Kevin me levantó y luego me sentó sobre la cama, agarrando mi pierna izquierda entre las suyas y entre los dos, como si fuera yo quien quería besaros, me agarraban de la mano y me desplazaba hacia él. Empezó a besarme, en los labios y mejillas.

  • Mira como le gusta. Así en braguitas está cañon la jefa de estudios. A ver si le quitas algo más y nos enseña chicha. Es usted una guarra¡¡¡¡

El joven seguía besándome, como si de mi pareja se tratase. Parecía un juguete en manos de ellos y unas palabras jocosas en sus bocas, que tan sólo sabían decir lo que se divertían, y lo bien que se lo pasarían el miércoles por la noche, con unas pizzas y viendo todo lo que estaban fotografiando y filmando. Cuando pude ver las imágenes, vi que eran hábiles en el uso de las fotografías, en que pareciera lo que no era. Todo un montaje para que pareciese que estaba consciente.

Me agarraban de una mano y me atraía hacia él, después me soltaba, otras agarraba mis pechos o mi pelo, para sostenerme, y que por la inercia no me cayera, ni me fuera para delante y detrás. Sentía sus labios junto a los míos, y su lengua que tropezaba con mis dientes, pero podía poner sabor a su boca.

  • Yo ya estoy desnudo de cintura para arriba, y ella aún está con la camiseta. No es justo. – Explicó entre risas a Marcos.

  • Pues ya estás tardando. – Añadió Kevin

El joven sacó mi camiseta por encima de mi cuerpo. Me iba diciendo frases que me humillaban según las iba escuchando. Después me subió un poco el sujetador para dejar los pechos al aire. Los besó y después me dio la vuelta para desabrochar el sostén y dejarme desnuda de cintura para arriba.Convertida en juguete sexual, en protagonista de una película, hasta ahora subida de tono, pero que pronto se convertiría en pornográfica, era consciente que no tenía otra opción que la de esperar a que se cansaran de mi.

  • Dios, qué buena que está. Qué tetas tiene. – Explicaba. Pero habéis visto qué hija de puta? Y qué bien vestida va siempre, jamás le hemos visto ni media pierna en el colegio, ni un poco de escote, y hoy, mira, todos nuestros sueños se han hecho realidad. De momento estamos contemplándote. – Dijo ahora mirándome a mi. – Cuanto tiempo hace que no le toca otro hombre que no sea su maridito? Cuanto hace que no le follan bien? En breve vamos a resolver el problema y a rellenar cada uno de esos agujeritos que tiene reservados para sus alumnos más queridos y para su director.

  • Kevin Tienes el privilegio. Vamos a llevarla a la otra habitación. Eres un poco más joven que Roberto, y eso te va a dar el privilegio de quitarle las bragas. Por cierto, el sujetador es blanco y las bragas son fucsia. Pensaba que siempre iban conjuntadas, pero claro, supongo que no pensaba que se las íbamos a ver hoy.

  • Nos sé si pensaría que se las veríamos, pero seguro que no imaginaba que se las quitaríamos.

  • Mis bragas no¡¡¡ – Eso pensé.

Era lo último que separaba mi intimidad de aquellos desalmados. Como podían pensar en quitarme las bragas? Estaban salidos y locos. Pero también, después de todo aquello, cómo podía ser tan inocente de hacerme esa pregunta?

De nuevo, entre dos, pero agarrada por los pies y por los brazos, me llevaron a la habitación donde Kevin me había quitado los pantalones y donde ahora, ya pretendían dejarme totalmente desnuda.

El joven se colocó juntos a mis pies. Empezó a acariciarme mi estómago. Empecé a temblar de manera descontrolada. Miraba a sus compañeros y tocó mis bragas. Levantó sus pies y los colocó sobre sus hombros y tirando de la parte trasera comenzó a sacarlas por encima.

Mis ojos estaban llorosos pero incapaz que mis labios pronunciasen palabra alguna. No quería que me desnudaran. Los miraba, Kevin me sobaba y los otros dos no paraban de filmar y fotografiar. Me habían dejado totalmente desnuda.

  • Bueno. Qué os parece vuestra profesora de biología? – Preguntó Marcos entre risas.

  • Dios. Qué buena está¡¡¡¡ Totalmente depilada, como me gusta.y su culito¡¡¡ Joder¡¡¡ Qué culo tiene la maestra y su coño…. No podía imaginar que no tuviera pelo debajo. Me parecía demasiado modosita. – Respondío Kevin.

  • Ponla de tal forma que la podamos ver bien. Tú tócale el coño.

  • Dejadme en paz¡¡ Hijos de puta¡¡ Qué vais a hacer? – Gritaba mi mente aunque mi boca no emitía sonido alguno.

  • Sabéis que está consciente aunque inmóvil. Daría lo que fuera lo que está pensando ahora.

El joven colocó mi pierna derecha sobre su hombro, eso dejó mi sexo totalmente abierto y a la vista de los tres jóvenes.. Comenzó a tocar mis piernas aunque enseguida se centró en mi sexo. Podía sentir el aliento de los tres, ya que los otros jóvenes se habían acercado para obtener un primer plano. Mi cuerpo reaccionaba positivamente, en contra de mi mente, que no deseaba ser tocada, pero que al estar mis músculos totalmente relajados, empezaba a disfrutarlo ya que no podía tensionarlo ni experimentar una sensación negativa.

  • Dios¡¡¡ Qué coño más bonito¡¡¡ Qué suave es¡¡¡¡ Isabel. Quiero que sepa usted que de momento le voy a tocar por todos lados, pero sólo será el preámbulo para que después le meta otra cosa más gorda y que le gustará más.

No podía soportarlo. Era humillante y notaba mi respiración acelerada, y también la de mi alumno, hasta que escuché algo que ya sabía, pero terminó de hundirme.

  • Tiene un coño precioso. Es el más bonito que he visto nunca y sobre todo es de nuestra profesora y el de la madre de Borja. Te acuerdas el cabreo que se pilló cuando le dije que le echaría a su madre mil polvos? – Comentó riendo.

  • Claro que me acuerdo. Cómo protegía a su madre el idiota……Dios. Se está mojando la profesora. Lo está disfrutando. Jajajaja

  • Borja sabía que esos chicos decían groserías de mi y no me dijo nada. Pobrecito¡¡¡ Lo que tiene que haber sufrido. – Pensé.

No. No lo estaba disfrutando, o tal vez si. Mi mente, cuando se relajaba de la situación, sentía lo que me hacía. Era agradable, no resultaba violento y lo hacía con sumo cuidado, disfrutando de cada segundo. Comenzó a pasar su dedo por mi vagina, recorriendo mi clítoris de arriba a abajo. Estaba totalmente expuesta y abierta invitaba a meter su dedo. Podía sentir su respiración, casi tan agitada como la mía, aunque por distintos motivos.

Cambió la posición, situando la pierna izquierda ahora por encima de su hombro. Llegaba perfectamente a tocarme con las dos manos, y sus dedos pasaban de mis labios a mi vagina, mientras que me introducía el otro dedo en el ano.

Quería gritar, sólo deseaba ser oída, pero lejos de mostrar disconformidad, mi cuerpo parecía agradecido de cómo me tocaba. Kevin me giró y siguió con sus tocamientos por detrás.

  • Creo que va a quedar la película estupendamente. – Comentó Marcos.– Kevin. Ha llegado el momento que la estrenes, pero ya sabes, no quiero que te corras dentro.

  • Nooo. No quiero que metáis nada. Hijos de puta¡¡¡¡ – Grité hacia mí misma.

El joven empezó a besarme. Estaba casi en posición fetal y sin llegar a abrirme las piernas. Quedó desnudo de cintura para abajo, y sin mediar reacción metió su miembro en mi. Supe que era enorme. Empezó a penetrarme sin consideración. Después decidió abrir más mis piernas para seguir con su sesión de sexo. Me manejaba a su antojo, sin poder hacer nada para impedírselo. Mi vagina, abierta y mojada, junto a la suavidad con la que lo hacía, en contra de lo violento que parecía el carácter del muchacho, conseguían, muy a mi pesar, que me excitase.

Me situó en varias posiciones, siempre para que sus amigo y el director pudieran verme ,y sacar las mejores fotos, según iban comentado entre ellos. A veces estaban muy pegados, más las cámaras que ellos. Entre los dos me colocaron encima de él, a horcajadas y volvió a penetrarme. Estuvo como dos o tres minutos. Al final, decidió que deseaba terminar en el sofá, donde podrían sacar mejores fotos. Le notaba muy caliente, y reconozco, que yo también llegaba a estarlo, aunque deseaba que parasen.

Continuó en el sofá. Seguía erecto a pesar de haber parado unos minutos.. No sabía que más me esperaba, pero sólo siguió, más activo. Deseaba que terminase, pero también que no terminase nunca. Después pensaba en lo cabrones que eran, con las cámaras, en haberme drogado y en violarme. Kevin entraba y salía, pero sus gemidos, sus gestos y sobre todo su miembro, me hacían saber que terminaría. Sólo deseaba en ese momento que se acordase de la orden de Marcos, y no culminase dentro de mi, ya que no tomaba ningún anticonceptivo.

Mi vientre se llenó de semen. Una cantidad enorme que agradecí que no hubiera llegado a mi útero. El joven se levantó, trajo una esponja y una toalla y limpió mi cuerpo, dejándome tumbada en el sofá, mientras Roberto y el director, traían una bolsa llena de ropa, y entre risas, comentaban lo que mejor me sentaría. La sacaron sin cuidado. Parecía ropa de mercadillo, ropa barata que yo no usaba. Vestidos, camisetas, tops, faldas, bragas y sujetadores, y otra bolsa con baratijas de bisutería. No entendía nada.

Marcos dijo que ahora era su turno, y sería él quien elegiría. Eligió un vestido jaspeado, gris y unas bragas y sujetador que me quedaba grande, Entre los tres me vistieron y me llevaron a un sofá. Ahora era Kevin quien tomó la cámara de vídeo, mientras Roberto continuó con la de fotos.

Quedé en posición fetal, con mi cabeza apoyada en el regazo del pantalón de mi jefe. Subió un poco mi falda para que quedase por encima de la rodilla, mesó mi pelo y de inmediato procedió a desabrochar los botones superiores del vestido. Bajó el sujetador sin dificultad, que como ya he dicho, era demasiado grande para mi. Todo se centraba en que quedase bien el vídeo y la sesión fotográfica.

Abrió el vestido hasta mi cintura y sacó mis pechos al aire. Subió la parte baja hasta los muslos. Siguió subiendo hasta dejarlo por la cintura, separó mis piernas y comenzó a tocar el tanga por delante. Todo muy suave, comentando lo que iba sintiendo, lo suave de mi piel, lo bien que me sentaba la ropa que había comprado y lo guapa que era. Me quitó las bragas y pidió a los alumnos que no perdieran detalle. Siguió con los tocamientos por encima de mi sexo, igual que lo había hecho Kevin anteriormente. De nuevo mi cuerpo empezó a reaccionar positivamente, algo que me indignaba.

  • Qué imagen tan explícita. Me gusta¡¡¡ No deja lugar a la imaginación. – Dijo refiriéndose a mi coño totalmente abierto y expuesto. No sé que me gusta más, si sus tetas, su cara, su coño, sus piernas………

Pedía, como si fuese telépata, que parase, pero lejos de ello, cada vez lo hacía con mayor intesidad. Dejó mi coño para centrarse en mis pechos y que sus amigos pudieran fotografiarlo una vez más.

Me dio la vuelta y me colocó de rodillas. Mi vestido cayó hasta mis caderas y comenzó a penetrarme vaginalmente, pero por detrás. También lo hacía suave, y de nuevo, me gustó. No podía entenderme a mi misma. Su pene también era enorme, igual que el de Kevin, y mucho mayor que los dos hombres con quienes había estado hasta entonces. Un amor de juventud y sobre todo, mi marido.

  • Mirad como se le queda el coño. – Dijo refiriéndose a lo dilatado que lo tenía.

Continuó con la penetración pero paró y entre los tres me colocaron encima de él, continuando con su sesión. Mi cuerpo caía de lleno sobre su miembro, lo que hacía que llegase hasta mis entrañas. Agarraba mis nalgas y me subía y bajaba a su antojo. No pude aguantar más y llegué al orgasmo.

  • Joder. Está mojada la rubia. Cómo me gusta. De las tres veces que he hecho esto, es la primera vez que la tía se me pone cachonda. – Comentó Marcos.

Era humillante, pero también era cierto. Estaba excitada y no podía evitarlo. Cómo podía sentir placer al ser violada? Y era la primera a la que le pasaba? Esto si me parecía terrible.

No podía dar crédito a aquello. Eso me relajó y pude escuchar los click de la cámara, y las conversaciones obscenas de los tres jóvenes.

  • Joder con la profesora. Está salidísima. Me encanta su culo.

Todos se habían dado cuenta que había tenido el orgasmo. Supongo que por mi respiración, o por algún movimiento reflejo. Marcos siguió a lo suyo, ya que aún no había terminado.

Me volvió a colocar. Ahora como estaba al principio, en posición fetal, sólo que él se situó detrás y volvió a penetrarme. Mi maltrecho vestido se había engurruñado tanto por arriba, como por abajo, a la altura de mi cintura. Marcos se esforzaba en moverme, para que la penetración fuese más visible a las cámaras.

  • Ahora voy a probar su culo. Llevo pensando en él desde que compré el colegio y la conocí.

  • Mi culo? Qué dices, cabrón? Nooooo – Todo dicho en mi mente.

No me movió, tan sólo cogió uno de los cachetes del culete y lo separó, dejando mi ano separado. No podía soportarlo. Aquello no. No me gustaba el sexo anal, y apenas lo había practicado tres o cuatro veces en mi vida.

Intenté gritar pero no podía, tan sólo creo que se entrecortó mi respiración unos segundos por el dolor, pero enseguida paró. Separó mis piernas, dejando de nuevo al descubierto mi sexo, y….. mi ano.

Empezó a penetrarme. Sentía dolor pero no tanto como debería, dado el tamaño de su pene.. Supuse que la sodomización sería el final, pero tras tres o cuatro minutos paró y volvió a colocarme tal y como estaba al principio. A su regazo y a la altura de su pene. Separó mi barbilla y llevó su miembro dentro de mi boca.

  • Vamos Isabel. Demuestra lo buena que eres haciendo esto. Pensaba correrme en tu culo, pero lo voy a hacer en tu boca.

  • Me gustan sus tetas en esa posición. Mira qué duros tiene lo pezones¡¡¡¡¡

Mi boca estaba llena por su miembro, manejándome a su antojo para que la felación fuera como él deseaba. Para ese momento ya le notaba extremadamente caliente, por lo que sabía que era cuestión de segundos que se corriese.

Si hubiera tenido fuerzas creo que le habría capado de un mordisco, pero sabía bien lo que hacía y cómo estaba yo. Estaba a punto de llegar, sólo quería que no lo hiciera en mi boca, pero de nuevo, mis deseos salieron perdiendo con los suyos. Marcos la llenó de semen, cayendo éste entre mis labios ante el regocijo, las risas y comentarios de los tres.

  • Cómo chupa la “jodía” . Es la leche¡¡¡¡ Sobre todo es guapísima. No aparenta para nada la edad que tiene. Su cuerpo perfecto. Es pequeñita pero matona. – Comentó Marcos. – Por cierto, por qué no comemos algo rápido y seguimos?

Me dejaron sobre una mesa, con la mano tapando mi sexo, como si estuviera masturbándome, mientras los dos alumnos fueron a la cocina y dieron cuenta en pocos minutos de unos sandwiches que ya tenían preparados y el anfitrión dio la opción a los dos alumnos que eligieran la ropa que me iban a poner, y también que se cambiaran ellos para que no pareciese que era el mismo día.

Eligieron una camiseta de tirantes con rayas azules y una falda, muy corta, color beige. No me pusieron sujetador, y si un pequeño tanga color blanco. Entre los tres me vistieron y me sentaron en una silla. Aún tenían en la mesa los cafés de sobremesa que estaban tomando.

Todos me decían que tenía unas bonitas piernas, pero salvo en la playa, rara vez llevaba falda, y mucho menos tan cortas como aquella, que apenas cubría mis bragas.

Llevaba ya bastante tiempo allí, aunque no sabría cuantificarlo. Estaba en una silla, junto a mis dos alumnos, Kevin y Roberto. Marcos les dio vía libre. Se notaba que eran jóvenes, porque de inmediato me levantaron la camiseta por encima de mis pechos y Roberto hizo que abriese la boca y metiese sin miramientos, su pene dentro. Kevin también sacó su miembro y comenzó a masturbarse, ya también, con el pene erecto, aún habiendo tenido ya un orgasmo minutos antes. Empezaron a turnarse, y fue el otro entonces quien llevó también mi boca a su verga.

  • Chupe mi polla, Isabel. Que se la he metido antes, pero no por la boca.

  • Guarda respeto, que es tu profesora y te está escuchando. – Interrumpió Marcos entre risas.

De nuevo un pene llenó mi boca. Apenas podía respirar por la nariz

Roberto tocaba mis pechos hasta que Marcos le dijo que quitara la mesa. Supuse, sin equivocarme, que me tumbarían encima de ella. Entre los dos me levantaron y me dejaron sobre ella. Ambos estaban vestidos, pero con sus falos fuera, yo con los pechos descubiertos y una corta falda que apena me cubría las bragas.

Me desabrocharon los tres botones de la minifalda y levantó ligeramente mi cuerpo para que su compañero pudiera sacarla. Kevin sacó la camiseta, dejándome encima de la mesa con el pequeño tanga, pero no tenían paciencia y apenas dos segundos después, Roberto me había dejado de nuevo, totalmente desnuda, y su compañero, a pesar de haberlo hecho ya, volvió a pasar sus manos por mi cuerpo.

Roberto levantó mi pierna izquierda, colocándola por encima de su hombro y me penetró vaginalmente mientras Kevin lo hacía oralmente. Jamás había estado con dos hombres a la vez, pero aquello era obligado. Aún pensaba en que había tenido un orgasmo y era algo que no podía comprender.

Todo lo rápidos que habían sido al desnudarme, ahora eran más lentos y suaves en el sexo conmigo. El estar en la mesa me hacía sentir las embestidas que mi cuerpo transmitía de uno a otro. Marcos colocó la cámara de vídeo fija, y cogió la cámara de fotos.

Roberto se desnudó, bajó mi pierna izquierda y levantó la derecha. Kevin, que se había desnudado de cintura para abajo, comenzó a tocarme, hasta el punto que mientras era follada por él, el otro acariciaba mi sexo, lo que de nuevo, hizo que me excitase.

En circunstancias normales, mi cuerpo rechazaría a aquellos hombres pero la droga hacía que estuviese relajada, y aunque quisiera hacerlo, tan sólo era un deseo que no llegaba a mis músculos. No me dolía nada, a pesar de que mi cuerpo a veces estaba colocado de manera forzada.

  • Está buena la profe, y se ha vuelto a mojar. Creo que le encanta estar con nosotros.

  • Menuda zorra es la “rubia”. Seguro que estaba deseando que nos la follásemos y no se atrevía a proponerlo. – Respondió Kevin entre risas.

  • Chicos. Portaos bien que os está escuchando. La vais a ofender. – Respondió irónicamente Marcos.

Claro que me ofendían, y mucho. Pero quizá los comentarios eran lo de menos, hacían que me sintiera peor, aunque también más deseada.

  • Kevin. Te acuerdas cuando nos dio la clase de la reproducción y decíamos que nos encantaría reproducirnos con ella? No sé si nos escuchó, pero nos expulsó de clase.

  • Jajajaja. Es verdad. Y que nos gustaría ser bebé para chuparle las tetas, y mira. Ahora estamos cumpliendo todos nuestros deseos.

Recordé esas clases. Los eché por las risas, que alteraban la clase, aunque hasta hoy no sabía a qué se referían. Pensé en que eran malos chicos. Ninguna buena persona haría lo que hoy estaban haciendo tanto ellos, como el director del colegio.

  • Vamos a bajarla y la dejamos sobre la silla, así se lo hacemos por detrás.

De nuevo temí que me fueran a sodomizar, pero no fue así. Siguió penetrándome vaginalmente mientras que su compañero me obligaba a continuar con la felación. No duró mucho, ya que Marcos dijo que me situaran en el suelo que tuvieran la relación conmigo frente a la cámara. Eso quedaría mucho más excitante para el visionado que harían el día siguiente por la noche.

Marcos volvió a dejar fija la cámara de vídeo con el trípode mirando hacia los tres. Se sentaron en el suelo y a mi me tumbaron. Siguieron haciendo lo mismo sólo que ahora mi cuerpo quedaba más expuesto a las imágenes. Kevin no paraba de acariciar mis pechos y ahora Roberto tocaba también mi clítoris lo que hacía que me excitase más.

Me cambiaron de orientación, sólo para poder observarme mejor posteriormente. Notaba que estaba empapada y oía el chapoteo que producía la penetración de Roberto. Sabía que íbamos a llegar de nuevo al orgasmo, los tres y me incluía. Kevin sacó su pene de mi boca, para mi suerte y comenzó a masturbarse mientras tocaba mis pechos, a sabiendas que terminaría pronto. Lo peor, fue que Roberto sacó su miembro y comenzó a refregar su pene por mi vagina, lo que provocó que me estremeciera y de nuevo, muy a mi pesar, tuviera un orgasmo, casi a la vez que él llenaba, con menos volumen que su compañero, mi vientre de semen.

Me cambiaron de orientación, sólo para poder observarme mejor posteriormente. Notaba que estaba empapada y oía el chapoteo que producía la penetración de Roberto. Sabía que íbamos a llegar de nuevo al orgasmo, los tres y me incluía. Kevin sacó su pene de mi boca, para mi suerte y comenzó a masturbarse mientras tocaba mis pechos, a sabiendas que terminaría pronto. Lo peor, fue que Roberto sacó su miembro y comenzó a refregar su pene por mi vagina, lo que provocó que me estremeciera y de nuevo, muy a mi pesar, tuviera un orgasmo, casi a la vez que él llenaba, con menos volumen que su compañero, mi vientre de semen.

Pensé que ya había terminado, pero no era así. Marcos les dijo que iban a hacer el montaje para que no hablase. No sabía a qué se refería, pero pronto lo supe. Me levantaron, y me dejaron sobre una pequeña mesa, con las piernas abiertas, y decidieron hacer algunas fotos. Después empezaron a traer conjuntos de ropa, con complementos para hacer unas sesiones.

Supe lo que se proponían. Me vistieron con un vestido amarillo, mientras que Roberto me besaba, me lo subía y me lo quitaba, hasta dejarme con unas bragas semitransparentes.

Lo siguiente fue ponerme un vestido rojo bastante corto con un tanga rojo. El objetivo era a veces, con trucos, parecer que estaba consciente. Kevin me besaba, subía el vestido hasta dejarme con el tanga al descubierto.

Conseguían que mi cabeza y mis manos parecieran vivas y apoyadas de forma intencionada en algún lugar, donde relajada, besaba o me encontraba en situaciones eróticas con alguno de lso chicos.

Volvió Kevin de nuevo, que me sentó sobre él con una camiseta blanca, besándome hasta que me sacó los pechos.

Roberto siguió. Ahora llevaba un camisón rosa y lo mismo. En la cama, besándonos, o eso parecía hasta que dejaba mis pechos al aire y los tocaba.

Lo siguiente fue una falda corta y un traje sobre el sofá, Lo último fue una falda vaquera, en otro sofá, con una camiseta de rayas.

  • Alicia. Sé que lo que te viene ahora a la cabeza es denunciarnos pero te diré algo para que te olvides de la idea. Has firmado un papel recibiendo un dinero que diremos que era para mantener una orgía. Hemos hecho montajes en los que pareces que estás feliz con estos chicos. Diremos que han sido en días distintos. Si lo denuncias sólo te echarás mierda a ti misma. Ahora llamaré a Alicia para que esté contigo cuando te despiertes.

Llegó Alicia y quedamos solas las dos sin responder a la despedida. Alicia comenzó a hablarme con mucha serenidad.

  • Adiós chicas. Isabel… Ha sido un placer, y nunca mejor dicho. Me llevo tu ropa de recuerdo. Ponte cualquiera de las que he dejado. En realidad llévate toda si quieres.

Cuando cerró la puerta Isabel me habló con condescendencia mientras iba recuperando el movimiento.

  • Isabel. Sé que ahora mismo estarás indignada y tienes motivos para estarlo. Te han humillado, usado y además tienen fotos que te comprometen, pero no puedes denunciarlo. Te habrá explicado Marcos las consecuencias. Ya sabes que si esto saliese a la luz tu vida sería un infierno. Serías una profesora madura que ha abusado de unos alumnos y ha cobrado por participar en una orgía. Además, te diré que yo ya sufrí lo mismo que tú. La primera vez fueron mi jefe, Marcos y su padre. Al parecer fue un regalo de cumpleaños. Después utilizaron las fotos para chantajearme, y tener un encuentro con dos amigos de Marcos, que también lo eran de mi hijo Carlos.

  • Va a haber más veces? – Pregunté temerosa

  • No lo sé. Después de la segunda, me ascendieron y cambiaron de empresa, también de Marcos y me chantajeó con dos subordinados míos. Al final intervino mi hijo. Fue horrible. Afortunadamente me hizo ponerme una máscara y no supo que era yo.

  • Con tu hijo? Dios mío¡¡¡¡ Es un monstruo¡¡¡

  • Y al final una última con mi hijo y él. También llevé la máscara. Carlos nunca supo que era yo. En cualquier caso, creo que no tiene intención de volver a estar contigo, y lo bueno, es que cuando hace esto, económicamente saldrás beneficiada, no te extrañe que seas a corto plazo la directora del centro. Te voy a dar mi tarjeta y si quieres que hablemos algún día, llámame. Dúchate y vístete Ahora te llevaré a casa en tu coche. A mi me trajo esta mañana Marcos y luego me dejó uno de sus coches.

Me duché. Alicia me ayudó a retocarme. Nos dimos un fuerte abrazo y me dejó en casa.

Un comentario sobre “Drogada y follada en el instituto

  • el 30 agosto, 2017 a las 20:10
    Permalink

    Q.buen relato.me calentó. M gustaría cojer así. Y ser puta. .pero mi cola es chiquita. Dejo mi celular. Un polvo podemos hechar. ?03814689673.sólo pido discreción. Y m dejaré cojer.

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