Mi hermosa puta Alejita

ALEJITA, MI PUTA HERMOSA
Primera parte

Voy a contar sobre mi relación, tan especial, con Alejita.
Alejita Muñoz, aunque no es muy alta, es una tremenda hembra con todas las letras, la conocí cuando ella tenía 36 años, trabajaba de puta y me la mandó la dueña de una agencia de putas a la que yo recurría dos o tres veces por semana para que me enviara putitas muy complacientes, que hicieran todo lo que me gusta y les pido.
Apenas la vi, supe, por ese instinto que desarrollamos los que hemos conocido y nos hemos cogido muchas putas, que esa nueva hembra iba a ser especial para mí, y no me equivoqué.
La describo tal como la vi esa tarde cuando ella me esperaba en la vereda.
No muy alta, mide 1 metro con 52, unos 68 kilos, pelo ruludito largo hasta los hombros, color cobrizo, piel marrón (no morena ni negra: marrón, un color muy especial que no le he visto a ninguna otra), y sobre todo lo que más me atrajo de ella era su cuerpote macizo y carnudo sin ser gorda, que se mostraba provocadoramente entre el apretado jean y la corta remera que dejaba ver sobresalir sus caderotas firmes y anchas y su protuberante vientre duro, un vientre de mamita, como supe muy poco después. También la imaginé con unas hermosas patitas putas, lo que resultó cierto cuando se las vi.
Me bastó verla un instante para que me excitara y deseé cogérmela inmediatamente, la imaginé desnuda mostrando ese cuerpo duro y que seguramente había sido preñado varias veces. Las mamitas preñadas me producen una excitación especial, y me había cogido a unas cuantas embarazadas con tremendas panzas, me fascinan las panzudas! Alejita en ese momento no estaba preñada, pero uso siempre la palabra “preñada” porque me suena más lasciva y sexual, más de hembra animal que “embarazada”, que es una palabra que no me gusta. Una hembra bien preñada, con la panza dura y tremenda como un globo, y las tetotas hinchadas, llena de leche, y los pezones enormes y duros como nueces, es lo más que puedo desear para encamarme con ella, y en ese instante se me cruzó por la mente que desearía cogérmela a Alejita hasta hacerle un preñe… pero de eso hablo más adelante.
Sus tetas eran pequeñas, y al caminar, Alejita se veía orgullosa de su físico, con la cabeza alta y la espalda derecha y firme, el pecho macizo y ancho, una mina hermosa sin ser bonita, pero sumamente provocadora, hasta a pesar suyo.
En seguida oí su voz: cantarina, naturalmente seductora, y vi su cara sonriente, como dispuesta a entregárseme sin limitaciones. Me dijo: “Cómo estás? Soy Alejandra!”. Excitado como nunca con la perspectiva de tenerla debajo de mí cojiéndomela, apenas le dije “Hola!”, la tomé de la mano y un instante después la metí en un taxi rumbo al hotel más cercano, mientras ella me preguntaba: “Por cuánto tiempo vamos? Así le aviso a la señora!” (la proveedora de putas).
“Vemos, cuánto tiempo podés quedarte?”, le pregunté yo, dispuesto a gozármela sin límite de tiempo, y Alejita, sonriendo, me contestó: “Lo que vos quieras, no tengo drama! Le aviso a la señora y listo!”
Ya estaba todo arreglado. En el corto recorrido hasta el hotel, le dije: “Así que te llamás Alejandra… yo te voy a llamar Alejita, te gusta?”, y ella dijo: “Me gusta, sí!”, a lo que le contesté: “Entonces sos Alejita, la especial”! Y me encanta tu color de piel, marrón, te voy a poner mi Marroncita!”, y así quedó rebautizada para siempre: mi Alejita, mi Marroncita.
Ya en el hotel, pedí un cuarto especial por tres horas y unos whiskys y café para mi nueva puta, y entramos a la habitación. Prendí todas las luces y Alejita miró la habitación y dijo: “Está linda!” y empezó a desnudarse sin pudor. Le dije: “Quiero verte toda en bolas, Alejita, con todas las luces!”, y mi Alejita contestó: “Para mí con luz está bien! Te gusta verme toda desnuda, no?”
“Sí, sos una tremenda hembra, quiero verte toda en bolas!”
Alejita se rió, halagada por mis palabras. Esa hermosa puta no tenía vergüenza en mostrarse ni en nada! Me la iba a coger como a una animalita!
“Sacate todo, Alejita!”, le dije mientras me sobaba mi pija para ponerla más tremenda.
Y Alejita, mirándome sonriente al ver mi cara de lujuria, se sacó el jean y le vi las caderotas duras, anchas y cabedoras de mamita, marrones, apenas encerradas en una tangotita diminuta, y un vientre bultudo con un tremendo ombligote hundido en sus carnes. Tenía un lomazo de mamita, con ese vientrote carnudo que le salía de la tanguita, que me hizo desear hacerle los aplastazos contra la cama que tanto me excitan y hacerla sonar reventada y hundida en el colchón. En seguida explicaré qué son los aplastazos, o estampadas. Sus tetitas pequeñas eran hermosas, marrones y duras, con pesonotes oscuros y granuludos, eran como de pendeja y me encantaron.
“Parece que te gusto!”, dijo Alejita, y se sacó la remerita, dejando a la vista sus pequeñas tetitas puntudas. Parecían tetitas de adolescente, a pesar de los preñes que seguramente había tenido. Yo estaba con la pija tremendamente al palo y me había sacado toda la ropa mirándola. “Te vas a acabar si seguís mirándome así!”, dijo Alejita riéndose al ver mi pija al palo. “Tenés una pija tremenda, nene!”, agregó. Esa hermosa puta no tenía vergüenza de nada!
“No, Alejita, no es tan grande, pero tengo más leche que un caballo para darte!”, le contesté, y ella, con sus ojos clavados en los míos, me contó que una vez se había tenido que comer una pijota más grande y gruesa que la mía porque no le entraba en la concha. “Voy a tener que comértela, no? Espero que me entre…”, dijo Alejita, pero sabía que como buena puta, se la haría comer y tragar de cualquier manera y se la aguantaría.
Se sacó finalmente el corpiño y sacudió levemente sus tetitas marrones, pezonudas y paradas como de pendeja.
Después se bajó la diminuta tanga y quedó finalmente hermosamente toda desnuda para mí, parada en la cama. En la concha tenía apenas un triangulito de pelos, color cobre como todo el pelo hermoso y ruludo de mi nueva puta. El clitorito y la raja no se le veían, escondidos bajo el vientrote carnudo. Sus patitas chicas eran también marrones, dedotes cortitos y uñudos, y al verlos la pija se me puso más dura todavía, me encantaron esas patitas reputas!
Cuando pruebo a una nueva puta, me excita verla desnudarse y mirarle las tetitotas, las patitas y la grupa, y cuando me gustan y son complacientes, como me pasó con Alejita, me las cojo a lo animal y les enseño a hacerme todas las cosas que me gustan y me las sigo cojiendo siempre.
“Bueno… “, dijo Alejita luciéndose orgullosa y mirándome, como esperando que le dijera si me gustaba y lo que quería de ella.
“Parada en bolas en la cama, Alejita, sos hermosa, quiero verte toda desnuda, tenés un cuerpote hermoso! Sos mamita, no?”, le pregunté, y ella me dijo, orgullosa y al mismo tiempo un poco vergonzosa: “Sí, soy mamita de tres pendejitas! Te gusto como soy?”
“Sí, me encantás! Tenés un cuerpazo divino, sobre todo me encantan tus caderotas y tu pancita bultuda y carnuda de mamita!”, le dije, con la pija que se me reventaba de ganas de cojérmela. “Y seguro que estabas panzuda como un globo cuando estabas de preñe, no? Cuántos preñes te han hecho, Alejita?”, y la respuesta de Alejita fue la que yo deseaba: “Preñada estaba muy panzuda, con mi primera pendejita aumenté 18 kilos, y con las otras estuve cada vez más panzuda, la del medio me engordó la panza 23 kilos, y la pendejita más chica me costó 32 kilos, era una pelota humana, casi no podía caminar! Los últimos tres meses por poco tenía que llevar mi panzota en un carrito! Yo era una panzota con una mina detrás!”, y al decirme eso, Alejita se rió, me encantaba su sonrisa y su risa de mina provocadora.
“Y cuántos años tienen tus pendejitas?”
“La mayor tiene 14, la otra 12, y hace poco parí la tercera, ahora de 2 añitos, por qué?”, preguntó Alejita.
“Y… porque me encantan las Mamitas que están de preñe, me ponés la pija al palo saber que hayas estado preñada varias veces! Sos una mamita divina, Alejita! Y yo quiero hacerte otro preñe, ponerte pansotuda para mí, para cojerte globotuda y hermosa!”, le dije.
A Alejita le gustaron mis palabras, creo que eso ayudó a que se sintiera bien conmigo y que luego se me entregara sin límites a todo lo que le fui haciendo en las muchas tardes que la llevaba al mismo hotel, donde le fui enseñando a dejarse hacer todo lo que yo le pedía. Pero a lo de preñarla me dijo que no, poniéndose seria, por sus hijitas. “No quiero más preñes, me ponen muy puta y cojo como demonia, pero a mis pendejitas no les va a gustar… van a decirme que soy una puta que ando cojiendo con todos… y bueno, es cierto, pero no me voy a preñar otra vez!”
Pero a pesar de eso, la convertí en mi amante puta, como nunca me había sucedido con tantas otras que me había cogido hasta entonces. Pero Alejita no quería preñe… todavía! Después sería diferente…
Alejita, dispuesta a todo, se acostó boca arriba y me le dediqué a mamarle esas pequeñas y preciosas tetitas, estirándoselas y haciéndola gemir suavemente. La di vuelta y le pasé mi lengua con saliva por toda la espalda, desde el cuello hasta la raja del culo, cerradito y rosado. Volví a subir ensalivándola toda mientras Alejita se movía despacito: estaba gozando mis lenguetazos! Pasé a su cuello y luego a sus orejitas, sorbiéndoselas. Eso la puso más excitada, se agarró de la almohada como para entregárseme más, luego la puse de nuevo boca arriba y la recorrí con lengua y saliva desde el cuello hasta la conchotita, escondida por su vientrote, salada, chiquita y angosta aparentemente (después comprobé que era una caverna profunda y cabedora), le mamé la divina panzota carnuda y seguí para abajo hasta sus patitas marrones, eran ásperas y me excitaron terriblemente, se las agarré, ella retorció sus dedotes cortitos y marrones… y casi me le acabé encima agarrándole y mirándole esas hermosas patitas putas… mientras Alejita se contorsionaba sintiendo sus patitas agarradas, subí para arriba, chupé de nuevo sus tetitas pezonudas y finalmente busqué su boca, que Alejita me abrió con ganas, y le metí profundamente mi lengua hasta el paladar y ella no me la negó. Muchas putas no dan besos y menos de lengua, pero Alejita, cuando le pedí: “Dame tu lengua, Alejita!”, la sacó y me la dio a comer, una lengua carnosa y larga que ella me movió como una víbora. Sabía dar besos lenguotudos! Empecé a darle mi saliva y a morderle la lengua, y ella me siguió el juego. La tenía debajo mío, mirándola a los ojos, aplastada por todo mi cuerpo, mordiéndole esa lenguota hermosa, me encantaba cómo se me entregaba, bien puta, y la tomé de la cabeza y le hundí mi lengua a fondo, con evidente respuesta complaciente de ella al ser ensalivotada. Estaba hermosa así, poseída por la boca, y le pedí: “Dame tu saliva, Alejita, dame besos salivudos!”, y ella me dio un sorbo espumudo de su jugo bucal, y entendiendo lo que me gustaba, juntó salivota y me la escupió en mi boca, lo que terminó de ponerme loco con mi nueva puta.
La sentía debajo mío con su cuerpote duro moviéndose lentamente, y sentí que ya era el momento de cojérmela. Me separé de su cuerpo y enfilé mi pija hacia su concha carnuda dispuesto a clavarla hasta el fondo de sus entrañas, pero Alejita me empujó con ambas manos diciéndome: “Con forro, papito, porque estoy fértil y me vas a preñar si me cojés a pija pelada! Soy re fertilota! Mi concha huele pija y se preña!”
“Pero yo quiero meterte pija pelada, Alejita!”, le dije, pero no tuve más remedio que ponerme un forro, Alejita lo abrió y se lo metió en la boca y me lo puso sorbiéndome la pija hasta que mi pija con el forro estuvo casi toda adentro de sus fauces. “Ahora sí, cojeme!”, dijo, y se abrió de muslos preparándose a la clavada, agarrada de la cama porque se vio venir un empijotazo infernal, y no se equivocó. Mi pija, dura y tremenda, la había asustado al vérmela, pero después su profunda conchota la devoró entera.
Me paré en la cama, le levanté los duros muslotes y me puse sus patitas en mis hombros, y me monté sobre su hermoso y duro cuerpote, bien abierto de muslos, y le fui enterrando mi pija abriéndola mientras ella se me agarraba de la cintura moviéndose lentamente para hacerse penetrar más. Volví a apoderarme de su boca y de su lengua con saliva y le pedí: “Alejita, dame tu salivota con espuma! Escupime tu salivota!”, y ella me obedeció, y empezó a meterme su lengua en mi boca y a escupirme saliva haciéndome “chufff” a cada salivotazo, empapándome todo con sus burbujas. Eso me puso espantosamente putísimo y caliente y me despertó toda la lascivia que había imaginado desde el primer momento en que la vi. Mi nueva puta era una animalita para coger!
La tenía medio ensartada en mi pija y quería clavársela a fondo, la doblé en la cama hasta llegar a comerle la boca salivotuda y la embestí a lo animal, enterrándole mis 23 centímetros de durísima pija en las entrañas en un solo envión. Alejita gritó y se me prendió de la cintura, sintiéndose completamente invadida por mi pija, alcanzó a decirme: “Es una pijota espantosaaa!!!” pero se la aguantó resoplando mientras la sacudía contra la cama, enterrándola en el colchón. Mi pija se le clavó entera, y ya ensartada a fondo, comprobé la profundidad de su hermosa conchota, y me la cojí a lo animal. La sacudí contra la cama, hundida en el colchón, le tironié las tetitotas de pendeja y chupé su bocota salivuda, Alejita había entendido lo que quería de ella y me empapó con sus salivotazos haciendo CHUFFFF, y en seguida, cojida como nunca, como después me confesó, mi hermosa nueva puta Alejita empezó a emitir grititos sordos mirándome con una tremenda cara de puta y pidiéndome con los ojos. “MÁS, MÁS!”
Le enterré mi pija a fondo, mis huevos explotaban contra sus nalgas y Alejita, atravesada hasta el fondo de sus entrañas, entre sacudida y sacudida, susurró: “Es- tre-men-da-tu-pi-ja!”, pero me la aguantaba bien, y la amasijé con furia, haciéndola sonar a cada embestida, hasta que me le acabé a chorros bien adentro de ese vientre carnoso por fuera y caliente y cabedor por dentro. Alejita sudaba debajo mío, la chupé así salada, hermosamente puta, y en instantes la sentí estremecerse acabándose ella también, llena de mi pija. Se le dieron vuelta los ojos y con la boca abierta, jadeó como una yegua montada, y así Alejita me regaló su primera acabada en nuestra primera tarde de amantes.
“Diosa!”, le grité a Alejita, con toda mi pija clavada en ella, “Te amooo!”, llenándola de mi pijota, y en ese momento me terminé de enamorar de Alejita, y le grité: “Te amo, mi Puta Hermosaaa!”, y desde ese momento quedó convertida en mi Puta Hermosa. Alejita, sudando como mi yegua, se sonrió cuando la llamé así, pero le gustó saberse una puta que excita, después me contó que nunca la habían hecho sentirse así, amada como puta. Le aclaré: “Para mí, el más grande elogio o piropo que le puedo decir a una mujer, es decirle que es bien puta, una tremenda puta, la mujer puta es lo más, y vos sos eso, Alejita: una Puta Hermosa!”
Alejita, todavía sacudiéndose cojida, entre espasmos del acabote que la invadió, alcanzó a susurrarme: “Y vos qué sos mío? Si yo soy tu Puta Hermosa, yo te voy a llamar mi Putasote, sos tremendamente putaso y me encantás! Te gusta ser mi Putasote?”
“Sí, Alejita! Soy tu Putasote, ahora y para siempre!”, le contesté, en medio de furiosas embestidas contra su conchota jugosa y su cuerpote duro. Casi se me desmayó con su primer orgasmote, y desde esa primera tarde tuve para mí una Puta Hermosa y Acabotiadora como ninguna. Y así, esa primera tarde que me la cojí a Alejita, ella pasó a ser mi Puta Hermosa y yo, su Putasote.
Me la cojí seis veces esa tarde y seguí con ella ensartada hasta que se hizo de noche, Alejita estaba chorreada y salada de sudor, empastada de jugo de concha, y a cada ensartada se retorcía más, hermosamente puta. Los alaridos roncos de Alejita atrajeron a las mucamas del hotel, que pensaron que yo estaba matando a mi puta, y golpearon la puerta, pero Alejita, entre aplastada y embestida debajo mío, les gritó: “Estamos cojiendo, no jodan, quiero aullar, gritar, bramar para mi Putasote que me coje y tiene una pijota descomunal! Déjennos, o mi Putasote va a salir en bolas y se las va a coger a ustedes!”, y entonces nos dejaron seguir cojiendo durante horas.
Pero a la salida, todo el personal del hotel miró a Alejita, comentando: “Qué tremenda divina puta es esa mina! Sabe hacerse cojer como una diosa! Y cómo grita cuando le entierran pija! La debe haber desfondado a pijazos!”
Creo que era ya medianoche y Alejita, llena de pija, me tiraba salivotasos pidiéndome más ensartazos, cuando sus hijitas la llamaron, reclamándola, pero ella les contestó: “No jodan, nenas, mamita está ocupada! Estoy cojiendo para llevarles guita a ustedes, pendejas de mierda! Estoy con una pijota enterrada en mis entrañas! Más tarde voy!”, y las pendejitas preguntaron: “Mamita, con quién estás cojiendo?”, a lo que Alejita, entre embestida y embestida, pudo contestarles entrecortadamente “Con mi Putasote, que me tiene ensartada, y me gusta, pendejitas de mierda, no jodan más!”
Entonces le dije: “Me gustaría cojérmelas a tus pendejitas, deben ser hermosas como vos, querría hacerlas putitas hermosas como vos, Mamita Alejita, desde chiquitas… me las entregarías para cojérmelas y desvirgarlas… cuánto querés por cada una?”, dije, esperando que mi nueva puta me las prestara por una noche a las dos más grandes.
Alejita me miró fijo, y preguntó: “En serio me lo decís?”
“Sí, ponele un precio a cada una… son virguitas, no? A la menorcita te la pago el doble…”
Le vi la duda en la cara a Alejita. Por un lado, no había nunca pensado en alquilar a sus pendejitas virgas, pero por el otro, le tentaba lo que le pudiera pagar por cojérmelas. Y al final, roja la cara, me dijo: “Puede ser… mirá que son virguitas las dos, yo sé que en cualquier momento me las cojen y recojen, pero… prefiero que me las desvirgotiés vos, que sos mi Putasote y te amo… y sabés coger! Mejor que me las coja un Putasote como vos! Cuánto me das por cada una? Las virguitas son caras… Te las puedo traer…”
“Cuánto querés por tus nenas, Alejita, mi Puta Hermosa?”
“Hmmm … dos mil por la mayorcita … y tres mil por la más pendejita!”, pidió Alejita, “La chiquita es virgotita y tiernita, como era yo a los 12 añitos cuando me ensartaron entre tres pijudos a la salida de un baile… cojémelas y gozalas, enseñales a ser tan buenas putas como soy yo para vos, Putasote adorado! Te las alquilo por una noche!”
“Mamita! Sos tremenda para pedir! Bueno, te las alquilo por una noche entera, pero completitas, para el desvirgazo, con culo y todo! Me van a gustar tus hijitas, pero antes de hacer el trato, quiero por lo menos ver fotos de ellas!”, contesté.
“Bueno, mañana si me traés de nuevo al hotel y me cojés como hoy, en premio te las muestro! Te van a gustar! Pero no sé si te van a poder entregar el culo, son angostitas mis nenitas… pero probamos, te parece, Putasote? Sos tan Putasote que me convenciste de entregártelas, me va a gustar verlas gritando llenas con tu pijota!”
Y quedamos así. Seguí cojiéndome a Alejita hasta pasada la medianoche, en que mi Puta Hermosa quedó destruida y sudada chorreando mis acabadas. Apenas pudiendo moverse, se bañó, y al verla empapada toda en bolas, se me paró de nuevo la pija y me la cojí contra los azulejos del baño, ella apoyándose con las dos manos porque ya casi no se podía tener en pie.
Cuando Alejita se vestía para irse, de pronto me dijo: “Y qué pasa si me las preñás a mis pendejitas, Putasote? Yo no quiero preñe, porque cada vez que me preñotiaron, estaba más tremendamente pansotuda, con mi última pendejita aumenté 32 kilos y casi tenía que llevar mi pansota con un carrito por delante… y con la pijota lechotuda que tenés, sos capaz de hacerme trillizitas y dejarme hecha un globo y voy a reventar como un sapo! Pero… a lo mejor mis hijitas quieren preñe, les va a gustar estar preñuditas y ser mamitas como yo! Tienen cuerpitos elásticos y te pueden aguantar esa pijota espantosa que tenés, y si me las dejás panzudas como globos, se les van a estirar los vientrecitos… y van a estar hermosas preñudas! Me las imagino y me dan ganas de estar yo también preñota de nuevo… pero no, Putasote, no me vas a preñotiar a mí!”
“Eso dejámelo a mí, Puta Hermosa, si te las preñoteo vas a estar orgullosa de las putitas pansotudas que vas a tener y entonces de envidia me va a dejar que te preñe a vos y vas a estar más globuda llena de pendejitas de tu Putasote!”, le contesté, y Alejita no dijo más, el trato estaba hecho.
“Mañana seguimos, mi diosa puta!”, le dije, y ella, casi arrastrándose, fue a buscar un taxi. “A ver cómo consigo llegar a mi casa sin desmayarme, Putasote! Me cojiste a lo animalota, no doy más! Me crujen los huesos!”, se despidió Alejita dándome un último chupón salivudo antes de subirse al taxi.
A la tarde siguiente, yo la esperaba a Alejita adentro del hotel y apenas mi Puta Hermosa apareció en la puerta, ya se me puso la pija al repalo. Ella se me arrimó y me dio un chupón salivudo con su carnuda lenguota y me dijo: “Putasote mío! Te traje fotos de mis pendejitas, espero que te gusten porque ya les anuncié que mañana te las vas a coger a las dos y están poniéndose bonitas para ser tus Noviotitas Putas!”
Con eso, mi pija casi rompió el pantalón, y mi Puta Hermosa se dio cuenta y apenas entramos en el ascensor, me la agarró diciéndome, cagándose de risa: “Putasote! Sos terrible! Estás al repalo como nunca! Te excito yo, tu Puta Hermosa? Me vas a dar pijota a fondo?”
Apenas entramos a la habitación, Alejita se puso en bolas y me preguntó: “Hoy qué me vas a hacer, Putasote? Enseñame cosas nuevas!”
“Bueno, Puta Hermosa mía, hoy me la vas a tragar! Sabés tragarte una pija?”
Alejita me miró con cara de espanto. “Tragarme TU pija, Putasote? Es enorme, no me va a entrar en la boca!”, dijo asustada, pero sabía que yo se lo iba a hacer de cualquier manera y ella me la iba a tener que aguantar, para eso ya era mi Puta Hermosa.
“No, yo te voy a enseñar a tragar pija entera y vas a ser mi Puta Tragotuda también! Vos acostate encima mío, mamame la pija con tus divinos salivotasos y yo te la voy a hacer comer como la diosa que sos!”, respondí.
Alejita obedeció, porque ya era mi amada Puta Hermosa dispuesta a todo, y sentí su cuerpote duro y pesado sobre el mío aplastándome, y le aproximé mi pija a su bocucha. “Chupámela con mucha salivota, Puta Hermosa mía, comémela sin las manos, y tu Putasote te la va a dar para un tragotazo!”, le dije.
Alejita, mirándome con su hermosa cara de puta, me sorbió la pija con su bocota y empezó a mamármela con ganas, ensalivotiándomela toda y empapándome los huevos, pensando que con eso me iba a hacer acabotiarla sin clavársela en la garganta. Pero no era eso lo que yo quería de ella, y con mi pija dura como una estaca, le ordené: “Puta mía, Puta Hermosa, lo que quiero es que me la tragués, toda, entera, hundírtela en la garganta, atravesártela, así que COMÉ, PUTA DIVINA!!!”
“Pero Putasote! Yo nunca me tragué una pija entera, y menos como la tuya, que es espantosa!”, gritó Alejita manotiando cuando yo ya le hundía mi pija en la garganta, y le salió un “AAAAGGGGGGGGG!!!” cuando ya no pudo hablar más. La agarré de la cabeza y le hundí pija sacudiéndola y gritándole: “Mi Puta Hermosa y Tragotuda! Comé, tragá, ahogate, puta mía amada!”
Desesperada, Alejita trató de desclavarse mi pija de la garganta, pero lo que consiguió fue tirarme una tremenda vomitotiada, sacudiéndose ahogada.
“No, así no, Alejita, no importa que me vomitotiés, pero tenés que aguantármela y tragártela, vos podés, una putita que tuve hace tiempo, que se llamaba Fabiana, era diminuta pero me la tragó toda, hasta los huevos, y se tragó dos acabadas más sin desclavársela! Estaba con la cara azul, ahogándose, sin poder respirar, pero me hizo la Tragotiada Infernal, como ella la llamaba! Me la aguantó cuatro minutos hasta que la acabotié adentro! Y si ella pudo, vos también, relajate y tragá, tragala toda, que quiero acabotiarte tu bocotita puta!”
Alejita me miró, llorando, ahogándose, y trató de tragársela entera, pero se sacudió y me tiró otra vomitotiada, con cara de pedir perdón, pero le dije: “No importa, Mamita reputa adorada mía, ya vas a aprender a comerte y tragarte TODA la pijotasa de tu Putasote!”
Ronca y llorosa, Alejita pudo murmurarme: “Sí, Putasote mío, soy tu Puta Hermosa y voy a ser tu Puta Tragasota, pero haceme aprender! Yo nunca comí pija así, y menos como la tuya, que es espantosa!”
Así que me la volví a coger por la boca, Alejita me tiraba salivotasos espumudos mirándome con su hermosa cara de putasa y se alojó mi pija entera tres veces más, sudada como una yegua galopada, se puso tan reputota que, ensartada por la garganta, me regaló sus acabotiadas de yegua puta hasta que quedó como desmayada. Y desde esa vez, Alejita fue mi Puta Tragotuda.

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