La profesora de la universidad

Todo comenzó en septiembre de este mismo año. En septiembre comenzaron las clases y en una de las presentaciones, aparecieron dos profesores. Un hombre y una mujer. La mujer no era un gran bellezón pero era atractiva.  Medía aproximadamente 1.75cm, delgada, cara fina, pelo recogido y muy hiperactiva. Tenía su encanto. Se llamaba Silvia e impartiría una parte de la asignatura.

A la semana siguiente, Silvia comenzó a dar su parte de la asignatura. No vestía muy femenina que digamos, siempre con un pantalón, una camiseta y unas zapatillas. Nada de tacones y maquillaje.

Pasaron los días y yo que me considero muy observador, cada vez que recalcaba en una explicación, se quedaba fijamente mirándome. En ningún momento pensé en nada del otro mundo. Creía que lo hacía más que nada por metodología de la enseñanza o algo parecido pero cada vez que ella me miraba y yo a ella apartaba la mirada. La verdad que no me considero un chico del otro mundo como para resultarle atractivo a una mujer de esa edad pero bueno se me pasó por la cabeza.

Pasaron las semanas y la cosa seguía igual. Yo ya lo consideraba como algo normal, algo que ella utilizaba para enseñar ya que como dije anteriormente era muy nerviosa y siempre miraba de arriba abajo hasta que llego el primer día de prácticas. Llegué a la clase y no me esperaba para nada lo que iba a suceder en ese momento. Llegó con una blusa marrón, falda verde y manolitas a juego con su blusa. No me podía creer lo que estaba pasando. Había visto un ángel.

Durante toda la práctica no paraba de mirarme, y yo tampoco le quitaba ojo a ella por que estaba realmente preciosa. Cada vez que la miraba, apartaba la mirada y sonreía. Ya empecé a extrañar de todo lo que estaba ocurriendo, pero eso no es todo. Al día siguiente, llegó con unos tacones impresionantes y con unos pantalones tan ajustados que se le notaba todo el coño. Esos pantalones le hacían un culo impresionante. Durante toda la clase, se me puso como una piedra. Cuando acabó la clase me dio por pensar, ese gran cambio que estaba dando en su vestimenta, pero bueno no le di más vueltas.

Pasaron las semanas y la cosa seguía igual. Me miraba y cuando la miraba apartaba la mirada. No sé qué estaba pasando pero no me resultaba nada cómodo la situación. Antes de realizar el parcial de su parte de la asignatura, le mande un correo para solucionar algunas dudas días antes del examen. Me dijo que sí, que estaría en su despacho todas las tardes hasta las 19:00.

Dos días antes del examen, fui a su despacho para preguntar las dudas. Allí estaba, con una falda de tubo gris. Menudo tipo, estaba buenísima. Cada vez que respondía mis preguntas suspiraba, como un gemido y eso me ponía muy cachondo. Tan cachondo que estuve toda la tutoría empalmado hasta que ocurrió. Al levantarme para marcharme, con tantos nervios en el cuerpo, rocé con mi pierna unos folios que había en la mesa y los tiré al suelo. En ese momento, los dos a la vez nos agachamos para recoger los folios ya que estábamos de pie, y cuando menos me lo esperé, al coger los folios, me estaba comiendo la boca con ella. No me lo creía.

Cuando dejamos de besarnos, me susurró al oído

-Silvia: Haz como que te vas y cierras la puerta. Hay profesores aquí al lado.

Yo lo hice sin pensármelo y cuando cerré la puerta, ella ya se había quitado la falda de tubo. Le baje las bragas y se la metí. Se la metí como nunca se la había metido a una chica. Tenía el coño super depilado, nunca había visto nada igual. Hubo un momento en el que me indicó con su brazo que no fuera tan fuerte pero yo lo hacía aún peor. Le daba más fuerte y a ella le gustaba, se le notaba ya que su coño estaba chorreando y su cara lo decía todo. Le puse mi mano en su boca para que no hiciera mucho ruido pero cada vez que le tapaba la boca, me la mordía y gemía suavemente.

En un momento le dije en voz baja que me iba a correr y ella me contestó efusivamente: Todo dentro. Al sacarla la tenía en carne viva, menudo polvo. Aún así se quedó con más ganas y me hizo la mejor mamada de mi vida. Al terminar, salí de allí sin decir nada y me dirigí hacia el baño ya había sudado mucho. Me mojé un poco la cara y al mirarme al espejo me dije a mi mismo si lo que había ocurrido fue real. El mejor polvo de mi vida sin duda.

Y así es como me follé a la mejor profesora que he tenido nunca. Ya no solo en el tema sexual, si no que enseñaba muy bien. Ah, y aprobé su examen.

Cada vez que nos vemos por el pasillo, nos saludamos como si no hubiera pasado nada.

Bueno pues este es el final de esta historia. Espero que les guste. Ojalá haya más profesoras así. Qué locura.

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