Lactancia muy morbosa

Hace un mes más o menos, acudí junto con una amiga de trabajo a ver a otra compañera nuestra que había sido madre y estaba de baja de maternidad. Habían pasado dos meses desde que diera a luz, y fuimos hacerle la visita de cortesía.

Cuando llegamos, era un viernes por la tarde, estaba sola, pues su marido trabajaba. Nos recibió muy contenta, y tras darle unos obsequios que le llevamos como ropita para el bebé, nos sentamos a charlar en el sofá del comedor.

– Cómo va la nueva vida de mami? – preguntaba Paqui, una mujer de unos 45 años, rubia con el pelo rizada y muy alegre, siempre optimista que era muy amigable y el alma de la fiesta. La verdad es que me llevaba muy bien con ella.

– Pues adaptándome… – comenzaba a explicar Sofía, la risueña madre. Debía tener unos 36 años, era morena con el pelo largo, que llevaba recogido en una cola, y estaba esplendida. Me llamó especialmente la atención su pecho, que había aumentado considerablemente de tamaño, y rápidamente deduje que sería debido a que le habría subido la leche para amamantar a su hijo.

– Y eso? – replicó Paqui señalando un artefacto que Sofía tenía en la mano

– Es un saca leche, procuro ir sacándome porque produzco bastante y así le puede dar mi marido si yo tengo que salir o si estoy muy cansada por la noche. Pero no sé qué pasa que no funciona, creo que se rompió ayer.

– A ver, déjame si yo puedo – dijo Paqui levantándose del sofá y sentándose la lado de Sofía. Comenzó a manipular el aparato saca-leche, intentando ver cómo funcionaba primero y dónde podía estar el fallo, hasta que lo acercó al pecho de Sofía y lo acopló por encima de la camisa – Vamos a probarlo – le dijo.

Entonces reparó en que yo estaba delante, y girandose hacia mí espetó:

– Será mejor que tú salgas un momento al balcón, que necesitamos algo de intimidad aquí – dijo medio riendo

– No hace falta – contestó Sofía, queriendo quitar importancia al asunto – llevo ya tantas semanas dando de mamar a mi hijo en todas partes, que ya me he acostumbrado a llevar los pechos al aire.

Y dicho eso, Sofía de desabrochó dos botones de la camisa, de la cuál brotó un precioso pecho, hinchado y con un pezón bien grande y rosado. Por un lado me supo mal que se pudieran sentir incómodas, pero al mismo tiempo un ligero sentimiento de excitación recorrió mi piel.

Entre las dos acoplaron el saca-leche al pecho de Sofía e intentaron manipularlo para que hiciera su trabajo y comenzara a salir la leche, pero tras varios intentos infructuosos no consiguieron nada. Al retirar el aparato, un pequeño rio de leche salió del pezón de Sofía y se escurrió hacia abajo.

– Cuidado que te manchas – dijo Paqui, mientras llevaba rápidamente un dedo horizontalmente al pecho de Sofía para detener la gota que resbalaba antes de que llegara a la falda y la manchase.

Sofía sacó un pequeño pañuelo y se secó el pecho, mientras que Paqui retiraba el dedo húmedo de su leche y lo miraba curiosa. Para sorpresa de todos, sacó la lengua y relamió su dedo llevandose a la boca los restos de leche de su amiga y saboreandola después.

– Hmmm, pues no sabe mal – se limitó a decir. Sofía y yo, tras un instante de perplejidad comenzamos a reír, conociendo el carácter desenfadado de Paqui. – Qué pasa? Una es curiosa jaja – se unió a nuestras risas.

Con los movimientos de la risa, a Sofía le brotó otro hilo de leche de su pecho.

– Fíjate, te vuelve a chorrear, si es que los tienes llenos – dijo Paqui mirando el hinchado pecho de su amiga – No te duelen?

– Un poco – dijo Sofía que se sorprendió al ver como Paqui tomaba su pecho y en su mano y lo apretaba ligeramente. Más leche brotó de su pecho, está vez con un chorro mucho más abundante. Inconscientemente, ante ese chorro de leche, Paqui se agachó y metió el pecho de su amiga en su boca, como queriendo detener toda la leche que había hecho salir al tocar y apretar el pecho de su amiga. Sofía se quedó inmóvil sin saber qué decir, al igual que yo.

Paqui dio un par de succiones y se separó.

– Hmmmm, quieres que te vaciemos nosotros los pechos un poco? – preguntó con voz traviesa

– Jajaja, estás loca – dijo Sofía

– Dar de mamar es algo natural, no me vengas con remilgos ahora – le contestó Paqui

– Como queráis, pero solo un poco, eh? – aceptó finalmente Sofía

– Ven, ayúdame – me indicó Paqui, mientras me hacia un gesto para que me acercara, al tiempo que Sofía se desabrochaba un poca más la camisa y descubría el otro pecho.

Mientras ella estaba sentada, nosotros nos pusimos de rodillas, uno a cada lado, uno en cada pecho. Lo primero que hice fue introducir aquel gran pezón en mi boca. Aunque había chupado muchos pechos a lo largo de mi vida, nunca había mamado uno, siendo adulto me refiero, con lo que no sabía muy bien qué tenía que hacer, aunque pensé que mi instinto me ayudaría, al fin y al cabo somos mamíferos por naturaleza.

Pero no tuve que esforzarme mucho, al chupar aquel pecho, un reguero de leche comenzó a invadir mi boca. Era una leche líquida, tibia, algo dulzona y no dudé en comenzar a tragármela toda. Empecé a mamar. Cada vez introducía más de aquel pecho en mi boca, mientras oia los chupeteos de Paqui a mi lado. En un momento dado, tomé su pecho con mi mano para apretarlo un poco y para tener algo más de apoyo en la postura que estaba. No sé exactamente cuantos minutos llevábamos, pero yo empezaba a perder el control por instantes y chupaba con bastante lascivia. En algunos momentos que mi boca se llenaba un hilo de leche se escurría por mis labios.

Paré un instante para recobrar el aliento y pude ver como Paqui también se detenía.

– Esta rica, eh? – dijo sonriendo

Miré a Sofía que tenía una cara de vicio impresionante, con los ojos medio cerrados y las mejillas sonrojadas. Al devolver la vista a Paqui, vi que ella también estaba mamando con vicio, relamiendo su pezón, retorciéndolo con la lengua, succionando fuerte le pecho e introduciéndose todo lo que le cabía en su boca. Restos de leche resbalaban por su barbilla. Sin pensármelo, volví al trabajo, y comencé de nuevo a mamar aquel regalo del cielo en forma de pecho.

Finalmente Sofía nos hizo salir de nuestro trance mamador, con unas convulsiones y gemidos que nos pillaron por sorpresa.

– Nena, te has corrido? – preguntó Paqui entre carcajadas y muy sorprendida

– Uf, es que aún no me he recuperado del parto, y no puedo tener relaciones todavía, por lo que estoy muy sensible. Así que si, me habéis hecho llegar – explicó entre sofocos.

–  No te creas, yo también me he excitado, es la primera vez que hago esto, estoy mojada y todo – confeso Paqui – y tú, cómo estás? – me preguntó, y posando una mano en mi rodilla para abrirme de piernas

– Pues ya lo ves – dije agachando la mirada para comprobar como de abultado tenía el paquete, pues llevaba empalmado desde hacía rato

– Uf madre mía – dijo Paqui, mirando como se marcaba mi pene tieso en el pantalón – eso tiene que dolerte. Sácatela que vamos a probar ahora otro tipo de leche

Hipnotizado por su comentario, me puse de pie, pero fue la propia Paqui la que apresuradamente comenzó a desabrochar mi cinturón, luego pantalón, bajó la cremallera y bajó con un movimiento algo brusco mi pantalón y boxer a la vez, haciendo que mi polla saliese disparada y botase delante de sus caras. Paqui estaba todavía de rodillas delante de mi, y Sofía seguía sentada en el sofá. Mi polla entiesa quedaba a un par de palmos de sus caras, y ambas tenían su vista fijada en mi pene, examinando su forma y tamaño.

Vaya, menuda polla gastas, no? Desde luego engañas, con lo pasmadito que pareces en la oficina y me sales con este trozo de carne – dijo Paqui con un descaro que hizo reír a Sofía. Paqui, alzó su mano y cogió mi pene, y lo sacudió unas cuantas veces, notando su dureza y apretándolo un poco.

Dicho eso, acercó su boca a mi empalme y recorrió con su lengua toda su largura, para acto seguido, al llegar a la punta y lamerla un poco, introducirse todo mi pene en su boca. Noté la humedad de su boca empapando mi sexo y como quedaba prisionera entre su lengua y músculos bucales, fue una sensación muy agradable. Entonces comenzó una mamada muy placentera, introduciéndose más de la mitad en su boca. Tras unos instantes paró y se la sacó de la boca.

– Tienes una buena polla, durita y gordita, como a mí me gusta. Si hay algo que me fascina de una buena polla es que llene la boca. Ten prueba esto – dijo dirigiendo mi polla hacia Sofía

– No, no puedo, que estoy casada ya lo sabes – replicó

– Que casada, ni que tonterias, dale una chupadita, que esto de aquí no sale, y una oportunidad así no se tiene cada día – dijo muy convencida Paqui, de tal forma que Sofía, simplemente se inclinó un poco hacia mí, y haciendo caso de su amiga, con una mano agarró mi polla y se la introdujo en la boca. Sofía chupaba con más dificultad. Debía tener la boca más pequeña porque no llegaba introducirse la mitad de mi polla en su boca. Succionaba con más ansiedad o nerviosismo, supongo que porque sabía que lo que hacía no estaba bien, chupársela a un compañero de trabajo en el salón de su casa. Pero al mismo tiempo era tan morbosa y excitante la situación que en el fondo le apetecía y no había podido negarse más.

Mientras Sofía me la chupaba, Paqui manoseaba mis huevos con una sonrisa en la boca y alternaba su mirada viendo como su amiga me la mamaba. Tras unos instantes, Sofía se la sacó y le cedió de nuevo el turno a Paqui, que cogiéndome fuertemente por las caderas trató de metérsela entera, y casi lo consigue. Luego siguió chupando más suave y sacándosela ocasionalmente para relamerla con la lengua a lo largo.

Se alternaron un par de veces más, chupando cada una a su estilo hasta que comencé a gemir, pues mi orgasmo estaba próximo.

– Te voy a vaciar los huevos, pero luego me toca a mí que estoy mojadísima, ok? – Dijo preguntándome

– Claro que si – atiné a decir con los ojos en blanco a punto de venirme

Paqui se introdujo de nuevo mi polla en su boca y mamó con fuerza, ritmo e intensidad, estaba claro que iba a por todas, a por el premio de mi orgasmo. Y vaya si lo consiguió. A ese ritmo no tardé en comenzar a eyacular. La avisé, pero ella no paró, y mi leche comenzó a llenar su boca. Chupó hasta que mi orgasmo hubo terminado, y entonces se separó.

– Se ha corrido en tu boca? – preguntó sorprendida Sofía.

Paqui abrió la boca como contestación, mostrándole que toda mi corrida estaba sobre su lengua y en general llenando su boca.

– Qué loca estas – dijo Sofía riendo, pero Paqui volvió a cerrar su boca y con un sonoro chasquido se tragó todo mi semen de una vez

– Hmmm… – dijo Paqui relamiéndose – ya puedo decir que me he tomando la leche de los dos en una sola merienda jajaja

– Te lo has tragado? Serás viciosa! – dijo Sofía entre exclamaciones

– Toda la leche es calcio, y a mí me hace falta reforzar los huesos! – contestó Paqui con sorna y aún tuvo tiempo de volver a relamerme la polla para dejarla limpia.

– Me toca! – dijo poniéndose de pie, subiendo su falda y deslizando sus bragas para finalizar sentándose en el sofá de nuevo. Abriéndome las piernas, mi miró y me invitó a lamerle el sexo con un tentador: enséñame que sabe hacer tu lengua!

Me situé entre sus piernas, y rodeándolas con mis brazos por debajo, comencé a besar la cara interna de sus muslos. Paqui ya jadeaba y se retorcía en el sofá, cuando mi lengua encontró su sexo. Primero lo recorrí de abajo hacia arriba, abriendo los labios exteriores con mi lengua. En una nueva pasada, mi lengua ya rozó los labios interiores y se mojó con su humedad, la cual saboreé. En la tercera pasada, saqué más la lengua y lo relamí completamente, llegando a su clítoris y empapando su sexo con mi saliva.

Tenía el sexo con el vello bastante recortado y arreglado. Era realmente apetitoso y jugoso. Mientras le comía su sexo con voracidad, ella jugaba con mi pelo, ya que sus manos acariciaban nerviosas mi cabeza.

En un momento dado, Sofía que nos miraba desde hacia un rato, debío calentarse bastante. Si realmente llevaba varios meses sin sexo, ver como yo lamía de aquella forma el coño de Paqui y como ella se retorcia de placer debió ponerla bastante caliente. El caso es que en un momento determinado se deslizó desde el sofá y se agachó buscando mi pene que comenzó a manosear. Como no hacia mucho que me había corrido estaba medio morcillón, pero no erecto.

Así estuvimos un rato. Paqui gemia muy excitada, contorsionandose en el sofá, mientras yo estaba disfrutando de aquel suculento sexo femenino cuyo sabor y aroma embriagaba mis sentidos. Trataba de sacar al máximo mi lengua para lograr introducirla en su vagina, como si quisiera penetrarla y luego movía allí dentro mi lengua de forma muy golosa. Alternaba esos movimientos con otros lamiendo todo su sexo y con succiones a su clitoris. Paqui no tardó mucho más en correrse, y con un gran gemido final, se quedó traspuesta en el sofá con una gran sonrisa de placer.

– Dios, que bien lo has hecho, me ha encantado! – me felicitó Paqui, al tiempo que me incorporaba. Realmente me había excitado hacerle sexo oral a Paqui, y entre eso y la paja que me había estado haciendo Sofía mi pene estaba medio erecto de nuevo.

Sofía, que seguía de rodillas a mi lado, miraba mi pene fijamente. De pronto me preguntó:

– Crees que podrías correrte de nuevo?

– Supongo que si, vuelvo a estar algo excitado – respondí

– Es que con mi marido no hacemos mucho sexo oral, porque a él no le gusta demasiado, y ahora que he visto a Paqui como se bebia tu leche me ha dado curiosidad la verdad.

– Pues adelante – le dije

Así fué como Sofía se entregó a una dulce mamada. Sujeto con sus manitas el grueso pene y comenzó a chuparlo y lamerlo, lo cuál era muy placentero. En un momento determinado, me masturbé unos instantes para acelerar el orgasmo, y cuando ya estaba por venir, le devolví el testigo de mi pene para que siguiera la mamada. No tardé en descargarme en su boca, y aunque con dificultades, algo de tos y un poco atragantada por que no esperaba recibir tanto semen en su boca, pudo tragar la mayoría.

– Uf, que raro es el sabor, pero me ha gustado, menudo morbo – comentaba Sofía bastante animada al haber descubierto algo nuevo en su vida sexual

– Claro niña – le decía Paqui – lo que no mata, engorda, y la leche es muy sana y tiene muchas vitaminas! – con lo que todos estallamos de risa ante el desparpajo de Paqui.

Lo bueno fué que Paqui y yo estuvimos tonteando en la oficina durante un tiempo. Especialmente los viernes en el descanso para comer, nos soliamos esconder en algún despacho y los primeros escarceos de sexo oral dieron paso a encuentros sexuales desenfrenados entre carpetas y grapadoras, con el siempre presente morbo de que nos pillara alguien. Y es que ya lo dicen, que los niños siempre traen un pan bajo el brazo. En este caso para mí el pan, fue puro sexo.

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