Me disfrazado de mujer

Un día me levanté con muchas ganas de vestirme femenina, tenía ya todo listo, mis padres se habían ido a de vacaciones una semana a Estados Unidos, yo no pude ir porque tenía trabajos que hacer aquí. Así que no desaproveché la oportunidad de gozar la feminidad.

Primero que nada tomé la rasuradora que había comprado hace unos días y comencé a rapar todo vello de mi cuerpo, tengo que decir que mis piernas son las que más trabajo cuestan para eliminar el vello, pues tengo demasiado en mis piernas, por fin eliminé este vello y al ver mi piernas recién afeitadas me excitó mucho, se veían bellísimas, pues están firmes y bien formadas.

Continué rapando el vello de mis nachas que por cierto también tengo mucho y rapé mi polla por completo, esto me causó al principio mucha comezón pero dentro de un rato me acostumbré, se veía divina sin vello, más limpia y mucho más excitada que nunca.

Ahora proseguí rapándome los vellos de mi pecho y abdomen y después con los vellos de las axilas, cada vez que me veía en el espejo conforme perdía mi vello me excitaba aún más, estaba a mil, jamás me había excitado tanto en mi vida. Como soy una persona muy delgada mi cuerpo se veía casi como uno femenino excepto claro por las caderas, el agujerito y los senos.

Ahora que ya estoy lista, me toco mis testículos y los subo cuidadosamente hacia la cavidad de mi esternón para que no se aplasten con la pantaleta que moldeará mis curvas, una vez colocados ahí procedo a esconder mi pene por debajo de mis piernas y rápidamente subo las pantaletas moldeadoras. Me quedan perfectas de talla mediana, además están diseñadas de media negra lo cual me excita aún más. Una vez puestas procedo a ponerme un par de medias negras que llegan hasta la parte alta de mi muslo y están ultra suaves, hacen que mis piernas se vean mucho más femeninas y bien maquilladas, me miro en el espejo y la moldeadura de mis pantaletas y mis medias negras hacen verme divina, como una diosa, ni siquiera se nota el más mínimo bulto de mis testículos y pene, parezco toda una zorrita.

Ahora procedo a ponerme un body, negro de media el cual me excita demasiado, definitivamente las dos prendas con las que más me excito son el body y las medias, la hacen a una sentirse tan femenina y especial que la excitan a una demasiado.

Me pongo unos senos de silicona para rellenar el vacío de mi pecho y los sujeto con un brasiere negro liso que los moldea perfectamente. Procedo a ponerme una falda negra muy bella que había comprado en Zara talla mediana y al verme en el espejo ya parezco toda una mujer, sin embargo faltan aún muchas cosas.

Ahora voy a ponerme una blusa blanca que combina perfecto con mi falda negra y le hace buen juego, tomo unas esclavas y me las pongo en la muñeca izquierda y me pongo también unos collares que me quedan perfectos en mí, mis aretes son de pinza para que no tenga que hacerme el agujerito en mis orejas, finalmente procedo a ponerme una peluca de pelo castaño liso la cual me queda de maravilla, me pongo mi reloj con extensible delgadito muy femenino y procedo a la parte más importante de todo el arte de ser mujer, el maquillaje.

El maquillaje definitivamente es otra de las cosas femeninas que más me excitan, primero pongo un poco de base de maquillaje para piel morena y oculto bien mi barba, procedo a ponerme el lipstick rojo carmín y procedo a las sombras en los párpados lo cual me excita mucho, pongo una combinación de azul con rosita claros y me veo divina, me pongo el rimel para resaltar la belleza de mis ojos y pestañas. Por último me pongo mis uñas postizas color rojo carmín.

Ahora me pongo unos tacones altos negros que había comprado hacía unos días y Alicia esta lista para salir a lucir su belleza, más bella no podría verme, soy toda una zorrita. Ahora pienso en cuánto me gustaría que algún galán me sacara en la noche a pasear, pero ¿a quien llamarle?

Busco en mis contactos y me doy cuenta de que tengo el teléfono de una agencia de edecanes, pienso en buscar el trabajo durante esta semana que me puedo vestir de zorrita, hablo y me dicen que sí buscan a una zorrita como yo, me dicen que debía ir a presentarme hoy a las 12 del día. ¡Perfecto! Ya estoy vestida como toda una zorrita y son las 11:15. Tomo mi bolso, me llevo mi lipstick, y un poco de maquillaje para reafirmar mi belleza, también me llevo un tampón solo para sentirme muy mujer, en mis días…

Camino hacia la parada de autobuses y mientras camino muchos hombres me voltean a ver, supongo que soy toda una belleza de dama, cuántos hombres querrían en ese momento follarme, esta sensación es indescriptible. No hay mejor sensación que la de sentirse deseada, definitivamente esta es la sensación que me excita más que un par de medias y un body.

Mientras espero la llegada del autobús, un joven nada feo me mira con mucho deseo, yo me siento excitada y comienza a hacerme la plática.

¿Qué hora tienes?

Miro, mi reloj, trato de hacer mi voz femenina y contesto: Las 11:40.

¡Gracias!, El joven ya se iba y le pregunto rápidamente:

¿Por qué tienes prisa?

Sí, la verdad es que voy a una clase y tengo que estar a las 12:00.

Ay yo también, le repliqué, pero yo voy a buscar trabajo y tengo que estar a las 12:00

¿De qué vas a buscar trabajo?, me pregunta.

De edecán, le contesto.

¡Huuy! Pues yo creo que si te contratan bien rápido, eres muy bella.

¿De veras lo crees?

Sí, definitivamente.

¡Gracias!

Llegó el autobús y casualmente nos subimos al mismo. Así que seguimos platicando:

Bueno, ¿cómo te llamas?

Julio Castro y ¿tú?, me dijo.

Yo me llamo Alicia Hernández. ¿En qué estudias?, le pregunté.

Estudio ingeniería en sistemas computacionales.

¡Ahh! ¡Sí qué padre!. Esa fue mi carrera frustrada, me gustaban las computadoras, pero no quería pasármela siempre enfrente de una como trabajo.

Pues sí la verdad es que pasamos muchas horas en una computadora diseñando programas y todas esas cosas, me dijo. Y ahora ¿qué estudias? Me contestó.

Estudio relaciones internacionales.

¿En dónde?

En la Anahuac en el Distrito Federal.

¡Ahh! ¿Vas y vienes todos los días o tienes departamento?

Sí, voy y vengo, le dije.

Pasó un rato de silencio y me atreví a decirle:

Oye ¿te doy mi teléfono para ver si un día salimos no?

Al tipo se le iluminaron los ojos y me dijo:

¡Va!

Sacó rápidamente un papel de su mochila y una pluma y anotó mi teléfono de celular. Después dije:

Bueno aquí yo bajo, adiós y estamos en contacto…

Sí, ¡Bye!.

Nos dimos un beso de despedida. Francamente no me importaba si pensara en mí como una fácil o una zorra, finalmente yo quería salir como una zorrita con un hombre y esta iba a ser mi primera víctima, si el muy ingenuo piensa que me va a domar, solo puedo decir que estaba pendejo, porque esta zorrita es una cabrona.

Así, decidida llegué a las oficinas donde estaba una fila con otras 4 mujeres esperando, pasaron y una vez que llegó mi turno pasé y me entrevisté.

Este tipo era un hombre fuerte, se notaba que iba al gimnasio constantemente y tenía una voz fuerte, me vio y parece ser que le agradé. Llené unas formas y obtuve mi trabajo, dijo que el día de mañana debía estar en la feria de San Martín, promoviendo una marca de medias. No lo podía creer, ¡Hasta esta suerte tuve, las medias me siguen por donde sea!.

Me dijo que era muy bella y que mis medias se veían increíbles, que con este cuerpo cualquiera subirían las ventas de la empresa. Yo estaba fascinada, salí de la oficina y me dirigí hacia la plaza Virallo una vez ahí me dedique a ver ropa femenina y también ropa interior. Vi unos vestidos muy bonitos que me probé en la tienda, jamás me había excitado tanto, en una tienda de ropa femenina, yo, toda una dama probándome vestidos. Mi pene estaba apunto de romper mis pantaletas moldeadoras con tal de salir de su prisión y gritar de excitación con su leche blanca.

Entre más vestidos veía más quería probarme, era una sensación que los hombres nunca entenderán, ¿por qué las mujeres pasan horas y horas en las tiendas de ropa? La respuesta que mi experiencia me ha dado es: la vanidad femenina, su esencia de sentirse especiales, tocadas por la más fina de las telas, vistas por hombres con deseo de amarlas, de admirarlas por su belleza.

Compré un vestido azul marino que me gustó mucho y que pensaba me podría combinar con mis medias azul marino. Pero ahora me hacían falta unos tacones con que ponerme mi vestido nuevo, así que fui a la zapatería y vi unos preciosos tacones azules que me probé y me quedaron perfectos.

Fui a rentar una película y regresé a mi casa y pasé las siguientes dos horas viendo la película. A media película adivinen quién llamó, sí era él, Julio, me dijo que si salíamos a un cafecito por su casa, yo le contesté que sí y fascinada, me puse mi vestido nuevo, mis medias azul marino y mis tacones nuevos.

Pasó por mí a las 9:00 de la noche y nos dirigimos a al Café Jullianne, que por cierto ahí venden muy buen café y platicamos durante dos horas. A las 11:00 de la noche me invitó a su casa, accedí y fuimos a su departamento, para esto yo traía en mi bolso un arma de fuego por si era necesario calmar a la bestia, si se asustaba por mi verdadera identidad.

Pasamos y me gustó mucho su departamento estaba arreglado y sencillo, nos sentamos en el sillón y comenzamos a besarnos.

¡Guau! ¡Ese hombre si que sabe besar! Se recargó en mí muy rico y me besó muy pasionalmente. Comenzó a tocarme mis suaves piernas, y mis senos de silicona, cuanto deseba en ese momento tener una panocha de verdad, que me hiciera sentir aún más femenina.

Subió paulatinamente su mano hasta mi muslo, yo le tocaba su pene, era grande y parecía que iba a estallar, siguió avanzando su mano de una manera tan sutil que no pude pararla, hasta que tocó mi sexo.

Al sentirlo se levantó confundido, yo tenía mi bolso a un lado y pensaba en sacar la pistola si la reacción era agresiva, pero al parecer en ese momento reflexionó durante unos instantes y me dijo:

Sabes, durante mucho tiempo he vivido muy solo y no he tenido a una mujer que follar, pero ahora que sé lo que eres, ¡pienso follarte por el culo!

Sí, pues a mi no me molesta que me folles el culo, si quieres sacar tus jugos en mi culo hazlo, pero ponte condón, yo soy una zorrita limpia. Además por mí ten la plena seguridad de que nadie se enterará de este incidente, si quieres, después de esto me puedes llamar en otras ocasiones, este será nuestro secreto.

¡Esta bien, zorrita, te haré sentir como una verdadera zorrita!

Me siguió besando y lentamente bajó mis pantaletas, yo me puse en posición de “arco” para que bajaran más fácilmente y me las quitó. Dijo que prefería follarme con ropa, de esa manera no era tan fuerte el impacto psicológico de hacerlo con un hombre.

Yo le dije que fuese por dos condones para depositar mis jugos también y no manchar mi lindo vestido.

Así regresó y se puso el condón y yo también me lo puse, yo ya estaba que no aguantaba más, pues era la primera vez que un pene me iba a penetrar, anteriormente ya me había penetrado mi culito con zanahorias y palos de escoba con condón, pero ahora sería la hora de la verdad, ¡un pene masculino en mi agujero!

Nada más de pensarlo mi pene estaba a punto de hacer erupción.

Le dije que me lo insertara lo más duro que podía, él sin deberla ni temerla no dudó en ensartar su gran pene en mi agujerito y cuando lo sentí dentro de mí fue la sensación más placentera que había tenido en mi vida, sentir ese pene entrar y salir de mis entrañas era muy excitante.

Mientras Julio me bombeaba el culo pensaba en todo lo que había hecho ese día, desde conocerlo hasta comprarme mi ropita, probarme mis vestidos, comprarme y probarme mis zapatos, ver una película como toda una dama, las miradas de deseo de muchos hombres que miraban mi cuerpo bien formado, en fin, mientras repasaba todo eso en mi mente, sin si quiera tocarme el pene para masturbarme, sentí el más fabuloso de los orgasmos a través del bombeo de mi próstata, di un gemido como si verdaderamente fuese una zorrita.

¡¡¡Aaaauuuggggghhh!!!

¡Te gusta zorra! Me dijo Julio.

¡Sí Amor! ¡Te Amo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida! ¡Me has hecho sentir como una verdadera zorrita! ¡Sigue mi amor bombea y bombea!

Después de mi orgasmo, él se vino y grito: ¡Ay! ¡Pinche perra! ¡Pero que agujero tan rico tienes!

Al terminar, descansamos un rato, él me abrazó y yo sentada con mi agujero agotado por tanto bombeo y con mis piernas dobladitas y bien juntitas como toda una mujer debe sentarse, reposando mi cabeza en sus fuertes brazos y acariciando su velludo pecho pensé, he hecho lo que a mí siempre hubiese gustado ser una zorrita.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: