Me enamoré de sus braguitas

Esta historia sucedió hace varios años, en mi último año de instituto, yo vivía con mis padres en una urbanización de adosados a las afueras de Madrid, y a lado mío vivía Esther.

Ella era una chica rubia con los ojos color miel, tenía un cuerpo con buenas formas, con unas tetas generosas, y un culo redondito, además tenía una cara dulce de niña buena, que parecía que no había roto un plato.

Los dos teníamos la misma edad e íbamos al mismo instituto, y es aquí donde empieza la historia.

Era un lunes por la mañana, ese día se me hizo un poco tarde y cuando llegue ya estaba todo el mundo en la clase, mientras entraba no pude evitar mirar a Esther, ese día se había hecho algo en el pelo y me llamo la atención.

–          Tú que miras capullo!! Me gritó en cuanto nos cruzamos la mirada

Todos se quedaron mirando, pero nadie se sorprendió, ya que ese era uno de los saludos habituales que me dedicaba Esther desde hacía más o menos un año. Seguí caminando y me senté en mi silla, mis amigos como siempre me preguntaron que porque no le decía nada… pero la historia era bastante complicada.

Esther y yo habíamos sido prácticamente inseparables, siempre habíamos sido vecinos y nuestros padres eran buenos amigos, de hecho como mis padres trabajaban por las tardes y la madre de Esther llegaba pronto, desde pequeños pasaba las tardes en su casa, hacíamos los deberes y estudiábamos juntos, éramos muy buenos amigos y teníamos total confianza, incluso me había quedado muchas noches en su casa y dormíamos en la misma habitación.

A pesar de que Esther era bastante guapa, nunca me había fijado en ella como alguien con quien pudiera enrollarme, la mitad de la clase estaba colado por ella, y mis amigos me preguntaban que porque no aprovechaba lo bien que me llevaba con ella para pasar a algo más, pero yo no la veía así…. Hasta un día en el que todo cambió…

Yo estaba en casa de Esther hablando con su madre, esperando a que ella llegará, para hacer un trabajo que teníamos que entregar al día siguiente, ella se había apuntado a unas clases de Aerobic después del colegio, se había obsesionado un poco con eso de la vida sana y quería hacer deporte. Pasaba el tiempo y Esther no llegaba, yo empezaba a preocuparme, porque teníamos que acabar el trabajo sin falta, y de repente entró por la puerta acelerada.

–          Lo siento mucho, la clase se ha alargado un poco, me ducho corriendo y nos ponemos a la tarea…

Al haberse retrasado la clase, no le había dado tiempo a ducharse en el gimnasio como solía hacer y llegó con las ropa de aerobic puesta, eran unas mallas negras ajustadísimas y un top de tirantes rosa, también muy ajustado.

No sé que pasó en ese momento, pero fue como si un interruptor se hubiera encendido en mi cabeza, y no pude evitar quedarme embobado mirándole el culo, creo que hasta su madre si dio cuenta, pero no dijo nada.

Como he dicho nunca me había fijado en Esther de esa manera, y la había visto mucha menos ropa que en ese momento, teníamos mucha confianza, y la había visto en pijama miles de veces cuando me quedaba a dormir.

Pero en ese momento fue como si de repente me hubiera dado cuenta de lo buena que estaba, como si se me hubiera despertado un instinto animal, de todas maneras en cuanto se metió en el baño, me puse a pensar en otra cosa, sin querer darle más importancia.

En cuanto salió de la ducha, nos pusimos a hacer el trabajo, y como se había hecho tarde, su madre me ofreció quedarme a cenar, nos quedaba bastante así que acepté.

Íbamos a bajar a cenar, pero me dieron ganas de ir al baño, así que le dije a Esther que fuera bajando que enseguida iba.

Entré en el baño y me fije que Esther había dejado toda la ropa tirada en el suelo, supongo que como había llegado tarde no se preocupó de recoger nada, allí estaban las mallas tiradas, y volví a recordar lo buena que estaba con ellas puestas, como no quería darle más importancia las recogí para meterlas en la cesta de la ropa sucia, pero aquí es donde todo cambió, al recoger las mallas, debajo estaban sus braguitas, eran blancas con un borde de puntilla rosa, y tenían un lacito pequeño por delante, al verlas me quede parado un segundo, no sabía si recogerlas o no, pero como no quería que la cosa fuera a más decidí meterlas en la cesta de la ropa sucia como si fuera algo normal, pero al cogerlas sentí como un escalofrío, fue una sensación muy extraña, y lo siguiente que recuerdo es que me estaba haciendo una paja, con las braguitas enrolladas en mi polla, todavía no sé cómo pasó, pero la recuerdo como una de las mejores pajas de mi vida, la sensación de sentir sus braguitas en mi polla fue increíble, me corrí casi enseguida.

Cuando terminé me di cuenta de que había manchado un poco las braguitas, pero no le di importancia, total las iban a lavar, las metí en la cesta de la ropa sucia y baje a cenar.

–          Has tardado, me dijo Esther nada más bajar.

–          Sí, he estado recogiendo un poco el desastre que dejaste, le dije entre risas

Esther puso una cara un poco rara, pero no le di importancia, con la confianza que teníamos no era nada raro que recogiera su ropa.

Desde ese día, las braguitas de Esther se convirtieron en mi obsesión, algo se había despertado en mi, y ahora Esther era la chica perfecta y me empezaba a dar cuenta de lo buena que estaba.

Normalmente pasaba muchas tardes en casa de Esther, pero desde ese día, empecé a ir todos los días, siempre buscaba alguna excusa, explicarle alguna tarea, o que me la explicara ella a mí, ella lo veía como algo normal.

Los momentos de estudio se me hacían interminables, no veía la hora de hacer una pausa para ir al baño, normalmente Esther se duchaba al llegar de clase, ella era bastante ordenada, por lo que siempre dejaba su ropa en la cesta que tenían en el baño, que para mí era el paraíso, nada más entrar cerraba la puerta y abría la cesta y allí estaban siempre las braguitas que había llevado a clase, tenía mi ritual, primero las cogía y las olía, después me las enrollaba en la polla y me pajeaba lentamente para disfrutar el momento, hasta que no podía más y aumentaba la velocidad para correrme.

Muchas veces no me controlaba y le manchaba las braguitas, simplemente las limpiaba un poco y las volvía a dejar en la cesta, como las iban a lavar igualmente pues no había problema.

Estuve así durante muchos meses, y prácticamente ya me conocía todas las braguitas que tenía Esther, la verdad que era poco atrevida con su ropa interior, casi todas eran blancas, algunas tenían algún dibujito, aunque también tenía algún tanga, y algunas braguitas de encaje. Mis favoritas eran unas blancas, con un lacito rosa en la parte de atrás y un dibujo de un osito por delante, la verdad que no tenían mucho de especial, pero me volvía loco imaginarme a Esther con esas bragas tan modositas.

Todas las mañanas cuando veía a Esther en clase, me imaginaba que braguitas llevaría puestas ese día, y aunque parezca mentira, muchas veces acertaba, supongo que nos conocíamos bastante bien.

Así fueron pasando los días, y mi obsesión por Esther iba creciendo, pero un día todo cambió, ese día teníamos una visita a una embotelladora de refrescos, y teníamos que ir vestidos con ropa de calle, nuestro instituto era privado y normalmente llevábamos uniformes, las chicas un polo blanco y una falda escocesa y los chicos un polo blanco y un pantalón azul marino.

Esther ese día fue muy guapa, pero recatada, con unos vaqueros y una camiseta ajustada, pero otra de las chicas de la clase, Patri, fue con una falda bastante corta y una camiseta de tirantes.

Patri y Esther nunca se habían llevado bien, las dos se disputaban el trono a ser la más guapa de clase, y prácticamente ni se hablaban, supongo que era el clásico pique entre chicas.

Ese día Patri, fue la sensación, nos dejo a todos los chicos embobados, y durante la visita íbamos detrás de ella como corderitos, el grupito de Esther por supuesto no paro de criticarla, y lo poco que hable con Esther aquel día también fue para meterse con ella.

Por la tarde fui a casa de Esther como siempre, cuando llegue, me abrió su madre y me dijo que se estaba duchando. Patri me había puesto bastante caliente durante el día, y no veía la hora de hacerme con las braguitas de Esther para pajearme.

Estuvimos toda la tarde haciendo un resumen de la visita, que había que entregar al día siguiente, era un trabajo individual y no hablamos mucho esa tarde, Esther estaba un poco más callada de lo normal, pero no le di importancia. Por fin terminamos e hicimos una pausa, para mí el momento más esperado del día, fui corriendo al baño y cerré la puerta, pero al abrir la cesta de la ropa sucia, no estaban las braguitas, revolví un poco, había ropa sucia, pero no estaban las braguitas. Cuando llegué su madre me había dicho que Esther se estaba duchando, así que tenían que estar allí, vacié toda la cesta y mire por todos sitios, pero no estaban.

Salí del baño decepcionado, llevaba todo el día esperando ese momento, y justo ese día  a Esther le había dado por poner sus braguitas en otro sitio.

Volví al cuarto, y Esther me pregunto:

–          Por qué has tardado tanto?

–          No sé, lo normal, le conteste algo nervioso

Seguimos haciendo otras tareas, hasta que la madre de Esther entró en el cuarto y nos pidió ayuda para meter unas cajas en el coche, que la iba a llevar a tirarlas, yo me ofrecí, pero Esther dijo que iba ella de manera cortante.

Bajaron las dos al garaje y me quedé sólo en la habitación, yo seguía súper caliente, y vi mi oportunidad de coger unas braguitas, yo sabía perfectamente cuál era su cajón de la ropa interior, así que lo abrí, y allí estaban, todas la braguitas juntas, era como un sueño para mí, me puse a revolver un poco, y vi algunas que no conocía, eran las más atrevidas, algunos culotes de encaje y algún tanga subido de todo, supuse que esas no las usaba para ir a clase, sino para salir de marcha con sus amigas. No me di cuenta de que Esther subiría enseguida, así que en cuanto escuche un ruido cogí las primeras que pude y cerré el cajón a toda prisa, pero era demasiado tarde, en cuanto me di la vuelta, Esther estaba en la puerta de la habitación:

–          Se puede saber que haces?? Dijo con voz de enfadada.

–          Nada, esperarte, necesitáis que os ayude?? Dije intentando cambiar de tema

–          Como que nada?? Estabas revolviendo mis cajones.. dijo desafiante.

Me quede paralizado cuando dijo eso, además tenía una de sus braguitas en mi bolsillo.

–          Pero que dices?? Sólo estaba buscando folios.

Fue lo primero que se me ocurrió.

–          Sabes perfectamente que ese no es el cajón donde guardo los folios… dijo Esther casi gritando.

Empezó a caminar hacia mí, y me acorralo contra la pared, yo no sabía qué hacer o que decir, estaba claro que me había pillado.

–          Lo siento, mientras esperaba me he puesto a abrir  cajones, no sé por qué.

Pensé que disculpándome la ablandaría, pero Esther estaba como loca.

–          Ahhh, claro te has puesto a abrir cajones, y casualmente has abierto ese, y casualmente te has metido esto en el bolsillo…

Mientras decía esto metió la mano en mi bolsillo, yo intente impedirlo, pero estaba tan enfadada que no pude evitarlo, sacó las braguitas que había cogido, eran unas verde claro con unos lunares blancos, la verdad que con las prisas ni me había fijado cual había cogido.

–          Lo siento mucho la verdad, no sé porque lo he hecho, las he visto ahí y las he cogido sin pensar, perdóname por favor…. Le dije poniendo voz de pena.

Mis disculpas no sirvieron de nada,

–          Pero de qué vas?? Pedazo de asqueroso!! Como te atreves a abrir mis cajones y robarme unas bragas??? Estás loco??.. dijo Esther gritando.

Menos mal que la madre había salido, porque si no, seguro que la oía desde el piso de abajo.

–          De verdad que lo siento, sólo iba a gastarte una broma… dije intentando quitar hierro al asunto

Pero al decir esto Esther se enfadó aun más.

–          Cállate ya, eres un cerdo!! Te crees que no sé que llevas meses pajeandote con mis bragas!!

Al decir esto me quedé helado, pero pasé a la defensiva, pensé que era imposible que lo supiera

–          Pero que dices loca, para que me voy a pajear con tus bragas, déjate de imaginarte cosas!!… también subí el tono al decirle esto.

Pensé que al ponerme a la defensiva, ella recularía, pero estaba equivocado, eso no hizo sin enfadarla más.

–          Mira cabrón, lo sé perfectamente, o te crees que soy tonta, no había dicho nada, porque me daba pena lo patético que eres…

Esto último que dijo me dolió bastante, que dijera que le daba pena no me lo esperaba, así que decidí irme haciéndome el enfadado.

–          Vete a la mierda, eres una creída asquerosa, me voy a ir, y ya hablaremos cuando estemos más calmados… intente suavizar el tono para calmar la cosa.

–          De eso nada, replico Esther, te vas a ir, y no vas a volver a dirigirme la palabra, como vuelvas a hablarme le contaré esto a mis padres y entonces te vas a enterar…. Esther seguía echa una furia.

–          Haz lo que quieras, le dije, yo no he hecho nada, y vale, no voy a volver a hablarte, pero no porque me amenaces, sino porque eres una loca!!

Me fui a mi casa muy nervioso, no sabía lo que iba a pasar, me había pillado completamente, y lo que más me inquietaba es como sabía que llevaba meses haciéndolo, era imposible que lo supiera.

Pasé toda la noche pensando que hacer, y decidí que lo mejor era que le contarla la verdad, al fin y al cabo era mi mejor amiga, y tenía razón en haberse enfadado.

Al día siguiente llegue a clase, y me acerque a hablar con ella, pero me rechazó de mala manera.

–          A mí ni me hables, capullo… lo dijo en voz alta para que lo oyera toda la clase.

No quise montar una escena en el instituto, así que me fui de donde ella estaba… y así siguió la cosa durante casi un año, cada vez que nos cruzábamos la mirada, me soltaba algún insulto, y si me equivocaba en algo en clase, era la primera en reírse para humillarme.

Habíamos sido buenos amigos, y no entendía porque ese odio hacia mí, entiendo que le molestara lo que había hecho, pero la manera que tenía de ensañarse conmigo y humillarme en cuanto podía no era normal.

Todo seguía igual, hasta que un día Esther tuvo otro pique con Patri, teníamos dos días de orientación universitaria, y venían varios profesores a dar charlas sobre las diferentes carreras, nos dejaron ir con ropa de calle de nuevo, para que nos sintiéramos universitarios.

Los chicos estábamos como locos esperando a ver con que modelito nos sorprendía patri, y como se esperaba fue con ropa bastante provocativa, el primer día llevo un pantalón ceñidísimo negro, y un top bastante escotado color rosa, aparte de unos taconazos que le hacían resaltar el gran culo que tenía. Pero en lo que no reparamos los chicos fue en el bolso que llevaba, por lo visto era de una marca muy famosa, y costaba un pastón, ese día Patri fue la sensación entre los chicos, pero también entre las chicas, todas querían ver el bolso de Patri.

Esther había ido también un poquito provocativa, con un pantaloncito también algo ceñido, aunque no tanto como el de Patri, y una blusa con bastante escote, estaba claro que también buscaba causar sensación entre los chicos, pero quedo totalmente eclipsada por Patri.

Al día siguiente, teníamos la segunda jornada de charlas, estábamos todos sentados en la clase, cuando entró Esther, los chicos nos quedamos con la boca abierta, se había puesto una falda cortísima de cuadros negros y blancos, y una camiseta ajustadísima, parecía que iba a una discoteca más que al instituto, no sé porque empecé a imaginármela con uno de esos tangas que vi en su cajón el día que me pillo.

Nada más sentarse se armo un revuelo entre las chicas, Esther había llevado también un bolso de esos que cuestan un pastón, este al parecer era de una edición limitada súper exclusiva.

–          Pues nada, lo tenía por casa, y me lo traje… la escuche decir.

Este día, como era de esperar, Esther se llevo todo el protagonismo, incluso estuvo hablando sobre bolsos con Patri, a pesar de que no se soportaban.

Yo me quede muy sorprendido, los padres de Esther tenían dinero, pero no eran millonarios como para que ella se comprara ese tipo de bolsos, el que ella había llevado por lo visto costaba mil euros.

Las charlas acabaron y volvimos a la rutina de las clases, pasaron un par de días normales, pero al tercero, cuando salía de clase a última hora, escuche a Esther discutiendo con Antonio, este era un chico con el que Esther había estado saliendo un par de meses.

–          Esther: Bueno pues si no quieres ayudarme, que te den!!

–          Antonio: De que vas?? Pasaste de mi y ahora vienes a que te ayude!!

–          Esther: Si me ayudas, a lo mejor podemos volver juntos… dijo esto con voz desesperada

–          Antonio: Anda ya! Olvídame, además aunque quisiera ayudarte, no podría, yo no tengo ese dinero.

–          Esther: Vale,.. pasa de mi, ya me buscare la vida

Me quede extrañado por la conversación, pero bueno, pensé que tendrían alguna historia antigua entre ellos y no le di mayor importancia.

Esa tarde cuando estaba en mi casa haciendo las tareas, tocaron a la puerta, baje a abrir y me no me lo podía creer, era Esther… Le abrí la puerta y vi que había estado llorando.

–          Que haces aquí?? Le pregunté de manera bastante seca

–          Puedo pasar? Me pregunto con voz de niña buena.

–          Que quieres?? Le dije de manera cortante.

–          Déjame entrar por favor?? Me dijo desesperada.

La invite a pasar y nos sentamos en la cocina, casi sin dejarme decir nada empezó a contarme su problema.

–          Necesito que me ayudes, estoy desesperada.. al decir esto recordé su conversación con Antonio.

–          Bueno y que quieres??, le dije.

–          Bueno veras,… recuerdas aquel bolso que lleve hace un par de días a clase?

–          Sí, pero recuerdo mejor el modelito que llevaste… le dije con sorna.

Al decir esto se sonrojo y agacho la cabeza.

–          El caso es que lo compré el día antes y lo pague con la tarjeta de mi padre..dijo Esther.

–          Quee??? Estás loca.. le dije sobresaltado. Tu padre te va a matar, y cuanto te gastaste??

–          Mil euros, era un bolso de edición limitada… dijo con un hilito de voz.

–          Madre mía, y ahora que vas a hacer, porque no lo devuelves?? Pregunté

–          Esa era mi idea, pero en la tienda me dicen que ese tipo de bolsos no admiten devolución… yo no lo sabía.. Al decir esto rompió a llorar.

–          Tu padre te mata, seguro. Le dije.

El padre de Esther era militar de carrera, y siempre había sido muy estricto, lo bueno para Esther es que pasaba mucho tiempo fuera de casa destinado en el extranjero, pero recuerdo que las veces que estaba en casa, más de una vez le había visto echarle a Esther unas broncas tremendas.

–          Si me ayudas, puede que no se entere, dijo Esther.

–          Y como voy a ayudarte?? En cuanto vea el extracto de la tarjeta se va a enterar..le dije

–          Noo, él sólo mira el saldo, si repongo el dinero antes de que vuelva la semana que viene no se enterará…me contesto.

–          Entonces el plan es conseguir MIL euros….y cómo quieres que te ayude??

–          Tú puedes prestármelos, me dijo con voz dulce.

–          Jajaja… estás loca, y de donde voy a sacarlos yo, la última vez que miré no tenía mil euros debajo del colchón.

–          Sé que los tienes, me dijo Esther, desde hace años llevas ahorrando para comprarte un coche cuando te saques el carnet, me lo has contado miles de veces.

Esther me conocía muy bien, y era verdad que tenía el dinero, hace un año se lo hubiera dado al instante, pero después de cómo me había tratado últimamente, no iba a renunciar a mi coche por ella.

–          Bueno si los tengo, pero no pienso dártelos, llevo años ahorrando y no voy a dártelos a ti, después de cómo me has tratado últimamente, ya puedes olvidarte… le dije casi gritando

–          Tienes que ayudarme, por favor, no tengo nadie más a quien recurrir, siento haberte tratado mal, pero sabes que lo que hiciste estuvo mal…. Dijo entre lágrimas.

El hecho de que hubiera recurrido a mí como último recurso, me fastidió bastante, creo que podría haber confiado en mi antes, al fin y al cabo, en todo este último año yo me había tragado todos sus desplantes sin decirle nada, pensado que en algún momento me perdonaría. Decidí devolverle lo que ella me había hecho cuando me pillo con sus braguitas, y la eche de casa.

–          Ya sé que estuvo mal, pero eras mi amiga, y en vez de perdonarme, llevas un año humillándome siempre que has podido, y ahora vienes a pedirme ayuda como último remedio…sabes que… olvídame… no pienso ayudarte, y como no salgas de mi casa en un minuto, voy a llamar a tu padre y contarle todo.

Me quede pensando el resto de la tarde que hacer, por un lado no merecía que la ayudara, se había metido en el problema ella solita por envidiosa, y además ya me había hecho pagar con creces lo de las braguitas, así que no le debía nada.

Pero por otro lado, era mi mejor amiga desde pequeños, y sabía perfectamente que conociendo a su padre le caería un castigo de los buenos, si no la mandaban a un internado o algo peor.

Después de meditarlo, decidí que iba a ayudarla, pero no se lo iba a poner fácil, le iba a devolver las humillaciones que ella me había hecho pasar, así que me puse a darle vueltas hasta que se me ocurrió una idea, le iba a proponer comprarle sus braguitas todos los días, ella me había expulsado de su vida por cogerle las braguitas, y ahora iba a tener que ser ella la que viniera a dármelas sumisamente. Me pareció la mejor forma de devolverle lo mal que me lo había hecho pasar y ayudarla.

Le mandé un mensaje para que viniera a mi casa, debía de estar bastante desesperada, porque no tardo ni un minuto en tocar a mi puerta.

Llego todavía con el uniforme del instituto, y los ojos hinchados de haber estado llorando.

–          Pasa y siéntate… le dije

Esther se sentó en un sillón y pude ver en su cara que aceptaría cualquier cosa que le propusiera.

–          Bien, he estado pensado en lo que me dijiste, y he decidido que no voy a darte el dinero.

Al decirle esto, se echo a llorar.

–          Y para que me has llamado.. dijo sin levantar la cabeza.

–          Bueno, creo que aunque yo no te lo de, tu puedes hacer algo para ganártelo…le dije.

–          Siii, haré lo que haga falta..dijo ilusionada.

–          Pues, lo que voy a hacer es ir a tu casa cada tarde, y vas a venderme las braguitas que hayas llevado puestas durante el día, te pagaré cien euros por cada una, y así podrás reunir el dinero.

–          Queee??? Estás loco, pero que tontería me estás diciendo…dijo Esther sin poder creerse lo que te decía.

–          Creo que me has entendido bien, ya que te molestó tanto que cogiera tus braguitas, ahora va a ser tu la que me las de voluntariamente cada día, y así vas a conseguir el dinero que te hace falta.

–          No sé, tengo que pensarlo, dijo Esther.

No me gustó que dijera eso, por un lado decía que haría lo que hiciera falta y ahora decía que tenía que pensárselo… decidí presionarla un poco.

–          Pues te voy a dar un minuto para pensarlo, o aceptas o te vas de mi casa y no vuelves a molestarme con tus problemas… le dije con voz firme.

No tardó ni un minuto en decidirse.

–          Vale, lo haré, dime que es lo que tengo que hacer..dijo con voz de resignación.

–          Mañana cuando salgamos de clase, iré a tu casa y me darás tus braguitas, es bastante simple no??. Le dije

–          Ahora vete, que tengo que terminar las tareas para mañana.

Esther se fue y me quedé pensando el lo que había pasado, no estaba seguro de si al final al día siguiente cumpliría o se echaría atrás.

Llegue por la mañana a clase y miré a Esther, para variar, no me contestó con un insulto, pasamos toda la jornada evitándonos, y por fin llegó el momento de llegar a casa, nos bajamos del autobús, y me quedé esperando a ver que hacía Esther

–          Vamos, a que esperas.. me dijo.

Entramos en su casa, no estaba su madre así que fuimos directos a su cuarto, yo estaba excitadísimo pensando en que iba a tener de nuevo las braguitas de Esther en mi poder, llegamos a la puerta de su cuarto pero no me dejo entrar.

–          Espera aquí, enseguida vuelvo..me dijo

Se metió en el cuarto y salió enseguida con las braguitas en la mano.

–          Toma aquí las tienes..

Me quede paralizado, no era lo que esperaba, pero le di el dinero y las cogí.

–          Bueno, ahora vete mi madre está a punto de llegar.

Me fui a mi casa a disfrutar del botín, pero mientras caminaba tenía la sensación de que me había tomado el pelo, y cuando llegue confirmé mis sospechas, me había dado unas bragas completamente blancas, y se notaba que no las había llevado puestas, la muy puta se había reído de mí, seguramente había comprado un paquete de bragas y pensaba ir dándomelas cada día como si yo fuera tonto.

Esta cabreadísimo, y pensé en ir a su casa a recuperar mi dinero, pero seguramente su madre ya habría llegado, y no podría hacer nada. Así que decidí esperar al día siguiente para ponerle las cosas claras.

Cuando bajamos del autobús al día siguiente, la seguí directo a su casa, pero esta vez no iba a dejar que me tomara el pelo, igual que el día anterior fuimos a su cuarto y me dejo en la puerta esperando.

–          Por qué no me dejas pasar?, le pregunte

–          Me da vergüenza.. me dijo rápidamente

Al igual que el día anterior, salió enseguida con las braguitas en la mano, pero esta vez antes de darle el dinero, las cogí, y las examine.

Eran iguales a las del día anterior, pero en color azul, y estaba claro que no las había llevado puestas, había estado meses disfrutando de sus braguitas después de clase, y podía distinguir perfectamente si las había usado o no.

–          Gracias, pero estas no me gustan, no te las compro, mañana inténtalo de nuevo.

Esther no se esperaba esta respuesta, y reaccionó agresivamente.

–          Pero que dices?? Teníamos un trato, encima que te doy las bragas me dices, ahora que no las quieres?? Eres un asqueroso.

Esa reacción de Esther me hizo volverme loco, me estaba intentando engañar, y además parecía que era ella la que me estaba haciendo el favor a mí. Todavía no se cómo reaccioné así, pero me sacó de mis casillas, la agarre del brazo y la metí dentro de la habitación, ella empezó a gritar.

–          Suéltame, pedazo de animal… te has vuelto loco??? Me grito

Yo estaba fuera de mi, con su numerito de pena en mi casa me había ablandado, pero estaba claro que había cambiado en el último año, me estaba intentando engañar y encima se permitía insultarme.

Le retorcí el brazo y la puse contra la pared.

–          Escúchame putita, que te quede claro que aquí el favor te lo estoy haciendo yo a ti, no tu a mí, eres tú la que vino a mi casa arrastrándose para que la ayudara… le dije gritándole al oído

–          Suéltame joder….seguía gritando.

Le levanté la falda y efectivamente llevaba las bragas puestas, de un tirón se las bajé hasta las rodillas, y sin saber cómo, le dí un par de azotes en el culo con todas mis fuerzas.

–          Me has tomado por tonto, te crees que no iba a distinguir unas braguitas usadas de unas nuevas, pero que clase te  gilipollas crees que soy.

Cuando le dije esto, me quede paralizado unos segundos, acababa de bajarle las bragas y le había pegado, pensé que se iba a poner a gritar, y se lo iba a decir a sus padres, pero en vez de esto se echo a llorar como una niña pequeña.

–          Perdón, perdón… decía entre sollozos.

La solté y se quedó en el suelo arrodillada, ni siquiera tenía fuerzas para subirse las braguitas, su madre estaba a punto de  llegar así que me fui.

–          Bueno Esther, has perdido tu oportunidad, buena suerte cuando tu padre se entere de lo que has hecho… le dije.

Salí de la habitación y me fui a mi casa, ella se quedo en el suelo llorando. Por un lado estaba satisfecho por haberle dado una lección, pero por otro me decepcionaba que no me hubiera dados sus braguitas, al fin y al cabo, a mi me seguía volviendo loco Esther, y ya me había hecho a la idea de volver a disfrutar de su ropa interior.

Llegue a mi casa algo nervioso, no paraba de pensar en los azotes que le había dado, no me hicieron falta sus braguitas para hacerme una de las mejores pajas que recuerdo, recordando cómo le había calentado el culito.

Al cabo de un par de horas recibí un mensaje de Esther:

“Hola, por favor perdóname x lo q ha pasado esta tarde,

x favor dame otra oportunidad mañana, te aseguro q no

Te arrepentirás”

No le conteste al mensaje, pensé que era mejor dejar que se desesperara un poco más, aunque tenía ganas de saber cómo iba a hacer que no me arrepintiera.

Al día siguiente, la estuve evitando durante todo el día, y cuando llegamos a casa como siempre, nos bajamos en nuestra parada y ella empezó a caminar hacia su casa, pero miraba hacia atrás para ver si yo la seguía, la deje alejarse unos metros, y empecé a caminar hacia su casa, entramos y esta vez no me dejo en la puerta, sino que me cogió de la mano y me llevo hasta su cuarto, no lo había cambiado mucho desde la última vez que estuve allí.

Esther se puso enfrente de mí, y se levantó la falda para enseñarme sus braguitas, eran unas de rayas blancas y azules, y tenían un ancla dibujada por delante, las recordaba de haberlas visto anteriormente. Se bajo la falda y empezó a bajarse las braguitas lentamente, contoneándose un poco. La verdad que ese bailecito me puso como una moto. Cuando se la quitó me las ofreció con las dos manos.

–          Aquí las tienes, espero que las disfrutes… dijo con voz pícara.

Las cogí y le di el dinero, pero no le hice ver que me había gustado lo que había hecho, me despedí hasta el día siguiente:

–          Bueno, hasta mañana, espero que hayas aprendido algo de esto.

Fui a mi casa casi corriendo, estaba ansioso por volver a disfrutar de sus braguitas, nada más llegar fui directo al baño y me puse a examinar las braguitas, efectivamente ya las había visto antes, volví a recordar mi viejo ritual, me las acerque a la cara para olerlas y después me las enrollé en la polla para pajearme lentamente, pero aun así no dure ni un minuto, volver a tener las braguitas de Esther en mi polla fue mucho para mí, cuando me corrí procure no mancharlas para poder guardarlas.

Estuve buscando un escondite en mi cuarto donde poder guardar mi futura colección, y finalmente me decidí por una carpeta de esas tipo acordeón, ahí nunca miraría mi madre.

Al día siguiente, el día se me hizo eterno, parecía que las clases no iban a acabar nunca, me pase casi todo el día embobado mirando a Esther, yo creo que ella se dio cuenta porque de vez en cuando me echaba una miradita.

Por fin llegamos a su casa, la seguí hasta su cuarto, y como el día anterior, se levanto la falda para enseñarme las braguitas, había elegido unas de color verde claro, con un estampado de margaritas, estas no me sonaban, pero me pusieron como una moto nada más verlas. Se las bajo lentamente y me las dio mientras se mordía el labio inferior.

–          Bueno, aquí van otras braguitas, pásatelo bien, dijo sonriendo…

Le pague y me fui corriendo a mi casa, casi sin despedirme, estas braguitas me habían vuelto loco y no podía esperar ni un minuto, llegue a casa y me di un merecido homenaje con sus bragas.

Habían pasado dos días, y ya estaba de nuevo totalmente colgado de Esther, el tercer día teníamos clase de actividad física, así que íbamos vestidos con un chándal del instituto, era de color azul con unas rayas rojas en la chaqueta.

La clase fue bastante intensa, estuvimos casi todo el rato haciendo carrera continua, todos estábamos sudando bastante, y cada vez que miraba a Esther, me imaginaba como estarían sus braguitas de empapadas.

Por fin acabo el día, y llegamos a casa de Esther, entramos en su cuarto y ella se quedo parada.

–          Qué pasa? Le pregunté

–          Por favor date la vuelta para quitarme el pantalón… me dijo

No nos habíamos dado cuenta de un pequeño detalle, llevábamos puesto un chándal, y no tenía la falda para taparse mientras se quitaba las braguitas.

–          De eso nada, no me fio de ti… le dije

–          Venga déjate de tonterías, no pienso desnudarme delante de ti… dijo nerviosa.

–          Bueno haz lo que quieras, pero no pienso darme la vuelta, ya me has demostrado que no puedo fiarme de ti.

Quería presionarla un poco a ver lo que hacía, y la verdad que me sorprendió…

Esther se quito los pantalones, y se quedo en bragas, se acercó hacia mí y me dijo con voz sensual.

–          Estas seguro de que vas a quedarte sin estas braguitas por no darte la vuelta..

Eran unas braguitas completamente blancas, supongo que eran las que usaba para los días de actividad física, no las había visto antes.

Decidí forzar un poco más a Esther a ver qué pasaba, no quería que ella pensara que tenía el control, me acerque un poco más a ella y le dije:

–          Y tú?? Estas dispuesta a quedarte sin los 100€…

Esther se quedo dudando un segundo.. Finalmente resopló y dijo…

–          Esta bien tu ganas, quédate ahí y no te muevas..

No podía creérmelo, iba a desnudarse delante de mí, pero Esther había tenido una idea.

Puso la silla del escritorio delante de ella, la parte del respaldo le tapaba completamente, se bajo las braguitas y las puso en el respaldo, se volvió a poner de nuevo el pantalón y me dijo:

–          Contento… con la voz algo enfadada.

Se acercó a mí y me dio las braguitas, estaban algo húmedas por el sudor, le pagué y cuando me iba a ir Esther me preguntó:

–          Oye, quieres quedarte a hacer el trabajo de hoy, así acabamos antes.

–          O no puedes esperar dijo sarcásticamente…

La verdad que me dejó paralizado con la pregunta, estaba loco por irme a casa a disfrutar de las braguitas, pero no quería quedar como un pajillero, así que acepte.

–          Vale, así acabamos antes, dije.

Me guarde las braguitas en el bolsillo y nos sentamos a hacer las tareas, al principió fue un poco tenso, hacía mucho tiempo que no nos poníamos a estudiar juntos, pero poco a poco se fue relajando la cosa.

La verdad que a medida que avanzaba la tarde me iba poniendo más cachondo, por un lado tenía las braguitas de Esther en mi bolsillo, y por otro sabía que ella no llevaba bragas, y eso me estaba volviendo loco.

Mientras hacíamos la tareas llegó su madre, y se sorprendió de verme allí, pero me saludó efusivamente, parece que se alegraba de que volviera a ser amigo de su hija.

Seguimos trabajando hasta que terminamos, y cuando me iba a ir su madre insistió en que me quedara a cenar, intenté negarme, estaba desesperado por llegar a mi casa, pero insistió, incluso llamo a mi madre para avisarla.

–          Bueno bajad en 15 minutos, en lo que preparo algo… dijo la madre

Esther parecía que estaba contenta de que me quedará, pero me sorprendió:

–          Siento lo de mi madre, sé que  no querías quedarte… me dijo

–          No pasa nada, hace tiempo que no la veía y se habrá alegrado de verme…

–          Oye…. Si quieres… bueno…..ya sabes… puedes hacer “eso” en el baño… no me importa… dijo Esther con voz muy nerviosa.

Me quede paralizado cuando dijo esto, no me lo esperaba, pero no quería quedar como salido, pero la verdad que volver a pajearme en su baño era algo que no podía rechazar, pero no quise reconocerlo.

–          Que dices?… le dije haciéndome el ofendido.

–          Voy a ir al baño, pero no a eso… dije haciéndome el duro

–          Vale, pero no tardes mucho… dijo sonriendo.

Entre en el baño y quise hacerlo todo lo más rápido posible para que Esther no pensara que había entrado a pajearme, aunque ella lo sabía perfectamente, nada más entrar me vinieron a la cabeza los recuerdos de todas las veces que había disfrutado de sus braguitas.

Me acerque las braguitas a la cara y tenían un olor más intenso que los días anteriores, me las deje ahí, y empecé a pajearme, no tarde ni medio minuto, me limpie lo más rápido posible y salí del baño.

–          Que rápido… dijo Esther

–          Cuanto crees que se tarda en hacer pis… le dije disimulando

Esther sonrió y no dijo nada, supongo que se tomo como una victoria que pudiera correrme tan rápido con sus braguitas.

Bajamos a cenar y su madre estuvo preguntándome sobre las clases y que tal me iba todo, pero no quiso preguntarme porque hacía tanto que no iba por allí, no sé lo que le habría contado Esther.

Terminamos de cenar y me fui a mi casa, nada más llegar fui directo al baño, para volver a disfrutar de las braguitas.

Al día siguiente entre en clase, y Esther me saludo:

–          Que tal, buenos días… me dijo con una sonrisa.

Sus amigas se le quedaron mirando, supongo que les sorprendió que no me lanzara el insulto habitual, en ese momento me surgió la duda de si les habría contado lo que pasó, o les habría dado alguna excusa para explicarles porque dejamos de ser amigos.

El día avanzó con normalidad, hasta que un antes de la última clase se me acercó Esther un poco nerviosa.

–          No me acordaba que hoy tenía tutoría, voy a tener que quedarme después de clase… me dijo Esther.

–          Bueno no pasa nada, quedamos después… le dije

–          Ya…pero cuando llegue a casa ya estará mi madre, y no podremos… ya sabes… hacer negocios… dijo guiñándome un ojo…

–          Bueno no pasa nada.. lo dejamos para mañana… le dije sin darle importancia.

–          Necesito el dinero… ya lo sabes…. Mi padre viene en pocos días…

Quería ayudarla, pero no iba a darle el dinero así porque sí, nos estábamos llevando mejor, pero todavía tenía que pagar por el último año que me había dado.

–          Bueno pues dámelas ahora.. le dije

–          Quee??? Estás loco… queda 1 hora de clase,  más después la tutoría, no voy a andar por ahí sin bragas… dijo molesta.

–          Y qué más da, no se va a notar nada con la falda…. Le dije.

Esther dudó un segundo, pero finalmente le pareció bien la idea,

–          Vale espera aquí, voy al baño y te las traigo…

–          De eso nada… ya sabes que así no puede ser… le dije muy serio

–          Venga… ya te he demostrado que soy de fiar.. me dijo con voz dulce…

–          No, noo… si quieres vamos a la biblioteca, que ahora no habrá nadie allí y me las das.

–          Venga… vamos rápido…. Antes de que suene el timbre de clase.

Fuimos corriendo a la biblioteca, tuvimos suerte, no había nadie.

–          Venga date prisa… le dije

Esther se levantó la falda como hacía en su casa y me enseñó las braguitas.

–          Hoy había preparado algo especial para ti… dijo con un poco de vergüenza.

Efectivamente, llevaba puesto un culote de encaje rosa, lo recordaba de verlo el día que estuve revolviendo su cajón, pero nunca me lo había encontrado en su cesta de la ropa sucia.

Esta vez no me hizo el bailecito al bajarse las bragas, supongo que estaba nerviosa por si entraba alguien.

–          Toma, espero que las disfrutes… me costaron un pastón… son de marca… dijo Esther.

–          No te preocupes, las disfrutaré… dije riéndome.

Fuimos a clase, y me pase la última hora imaginándome a Esther desnuda, saber que no llevaba bragas debajo de la falda me puso súper cachondo.

Acabo la clase y salieron todos, Esther se quedó para la tutoría, y yo me quedé también para despedirme de de ella.

–          Bueno hasta mañana, no cojas frio, le dije riéndome.

–          Adiós capullo, me dijo con una sonrisa pícara.

Cuando llegué a mi casa me puse a inspeccionar el culote, la verdad que me dio pena que no me lo hubiera podido dar en su casa, me hubiera encantado tener más tiempo para vérselo puesto, en la biblioteca había sido todo muy rápido.

Después de disfrutar del culote como merecía, lo guarde en mi archivador secreto con el resto de la colección.

Cuando estaba en mi casa me llegó un mensaje de Esther:

“Mi padre a adelantado el viaje, viene pasado mañana, buff, que voy a hacer, tienes que ayudarme”

No supe cómo reaccionar, Esther y yo habíamos recuperado la complicidad, parecía que volvíamos a ser amigos, y estaba cumpliendo con las braguitas, pero no quería darle el dinero así porque si, llevaba tratándome fatal un año, y tenía que aprender la lección.

“No voy a darte el dinero, pero a lo mejor puedes hacer algo para ganártelo, piensa a ver”

Esther no me contestó, no sabía si se había enfadado, o que iba a hacer, tuve algún momento de dudas, pero decidí aguantar hasta el día siguiente a ver.

Por la mañana llegué a clase y Esther me saludó con normalidad, durante el día no coincidimos mucho, ya que tuvimos varias clases separados. Finalmente llego el momento de irnos a casa, durante el trayecto del autobús estuve pensando en que pasaría, no habíamos hablado durante el día y no sabía que iba a hacer Esther.

Nos bajamos en la parada, y la seguí hasta su casa, todo normal como los otros días, entramos en su cuarto, y se levantó la falda para enseñarme las braguitas, pero esta vez hizo algo diferente, se dio la vuelta y se levanto la falda por detrás… llevaba puesto un tanga!!.

Era negro de encaje y con un corazón rosa en la parte de delante.

Me quedé parado, y Esther empezó a hablar…

–          Bueno que te parece… dijo pícaramente.

–          Me encanta… te queda genial…al decir esto me puse rojo de vergüenza.

Saque el dinero para pagarle, pero Esther no se lo quitaba, se quedo parada delante mío.

–          Bueno a que esperas… le dije.

–          Lo siento, pero este es un poco más caro que las braguitas normales… dijo sonriendo…. Si lo quieres vas a tener que hacerme una buena oferta.

Cuando le dije que pensara algo para ganárselas, mi idea era que me propusiera seguir dándome braguitas después de que llegara su padre, pero parece que Esther había tenido otra idea.

La verdad que ese tanga me había puesto super cachondo, pero me hice el duro un poco a ver hasta donde llegaba.

–          Lo siento pero mi mejor oferta son 100€, teníamos un trato… le dije muy serio

–          Vale no pasa nada…. Dijo Esther con mucha tranquilidad.

Se quitó los zapatos y se recostó en la cama, apoyada en el cabecero, abrió las piernas y se levantó un poco la falda para dejarme ver de nuevo el tanga.

–          Seguro que no lo quieres… llevo todo el día con él puesto, y sería una pena..

Estaba a punto de explotar, le hubiera pagado lo que sea, pero no podía permitirme mostrarme débil, si quería seguir disfrutando de sus braguitas durante mucho tiempo.

–          Bueno, me has convencido, te doy 120 €.. le dije mostrándome firme

Esther sonrió y empezó a acariciarse por encima del tanga, pero tapándose con la falda.

–          Veo que no lo vas a querer… y la verdad que hoy llevo todo el día cachonda, me ha gustado ir en tanga a clase… dijo pícaramente

–          Pero bueno, si no lo quieres, lo pongo para lavar y ya está… pensé que te gustaría pero veo que no.

–          Esta bien 150€ y es mi última oferta… dije alzando la voz.

Esther seguía acariciándose por debajo de la falda y se notaba que estaba empezando a excitarse.

–          La verdad que ahora entiendo porque te gusta pajearte con mis braguitas, a mi me está gustando bastante… dijo mientras se aceleraba su respiración

Siguió un rato tocándose por encima del tanga, se tapaba con la falda, pero de vez en cuando se la levantaba y me dejaba ver el espectáculo, finalmente no pudo más, empezó a jadear hasta que estallo y se corrió… creo que la cosa se le fue de las manos, y no esperaba correrse delante de mí.

Se levantó de la cama y vino hacía mí, se puso justo delante, y se empezó a quitar el tanga muy lentamente, yo estaba a punto de explotar, el espectáculo que me acababa de dar había sido increíble, ni en mis mejores fantasías pensé que Esther se masturbaría delante de mí.

Me puso el tanga delante de la cara, pero cuando intente cogerlo me lo impidió.

–          No, no… se mira pero no se toca… dijo sensualmente

–          Si lo quieres vas a tener que hacer una oferta irrechazable…

–          Doscientos Euros, le dije….

–          Adjudicado…Grito Esther.

Esther me dio el tanga, estaba completamente mojado, se notaba que acababa de correrse con el puesto.

–          Bueno, ahora vete, que mi madre estará a punto de llegar… me dijo en voz baja

–          Pásatelo bien esta tarde… dijo riéndose.

Me fui a mi casa con la polla a punto de estallar, Esther se había tomado en serio lo de ganarse el dinero y acababa de hacerme pasar el mejor rato de mi vida.

Estuve toda la tarde pensando en lo que había pasado, me había vuelto completamente loco, sólo esperaba a que llegará el día siguiente para ver que tenía preparado.

El día en clase se me hizo eterno, contaba cada minuto para que terminara el día y poder ir a casa de Esther, varios profesores me llamaron la atención por estar distraído, pero no podía hacer otra cosa que pensar en lo que pasaría por la tarde.

Por fin llegó la hora, y nos montamos en el autobús, que también me pareció que tardaba un mundo en llegar, Nos bajamos en la parada y entramos en la casa.

–          Espero que hayas traído dinero… me dijo Esther nada más entrar.

–          Bueno, a ver qué puedes ofrecerme… le dije con indiferencia.

Entramos en su cuarto y me quedé de pié esperando, Esther se coloco delante de mí y empezó a subirse la falta muy lentamente, estuvo casi 1 minuto para llegar hasta arriba, y cuando estaba a punto de enseñarme las bragas se paró.

–          Espero que estés preparado, estas te van a costar muuuyyy caras.

Esther siguió subiendo hasta que dejo sus braguitas al descubierto, y cuando las vi no me lo podía creer, eran mis braguitas favoritas, las blancas con el osito por delante. Pero era imposible que ella supiera que eran mis favoritas, me quede bloqueado.

–          Bueno y que tienen estas bragas de especial… le dije como aburrido.

–          Tú sabrás… pero si no las quieres las guardamos.. dijo Esther mientras se bajaba la falda

Me estaba volviendo loco, como podías saber que esas eran mis favoritas, decidí seguir disimulando.

–          Si las quiero, pero te daré los cien euros normales, estas bragas no tienen nada de especial.

–          Si no crees que sean especiales, pues nada, puedes irte… dijo Esther retándome.

Por supuesto que no iba a irme, tenía que conseguir esas braguitas a toda costa, pero tenía que averiguar cómo sabía que eran mis favoritas.

–          Vale, te daré 150 € pero porque quiero ayudarte, y no por otra cosa.. le dije

Esther volvió a levantarse la falda y me dejó ver las braguitas de nuevo.

–          Míralas de nuevo, si las quieres, vas a tener que hacer una oferta mejor, se perfectamente cuanto te gustan.

No sabía ya que decir, a no ser que pudiera leerme la mente, no podía saberlo, así que decidí pasar al ataque:

–          Bueno, y si sabes tanto… dime porque sabes que me gustan esas braguitas… le dije retándola

–          Pues por lo mismo que sabía que llevabas meses pajeandote con mis bragas cuando te pillé… dijo Esther un poco alterada.

Esa respuesta sí que no me la esperaba y me lancé a sonsacarle.

–          No puedo creer que estas otra vez con esto… dijo haciéndome el enfadado, y como lo sabías, es que tienes cámaras en la casa, o es que lees la mente.

–          Pues lo sé desde el primer día que lo hiciste, o es que te crees que soy tonta… dijo Esther enfadada.

La discusión empezó a subir de tono.

–          Pues a ver lista, explícamelo… le grité

–          Muy fácil, el día que llegué tarde del gimnasio, tardaste un montón en el baño y cuando bajaste dijiste que habías estado recogiendo, me dio vergüenza que vieras mi ropa interior, y en cuanto te fuiste subí a ver que habías recogido, y me encontré con que mis bragas estaban todas pegajosas.

En ese momento me rendí, me di cuenta de que me había pillado.

–          Y porque no me dijiste nada… y me dejaste seguir haciéndolo…le dije enfadado.

–          Pues porque tú me gustabas imbécil… me grito, y que hicieras “eso” me hacía pensar que yo también te gustaba a ti.

Eso me dejó completamente descolocado, enterarme de que le gustaba a Esther no me lo esperaba.

–          Y entonces, porque me hiciste aquello, porque me humillaste de aquella manera, que paso aquel día, le dije con rabia.

–          Pues paso que me puse celosa… te habías pasado todo el día babeando por la guarra de Patri… y no iba a permitir que te pajearas con mis bragas mientras pensabas en ella, así que después de ducharme, me llevé la ropa de la cesta a la lavadora.

Eso sí que no me lo esperaba, y la verdad que tenía razón, aquel día sólo estaba pensando en Patri.

–          Joder… y por eso llevas un año tratándome así….le dije con voz temblorosa.

–          Pues lo siento, como iba yo a saber que te gustaba… le dije.

–          Y porque no ibas a gustarme… dijo con voz dulce… rebajando el tono

–          Pues no se… tu estas buenísima…y yo… pues… soy yo… le dije mientras rompía a llorar.

Esther se acercó a mí y me abrazó, estuvimos así durante varios minutos, hasta que nos calmamos.

–          Y ya puestos, como sabías que esas eran mis braguitas favoritas, le pregunté con risa nerviosa.

–          Ayy… pues porque eres muy predecible, siempre después de ducharme colocaba las braguitas en la cesta, y cuando hacíamos el descanso de estudio, me ponía a  calcular cuánto tardabas en el baño y cada vez que me dejaba estas bragas, tardabas una barbaridad.

Seguimos un rato hablando sobre el tema, hasta que oímos la puerta, era su madre que llegaba, cuando entró a la habitación nos saludó, y Esther le dijo:

–          Mamá, tenemos que terminar un trabajo, y acabaremos bastante tarde, te importa que se quede a dormir?

–          No, no pasa nada… dijo su madre, yo aviso a sus padres, vosotros seguid con el trabajo

Que me quedara a dormir en su casa no era nada raro, pero no era verdad que tuviéramos que acabar nada, solo teníamos las tareas normales del día. Pensé que Esther quería hablar un poco más sobre el tema y por eso había hecho esto para que me quedara más tiempo.

Estuvimos toda la tarde haciendo tareas, hasta que su madre nos llamo para cenar, la cena fue normal, hablando de las cosas del instituto, cuando terminamos, subimos al cuarto de Esther, y la madre ya había preparado la cama, Esther tenía una de esas camas de las que se saca otra de debajo, había dormido ahí muchas veces.

–          Bueno, voy al baño a ponerme el pijama, tú vete acostándote… dijo Esther.

La madre de Esther me dio un pijama que me había dejado alguna de las otras veces que me había quedado a dormir.

Mientras estaba acostado, escuché a Esther hablar con su madre.

–          Pero hija, como te pones este pijama… dijo la madre susurrando

–          Ay… déjame en paz, si es el que me pongo casi siempre.. dijo Esther

–          Ya..pero no es un poco ligero para tener invitados… dijo la madre

–          Venga mama… hace mucho calor, que quieres que me ponga… dijo Esther quitándole importancia

–          Bueno hija no se… haz lo que quieras….dijo la madre resignada

Esther entró en la habitación, y no me extraña que la madre le llamara la atención, llevaba puesto un camisoncito rosa que apenas le tapaba las braguitas.

Se metió en la cama, y nos dimos las buenas noches, su madre también se fue a acostar.

Cuando estaba a punto de dormirme, me sobresalto algo, era Esther que se había bajado a mi cama.

–          Hola, estas dormido… dijo susurrando.

–          Noo.. ahora no,.. le dije.

–          Se nos olvido comentar una cosa…. Dijo Esther.

–          El qué?? Le pregunté

–          Al final vas a querer las braguitas?? Me pregunto

–          Siii, no te preocupes… mañana te doy los 400 € que faltan… le dije con voz de cansado.

–          Vale, pues adjudicadas por 400 €… dijo con voz sensual

Esther se quitó las braguitas en ese momento, y me las empezó a meter por los calzoncillos.

–          Pero que haces, estás loca, tu madre nos va a pillar… le dije alterado

–          No te preocupes, mi madre duerme con tapones y no oye nada… dijo Esther.

–          Venga para por favor… le dije nervioso

Pero Esther no paró, me quitó los calzoncillos y enrollo las braguitas en mi polla, yo estaba tan caliente que no hice mucho por impedírselo.

Esther empezó a pajearme despacito…

–          Estas braguitas venían con entrega especial…. Es así como te gusta??… me pregunto

–          Sii… pero para por favor… voy a correrme si sigues… le dije

–          Esa es la idea… me dijo pícaramente.

Esther siguió pajeandome con sus braguitas, me acariciaba lentamente, y yo intentaba cambiar de postura para aguantar lo más posible, estaba como en un sueño, no podía creer que Esther me estuviera pajeando con sus braguitas enrolladas en mi polla.

Mientras Esther se esmeraba en hacer que me corriera, no pude contenerme y empecé a tocarle el culo, pensé que me iba a decir algo, pero en vez de esto, se colocó para que pudiera agarrárselo mejor.

A pesar de mis intentos no aguanté mucho, y me corrí bastante rápido…

–          Te ha gustado??, dijo Esther

–          Siii… ha sido el mejor rato de mi vida… le susurre al oído

Esther cogió un pañuelo y empezó a limpiarme, después me enrollo las braguitas en la polla y me puso los calzoncillos…

–          Bueno, tengo que volver a mi cama… que tengas dulces sueños… dijo Esther.

–          Hasta mañana… le dije.

Estaba tan excitado que me costó dormirme, pero finalmente pude conciliar el sueño.

Por la mañana cuando me desperté, Esther estaba ya levantada hablando con su madre, me preocupó un poco que se diera cuenta de que Esther iba sin bragas, pero parece que no se dio cuenta, y bajo a prepararnos el desayuno.

–          Buenos días dormilón… Me dijo Esther con voz dulce.

–          Buenos días, le dije mientras me levantaba.

Cuando me levanté me di cuenta de que todavía llevaba las braguitas enrolladas en la polla, Esther también se fijo y sonrió al verme.

–          Bueno vete vistiéndote, voy al baño a cambiarme. Dijo Esther,

Me vestí lo más rápido que pude, y me coloque las braguitas de manera que no me hicieran bulto en el pantalón, quería llevarlas en mi polla durante todo el día.

Esther llegó con el uniforme, y me preguntó si ya estaba listo.

–          Si, ya estoy… le dije.

–          Espera a mi me falta una cosa… dijo Esther.

Me cogió de la mano y me llevo al cajón de su ropa interior, lo abrió y me dijo.

–          Aquí tienes el cofre del tesoro… jaja, cuales te gustan para hoy?

Me quedé parado, no sabía bien que me estaba diciendo

–          Venga elige unas, que nos están esperando… dijo impacientándose.

Eché un vistazo rápido y elegí unas braguitas de color violeta, con un dibujo de un pastel por delante.

–          Te gustan modositas ehhh… dijo Esther

Ester se puso las braguitas, y se levantó la falda para enseñármelas.

–          Que te parecen???… dijo sonriendo

Bajamos a desayunar, y nos fuimos a clase.

Durante el día Esther estuvo bastante pendiente de mí, me hablaba y preguntaba cosas todo el rato, creo que quería que todos vieran que volvíamos a ser amigos.

Cuando terminaron las clases, fuimos a un cajero a ingresar el dinero que faltaba.

–          Misión cumplida… le dije

–          Si, muchas gracias por ayudarme… dijo Esther sumisamente.

Fuimos caminando hasta nuestra urbanización y cuando llegamos a la puerta de su casa me quede parado, nuestro trato había terminado y no sabía que íbamos a hacer.

–          Venga entra, a que esperas, mi madre llegará en breve..

Subimos a su cuarto, y Esther me cogió de la mano y me sentó en la cama, ella se sentó a mi lado y empezamos a enrollarnos, la cosa fue subiendo de tono, y Esther empezó a quitarme los pantalones…

–          Mira lo que tenemos aquí… dijo Esther refiriéndose a sus braguitas, que todavía estaban enrolladas en mi polla.

Empezó a pajearme como lo había hecho la noche anterior, lo hacía lentamente, disfrutando del momento, y yo hacía todo lo posible por no correrme.

Cuando llevábamos un poco, empecé a jadear, y Esther me tapo la boca con la mano.

–          No hagas ruido… puede llegar mi madre dijo susurrando

Yo lo intenté, pero no podía evitar lanzar algún que otro jadeo, estaba demasiado excitado. Esther paro de repente, y se levanto..

–          Parece que no sabes estarte calladito… dijo pícaramente

–          Por favor no pares… acerté a decir

Esther se quito las braguitas que llevaba puestas, y volvió sentarse a mi lado, empezó a pajearme de nuevo, pero con la otra mano me metió las bragas que acababa de quitarse en la boca.

–          Así aprenderás a estarte calladito… me susurro al oído

Tener sus braguitas en la boca fue mucho para mí… y me corrí prácticamente al momento.

Esther me abrazo y me preguntó si me había gustado

–          Sí, me ha encantado… le dije.

Bueno pues vete acostumbrándote, me has ayudado con mi problema, y yo tengo que compensarte por lo mal que te he tratado durante el último año.

A partir de ese día, Esther y yo empezamos a salir juntos, sus braguitas primero nos separaron, pero finalmente nos volvieron a unir.

Fin…

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: