Polvo en el autolavado

Llevábamos muchas horas en la carretera cuando sentí cómo ese calor tan conocido me subía por
todo el cuerpo. Estaba deprimida. Terriblemente depre, para seros sincera. Hacía horas que me
había cansado de escuchar la misma música y contemplar el mismo paisaje que aparecía y
desaparecía por la ventana del carro. Absoluto desierto en una carretera casi igual de desierta.
Era verano y, pese a tener el aire acondicionado a todo dar, la temperatura exterior no era más
que leña al fuego de mis entrañas. Me había puesto un escotado y ligero vestido fresco de flores
que lo único que hacía era molestarme. Mi piel sudorosa se pegaba a la tapicería y no sabía cómo
podía sacarme ese calor del cuerpo.
– ¿No te estás quemando?- le pregunté a mi ex.
– Baja la temperatura del aire acondicionado.- respondió sin apartar la vista de la carretera ni las
manos del volante.
– No es eso…
Las gotas de sudor se deslizaban por mis muslos como caricias atrevidas. Separé mis piernas
dejando que el aire acondicionado me refrescase mis partes más íntimas, pero ni aun así podía bajar
aquella calentura.
– Estoy muy caliente.
Por fin apartó la vista de la carretera.
Apoyé los pies sobre la parte de alante, abriendo mis piernas de par en par mientras deslizaba mi mano
derecha por dentro de mis pantis. Tenía la falda del vestido subida por la cintura y todas mis
largas piernas al aire. Comencé a tocarme allí mismo, acariciando mi botonsito de placer y haciendo
que todo en mi interior explotase. Mi respiración se aceleraba. Suspiraba y gemía a medida que me
iba masturbando con más fuerza. Abrí los ojos de repente y contemplé cómo mi marido me
observaba con esa mirada suya de pervertido y excitado enfermizo.
No necesitaba comprobarlo, sabía que tenía una enorme erección entre las piernas, pero lo hice de
todos modos. Deslicé mi mano izquierda hasta su entrepierna y le agarré la verga por encima del
pantalón, que se extendía como una tienda de campaña. Metí mi mano por dentro del pantalón,
agarrándole el pene desde la base, masajeándole los testículos, subiendo hacia arriba…
Él había acelerado, la velocidad le ponía, y a mí también. Desabroché el cinturón y me incliné hacia
él, poniendo mi cabeza entre sus piernas, desabrochándole lentamente el pantalón y sacando su
enorme miembro de allí para meterlo directamente dentro de mi boca. Comencé a chupársela con
gran intensidad, introduciéndola hasta la garganta, llenando toda mi boca con su enorme verga
caliente mientras él seguía conduciendo y con los ojos fijos en la carretera.
Cuando, de repente, el coche se detuvo. Me separé de su verga solo para observar dónde estábamos.
Era un área de servicio con autolavado.
– Necesitamos repostar y además el carro está muy sucio, ¿no te parece?- dijo como si no se la
hubiese estado mamando hasta hacía apenas unos segundos.Metimos el coche en el túnel de lavado y tiró de mí para que me sentase encima de él. Separó mis
pantis a un lado dejando todo mi cuca al descubierto y me la metió con facilidad, todavía lo tenía
muy empapado.
Los rodillos del autolavado sacudían nuestro coche de un lado a otro y eso me excitaba como una
perra, así que comencé a cabalgarle al estilo amazona. Dejaba que su verga se metiese hasta el final
y me la sacaba casi por completo, provocándole un gran placer. Él me agarraba con fuerza hacia él,
subiendo mi vestido para agarrarme de la cola, sacando mis enormes pechos por el escote para
besarlos y lamerlos, poniéndome a cien.
Aun así, él no se olvidaba de avanzar en el túnel. Los chorros de agua y jabón golpeaban el
parabrisas y todos los cristales proporcionándonos todavía más intimidad. Estaba a punto de
tener un orgasmo así que le cogí con más fuerza, separando bien mis piernas para hacer que me la metiese
hasta el final. Comencé a gemir a medida que llegaba al clímax. Estaba tan descentrada por el
placer que él se hizo con el poder y comenzó a marcar el ritmo, sin dejar de cogerme a medida que
me exsitaba y gritando que él también se iba a ir. Noté todo su chorro dentro de mí y cómo me
caía por entre las piernas una leche blanca muy parecida al chorro de jabón que cubría todo nuestro
parabrisas.

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