Profesora se acuesta con el padre de un alumno

Soy profesora de Primaria de un colegio y jamás pensé que me iba a sentir tan atraída por el padre
de un alumno. Todo empezó en una reunión de padres y profesores. Como es habitual organicé una
reunión con los padres de todos los alumnos al inicio del curso para poder presentarme y también
para poder conocerles. Me fijé en él al instante. No sé exactamente por qué pero destacaba por
encima de todos los demás. Era apuesto y joven, con una barba sexy de algo más de tres días y unos
ojos claros muy penetrantes.
Se sentó en primera fila y no podía evitar sentirme un poco nerviosa cada vez que me clavaba la
mirada. Noté cómo se me atrancaban las palabras y me equivocaba cada dos por tres. ¿Qué me
pasaba? Yo nunca había sido una de esas mujeres que se ponen nerviosas delante de un hombre
guapo pero ahí estaba, tartamudeando como una quinceañera. Así que enfoqué mi atención en el
resto de padres y todo mejoró.
Al acabar la reunión pude ver cómo el resto de madres se acercaban a presentarse a él en masa. Por
lo visto, yo no era la única que se había sentido abrumada por su presencia. Empecé a hablar con el
resto de madres y padres y despidiéndome de otros cuando me di cuenta que él era el único que
quedaba en el aula y que estaba esperando que acabase para hablar conmigo.
Si su presencia ya me encandilaba, su sonrisa y su forma de hablar hacía que me temblasen las
rodillas. Se mostró amable y muy simpático pidiéndome una reunión en privado porque quería ver
cómo iba su hijo en clase. De entrada me sorprendió porque apenas llevábamos unas semanas de
curso y era difícil sacar nada en claro pero de todos modos acordamos una reunión para la próxima
semana.
El día de la reunión estaba terriblemente nerviosa. Llevaba toda la semana dándole vueltas y hasta
empecé a tener sueños con él. Todo esto era nuevo para mí. Ese día me puse más guapa de lo
habitual con un vestido vaporoso.
Él llegó puntual y le hice pasar al aula. Se sentó en un pupitre como un alumno más así que recogí
las cosas y me senté en otro pupitre frente a él. Comencé a soltar mi verborrea sobre la educación y
como iba su hijo que era un chico con potencial, que no tenía de qué preocuparse, que era un buen
niño, que se portaba bien con el resto de compañeros… Durante todo el tiempo que estuve hablando
él no dejaba de mirarme fijamente con una sonrisa en la cara y ligeramente inclinado hacia mí,
como si todo lo que le estuviese contando fuese increíblemente gracioso e interesante. Aunque lo
cierto es que él no tenía pinta de ser un padre preocupado. No podía dejar de hablar, probablemente
porque me ponía muy nerviosa, hasta que finalmente cerré la boca.
Hubo un instante de silencio donde no me quitó los ojos de encima para romperlo diciendo:
– Está bien saberlo. Me quedo más tranquilo… Te queda increíble ese vestido ¿sabes?
Estaba de piedra. ¿Se me estaba insinuando de verdad o lo estaba soñando?
Entonces se acercó un poco hacia mí y comenzó a acariciarme el muslo.
– Siempre me han puesto cachondo las profesoras y tú me pones mucho.
Definitivamente era lo que estaba haciendo. Fue subiendo más su mano por mi muslo hasta rozar mi
tanga, paseándola por la cara interior de mis piernas con cuidado.- En la reunión del otro día en lo único en lo que podía pensar era en follarte.
– Yo también- respondí separando más las piernas como una invitación.
Me besó apasionadamente sin quitar la mano de mi entrepierna, sus dedos se introducían por debajo
de mi tanga hasta que me lo quitó por completo. Comenzó a tocarme, acariciándome lentamente el
coño subiendo hasta mi clítoris tocándolo con sus dedos mientras mi respiración se aceleraba al
mismo tiempo que mi vagina se empapaba. Entonces me metió dos de sus dedos haciéndome
retorcer de placer, moviéndolos con gran maestría. Pensaba que me iba a correr cuando me susurró:
– Quiero follarte en la mesa de la profesora.
Sabía que en cualquier momento alguien podía entrar y pillarnos de lleno pero esto solo me excitaba
más, quería su polla dentro de mí.
Me cogió en brazos y me tumbó en mi mesa, separándome bien las piernas.
– Tienes un coño precioso- y pasó su lengua por él, saboreándolo y haciéndome estremecer.
Entonces se desabrochó los pantalones y liberó su gran miembro dejando que lo observase por un
segundo y después me lo metió de lleno. Sentí muy hondo la primera embestida y la siguiente y la
otra… Comenzó a follarme salvajemente, con fuerza hasta el fondo mientras me levantaba de las
nalgas hasta él, dejando su cabeza entre mis dos piernas. No tardé en llegar al orgasmo, dejando la
mesa empapada y mordiéndome el labio para no gritar. Después de mí, se fue él llenándome con su
leche y dejando su polla dentro de mí unos segundos después de correrse mientras me observaba
con el vestido completamente subido, estirada en la mesa a su entera disposición.
Se marchó poco después pero siguió viniendo a una reunión al mes para hacerme los deberes.

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