Todos contra mi en la casa rural

Llevaba poco tiempo saliendo con Victor pero me gustaba mucho.

Sobre todo en la cama, bueno, en la cama o donde pillara, porque yo era muy joven y compartía piso con las amigas entonces, y éramos muy estrictas con lo de llevar tíos a casa.

Por eso cuando me dijo de irnos a una casa en cazorla con otras 3 parejas di saltos de alegría. Conocía a sus amigos, Luis, Jose y Alvaro, y las tontas de sus novias, de quedar con ellos para salir. Ellas eran unas mojigatas que siempre estaban juntas entre ellas cotilleando y criticando, haciéndome el vació porque yo estaba buenorra y Victor y yo nos reíamos mucho de ellos, con esas novias tan feas y gilipollas que tenían… el era la envidia de todos, y me lo decía, aunque no hacía falta, yo ya lo notaba en sus miradas.

Nos es que me apeteciese mucho convivir con ellas, pero yo planeaba encerrarme con Victor en un cuarto todo el finde y aprovechar la intimidad.

Así que metí ropa de abrigo en la bolsa de viaje, y un conjuntito sexy y nos plantamos en aquella casa rural que había alquilado su amigo Jose.

Llegamos a la casa en un atardecer frio de primavera, todavía había luz y salía humo de la chimenea. 3 coches estaban en la explanada y comprendí que los otros habían llegado.

Entramos y nos saludamos, Jose y Luis estaban cargando aun más la chimenea, y la mesa esta llena de bolsas con comida y bebida.

-Las chicas han salido a dar un paseo aprovechando que hay luz, dijo Luis, os voy a enseñar vuestra habitación.

Nos llevó a un cuartucho frio con una cama cutre…

-Quilate la ropa. Me dijo Victor, quiero verte bien, nunca te veo bien, siempre vamos con prisas…

Me encantó. Hacia frio, pero me desnudé por completo para el… los pezones erguidos, tiritando de frio…. Victor me abrazó muy fuerte, muy muy fuerte, como si no me quiese dejar escapar.

Entonces oí la puerta abrirse, supuse que era un error, y espere oír una disculpa –ay! Perdón_ o que Victor protestara, pero en lugar de eso Victor dijo…

-Pasad, pasad!, os he traído a mi putita para que os la folléis a gusto.

Al principio no comprendí lo que estaba pasando, ni siquiera cuando me agarraron y me sacaron al salon y me empujaron a un colchon frente a la chimenea encendida…

-Ven aquí zorra calienta pollas, que te vamos a dar tu merecido, dijo Luis, y yo me resisti… pero eran muchos…

Los cuatro me rodearon, ocho manos sobando mis tetas, hurgando mi coño. Cuatro cuerpos rozando el mío. Cuatro bocas besando mi cuello, mis hombros, mis pezones. Cuatro pollas erguidas, desafiantes, hambrientas, ansiando penetrar cada uno de mis huecos ,derrumbada sobre el colchon, al que había sido empujada, boca arriba, mis piernas y mis brazos abiertos, sujetos hasta que comprendiera la inutilidad de mi forcejeo, hasta que mis escasas fuerzas quedaran agotadas en el empeño imposible de escapar.

Detuve mi forcejeo para tomar aire a grandes bocanadas, -Me portaré bien, lo juro , les dije, hare todo lo que querais… e, inmediatamente, sentí que mis tobillos y mis muñecas eran liberados, pero no me quedaban fuerzas para moverme. Con rapidez, Luis se colocó sobre mi, cada rodilla apoyada en el colchon a la altura de mis pechos, a la distancia precisa para que su polla pudiera penetrar sin dificultad mi boca. También de rodillas, por detrás de mi cabeza, se situó Álvaro, su verga erecta sobre mi cara, frotándola contra mi frente, mi nariz, mis párpados, mis mejillas…

Cegada mi visión por los dos hombres, solo podía sentir la manipulación de mi coño por la lengua y los dedos de Víctor y Jose, sin poder distinguir quién era quién en cada momento, mi clítoris chupado, mis labios mordidos, los dedos penetrando mi hendidura, dos, tres, hasta cuatro en algún instante, el coño nuevamente impregnado en saliva y en sus propios jugos que empezaban a fluir de manera irremediable. Cerré fuertemente los ojos, tratando de controlar mi mente para que transmitiera a mi cuerpo las órdenes precisas que me impidieran sucumbir al placer.

Estaba siendo violada por aquellos cuatro cabrones que me tenían secuestrada en aquella casa, aquellos hijos de la gran puta que me habían desnudado y ultrajado e insultado. Estaban abusando de mi cuerpo de mi boca , y yo disfrutaba como una perra que volvía a recibir el castigo de dos pollas clavadas en sus pómulos, en mi paladar, en el fondo de mi garganta. Pero mi sucio coño se empapaba al estímulo de las lenguas y de los dedos de dos de mis violadores y comenzaba a sentir en mis piernas y en mi vientre el leve cosquilleo del placer incipiente.

Debe de ser algo fisiológico, algo que yo no controlo, porque empecé a notar como mi coño empezaba a lubricarse, como se humedecía, y me sentí mal, me estaban violando cuatro tíos , y mi cuerpo estaba reaccionando, me estaba traicionando.

Oí lejana la voz de Víctor ­–está mojada la muy puta- no tuve conciencia de cómo mi cuerpo fue elevado y girado para quedar sobre el de Víctor, que agarró sus caderas para penetrarme y señalarme el ritmo preciso para que mi coño subiera y bajara sobre la enhiesta verga.

Apreté las rodillas contra las sábanas y obedecí sumisa a la presión de las manos de Víctor en mi cintura, mientras mis propias manos agarraban las pollas de Luis y Álvaro que, de pié sobre el colchon, seguían penetrando mi boca alternativamente, mientras un helado escalofrío recorría mi espalda, mezclado con el placentero estremecimiento que la polla de Víctor provocaba en todo mi ser. Estaba a punto de llegar al orgasmo, silenciados mis gemidos por las vergas que entraban en mi boca. Ajena a los insultos, a las frases soeces -¡vamos, vamos, puta, cómo te gusta que te follemos pedazo de zorra, vaya coño caliente que tienes!- y a los duros manotazos sobre las nalgas que a ratos me propinaba Jose por detrás mientras restregaba su polla contra mi culo, sollozaba y gemía sobre el pecho de Víctor, sin poder evitar los nuevos estremecimientos, las nuevas oleadas de placer que hacían endurecer sus pezones y arquear mi espalda.

Entre los dos Victor y Jose me abrazaban por delante y por detrás y detuve mis movimientos para que fueran ellos quienes empujaran con sus pollas mi coño anegado por el flujo uno de ellos y mis gruesas nalgas el otro … llamándome puta y zorra, -dinos que te gusta zorra, dinos que te gusta que te follemos como a una perra…

Un tirón de pelos, me obligó a alzar el cuerpo y a apoyar fuertemente las manos sobre el colchon para sujetarme mientras mi boca era abierta por el empuje de dos pollas queriendo entrar a la vez. Sentí por un momento la embestida de los cuatro hombres y un intenso espasmo me sacudió de abajo a arriba, sintiendome desfallecer por el brutal orgasmo.

Crispada por el placer, chupé frenéticamente la polla de Luis hasta hacerle correr, derramando su leche por mi barbilla, mi cuello y sus pechos. Pocos segundos después, un último empuje llenó mi coño de esperma mientras Víctor gemía con el cuerpo tenso por el placer.

Álvaro fue el tercero, se situó entre mis piernas y me penetró sin compasión, Sus embestidas eran brutales y yo disfrutaba sintiéndome tan puta, mis tetas se movían de arriba abajo a cada pollazo . … mi coño, húmedo y cálido pedía ser penetrado aún más

Sin dejar de penetrarme, Jose enderezó mi cuerpo para que Víctor pudiera quitarse de debajo. Con sus fuertes brazos cruzados en mi cintura, le bastó empujar mi cuerpo para hacerme sobre el colchon. Sujetando mis muñecas, llevó mis brazos hacia atrás, haciendo que mi cara se hundiera en el colchón, mientras mis nalgas quedaban levantadas y a merced del otro.

Sin pudor alguno, Jose me embistió por detrás , sin soltar mis muñecas mientras que trataba de ladear mi cabeza para aspirar algo del aire que me faltaba, mi rostro crispado por la dura acometida y por un placer que empezaba en mi coño traspasado y recorría mi médula espinal hasta convertirse en profundo gemido en mi garganta que se mezclaba con los sonoros jadeos del Jose que tensó todos los músculos de mi cuerpo antes de que mi polla explotara en el interior de mis entrañas.

Después, y mientras los otros descansaban, y en vista de que cooperaba Luis me estuvo comiendo el coño hasta que estaba chorreando como una perra, como no recordaba haberlo estado nunca.

Cuando vio que estaba a punto de correrme, paró, y volvio a sacar su pollón enorme, que apoyó en mis labios vaginales.

Estuvo un buen rato deslizando suavemente la punta del glande sobre mis labios vaginales, arriba y abajo, me rozaba el clítoris, bajaba hasta mi ano, volvía a subir, yo pensaba que iba a estallar. No podía más.

Hasta que realmente ya no pude mas, y fui yo quien agarró esa tranca enorme, y la introduje, en mi coño chapoteante.

El me agarró mis nalgas y me folló con furia , en menos de un minuto, tuve un orgasmo intenso, mientras notaba como me llenaba mi coño de esperma caliente.

Cuando me corrí, ellos siguieron follándome a su antojo, se corrieron en mi boca, les hice pajas, me follaron las tetas, restregaron sus pollas por mi cara, por todo mi cuerpo,y me bañaron en su semen, me sobaron, me magrearon, me estrujaron las tetas, fui un juguete en sus manos….. y yo seguia pidiendo mas y mas…

Así fue como me convirtieron en puta, en su puta

Fueron muchas veces desde entonces las que volvi por mi voluntad a aquella casa rural con ellos….. y con otros amigos suyos

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