Trio con otra mujer y mi novio

Mi novio y yo llevábamos un tiempo bastante estancados en el ámbito sexual. No parecíamos
excitarnos como antes, estábamos aburridos y una parte de nosotros quería probar cosas nuevas. Él
tenía sus fantasías y yo las mías, pero ninguno de los dos nos atrevíamos a confesarlas porque no
sabíamos qué iba a pensar el otro.
Probamos diferentes cosas para excitarnos más, incluso comenzamos a ver porno juntos hasta que
un día nos topamos con una película en la que se montaban un trío y yo le dije que podríamos
probar uno. Vi de inmediato como se le iluminó la cara. Estaba claro que había dado en el blanco, a
lo que me respondió:
– La verdad es que me gustaría ver cómo te follas a una mujer.
Para mi sorpresa, lo que más le excitaba a mi novio de la idea de hacer un trío no era tanto estar con
dos mujeres sino verme con otra chica. Lo que él no sabía es que una experiencia lésbica también
formaba parte de mis fantasías, así que le propuse hacerlo con una mujer que fuese bisexual. El
problema aquí estaba en ¿cómo encontrarla? ¿Dónde íbamos a conocer a una mujer bisexual que
quisiese hacer un trío con nosotros?
Mi novio me respondió que quizá conocía a alguien que le podía interesar. Era una chica de su
trabajo que todos pensaban que era lesbiana pero que a él le daba la sensación que le tiraba los
trastos. Parecía estar bastante seguro de que a ella le iba todo y que le encantaba disfrutar del sexo.
Pero claro, era un poco extraño sacar el tema así como así, especialmente cuando trabajan juntos.
Finalmente, empezó a chatear con ella, coqueteando y viendo cómo le seguía el juego hasta que un
día le contó que a los dos nos gustaría hacer un trío a lo que ella le preguntó si yo estaba buena. Eso
era un sí en toda regla. Parece que sí era cierto que ella se apuntaba a todo.
La invitamos a cenar a casa un viernes por la noche. Al principio mi novio y yo estábamos bastante
incómodos. Era evidente para todos lo que iba a pasar después así que optamos por acompañar la
cena con mucho, pero que mucho, vino. Empezamos a reír y ya a flirtear en plena cena. Ella no
dejaba de tocarme y acariciarme los muslos por debajo de la mesa.
El alcohol hizo que nos relajásemos y una vez pasamos al sofá, ella se abalanzó sobre mí y
comenzó a besarme. Era la primera vez que me besaba una mujer y noté cómo sus labios eran más
suaves y dulces que los de un hombre. Entonces mi novio se sumó a nosotras y empezó a besarme
el cuello, lo que hizo que me puso mucho. Ella no dejaba de besarme y empezó a meter su mano por
mis muslos debajo de mi falda y empezó a subirla cada vez más hacia arriba hasta tocar mis bragas.
Comenzó a deslizar sus dedos por encima de mi ropa interior hasta llegar a las costuras, tirando de
ellas, rascando con sus dedos para meterme mano.
En ese momento mi novio sugirió que fuésemos al dormitorio para estar todavía más cómodos.
Comenzamos a desnudarnos hasta quedarnos en ropa interior sobre la cama, pero no por mucho
tiempo. Ella en seguida se lanzó a besarme el vientre mientras mi novio se dirigía a mis pechos,
quitándome el sujetador y comenzar a besar cada uno de mis pezones. Los besaba, los chupaba y los
lamía cada vez con más intensidad poniéndome muy cachonda mientras lo hacía. Aunque a decir
verdad, no sabía si estaba tan cachonda por él o porque notaba cómo ella recorría mi piel con su
lengua bajando por mi ombligo, mordiéndome las bragas hasta quitármelas por completo con ayudade sus manos. Entonces empezó a chuparme el coño, con su lengua suavemente recorriendo primero
todos los labios, introduciendo levemente la puntita dentro de mi vagina para detenerse un rato en
mi clítoris. Comenzó a lamerlo hasta que se lo acabó metiendo por completo dentro de la boca. Me
lo comió como nunca antes me lo había comido ningún hombre.
Mientras ella me comía mi novio aprovechó para meterme su polla dentro de mi boca. La noté dura
e increíblemente caliente, estaba claro que le encantaba observar como otra mujer me comía el
coño. Me la metí poco a poco dentro de la boca, primero solo la puntita y tan solo durante muy poco
tiempo. Me la sacaba para recorrerla con mi lengua por los lados hasta llegar a sus huevos,
besándolos y chupándolos. Finalmente me la metí hasta el fondo, subiendo y bajando, jugando con
mi lengua para hacerle disfrutar de placer pero me costaba concentrarme con el éxtasis que ella me
hacía sentir. Aun así, mi novio se corrió encima de mí, pero ella paró justo cunado yo estaba a punto
de hacerlo dejándome con las ganas. Pero era justo, era su turno.
Mientras mi novio recuperaba fuerzas y se volvía a excitar observándonos, empecé a besarla.
Primero en la boca, deslizando luego mi lengua por su cuello hasta llegar a sus enormes pechos. Me
metí uno de sus pezones en la boca, era la primera vez que lo hacía. Lo chupé como a mí me
gustaba que me lo chupasen, lamiéndolo, besándolo, cada vez más rápido. Ella me apretaba la
cabeza hacia su cuerpo dejando mi cabeza entre sus tetas.
Deslicé entonces una de mis manos hacia su vagina y empecé a tocarle mientras seguía chupándole
los pezones, primero uno y luego el otro. Me gustó meterle los dedos, jugar con su clítoris y notar
cómo se retorcía de placer. Movía mis dedos cada vez más rápidos y con mayor fuerza por su
vagina. Bajé con mi boca hasta ella y empecé a comérmelo entero, notando por primera vez el sabor
de una vagina y viendo cómo se humedecía más todavía. Entonces ella comenzó a mamársela a mi
novio justo como yo había hecho antes, mientras él no me quitaba el ojo de encima. Le excitaba ver
cómo me comía un coño.
Por eso cuando paré me cogió para metérmela por detrás casi sin preguntar. Noté su polla muy
dentro de mí, hasta el fondo, partiéndome en dos cuando ella volvió a chuparme el coño, esta vez
dejándome llegar al orgasmo, intercalando su lengua con sus dedos dentro de mi vagina. Jamás
había experimentado una sensación así, un orgasmo tan placentero mientras mi novio me daba por
atrás.
Seguimos así un buen rato más, cambiando de posturas, follando unos con otros. Ella nos había
sacado de la rutina del sexo aquella noche y lo volvería hacer alguna ocasión más. A pesar de todas
mis fantasías, nunca me podría haber imaginado tanto placer con una mujer.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: