Soy una peluquera muy caliente

Cuando acabé el bachiller no tenía claro que quería estudiar.

Si sabía lo que deseaba desde que era pequeña, cuando descubrí mi sexualidad.

Yo siempre soñé con acariciar a muchas mujeres desnudas, pero no deseaba acostarme con cientos de mujeres, solo ver, ¡cientos de chochitos!,  pero sólo era un sueño, que nunca pensé que poder conseguir.

Llegó la moda de los chochos rasurados, y se veían por las playas nudistas (donde me gusta ir para ver “el pescado”).

En las revistas y en internet, casi todas las mujeres desnudas posaban con el bollo pelado, algunas amigas me contaban que se lo depilaban con láser, “un bum de moda” que no cesaba de proliferar, yo soy muy resuelta y ligo muchos fines de semana, casi siempre que me como el chochito de una mujer con la que ligo, lo tiene “sin un pelo” o con “una rayita”, tanta es la moda que quizás me afeite yo el chocho jajaja.

Mis deseos de ver chochos diversos me guiaron para elegir mi profesión; quería ser peluquera, y especializarme en “peluquería íntima”, para ganarme un sueldo y conseguir mi deseo.

La academia fue estupenda, pero sólo peinaba y pelaba “cabezas”, aunque fue estupendo aprender a tratar el pelo; era muy bueno saberlo, también podía montar una peluquería. Cuando acabe la academia trabajé en una peluquería poniendo los rulos y dando tintes, pero mi sueño seguía en mi mente.

Acabó mi contrato de prácticas y no me renovaron, eche currículo “y nada”, ni un trabajo, yo no quería depender de mis padres, así que no lo pensé.

Puse un anuncio en varias páginas de internet que era el siguiente:

 

(Se ofrece joven peluquera íntima a domicilio)

 

¡¡Fue un bum desde el primer día!!

Mi teléfono no dejaba de recibir llamadas y wasap, y comencé mi periplo por casas y bloques de pisos. Las experiencias fueron y están siendo muy variadas, al final me he dado de alta como autónoma y todo, ¡no me falta el trabajo!

 

Quiero relataros algunas de mis experiencias, pero solo algunas, porque en un año que llevo ya, he arreglado más de ….. ……. ¡Mejor no digo la cantidad de “bajos que he deshojado”, podía parecer mentira, ¡se me olvido poner en el anuncio, una frase!, solo para mujeres. Pero eso ahora ya no importa, porque anuqué soy lesbiana tengo que tener algo de bisexual, aunque no deseo que me penetren los hombres tampoco me dan asco sus pollas jajajaj.

 

Paso a narrar algunas de mis experiencias más intensas, donde hubo orgasmos, pero no todas. He elegido solo unas pinceladas de trabajos “diversos”

Aunque tengo que decir que en la mayoría de mis recortes no se excitaron puesto que no tenían esa predisposición a “ello”.

 

PRIMERA EXPERIENCIA:

Lola 45 años y casada.

Me llamó por teléfono preguntando el precio y le pareció bien, cuando llegué a su casa, una casa a las afueras, muy grande, me abrió la puerta el marido, me presenté y me acompañó al dormitorio; allí salude a Lola y le dije:

 

—Señora buenos días, soy Virginia; pondré esta manta impermeable que he traído sobre la cama, túmbese sobre ella y “relájese”, que será solo un ratito y con esmero, ¿Cómo lo quiere, rasurado entero o dejo algo de vello?

—Déjamelo con un triangulito pero pequeño, ¿Qué joven eres cuántos años tienes Virginia?

—Tengo veinte años para veintiuno señora.

—Vale bonita, que linda eres.

—Gracias Lola

 

Comencé a recortar sus pelitos rizados con mis pequeñas tijeras sin punta, para esa faena siempre apoyo las manos en sus “bollos”, para mantener el pulso, y de camino palpar esa piel tierna y suave, “pero sin que parezca un magreo”, tras el recorte de la selva (ese chocho era el amazonas) traje agua caliente del aseo, y comencé a enjabonar su chocho y pubis, con gel íntimo para afeitar.

Lo hice con las manos,  “como siempre”, no me gusta utilizar brochas, con las manos se expande mejor el jabón, aparte del calentón que se lleva mi coño, “que no se me nota nada”, porque se disimular, tampoco se me nota que soy lesbiana y eso ayuda.

Después de enjabonarla bien comencé a dar pasadas con la maquinilla de afeitar, enjuagando la hoja en mi cubito pequeño, una de mis manos agarraba su chocho tirado de su gordo bollo a un lado y a otro para facilitar el paso de la cuchilla.

Mis manos rozaron su vagina para apurar los pelos más internos, y ella gimió suave y se corrió entre mis manos; con un brote pequeño de flujo sin hacer aspavientos, “yo hice como no me di cuenta”, y aproveche ese líquido para deslizar mejor la hoja. Después……….

 

SEGUNDA EXPERIENCIA:

Clara 33 años divorciada (muy nerviosa).

Clara me mandó un wasap pidiendo detalles, al llegar a su céntrico y elegante piso me llevó a un cuarto con cama alta de masajes, me dijo que la instaló porque un masajista le da un masaje cada semana.

Clara es súper delgada, y musculosa y no para de hablar, “le da corte”, su coño es estrecho y duro; “daban ganas de comerlo”, con esos pelos casi lacios, y muy suaves.

Durante toda la sesión estuve rozando su ano, con una mano; “como el que no quiere la cosa”, después de dejarle una hilera de pelos como la pluma de un gorrión noté como su coño se contrajo y su vientre también, al momento “se corrió”, con un gran chorro que se estampó en mi blusa de seda, ¡ufff, nunca había visto “en directo” una de esas corridas!, de las que tanto hablan, y resulta que son ciertas.

Su cara cambio de color y se puso roja como un tomate, y me dijo:

 

—Virginia perdóname, no sé qué me ha pasado, yo nunca he estado con una mujer y tus manos me han traspasado, lo siento, no digas nada ¿vale?

—Clara yo nunca digo nada y no me molesta, ¡es mi trabajo!

—Gracias te llamare a menudo primor.

 

TERCERA EXPERIENCIA:

Alba 48, casada, y su marido Juan 53.

Su casa adosada tiene un jardín pequeño pero muy bonito lleno de limoneros y rosales, al llegar me acompañó a un cuarto de estudio y extendí mi manta impermeable sobre un pequeño colchón, ella se tumbó y abrió su bata, llevaba unas bragas negras de encaje,  cogí sus bragas por las caderas y se las quité, dejándolas sobre la almohada, me miró y me dijo:

 

—Virginia guapa ¿te importa que mi marido esté presente mientras me haces la peluquería?

—No me importa Señora, yo vengo a trabajar; si a usted le parece bien a mí también.

 

Alba llamó  a su marido, dando una voz; al momento Juan entró y dijo buenos días, se sentó detrás de mí en una silla de ordenador y observó en silencio.

Comencé a afeitar directamente, porque lo tenía recortado a tijera, “muy cortito”, después de masajear su coño con mis manos llenas de jabón.

(Era un chochó muy grande y distendido por la edad, me gustó; era como una ensaimada apetitosa bailando entre mis manos).

La rasuré entera, no dejé ni un pelito, también tuve que afeitar su ano y las inmediaciones de este, porque estaba descuidado y tenía muchos pelos desmadejados en todas direcciones.

Para ello agarré su coño con una mano, y “lo estiré”, hacia su vientre, mientras con la otra mano, afeitaba su culo. Al acabar la sequé con una toalla y ella me dijo:

 

—Virginia, ¿cobras lo mismo por hombres que por mujeres?

—Alba mis precios son estándar, aunque suelo trabajar solo con mujeres.

—Chica en el anuncio ponía (Se ofrece joven peluquera íntima a domicilio) pero no ponía nada de solo mujeres, que chasco.

—Chasco ninguno, no le he dicho que no, solo que no suelo.

—Virginia, ¿puedes arreglar ahora también a mi marido?

— ¡Por supuesto!, es mi trabajo y tengo tiempo hoy.

 

Juan se levantó de la silla del ordenador y se acercó  a mí y me dijo:

 

—Señorita, ¿me desnudo entero o solo lo de abajo?

—Como desee la camisa no me estorba.

 

Juan se bajó los pantalones y después los calzoncillos, y se tumbó en la cama con las piernas cerradas.

Con mis manos abrí sus piernas para ver el campo de trabajo, tenía unos huevos “enormes” y colganderos, todos llenos de pelos, su pene estaba echado a un lado, bastante gordo ya, pero sin estar erecto del todo.

¡Su pubis era un manojo espeso de pelos! Agarré mis tijeritas sin punta y comencé a recortar, tuve que estar un rato tirando pelos un una palangana. Después cogí más agua caliente y lo enjaboné con mis manos: pubis, escroto y ano.

Presioné un poco sus huevos con mis manos para que el jabón lo cubriera todo, ¡qué extraño!, me encanto sentir esos cálidos huevos en mis manos, tengo que reconocer que me humedecí un poquito.

Tiré de su pene hacia abajo y lo presione contra sus huevos para afeitar su pubis completamente, noté como su pene crecía entre mi mano, luchando con esta por levantarse.

Cuando liquidé todos los pelos de su pubis, solté su pene que quedó tieso como un pino mirado al techo, Juan estaba sonrojado y con cara de pedir perdón, su mujer sin decir nada salió de la habitación cerrando la puerta.

Proseguí afeitado sus huevos con delicadeza, después apuré su ano.

Con una toalla lo sequé muy bien, también su gran pene que me miraba con esa cabeza casi morada, nunca había agarrado un pene o unos huevos, tengo que reconocer que sin volverme loca tampoco me desagradó.

Quise limpiar lo que parecían gotitas de jabón en la punta de su polla, pero al dar dos veces con la toalla comprobé que ese líquido brotaba de esa polla, ¡Justo después!, soltó un chorro que se estrelló en mi cara. ¡Qué asco sentí!, me limpie, me despedí hasta otro día y me marche, ya en la puerta noté el sabor de unas gotas que entraron en mi boca, “estaban dulces”, pero deseé que no salieran más trabajos de hombres, me gustan las mujeres y disfruto más trabajando.

 

CUARTA EXPERIENCIA:

Verónica 40 soltera.

Entré en el piso con mi bolsa de trabajo, un joven con corbata me acompañó al despacho de ella, al llegar ella me saludó, y le dijo a el:

 

—Miguel por favor atiende las llamadas y que no me molesten hasta que te avise.

 

Verónica llevaba un traje de chaqueta gris claro con la falda muy apretada, tanto que dejaba ver si perfecto culo y su cintura estrecha, y guapa de cara, ¡estaba buenísima!, se bajó la falda y después un tanga blanco y los dejó en la mesa, después me indicó un sofá, allí extendí mi manta impermeable, ella se sentó encima, llevando puesta la blusa y la chaqueta, con su pelo recogido en un lindo moño.

Al sentarse en el sofá alzó las piernas y  apoyó los talones en el filo del sofá, quedando sus rodillas flexionadas, me miró y abrió las piernas como una planta carnívora esperando a su presa, y dejando a la vista aquel precioso coño alargado y peludo, y de un negro tan intenso como el cuerpo de un gatito, en esa postura obscena, me habló así:

 

Virginia, hazme un buen trabajo, si me dejas contenta te llamara a menudo; y te daré buenas propinas, quiero que me dejes solo una rayita de pelos en el pubis, tan fina como un bastoncillo para los oídos ¡vale chica!

—Vale señora lo haré lo mejor que se.

 

Comencé  recortando pelos puesta de rodillas, delante de ella, sobre una toalla, sus pelos caían sobre esa toalla y sobre mis piernas dobladas, que sabroso se veía ese chocho, yo estaba chorreándome en las bragas; seguí recortado; apuraba los pelos que estaban ya más cortos con esmero, dejando un hilo de pelitos arriba como ella me pidió, al desaparecer los pelos quedó a la vista un bollo perfecto y abultado, con un labio interno asomando.

Lo apreté con una mano para que su ano se viera por debajo, metí en su ano mis tijeras y corte los pocos pelos que tenía, luego fui al lavabo y llené mi cubito con agua caliente, mojé mis manos en él y dando pasadas por su coño con ellas lo humedecí a fondo. Ella dio varios suspiros al sentir el tacto de la piel de mis manos amasando su jugoso bollo de ejecutiva.

Con mi gel especial íntimo me unte las manos, y las restregué una contra otra haciendo espuma,  me volví a poner de rodillas sobre la toalla, dejando mis pechos a la altura de su chocho. Comencé a darle pasadas con el jabón por todos los bajos, “estrujando” mucho su abultado coño, también unte el ano.

La cuchilla como una guadaña fue sesgando aquellos restos de pelos y dejando tras de sí una piel suave y blanca, para apurar sostuve su chocho en mi mano como un manjar, rozando con mis largas uñas sus labios internos, “que ahora ya eran también externos por su excitación”, al final afeité su ano con su coño bien agarrado en mi mano, lo hice mirándola directamente a los ojos, ella parpadeo y gimió con la boca abierta.

Su rayita de pelos quedó preciosa como ella, como el trazo de un pintor jajaja, sequé su bollo restregándolo fuerte por mi excitación, entonces ella agarrando mi cabeza me dijo:

— ¡Virginia guapa!, por favor ¡¡cómemelo!! Te daré una buena propina.

—Señora mi trabajo solo es arreglárselo.

—te pagare, muy, muy bien, ¿Qué dices?

—De acuerdo, pero que sepa que esto yo no lo hago en mis servicios.

(Lo habría hecho gratis, pero ya que estábamos jajaj)

 

 

Amagué la cabeza y “mordí” sus dos labios a la vez, torciendo mi cuello a un lado, después le metí la lengua entera en la vagina y le di lengüetazos; absorbiendo y tragándome sus líquidos vaginales,  junto a los restos del jabón íntimo.

Sus caderas saltaban en el sofá, y su vagina con espasmos se corrió, y soltó en mi boca y en mi cara, ¡como si fuera un spray!, muchas gotas a presión, lamí su chocho, su ano y me corrí, empapando mis bragas y chorreándome  por mis muslos.

Al terminar, después de vestirse me dio un sobre y me dijo:

 

—Te llamaré cada semana, nunca me cansaré, ha sido “increíble”, estoy emocionada.

 

Me marché de allí con las bragas empapadas y mis muslos pegándose el uno al otro al andar.

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