Blacky el caliente

Desde que mi perrito es pequeño, he tenido unos deseos tremendos de que me follara. Conforme pasó el tiempo y Blacky fue creciendo, su madurez sexual fue notándose cada vez más, hasta que un día me atreví.
Por lo general siempre ando desnuda por la casa, ya que siempre estoy sola con mi Blacky y nadie llega hasta ya la noche, así que eso no me presenta mayor problema.
Un día, estaba probándome ropa y practicando peinados porque al día siguiente habría un evento del colegio, yo tenía 16 años. Mientras me peinaba en el baño, sentí cómo Blacky olía mi sexo y fue como “hazte a un lado, Blacky” y lo saqué del baño y entrecerré la puerta, puesto que yo estaba concentrada en peinarme y me molestaba que anduviera husmeando. Pero como sólo entrecerré la puerta, Blacky volvió a entrar con mucha facilidad y siguió en lo que estaba: mi sexo. Yo cerraba las piernas y lo empujaba, pero él insistía… así que opté por correr y juguetear con él por la casa a ver si de verdad estaba interesado en mi coñito… y así fue, me siguió por todas partes queriendo meter su hocico entre mis piernas. Brincamos sillones, subimos y bajamos las escaleras y él sin dudar hacía lo que yo con tal de llegar a mí, hasta que me cansé y me recosté en el piso del baño y él feliz comenzó a lamerme de arriba a abajo. Me lamía la vagina y el ano y era ¡delicioso! Entonces yo sentía cómo me humedecía cada vez más, así que comencé a tomar del líquido que salía de mí y a ponerlo sobre mis pezones, así él me lamería toda… fue una experiencia increíble, luego comenzó a querer montarme y me asusté, lo saqué rápido del baño y solo podía oír cómo lloraba del otro lado. Lloraba y rascaba la puerta para qur lo dejara volver a entrar, pero yo tenía mucho miedo y no quería perder mi virginidad con mi perro. Así que, aprovechando lo excitada y húmeda que estaba me masturbé durísimo, siempre me masturbaba con un cepillo para el cabello, pero aquel día estaba tan caliente que pude hacerlo sólo con mis dedos. Me introducía y sacaba mis dedos con un ritmo perfecto, acariciaba mi clitorís que estaba gigante, lleno se sangre y duro. Yo no podía parar de gemir… así estuve por un buen rato hasta que logré correrme. Y fue genial.
Aunque Blacky nunca volvió a hacerme caso después de eso, me masturbo recordando aquella vez y sigue siendo igual de emocionante, aunque quizás hoy sí lo dejaría montarme…
Hoy tengo 24 años y sigo siendo virgen, así que sólo me queda masturbarme con aquel húmedo recuerdo

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2 comentarios sobre “Blacky el caliente

  • el 15 octubre, 2018 a las 19:31
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    Nada más de pensarlo me empiezo a excitar. Estaría muy bien, porque ando buscando a quién regalársela 😉

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  • el 11 octubre, 2018 a las 14:00
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    Que suerte de tu perro. Me encantaría estar entre tus piernas para mamarte igual Y tal vez, hasta me regales tu virginidad

    Respuesta

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