Carla, crossdresser sumisa fetichista VI

Luís me ordenó beber un trago a la vez que el.
Yo estaba muerta de vergüenza, más que otras ocasiones, más que aquella tarde en la boutique comprando las botas y la minifalda y más que lleno con ellas por la calle. Me sentía más avergonzada porque allí estaba parada sentada ante varias personas vestida como una puta, oliendo a sexo, sintiéndome como una puta y ellas lo percibían.
Luís era consciente de esto y antes de que me tentase decir la palabra de seguridad decidió permitirme hablar.
“Carla, se que hoy ha sido un día cargado de emociones y retos difíciles de controlar, y no quiero que finalice mal porque te encuentres incómoda en tu roll de puta. Tranquilizate y disfruta de esta humillación, nadie de los que ves te va a decir nada, por vergüenza ajena miran para otro lado”. Dijo Luis
“querido, estoy muy agradecida por el maravilloso día de experiencias, soy tu puta, lo acepto, pero entiéndeme que estoy aquí en un lugar publico con este aroma a sexo sobre mi, con estas ropas que me delatan, con un pug de goma metido en el culo y asimilando que hace unas horas me hiciste tu zorra esclava llenando mis entrañas con tu delicioso semen. Solo te pido que entiendas que son muchas cosas que asimilar y me pueda entrar algo de miedo”. Conteste
“Confía en mi como hasta ahora, yo cuidaré de ti. Ahora vamos a disfrutar de la copa y luego nos iremos de vuelta a casa, pero tengo preparado algo para ti, algo que me confesaste que te empezaba a gustar y querías explorar”
Terminamos la copa y Luís pidió otro par, seguimos charlando un rato sobre lo que yo había sentido aquel dia, nos tocábamos y de vez en cuando nuestras lenguas se volvian locas en profundos besó, me relaje tanto que medio en broma le propuse chuparsela allí mismo, a lo que Luís se negó.
Terminada la segunda copa me dijo que nos marchabamos, pidió la cuenta y yo le pedí permiso para ir al aseo.
“no hay aseo en este kiosko, tienes que usar los aseos públicos del parque, están aqui al lado”
Luís pago y nos levantamos de la mesa bajo las miradas de los camareros y la última pareja que quedaba. Me tomo de la cintura y encaminó nuestros pasos hacia un camino de gravilla que se adentraba en el parque.
La luz amarillenta de algunas farolas dispersas iluminaban levente el camino y, a pocos metros ante nosotros, una pequeña construcción
Que se antojaba los aseos públicos.
Luís me hizo detenerme, de su bolsillo sacó una cadenita y para mi sorpresa la fijo con un mosqueton a la argolla de mi collar de perra y comenzó a tirar de la cadenita para guiarme al interior de los aseos.
No encendió la luz, al interior se colaba algo de luz de las farolas. Había un olor muy fuerte a orines y excrementos.
“¿te excita el sitio? ” me pregunto
“sabes que si, es una de mis fantasías más deseadas, estas poniéndome muy cachonda”
Luís me empujó hacia una de las letrinas, la taza del wc al menos tenía el asiento pero no la tapa y estaba salpicada de orines, había papel sucio por el suelo húmedo.
Me hizo sentarme en el borde de la taza y sacó su polla del pantalon. Empecé a chuparsela habida de semen. Al rato me puso de pie y me hizo apollarme con las manos en la pared y abrirme de piernas sobre la taza del wc, sin dilacion retiró el pug de mi culo, tirando suave e pero constante me provocó tal agradable sensación de vacío que pensé que me había cagado encima. Pero la sensación fue aún mejor al notar su polla penetrandome sin resitencia.
Me follo duro y cuando se venía encima la saco, me giro y tirando de la cadenita de mi collar me puso de rodillas en aquel suelo lleno de orines para volver a chuparsela. Por fin recibí mi recompensa en forma de glumosa corrida, caliente, deliciosa con su gusto salado. Luís me permite entonces masturbarme, aunque solo con tocarme un poco me corrí de la excitation.
Extenuada por la descarga de adrenalina, arrodillada en aquella letrina, aún me esperaba la sorpresa de oír a Luís ordenarme que hiciese pis allí mismo y yo presa de la excitación y con la vejiga a revosar lo hice, me hice pis encima, el pis empapo mis musmos, el interior de la falda de charol y resbaló por las botas altas tanto por fuera como por dentro. Y luego fue Luís quien tras abrir mi chaqueta de cuero de imitación rojo comenzó a orinar sobre mi ropa. Instintivamente abrí la boca y saque un poco la lengua y Luís no dudo en proyectar el chorro de pis a mi boca. Trague solo un sorbo, el resto lo escupía tras saborearlo hasta que el chorro se agotó.
Le dije a Luís que no podía salir asi de nuevo a la calle, pero le dio igual y me costó un bofetón por hablar sin permiso.
Salimos del parque y pasamos de nuevo ante la terraza, ya vacía y con los camareros recogiendo las mesas. Nos miraron con sorna, sin duda sabían de dónde venía esta puta.
Ya por calles más iluminadas percibi mi lamentable imagen. La minifaldas de charol y las botas estaban llenas de chorretes de orines propios y ajenos y de toda los que se habían meado en el suelo y el wc, la camiseta de encaje y el sujetador empapados, la chaqueta de cuero igualmente empapada y con restos de semen seco.
Caminaba agarrada al brazo de Luís con los pies doloridos de tantas horas sobre aquellos taconazos, maloliente, usada, humillada, sucia por dentro y por fuera pero feliz de haberme convertido en la puta de mi amo

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