Cogiendo heteros en tiempos del COVID 19 (o al menos eso pensé)

¡Que ganas de cogerme a un chavito gay! Ah, pero qué difícil es buscar y encontrar culitos jóvenes en la cuarentena. Todos los gay están guardados, porque les da miedo contagiarse y tienen razón. Pero ¿qué tal cuando la tienen toda adentro?, ni gestos hacen. Yo soy un maduro activo, algo pasado de peso, que me gusta que me deslechen chavitos gay, y no tan chavitos, yo agarro parejo cuando estoy cachondo. El problema es que los bares y antros de reunión están cerrados, por la maldita cuarentena.
Por eso me fije en un joven, de unos 20 años, que trabajaba en la panadería del barrio. Moreno, espigado, con su pelo largo amarrado como cola de caballo, nalguitas algo escurridas, pero se veían firmes. Rostro algo afeminado, pues no tenía nada de barba y bigote. Se llama Marcos y desde que me atendió en la panadería me dije “ese culito me los voy a comer”. Y se me paró nomás de pensar como se la metería, primero despacito y luego, pues ya veremos.
Simule que pasaba a la misma hora que el salía de trabajar, como a es de las 11 de la noche. Aunque vivía cerca, tomaba un autobús para llegar más rápido. Yo pase en mi carrito, aunque humilde funcionaba de maravilla. Le ofrecí llevarlo, pero se negó rotundamente. Esa noche ya no insistí.
Al día siguiente esperé hasta que no tuvo clientela y entre a comprar pan. Lo contó y lo puso en una bolsa y cuando me vio se sonrió. ¿Usted es quien ofreció llevarme? Disculpe no lo reconocí. Me sentí seguro que me comería a ese chavito.
Yo: Oye, si no te molesta te puedo acercar a tu casa, yo también vivo por allí.
Marcos: No, no me gusta subirme con desconocidos.
Yo: Bueno yo me llamo Juan y casi somos vecinos, hoy parece que va a llover, así que si en algo te puedo ayudar, pues considéralo. (Yo creo que empecé a verlo con deseo, porque se dio cuenta y bajo la mirada).
Marcos: Bueeeeno (estaba inseguro).
Cuando pase nuevamente ya me estaba esperando, solo para decirme que no se subiría al carro.
Yo: Oh que caray, pareces quinceañera, ni que te fuera a violar.
Marcos: No es eso Sr. Juan, solo que usted tiene cara de lujurioso y no me quiero arriesgar. A mí me gustan las mujeres.
Yo: Pues no me quiero casar contigo, (y me anime para decirle) solo te quiero coger…
Se puso rojo, yo no sé si de coraje o de vergüenza y alcanzó a decir, por eso no me quiero subir a su carro.
Yo: Caray, no soportas ninguna broma, anda súbete que está empezando a llover. Y la lluvia llego en mi auxilio…
Marcos: Pero, ¿si me subo me promete no hablar nada de sexo?, además no trae cubre bocas.
Yo: Claro hombre, ya súbete. En este momento me lo pongo.
Y ese día no puede comentarle nada de lo que quería de él. Abusando de mi buen sentido de conversación nos entretuvimos lo que dura el recorrido y cuando se bajó, estaba bastante más relajado. De tal forma que le sugerí:
Yo: Oye, pues a ver si nos ponemos de acuerdo para tomarnos unas cervezas.
Marcos: Bueno, nada más que sea un fin de semana, porque trabajo todos los días.
Deje pasar unos días, para darme a desear, así que el siguiente sábado, cuando pase a la panadería dijo yo invito la primera ronda, pero nos vamos a tener que ir a mi casa y solo está mi hermano, además porque el bar está cerrado, por la cuarentena.
¡Uta!, se me alborotó todo el aparato reproductor masculino. Me quede pasmado; ¡ya me cogí a este nene!
La situación mejoró, pues al llegar a su casa me entere que solo vivía con su hermano, que se llama Alí, y sus papás estaban en otra localidad. Pero mejoro aún más cuando conocí al hermano. 2 años mayor que él y buenísimo el chavo, tenía su pelo corto rizado y una cara simpática, un poco más alto que Marcos. Cuando llegamos traía unos pantaloncitos bien cortos y apretados, que dejaban ver unas piernas lisas y torneadas y unas nalgas bien paraditas. El chavo se me antojó, pero hasta ese momento yo me quería coger a Marcos. Nos saludamos de lejos, como debe ser en la cuarentena y alegremente nos empezamos a tomar unas cervezas.
Yo les estaba contando mis mejores chistes, así que estaban relajados y yo disfrutando observar el cuerpo de Alí. De pronto Marcos recibió una llamada de su novia y dijo que saldría un rato con ella. Se disculpó y la verdad al quedarme con Alí fue mejor, pues me di cuenta que le gustaba la verga de corazón. Empezamos a platicar.
Alí: ¿Es casado Sr. Juan?
Yo: No y por eso a veces ando cargadito de leche. ¿A ti no te pasa lo mismo?
Me di cuenta que estaba buscando pene…
Alí: A veces, y ¿cómo le hace para descargarse?…
Yo: Pues busco a quien me desleche ¿Tu conoces a alguien que me pueda ayudar?
Alí: ¿Y cómo le gusta que lo deslechen?
Se había levantado de la mesa y llevaba los vasos a la cocina. No me aguanté más. Lo seguí y cuando se inclinó ante el fregadero lo abrace por detrás y le restregué mi pene que ya estaba bien erecto, en sus nalgas duras, encima de su pantaloncito. No se sorprendió…
Yo: Así me gusta que me deslechen, unas nalgas duritas, que me aprieten y me saquen todo el semen.
Dio media vuelta a la cabeza y levantó sus nalguitas, para que las gozara aún más de lo que estaba haciendo.
Alí: ¿Así le gusta?
Note que estaba temblando y ansioso, yo estaba ya medio loco de deseo, con la verga bien dura y solo le mordí suavemente su nuca y empecé a quitarle su pantaloncito. ¡Ya traía un suspensorio, que dejaba ver su culito carnoso! Pude ver un cuerpo juvenil y lujurioso, que me estaba pidiendo penetrar ya…
Alí: Póngase condón, con esto de la pandemia nos tenemos que cuidar.
Yo: Primero déjame sentir tu culito y después me pongo lo que quieras.
Les juro que me quemo tanto calor al sentir su culo. Cuando sintió mi pene apretó las nalgas, como si quisiera atraparlo y no dejarlo hasta que este deslechado. Mi pene no esta tan grande, unos 16 cm pero si lo tengo bien grueso. Y empezó a jadear más fuerte. Yo presione aún más y él abrió más sus nalgas.
Yo: ¿Te lo puedo meter así?
Alí: Pero despacito, que me puede doler. Tenga, aquí traigo lubricante.
Ah, entonces ya estaba listo. Se inclinó sobre el fregadero y ahora si dejo su culito totalmente libre para meterle mi pene, pero sería cuidadoso. Me puse un poco de lubricante, empuje suavecito y sentí como su culito se contraía, como defendiéndose del intruso. Pero yo ya estaba súper excitado y empuje con más fuerza y entro la cabecita. Alí lanzó un quejido, más de placer que de dolor y volví a embestir ese culo enloquecedor, ahora si se la deje ir casi toda y me detuve. Él se incorporó pero levanto más las nalgas y aproveche para meterle un cachito de verga que hacía falta.
Y ya con mi toda verga adentro, se empezó a mover en círculos, de tal forma que prácticamente se cogió solito. Yo lo sujeté de la cintura y cada que se movía se lo metía más. Y empezó a jadear más fuerte…
Alí: ¡Ya vengase por favor, estoy que me desmayo!
Yo: Al cliente lo que pida
Y aceleré mis embestidas hasta que me vine ruidosamente. Estaba dejando toda mi leche dentro de ese cuerpo, arrojando chorros de semen tibio en ese culito maravilloso. No sé cuántas embestidas le di cuando me estaba viniendo, pero él no dejo de apretar mi pene, como si quisiera exprimir toda mi leche, hasta que me saco la última gota de semen.
Me dejo completamente exhausto. Él se recargó en mi pecho…
Alí: Que rico coge Sr. Juan. Casi me rompe el culo, pero lo disfrute a madres.
Yo: Gracias, pero tú también coges muy sabroso y tienes un culo apretado y ganoso.
Y ya más tranquilos, me comento que Marcos había planeado todo. Marcos es hetero, pero sabía que a mí me gustaban los chavitos gay, así que me dejo solo con Alí para cogérmelo.
Que buen hermano. Aun así también me lo quiero coger. Eso lo cuento después.

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