Diario de una mujer trans, felizmente casada

Me propongo compartir con otras mujeres como yo, partes de mi diario íntimo en que escribí sucesos de mi vida en mi condición de mujer especial; mujer, pero no exactamente igual a las otras. Les confiaré algunas cosas que exigen salir del fondo de mi. Comienzo con la primera entrega de mis memorias:
Querido Diario:
Hasta que no comencé a escribir, no tuve fresco en la memoria mi experiencia infantil o la traté de ocultar en lo más hondo de mi mente.
Mi madre dice que fui muy bonita desde niña, por eso me vistió de nena hasta los cinco años. Lo dejó de hacer cuando comencé a ir a la escuela. Ser bonita fue la causa de que los hombres siempre se hayan fijado en mí, para bien y para mal.
Acostumbraba decir que para mí el sexo comenzó a los 15 años y no es así. Empezó a los 6 años.
Nunca le he contado a alguna persona esa experiencia, ni siquiera a mi novio. Pensaba que yo tenía una perversión innata para a los 6 años haber vivido un trance sexual, que era un caso anormal y motivo de vergüenza.
No surgió de mi sino de un amiguito que me enseño lo que decía era un juego divertido. En un rincón del patio se puso detrás de mí y comenzó a untarme su cosita y moverse, después yo me ponía detrás de él y así nos alternábamos. Lo hacíamos con la ropa puesta y sin pensar en la penetración. Después de algunos días yo buscaba su boca para besarnos mientras practicábamos el juego. Creo que porque pensábamos que hacíamos cosas de adulto y en las películas veíamos que se besaban. Duró quizá un par de semanas hasta que nos descubrieron. Después vino la horrible etapa de los regaños y los castigos. La primera comunión para que yo fuera a confesarme. Me prohibieron toda relación con mi amiguito.
Visto a la distancia ahora encuentro que el juego era inocente y entre dos niños inocentes, impulsados por el instinto sexual que tenemos desde que nacemos pero que puede despertar a edad temprana como en nuestro caso.
Ahora me surgió un recuerdo aún más vago. Meses después comenzó a ir a mi casa un niño quizá con algo de retraso mental, no sé con certeza, pero encontré que lo podía “manejar” e inventé un juego que se me ocurrió de una película para niños: yo era una princesa y el un príncipe, le hacía que me quitara los calcetines y me besara los pies, que me besara las manos y también me diera besitos en la boca. Desde entonces asumí el roll pasivo, mejor dicho, femenino.
Creo que el chisme de lo mío corrió por el vecindario, creo que adquirí fama de mariconsito. Quizá por eso un vecino que tendría no menos de 15 años me invitó a pasar a su casa para mostrarme algo y acepté, estábamos solos en la casa. Nos sentamos en un sofá y me pidió metiera una mano en la bolsa de su pantalón para sacar un ratoncito que traía ahí. La bolsa estaba rota y lo que agarré fue su pene, puso su mano sobre la mía y me obligó a masturbarlo, pero cuando descubrió que yo colaboraba se la sacó, me pidió besarla y lo hice hasta la metí un poco en mi boca, y con mis dos manitas lo seguí masturbando hasta que se vació en ellas. Luego casi me sacó de la casa y nunca más repetimos aquello.
Quizá por mi famita, mis padres decidieron nos cambiáramos de casa.
No volví a tener una experiencia de este tipo, pero recuerdo ahora que me ponía mi muñequito preferido de un luchador entre las nalguitas y así andaba un buen rato. Como a los doce años comencé a probarme la ropa de mi mamá, a escondidas. Para entonces ya había muerto mi papá. Fue hasta los quince que perdí mi virginidad.
He pensado ¿qué hubiera ocurrido conmigo si aquel niño no me hubiera iniciado temprano en los juegos sexuales? También he pensado en quién inició a ese niño en esta clase juegos ¿otro niño? ¿un adulto? No creo que a mí se me hubiera ocurrido espontáneamente. No obstante, a su tiempo, estoy segura, terminaría siendo una mujer trans.
El caso es que las emociones que me provocaron esos juegos fueron placenteras de alguna forma. No sé cómo se me ocurrió ponerme ropa de mi madre, pero también lo disfruté. Desde entonces me he asumido con el roll femenino. Continuará.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: