El diario sexual de una joven universitaria (primera parte)

Me llamo Marina, tengo diecinueve años, estudio empresariales y vivo en uno de los pueblos contiguos a una gran ciudad. Prácticamente con la expansión de los últimos años se ha convertido en una conurbación, con todo lo que ello conlleva. El uso del metro o transporte público es imprescindible, pero la oferta de estudios y ocio es acorde. A esto se le puede añadir que, para los que lo disfrutamos, ofrece un gran anonimato en comparación con un pueblo o una ciudad pequeña. Esto me ha permitido experimentar abiertamente mi sexualidad.

 

He decidido escribir este diario centrado en este aspecto de mi vida, con intención de poder releerlo cuando sea más mayor y recordar las experiencias sexuales de mi juventud. Se dice que con la edad el sexo va en declive, por eso quiero grabar de alguna manera estas experiencias primigenias y poder conservar en la vejez algo que por el momento adoro.

 

Hoy por hoy, me siento muy satisfecha con mi físico y quiero también preservar esa juventud y plenitud para cuando mi cuerpo envejezca. Por ello Marina del futuro, quiero ofrecerte una descripción detallada de mi físico actual, grabando con letras los detalles que en las fotos se tapan o se pierden.

 

A la hora de escribir esta introducción, tengo una larga y profusa melena castaña, oscura y algo ondulada, la cual me gusta recoger con una coleta. No me considero especialmente guapa, pero mis rasgos son suaves y equilibrados. Mis cejas tienen una espesura y forma amables, mis ojos son grandes y castaños claros, con unas pestañas generosas. Mi nariz no es ni grande ni pequeña, es recta y mullida. Mis orejas son redondas y delicadas, y mis labios algo carnosos y rojizos. Llevé aparato durante un tiempo así que mis dientes están bien alineados, con los que esbozo una sonrisa que me da mucha confianza. Mi cara es algo redonda para mi gusto, sin pómulos muy marcados, pero que me hace parecer más joven y adorable.

 

Soy muy alta, mido un metro y ochenta y nueve centímetros, y peso setenta y cinco kilos. Puede parecer mucho pero no tengo sobrepeso, eso sí, soy robusta. Tengo unas largas fornidas piernas que me encantan, las cuales acaban en unas amplias caderas. Gasto una talla cuarenta y dos porque mi cadera es bien ancha, pero mi cintura se encoge bastante dándome un tipo exquisito, con la forma de un reloj de arena. Creo que tengo un culo hermoso para quien aprecie a mujeres con curvas. No tengo una espalda ancha y mis brazos quizá sean la parte que menos me guste de mi cuerpo. La gente dice que son bonitos, pero quizá, por la influencia de las malditas modelos sin carne, me los veo algo rechonchos. Mis manos son acordes con mi tamaño, con un toque fino, replicado también mis pies. Mi parte corporal favorita y de la que más orgullosa estoy es mi pecho. Tengo mucho y me encanta la atención que recibo por él. No me acompleja para nada e intento vestirme con ropa que lo realce. Conozco a chicas que con tallas menores lo ocultan y se sienten avergonzadas, pero quizá por mi carácter o mi seguridad en mi misma lo veo como algo a potenciar más que a ocultar. Utilizo una noventa y cinco copa hache, y lleno bien el sujetador, por lo que sospecho que a nada que coja peso tendré que subir una talla. Tener tanto pecho es algo molesto en muchas situaciones, pero una se acostumbra a ello. Nunca he tenido dolores de espalda ni problemas en la piel durante la época más calurosa del año, pero toco madera Marina del futuro.

Voy a aprovechar la oportunidad también para contrastar mis tendencias de depilación actuales con las de mi yo futuro. Ahora mismo me depilo todo exceptuando mi pubis, cual lo rasuro por los lados lo suficiente para que los pelos no se salgan de los tangas que siempre visto. Me siento más cómoda teniendo una banda de pelo púbico sobre el, suda mucho menos y no me parece menos higiénico.

 

Terminada esta extensa descripción, Marina del futuro, podrás, a lo largo de las diferentes entradas del diario, descubrir mis experiencias y secretos sexuales de la época dorada de mi vida, o al menos actualmente la mejor. Espero que disfrutes las historias y sensaciones narradas a continuación, y que puedas revivirlas por medio de la lectura.

 

18 de marzo de 2019:

 

Hace un mes que corté con mi anterior pareja, antes de lo exámenes. Estaba harta de sus celos, control y de que no me satisficiera en la cama. Tenía un pene pequeño, lo cual no me importaba si se pudiera compensar con otras cosas, y para colmo, era eyaculador precoz. Esto no lo descubrí hasta que experimenté con otros hombres con los cuales le puse los cuernos. Que fuera eyaculador precoz no hubiera sido un problema si se hubiera esforzado por satisfacerme como es debido. Era un chico guapo y atractivo, delgado pero fibroso, como me gustan a mi, detesto a los chicos de gimnasio, o del club de la pesa, como los llamo yo. Tenía una voz grave y agradable, y al principio era encantador, pero al año se volvió celoso, controlaba todos mis movimientos y teníamos muchas discusiones. Sus celos despertaron mi curiosidad por cómo serían otros en la cama, y me animaron a irme a la cama con otros dos chicos durante los dos años de relación. Fueron unas experiencias normalitas, nada excepcionales, pero mucho mejores que con mi expareja con la que había perdido la virginidad a los diecisiete. Pero esto es parte del pasado y ahora quiero hablar de mis nuevas experiencias, a partir de que acabó mi relación.

 

Como Marina futura, bien te puedes imaginar, que con mi físico no me era para nada difícil ligar con chicos, a pesar de que no les gustara mi personalidad. Sin embargo, yo siempre he sido muy exigente y no me atrae cualquiera. Soy bastante superficial, lo reconozco, pero me interesa el fondo también, y por ello hasta los diecisiete nunca había tenido pareja, y los dos otros chicos, bueno, fueron experiencias vacacionales, nada más, más curiosidad que gusto. Pero bueno sin más dilación voy a pasar a narrar lo que ha acontecido el pasado sábado por la noche y el domingo de madrugada.

 

Después de un duro e interminable mes de exámenes que había llegado a su fin, me moría por salir con mis amigas de fiesta y conocer algún chico nuevo. Corté con mi ex hace un mes y medio, y hace dos que no mantenía relaciones sexuales. Puede no parece demasiado, pero acostumbrada a tener relaciones sexuales con frecuencia al menos semanalmente, se me hacía duro el masturbarme sola durante tanto tiempo para encontrar el placer. Echaba de menos el tener un compañero en la búsqueda del clímax. Durante los últimos dos meses no había salido de fiesta ni un solo día para preparar las pruebas del cuatrimestre lo mejor posible, y esa noche estaba que me subía por las paredes. Sabía que sería fácil ligar, pero no me quería acostar con cualquiera. Me iba a llevar toda la noche el seleccionar un candidato apto que cumpliera todos mis requisitos. Sobre todo, no quería usar ninguna aplicación para ligar. Puede que sean prejuicios, pero no me sentía segura quedando con completos desconocidos, en sitios que no conocía sin haberlos visto antes.

 

La noche estupendamente, y no pudo acabar peor. Habíamos comenzado haciendo botellón en la zona del centro, durante el cual habíamos conocido a un grupo de chicos. Mis amigas y yo estábamos muy a gusto y yo me gustaba de uno de ellos. Era muy atractivo y muy buen seductor, algo más bajito que yo, pero no demasiado, delgado y con buena figura como me encantan.

 

Todo iba genial hasta que el maldito novio de mi amiga Mara nos amargo la noche a todas. La llamó por teléfono acusándola de estar ligando con otro, que se lo había dicho un amigo cercano. Probablemente alguien nos debió ver con el grupo de chicos y malinterpretó lo ocurrido, o quiso tergiversarlo. Mara no tenía ningún interés ninguno de los chicos del grupo que acabábamos de conocer, y al poco de comenzar a hablar ya remarcó que tenía pareja.

 

Las acusaciones se volvieron más salvajes de parte de su novio y me pasó a mi el teléfono. Intenté hacerle entrar en razón, pero lo único que conseguí es que se cabreara más. Mara se puso al teléfono de nuevo y de repente se echó a llorar. Cuando se calmó un poco nos dijo que la había dejado, sin más, por teléfono, sin explicaciones. Nos pidió que la acompañáramos al bar en el que estaba su novio para intentar arreglarlo y que le ayudáramos a convencerle de que ella no había hecho nada malo. Yo me hervía por dentro, mi ex me había hecho jugarretas parecidas en el pasado hasta que aprendí a no ser tan inocente. Él no la iba a dejar, solo la quería tener en la palma de su mano. Intenté explicarle esto a Mara, no me escucho, como yo no escuchaba a nadie las primeras veces que mi ex me lo hacía mi.

 

Tuvimos que despedirnos con prisa de los chicos casi dándoles esquinazo y nos dirigimos al bar. Pero antes de que llegáramos surgió el segundo problema. Mi mejor amiga, Sara, se había pasado con la bebida y cada vez estaba peor, alguien tenía que llevarla a casa. Mis otras amigas vivían en el centro y nosotras dos en los pueblos de alrededor. Era la una ya, entre ir y volver se iba a hacer demasiado tarde, demasiado para conocer a otro chico. Además, para entonces la mayoría estarían muy bebidos. Yo quería ligar con algo de sobriedad de por medio, como estaba haciendo hasta hace poco. Me ofrecí a lleva a Sara a casa. Las demás acompañaron a Mara al Bar.

 

Sara vivía a dos paradas de metro de la mía. La lleve a casa y como se encontraba mejor, me dijo que me fuera, ella misma fue capaz de acostarse. Suerte que sus padres estaban ya dormidos. Abatida y enfadada me dirigí a la parada de metro para coger el siguiente tren a mi casa. Estaba caliente por el recuerdo del chico al que acaba de conocer, no tenía su número porque nos habíamos ido a toda prisa, y lo único que me quedaba era masturbarme en el baño antes de dormir, sola.

 

Llegue a la parada y me monté en el trén, ni me senté, porque era un trayecto de cinco minutos. De repente alguien se me acercó.

 

¡Marina! -exclamó mi compañero de clase Rubén-.

 

El se bajaba en la siguiente parada a la mía, siempre íbamos juntos a la universidad pero no a la vuelta, ya que su pareja vivía en el centro y se quedaba a estudiar en una biblioteca de la zona. Me encantaba este chico. Me gusto desde el primer día que lo vi en clase. Divertido, amable, interesante y guapo, muy guapo, sus ojos grises y mirada penetrante me volvían loca.

 

-Hola Rubén, ¿hoy no has quedado con tu novia?

 

-No, he estado con mis amigos, y me vuelvo pronto para casa, mañana tengo una comida familiar, no estoy muy bien con ella. Hemos discutido.

 

-Vaya, ya lo siento, si necesitas hablar…

 

Mientras soltaba esa frase pasé de estar en diagonal a él a ponerme en frente abriendo con la mano izquierda un poco mi chaqueta vaquera disimuladamente hacia afuera, mostrándole así el pronunciado escote de mi pequeño y ajustado top naranja, mientras jugueteaba con mi coleta. Mi subconsciente me había traicionado, no lo hice queriendo. Supongo que el alcohol me había desinhibido lo suficiente para mostrar abiertamente mi interés a Rubén en ese momento de fragilidad en su relación. A él le ocurrió lo mismo, sus ojos inmediatamente se posaron en mis pechos que asomaban por encima del top y abrió ligeramente la boca. En seguida arrastró la vista al suelo como avergonzado.

 

-Tranquila, esto viene de muy atrás, no es nada nuevo.

 

En ese momento me di cuenta que era mi oportunidad para comprobar sus sentimientos hacia mi, y con la escusa lo abracé. Siempre había notado que me miraba mucho, los otros chicos de clase también lo hacían, pero en el que yo me fijaba era en Rubén. Cruzábamos miradas y avergonzados apartábamos la vista. Sin embargo, no estaba segura de sus intenciones. Con su cabeza gacha y debido a que medía unos ocho centímetros menos que yo prácticamente le puse mis senos en la cara y él no se soltó.

 

-Lo siento Rubén pensaba que todo estaba bien.

 

-No lo está -musitó Rubén sin apartarse-.

 

En ese momento me di cuenta que era mi parada, y apartándole con suavidad mientras acariciaba su hombro yo exclame:

 

-Me tengo que bajar.

 

Tenía una oportunidad de oro y no la desaproveche.

 

-Oye Rubén, me da miedo ir a casa sola. ¿Me podría acompañar? Vivo a cinco minutos de la parada, pero hay poca luz y…

 

Él no dudó ni un instante.

 

-¡Claro! Por supuesto.

 

Nos bajamos y me acompaño al portal, le pregunté si quería pasar y charlar un rato.

 

-Sí, puedo quedarme un rato, no tengo prisa -dijo él-.

 

Estuvimos charlando sobre su relación y me confesó que su novia y él tenían problemas. Ella no se sentía atraída por él como antes. Últimamente casi nunca quería mantener relaciones y le apartaba en cuanto él intentaba tocarla. Admitió que hacía dos meses que no se acostaban. En ese momento comprendí lo que había ocurrido antes de llegar a la parada en el metro. También recapitulando sobre el último mes, pensé en todas las veces en que habíamos cruzado nuestras miradas en clase. También me había escrito por Whatsapp más de lo normal y me prestaba mayor atención que en el pasado. Pensaba que era simplemente porque nuestra amistad era cada vez más cercana, y creía que su relación sentimental iba viendo en popa. Pero pensándolo bien, la última vez que estuvimos en la biblioteca, hasta tarde, a solas, noté que mostraba cierto interés sexual por mi, por la forma en la que miraba mi cuerpo con disimulo cada vez que me levantaba o volvía del baño, pero no le di mayor importancia, lo consideraba un chico fiel. Simplemente pensé que evaluaba mi atractivo como a veces evaluamos todos el de nuestros amigos cercanos instintivamente, sin ninguna pretensión.

 

Tras charlar un buen rato me di cuenta que tenía que forzar la situación, no parecía que él estaba dispuesto a arriesgarse a ser rechazado. Estábamos sentados el uno junto al otro en las escaleras del portal. Aprovechando la escusa de querer animarle por lo que me estaba contando sobre la relación con su novia, lo abracé y le di un beso en la mejilla, y me quedé con la cabeza acostada sobre la suya. El me devolvió el abrazo y al rato también me beso en mi mejilla. Le di otro beso en la mejilla y cuando el se giró para devolvérmelo giré mi cabeza para que accidentalmente nos besáramos. El se sobresaltó y se fue a apartar, pero le sujeté la cabeza con dulzura y seguí besándolo. Al cabo de un rato comenzó a manosearme y a toquetear la entrepierna de mi vaquero negro, me estaba empezando a mojar. De repente me soltó que se sentía muy excitado y que quería que nos acostáramos.

 

-Vamos a mi trastero -dije yo-. Ahí podremos estar tranquilos, mis padres están en casa, por eso no te puedo llevar. A partir de ahora solo susurros y controla la voz, no quiero despertar a mis vecinos. Subimos en el ascensor y llegamos a la puerta que daba paso a los trasteros. La abrí y pasamos dentro. Recorrimos el pasillo hasta llegar al nuestro, que era el último. Abrí la puerta del trastero, entré y el me siguió. Retiré las llaves de la cerradura y me dispuse a cerrar la puerta por dentro. Era un sitio amplio para un trastero, tres metros por cinco, y en su mayor parte vacío. Solo estaba ocupado por un pequeño armario a mano izquierda, de un metro por dos, y dos cajas de cartón con conservas a mano derecha. Aparte de eso, mis padres guardaban allí su anterior colchón de Viscolátex, envuelto en sábanas, apoyado contra la pared. Era genial que no se hubieran deshecho de él, ya que con mi exnovio era el único lugar privado dónde podíamos mantener relaciones. Además, era perfecto porque el Viscolátex no producía ruido. Rubén me ayudó a poner el colchón en el suelo y a remover las sábanas. Después nos pusimos a desplegar sobre él algunas de las toallas de playa que yo guardaba en el trastero, para no manchar el colchón y limpiarme tras los coitos breves que mantenía con mi exnovio. Pero ahora se trataba de Rubén y todo iba a ser diferente.

 

De repente, Rubén se abalanzó sobre mi pero lo paré:

 

-Vamos a hacer una cosa -dije yo-. Desnúdate completamente y me voy a desnudar poco a poco para ti, se que has esperado mucho este momento y vas a estropear la emoción con tus prisas.

 

-Jajaj, ¿tan ansioso me ves? ¿Un striptease? Nunca me han hecho uno, vas a ser la primera.

 

-Y nunca has visto un cuerpo así tampoco.

 

-Qué creída.

 

-¿Quieres que te eche? -dije lo más seria y enfadada que pude-. Si quieres te dejo que te hagas una paja solo.

 

Rubén era un chico majo, pero quería mantenerlo a raya, no quería que pensaba que era una facilona o que me moría por acostarme con él. Quería tener las riendas yo, en todo momento. Hice el amago de ir hacia la puerta. Él se encontraba de espaldas a ella, en frente me tenía a mi y al colchón. El me paró, me pidió perdón y dijo que lo sentía. Comenzó a desnudarse y le dije que no volviera a bromear con ese tema. Cuando se desnudó su pene estaba completamente erecto, con el glande empapado.

 

-Te estoy haciendo un favor, se que estás muy necesitado y no quiero que te vayas con cualquiera. Es un favor de buena amiga -le guiñé el ojo-.

 

Me quité la chaqueta vaquera y la dejé en el suelo cerca de la cama. Empecé a acariciarme los muslos, pasando por mi trasero y acabando con un ligero sobeteo de mis pechos.

 

-Me voy a correr aquí mismo si no empezamos rápido -dijo Rubén-.

 

-¿Pantalón o top primero?

 

-Pantalón, quiero ver de qué color es el tanga de hoy.

 

-Salido… en clase te he pillado más de una vez mirándomelo -dije mintiendo, pues me había sorprendido su comentario-.

 

Quizá había idealizado a Rubén y en el fondo era un pervertido como todos, más adelante te recordaré, Marina del futuro, que no era tan diferente del resto. Me quité el pantalón despacio, poco a poco mientras me contoneaba, jugando con su paciencia. Me di la vuelta para que observara mi culo, me doble hacia delante apoyando los brazos en las rodillas para que contemplara mi cómo mi negro tanga de encaje cubría mi empapado sexo entre las piernas, y como la tela ascendía entre mis glúteos, perdiéndose y apareciendo más arriba en una te redondeada.

 

-¡Qué mojado tienes el coño ya!

 

Me di la vuelta lentamente mientras me quitaba el pequeño top naranja luciendo el negro sujetado de satén push-up que tanto me gustaba.

 

-¡Dios, qué berzas! Y nunca mejor dijo porque son de ese tamaño. -soltó Rubén-.

 

Se intentó acercar. Lo paré.

 

-Espera un poco que esto es divertido -dije yo-. Tienes que saber antes de que empecemos -dije mientras me bajaba el tanga, despacio, con mirada lasciva – que eyaculo al correrme, mucho. Me corro a chorro, como un aspersor.

 

Le tiré el tanga mojado, que atrapó al vuelo y que no dudó el olisquear, para después dedicar toda su atención a mi sexo.

 

-Me encanta el olor de tu coñito -dijo Rubén-. Siempre he querido hacerlo con una chica squirter, ¡dios quiero verte correrte!

 

-Sabía que veías un montón de porno, tranquilo poco a poco.

 

-Seguro que después de lo de hoy se me quitan las ganas de ver más, esto va a ser como un sueño, ¿sabes que todos los tíos de clase se la cascan pensando en ti?

 

-Rubén cariño, eres una monada de amigo, no arruines con tu bocaza tus posibilidades de amante. Vete poniéndote el condón, estoy bastante caliente y no voy a necesitar muchos preliminares.

 

Mientras se calzaba el condón me desabroché mi sujetador, me saqué los brazos de los tirantes, y me acerqué hacia a él con el sujetador cubriéndome los pezones y las aureolas. En cuanto acabó de colocarse el preservativo me rodeó con su mano izquierda para posarla en mi culo trayéndome hacia él, mientras con la derecha tiró del sujetador para quitármelo de las manos.

 

No ofrecí ninguna resistencia, mis pechos cayeron para juntarse en el medio. Cuando aparté las manos y las dejé colgando a ambos lados de mi cuerpo. El dejó caer el sujetador y retirando su mano izquierda de mi culo se dedicó a sobarme violentamente mis senos con ambas manos. Yo le dejé que me tocara a su antojo, que se deleitara, que me deseara, que se encendiera su llama.

 

-¡Que pedazo de tetazas! -Susurró-. ¡Son los mejores melones que he visto en mi vida! Las aureolas enormes y oscuras como me gustan a mi y menudos pezones mas gordos. ¡Parece que van a explotar!

 

Comenzó a lamerlas y luego a chupar mis pezones ya erectos. Me retorcí de placer. Su mano derecha la apartó de mi pecho izquierdo y la dirigió a la entrada de mi sexo. Entonces comenzó a estimularlo sacando y metiendo dos dedos de golpe. En ese punto estaba ya dilatadísima y perdida en el placer.

 

Nos empezados a besar mientras le agarraba del pene enfundado, que seguía estando más duro que una roca, y comenzaba a masturbarlo.

 

-Marina vamos a follar ya, si no no voy a aguantarte nada.

 

Le solté el pene y me aparté de sus manos para tumbarme el colchón de matrimonio de espaldas. Abrí las piernas y comencé a acariciarme el clítoris con una mano y a pellizcarme el pezón derecho con la otra, gemía ahogadamente. Rubén no tardó ni un segundo. En un momento estaba con su pene dentro de mi, embistiéndome con consistencia.

 

-Joder tu coño es brutal, con todo lo que lubricas es como de seda, mi rabo entra sin esfuerzo pero dentro está bien prieto ohhh, ¡joder!.

 

-Ah, ah. Tu polla me lo llena bien ¡ah!, ayuda que sea bien gruesa, estoy y muy cachonda, uh, uh. Rubén.

 

Mi mano no había parado de estimular el clítoris y entre el sobeteo, el striptease, más sobeteo y el pollón de Rubén me ardía mi sexo. Me venía, y por una vez era yo la primera.

 

-Me corro Rubén… ¡ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah! ¡ah! -gemía entrecortadamente mientras ahogaba mis gritos para no despertar a los vecinos-. ¡AH! Me vengo ¡AH! Dame fuerte ahora Rubén.

 

En ese momento Rubén me embistió los más salvajemente que pudo y no pude más. De mi sexo comenzó a brotar un fuerte chorro que salía a toda presión y que lo empapaba todo: A Rubén, mis piernas y las toallas. A pesar de que siempre a la hora correrme experimentaba la sensación de querer miccionar, esta vez me parecía que me estaba meando de verdad. El chorro no cesaba y me moría de placer. Mojé tanto que mi corrida tuvo que llegar al colchón, empapando las toallas en ese primer orgasmo. El clímax fue larguísimo, me parecía eterno casí, y una vez que el chorro cesó y mi sexo producía solamente descargas de flujo vaginal entrecortadas sin presión, yo seguía todavía retorciéndome y gozando de la sensación.

 

-¡AH! ¡AH! ¡AH! ¡AH! ¡ah! ¡ah! ¡ah! Aaaaah… qué orgasmo… joder…

 

-¡Dios! ¡Pero cuanto te corres! ¡Más que un aspersor parece una manguera!

 

-Ahh… ahh… ya te lo he avisado antes.

 

-¡Dios! ¡Es brutal! me ha encantado -dijo Rubén-.

 

-¿Has acabado?

 

-No, hablaba de verte correrte.

 

-Acaba cuando quieras.

 

-¿Puedo ponerme encima de ti y correrme entre tus tetazas?

 

-Vale, pero a cambio de pringarme las tetas con semen, cuando acabes quiero que me comas el chocho y correrme en tu cara.

 

-Ajajaj, trato hecho amiga -dijo guiñandome el ojo-.

 

Rubén sacó su pene de mi vagina, se quito el condón usado y lo tiró al suelo. Caminó hasta donde estaba y se puso de rodillas a mi derecha. Paso una pierna por encima de mi tórax y la plantó al otro lado. Puso su pene apuntando hacia mi cara agachándose sobre mi, postrándolo en el espacio entre mis dos senos, apretándolos para dejarse sitio a su falo entre ellos. Cogí con mis manos mis pechos que yacían desfigurados y ligeramente hacia los lados, y recompuse su forma recubriendo su pene completamente con ellos.

 

-Esto si que es una cubana, sin necesidad de cubrir el pene con las manos porque falta delantera -dijo Rubén-.

 

Comencé a moverlos hacia delante y hacia atrás masturbando su resbaladizo pene aumentando la velocidad progresivamente.

 

-Esto no puede hacer tu novia con sus tetas planas ¿eh? -lo piqué yo-.

 

-Si mi novia tuviera estas tetazas, con este cuerpo, una cara tan guapa y fuera tan maja como tú, no me importaría tener sexo una vez al año, oh, oh.

 

-Sería capaz de esperar lo que hiciera faltaaa… Ah, ah, ah.

 

Lo veía muy caliente, a punto de explotar, y quería excitarlo más, quería que este clímax le hiciera olvidarse hasta de su primera vez. Quería que esta experiencia fuera su redescubrimiento sexual. Sabía que Rubén tenía una especial predilección por las chicas con mucho pecho y curvas pronunciadas. Un día que estuve en su casa haciendo un trabajo de clase con él, tuvo que salir a hacer un recado, y dejándome sola en su ordenador me vi tentada a revisar su historial web. Después de revisar los dos días anteriores, encontré videos de mujeres con buenas curvas y espectaculares delanteras. Sabía que Rubén hoy estaba cumpliendo su fantasía sexual. La mente de los hombres es muy predecible, y sabía que en el fondo son todos unos cerdos pervertidos, vayan de lo que vayan. Pero quería pasar un buen rato y quería complacerlo para ser bien complacida.

 

-Rubén, el otro día me enteré de que los chicos de clase llaman a Marta “la tetas”. ¿Cómo me llaman a mi entonces? Porque yo soy bastante más tetona que Marta.

 

-El semen que la clase entera ha echado pensando Marta no es ni un uno por ciento ¡Ah! Del que han echado por ti. El viernes oí a uno decir que se hace tres pajas al día con tus fotos ¡Ah! De Instagram en bikini. En clase te llaman “la ubres” porque dicen que tus tetas son tan grandes como las ubres de las vaca ¡Ah! ¡Ah! -dijo jadeante-.

 

-¡Que putos cerdos! No tocaba a ninguno de los otros tíos de clase ni con un palo. ¡Menuda panda de salidos! Pero a ti te dejo disfrutarme, al menos por hoy, se que te gustan las curvas y los pechotes. Lo vi en tu historial de internet. No te avergüences, no tiene malo que te atraigan las mujeres bien dotadas. Y tú me tienes aquí solita para ti, a la más tetona de clase dispuesta a recibir tu corrida. Vamos, ¡échame tu lefa sobre mis enormes ubres!

 

En ese momento Rubén, que hasta ahora había estado parado, comenzó a mover su pelvis hacia delante y hacia atrás sin control, estaba fuera de sí. Al minuto bramó ahogadamente:

 

-¡No aguanto!, ¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHH!

 

En ese momento Rubén retiró bruscamente su pene de entre mis senos, se incorporó un poco, subió hacia arriba rodilla izquierda para apoyar ese mismo pie sobre el colchón, y así poder apuntar en perpendicular hacia el pezón de mi seno derecho a unos diez centímetros. Se masturbaba como un loco su gran falo venoso, y en veinte segundos comenzó a gemir en un tono seco y rítmico mientras el orificio de su glande dejó escapar un chorro de semen ardiente. Impactó de lleno contra mi pezón derecho, y un segundo chorro contra la gran oscura aureola. Hubo un tercero, y tras él cambió como un relámpago de posición para bautizar con su leche mi pecho izquierdo con un cuarto disparo. Nunca había visto brotar tanto semen de un pene, ya que después del cuarto hubo otras cinco vigorosas eyaculaciones más, que literalmente rociaron completamente mi pecho izquierdo. Acto seguido, una vez que la décima contracción no dio lugar a un chorro, sino espermatozoides rezagados que salía sin presión cayendo sobre mi costilla, dirigió su glande a mi pecho derecho para recubrir con la misma dedicación toda su extensión con los vertidos que todavía emanaba de su gran falo.

 

-¡Te habrás quedado a gusto tú también! -Dije yo cuando acabó-. No había visto salir tanta lefa de un rabo en mi vida.

 

-Siempre me he corrido mucho, pero llevaba una semana sin cascármela, y con lo cachonda y buena que estas creo que me has vaciado los huevos. ¡En mi puta vida me había corrido así!

 

-Pásame una toalla para limpiarme, y ahora te toca comerme el chochete.

 

Todavía goteándole el pene se incorporó, cogió una toalla con la que me limpió con ternura, me beso durante un rato y comenzó a baja hacia mi entrepierna para comenzar con su tarea.

Tenía una lengua experimentada, o al menos yo no había sido lamida de esa manera antes. Mi ex no tenía una buena compresión de la anatomía femenina, y los otros dos eran demasiado bruscos y torpes, por no contar que en todas las ocasiones tenía que granjearme yo el clímax estimulando correctamente el clítoris. Pero en esta ocasión era diferente. Rubén sabía lo que hacía y combinaba unos lengüetazos certeros con un extraordinario masajeo manual de mi zona más erógena. Lo hacía genial, la verdad, pero no quería que se confiara, no quería que pensara que me podría complacer tan fácilmente. Además de reprimir lo máximo posible los gritos, traté de menospreciar su estimulación.

 

-Ponle un poco más de ganas Rubén cariño que no me quiero dormir.

 

-¿Te gusta más así? -dijo mientras cambiaba la posición de sus manos e introducía sus dedos índice y corazón de la mano izquierda, mientras con la derecha frotaba más enérgicamente el clítoris y su lengua acariciaba con pasión mis labios menores-.

 

¡Ah! Si bueno no está mal, un poco más de intensidad. ¡Ah! ¡AH!

 

Esa era la manera, sí. Ahora lo estaba haciendo perfecto, ni yo sola conseguía estimular así mi región vaginal. Me estaba acercando, veía la luz al final del túnel, al final del túnel del placer, me iba a correr de nuevo y no había pasado ni diez minutos desde que Rubén se había puesto manos a la obra. Mis manos hasta ahora se habían dedicado a rozar mis pezones y a pellizcarlos, pero ahora las dirigí a su cabeza. Lo agarré de su pelo, que era lo suficientemente largo para sujetar su cabeza con firmeza, y comencé a empujar su boca hacia mi abertura con fuerza. Sus manos estaban en la misma posición, acariciando con la lengua la apertura por la que iba a salir mi líquido, quería que entrara en su boca, que lo tragara accidentalmente, empapar su cara.

 

Estaba cachondísima y comencé a gemir rítmicamente al tiempo que apretaba firmemente su cabeza contra mi vagina y movía mi cuerpo como podía, por estar tumbada, para golpear con mi pubis contra su cara. En ese momento, los dedos índice y corazón de su mano izquierda apretaron fuertemente la pared de la entrada de mi vagina contra el reverso de mi pubis, al tiempo que su mano derecha frotaba enérgicamente mi clítoris. Su lengua, totalmente extendida saliendo de su boca abierta de par en par, revoloteaba agitadamente en todas las direcciones. Empecé a sentir que me meaba encima, hasta el punto en el que era inaguantable y en ese momento sentí un brutal latigazo de placer. De mi sexo salió, por segunda vez esa noche, un tremendo chorro transparente que entró directamente en la boca abierta de Rubén. Este no cesó la estimulación manual, simplemente cerro la boca e intentó apartar la cara. Pero yo lo tenía bien sujeto. Yo soy un chica fuerte debido a mi tamaño, y en esa posición no podía escaparse, además lo tenía prendido del pelo. Le forcé a dirigir su cara, con sus ojos cerrados, a mi eyaculación para empapársela entera. Nunca había dejado a ningún hombre correrse en mi cara, al menos hasta ahora, porque lo consideraba humillante. Pero siempre había querido hacerlo yo en la cara de un chico, estar al mando me excitaba muchísimo. Pero ninguno de mis tres anteriores amantes había accedido. Exigían que les permitiera eyacular sobre mi rostro antes. Esta era mi oportunidad de dominar, de sentirme como una diosa. Le calé hasta el pelo al pobre Rubén. Pensaba que después del primer orgasmo estaría vacía (nunca había experimentado dos seguidos en un día) pero esta vez parecía salir con más presión y vigor que nunca e increíblemente duro más rato. Lo puse todo perdido, las gotas que rebotaban en la cara de Rubén salpicaban en todas las direcciones, incluso a mi. La eyaculación fue perdiendo intensidad hasta simplemente salpicar unas gotitas, para luego parar completamente. Solté su pelo y dejé caer mis brazos hacia atrás, a ambos lados de mi cabeza. Yacía rendida, sin fuerzas, ida del mundo por el placer.

 

-Ah, ah,ah… -gemía yo secamente todavía-. No ha estado mal Rubén.

 

-¿No ha estado mal? Podrías haber llenado una piscina con tu corrida. En el porno arrasarías. ¡Joder! te lo juro que no imaginaba que echar tanto líquido era posible.

 

-Pues ya ves -dije incorporándome-.

 

Vi que su pene estaba de nuevo duro como una piedra.

 

-Parece que tu amiguito todavía quiere marcha -comenté yo-.

 

-Eso fijo, este te aguanta los que tú quieras.

 

Le pedí que me diera una toalla limpia y que se limpiara él la cara con otra. Era increíble, ya me sentía recuperada y estaba preparada para otro coito. Esto nunca había sido así, si alguna vez, rara vez, alcanzaba un orgasmo ya no necesitaba más. Pero aquella noche, a pesar de que la vagina me empezaba a escocer un poco, quería más.

 

-¿Tienes más condones? -le pregunté-.

 

-Sí.

 

Me di la vuelta postrando mis rodillas, espinillas y empeines contra el colchón, con mis codos y antebrazos apoyados de la misma forma. Puse mi generoso culo en pompa y abrí ligeramente mis piernas para que los labios de mi sexo se despegaran a modo de convite al pene de Rubén. Rubén capto la indirecta, se puso otro condón, y una vez de rodillas, fue acercando su verga a mi agujero vaginal. Comenzó a acariciar la parte exterior de mi vagina, y acumulando los restos de fluido en su mano, se dispuso a untar mi ano con ellos. Comenzó a acariciarlo con los cuatro dedos de su mano extendidos a modo de saludo, para terminar frotándolo con su dedo índice únicamente, tanteando su entrada. A pesar de que estaba disfrutando de este jugueteo previo, ya veía por donde iba esto y no me gustaba. Mi ano, de momento, era únicamente un orificio de salida, no de entrada y para Rubén no iba ser una excepción, al menos esta noche. Pero no tenía intención de mostrar a Rubén atisbos de posibilidades futuras, ni siquiera la de repetir esta noche de sexo.

 

-¿Qué crees que haces? -Le espeté yo-.

 

-Solo jugueteaba.

 

-¿Y después de tu dedito no ibas a meterme el pollón?

 

-Bueno yo…

 

-Deja mi culo en paz, el sexo de momento no va mal, no lo tuerzas. Mi ano es virgen y quiero que lo siga siendo. Y vamos a empezar ya que si no me voy a dormir.

 

No sé si mis comentarios bordes lo excitaban más o si estaban empezando a enfadarlo, ya que de seguido me metió su tranca como un burro y empezó a follarme a lo bestia. No solo entraba y salía a toda velocidad, sino que balanceándose hacia delante dejó caer su peso sobre mi, agarrándome de las tetas salvajemente y empujando con sus codos la cara anterior de mis muslos para poder penetrarme con profundidad. Mi chocho me dolía un poco, pero el placer era inhumano y no quise pararlo. Lejos de tranquilizarse, clavo sus uñas en mis tetas y me comenzó a envestir con la fuerza de un toro. Creía que me iba a desmayar de placer, pero el placer fue seguido por un agudo dolor, seguido del miedo a que se rajara el preservativo o que me desgarrara la vagina. Este último se apoderó de mi haciéndome olvidar el placer.

 

-¡Para! ¡Para! ¡Que pares, ostia! -le susurré lo más alto que pude mientras ponía mis manos tras mis mullidas nalgas como barrera-. Como sigas así vas a romper la goma o me vas a dejar sangrando.

 

-Pensaba que querías caña, tu cuerpo tiene pinta de aguantarlo todo, parece que está hecho para ser follado.

 

Ese comentario no me gustó nada y combinado con su brutalidad, me sentía bastante irritada. Cómo cambian los hombres cuando dejan de usar su cerebro y sus genitales les dominan la mente. Me apetecía darle un tortazo en ese momento y dejarlo a medias, pero me quería correr. Así que me recompuse, e intenté recordar que cuando no su lívido no estaba por las nubes era un buen chico. Le dije que se tumbara y que íbamos a terminar los dos conmigo arriba. Se tumbó a lo largo de la cama sujetando su pene con su mano derecha y yo caminé hasta estar de pies exactamente encima de su pene. Me arrodillé y con su ayuda introduje su mástil duro en mi concha.

 

-Ahora te voy a follar yo. Intenta correrte a la vez, y ni se te ocurra correrte antes. No esperes que te masturbe o que te deje tenerla dentro el tiempo que quieras para correrte -le aseveré mientras comenzaba a bombear- y no te muevas, déjame llevar el ritmo a mi.

 

-Dios que suave va, espero que te corras rápido porque no creo que te aguante ni cinco minutos más.

 

Comencé poco a poco cogiendo el ritmo, agarré con mis manos sus fibrosos bíceps para tenerlo bloqueado y que se moviera lo menos posible. Esta vez no quería estimulación en el clítoris, quería un orgasmo vaginal, como el primero que experimenté en mi vida con mi ex, cuando descubrí mi singular eyaculación femenina. Me incliné un poco hacia delante para que pudiera saborear mis pezones salados por su semen. Después, me incliné de nuevo hacia atrás y comencé suave pero cada vez fui cogiendo más carrerilla. En esta posición controlaba yo todo y no me dolía nada. Quería disfrutar un poco y después sería mi turno de follarme a Rubén a lo bestia, como una animal, sin control, me daba igual que se rompiera el condón, ya iría a por la píldora del día después. Desde luego en este punto me daba igual lo que le pasará a él y a su rabo, quería tener un orgasmo extraordinario para acabar, mejor que los anteriores. Si él acababa con el frenillo o la polla rota no me preocupara lo más mínimo. Estaba en un estado salvaje que nunca antes había experimentado. El que él me hubiera violentado unos minutos antes, con la rabia que me había generado y el placer que me cegaba el juicio, hacía que aporrease mi pubis contra el suyo con una fuerza implacable. Me di cuenta que botaba como una loca cayendo con todo mi peso sobre su miembro, me apoyaba con las yemas de mis dedos de sobre su pecho. Pasé de apoyar mis espinillas, rodillas y empeines sobre la cama a sentarme en posición de sentadilla usando como apoyo mis manos detrás de mis pies, para aumentar el ritmo del bombeo. Estaba alcanzando una velocidad vertiginosa. El placer comenzaba a nublarme la vista. Este polvo iba a ser irrepetible.

 

-Ahhhh, Ahhh ¡Oh! ¡OH! ¡Marina me corro! ¡Me corro!

 

En ese momento, arremetí con toda la fuerza que pude para aprovechar la estimulación de las contracciones producidas por la eyaculación de su pene para correrme a mares.

 

-¡Uhhhhhh! ¡Buaahhh! ¡Ahhheehh! -grité están vez no ahogadamente ni entre susurros, grité de verdad sin control-. ¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHHHH! ¡AAHHH! ¡AHHHH! ¡AHHH! ¡AHHH! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHAHHHHHHHAHHHHHHAHHHHH!

 

Esta vez la corrida fue como la suma de las dos anteriores, en potencia, cantidad y duración, el chorro salía con la misma presión que una cañería perforada. Según noté la primera contracción vaginal, instintivamente me recliné hacia atrás sacando su polla de mi chocho, y usando como soporte mi mano izquierda me estiré hacia atrás quedando plana como una mesa. Mi mano derecha fue directa a mi clítoris para aumentar el clímax supremo. Mi corrida llegó a manchar la pared en el lado contrario a la puerta, que yacía a dos metros y medio de mi posición. Según la potencia y cantidad fueron reduciéndose, el chorro regó a Rubén de camino de vuelta a la cueva del placer que lo había generado. ¡Menudo orgasmo! Fue monumental, la experiencia más placentera hasta entonces de mi vida, superando a los dos anteriores orgasmos, minutos antes.

 

Con las pocas fuerzas que me quedaban, me derrumbé en la cama desnuda junto a él y nos quedamos dormidos. Gracias la alarma semanal que había olvidado desactivar nos despertamos a las siete de la mañana, y pude llegar a casa antes de que mis padres se levantaran. Antes, limpiamos como pudimos el camarote con las toallas y devolvimos el colchón a su sitio. Le pedí que a Rubén que desechara los condones usados y bajé las toallas a casa y las escondí debajo de mi cama para lavarlas cuando mis padres se fueran de paseo esa misma tarde. Las manchas en las paredes todavía siguen ahí como resto de la batalla sexual que se llevó a cabo ayer. Rubén y yo juramos un voto de silencio por lo ocurrido, y hoy en clase, nos hemos comportado como si no hubiera pasado nada. Pero a mi se me humedece la entrepierna cada vez que pienso en lo que pasó, y estoy seguro de que Rubén se muere por repetir la experiencia. Pero ese encuentro, si me decido a darle otra oportunidad, Marina del futuro, lo encontrarás en las próximas entregas de este diario que escribiste.

 

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