El gran Musan

Había llegado el jefazo, Nina recibió su llamada para que se vieran esa misma mañana en su misma casa para poner en orden unos documentos referentes a los eventos que tenían programados. Nada más llegar su mujer le informó que había llevado a los hijos al club de equitación y después iría al hospital a ver a su padre, el cual se encontraba muy grave y dijo en tono apenado que de un día para otro esperaban el fatal desenlace. En vista de lo cual se verían en el chalé de operaciones al lado del complejo de discotecas y zona de ocio del cual era el propietario.
Nena contrariada, pero aceptando las circunstancias aprovechó para revisar la programación del fin de semana, llamo a los músicos y se cercioro que los invitados vip recibirían todas las garantías de una atención especial por parte del personal. Pensó que al menos podría haberla avisado con antelación. Su tiempo era oro, tenía que organizar infinidad de detalles y cosas que no podían dejarse para el último momento.
Llego y vio el Mercedes aparcado, no cabía duda que se encontraba en el chalé al menos. Habían quedado a las 10 y eran las 2 de la tarde. Menos mal que se paró a comer algo. Fue recibida por una mucama mulata.
¬— Buenos días, tenía una cita con el señor Musan.
— Sí, aunque ahora tiene una entrevista de trabajo, pero me ha dicho que podía pasar — dijo la mulata — me ha dicho que lo esperara en la terraza de la piscina.
Nena acompañada de la mucama se sentó en la terraza acristalada, podía oler el cloro, el sol estaba en su apogeo. Solo se oían jadeos en el recodo de la piscina. Nena dirigió su mirada a dicho lugar.
— No creo que tarde mucho el señor —dijo la mucama en tono resuelto.
Musan daba las últimas embestidas, su corpulenta espalda negra arqueada subía y bajaba, daba bufidos, resoplaba con vehemencia, sus poderosas nalgas se contraían en cada embestida. Unas piernas blancas estaban abiertas, podía verse el coño blanco penetrado, se contraía y se agrandaba a cada tacada. Vino un rugido gutural y dos contundentes arremetidas seguidas de un resoplido largo y sonoro.
— Ya le decía yo que no tardaría mucho — dijo la mucama mientras le servía un refrigerio y Musan se levantaba y se tiraba en la piscina.
Atravesó a grandes brazadas la piscina, solo se veía el borboteo del agua sobre su cabeza calva. Subió la escalerilla y se encamino hacía la terraza. Su fornido cuerpo goteaba agua. La mulata mucama le tendió una toalla, se secó su gran cabeza, se sonó su ancha nariz, se secó el negro pecho y al final mirando a Nena se pasó la toalla por su semiflacida gran polla, secando cuidadosamente sus testículos y la raja del culo. Desnudo cogió un habano y lo encendió. Callado en todo momento se sentó ante Nena, aspiro el humo del habano y torció los labios.
— Quería aclarar todos los puntos sobre el tema del fin de semana.
— Eres curranta —dijo Musan y callo un momento y la miró con aires de suficiencia —. Estoy deprimido, sabes, mi padre, el gran padre está en la últimas.
— Puede confiar en mí, no lo voy a decepcionar, todo el evento está garantizado, me he encargado personalmente.
— Confio en ti, no siempre se encuentra gente como tú, ahora mismo estaba con una entrevista de trabajo — al mismo tiempo que miraba como la chica se bañaba desnuda en la piscina —. Me la han recomendado, pero no sé…
Nena se había hecho a si misma, llego unos años atrás, su única obsesión era trabajar de relaciones públicas. Procedía de provincias, siempre le había asqueado esa vida aburrida y monótona, por eso a sus 24 años sin experiencias de la vida, con solo sus estudios de empresariales se había lanzado a la deriva. Dotada de un cuerpo corriente ( 165 cms, morena, delgada, de pechos generosos en forma de campana, culo pequeño respingón subido. Cara con pómulos marcados y barbilla ancha) sabía exhibir su gracia corporal. Nada más llegar se hizo en los ambientes nocturnos trabajando de camarera, aunque esa vida no le llenaba, deseaba dar más de sí. Su oportunidad vino a través de un animador de eventos, era el clásico ligón que sabía como funcionaba la movida y vio en Nena iniciativa y ganas. Obvia decir que dicho animador — como a tantas otras — la había gozado nada más conocerla; en una palabra: Se la tiraba.

Le explico a Nena que tenía mover los hilos para dicho fin, el ámbito que quería ella trabajar estaba controlado por el empresario Musan, un negro hecho a si mismo el cual, si quería el empleo, tendría que tener su visto bueno. Aunque había que pasar unos filtros y uno de ellos era el jefe de personal. Como deferencia y amistad, él se ofrecía, por amistad —y porque se la estaba follando dos veces por semana, aunque esto no lo dijo — dentro de lo posible, a buscarle una entrevista, ya que trataban algunos temas una vez por semana.

Cumplió lo prometido, Nena estaba presente sirviendo copas cuando vio que el animador hablaba con un señor bajito y gordinflón. El cual dirigió la mirada hacía Nina haciéndole un cotejo visual a fondo. Después con unas cabezadas ambiguas como el que no sabe se marchó con una rubia que le sacaba una cabeza. Entonces Nina comprendió que tendría que darlo todo, la competencia era feroz.
La mañana que a Nena le vino la regla recibió una llamada del jefe de personal, le instaba a tener una entrevista de trabajo. Maldiciendo su mala suerte se acicaló y a la hora ya se encontraba en la sala de espera. Al entrar en el despacho se encontró con la misma mirada escrutadora de ojos de cerdo que la miraban. Con aparente seguridad Nena se sentó.
— ¡Qué tenemos aquí! Bueno… —dijo juntándose las manos sobre la barriga—. Me han dicho
que tienes estudios…
— Sí, empresariales y un Master de comunicación.
— Bueno, bueno… una chica lista —dijo con cierta sorna—. Entonces quieres formar
parte de nuestro equipo de relaciones públicas —al mismo tiempo se levantaba —. Bien, bien… y qué más me cuentas de ti.
— Tengo ganas de aprender, no les defraudare.
— Sabes, el señor Musan quiere gente competente, llego aquí siendo un don nadie, y ya ves…
yo era su amigo y he visto como se ha hecho a el mismo — dijo dándole la vuelta y poniéndose a la espalda de Nena —. Igual te consigo una entrevista, sabías que somos de la misma edad… qué vas a saber… juventud… llevo de los 20 en este negocio, ya son 30 años… sabes…
— Sí, son grandes profesionales —dijo indecisa
— ¿Qué tenemos aquí? —dijo poniéndole una mano sobre el pecho para negreárselo—
llevas faldita, a ver esas piernas… bien.
Nena se subió la falda hasta el borde del tanga. Las pequeñas manos del jefe de personal las acariciaron, pasaron al interior de los muslos y al llegar al tanga Nina dijo:
— Tengo la regla —en tono angustiado.
— Hay tres orificios donde elegir, si uno está fuera de uso lo más normal es que tengas el culo
disponible ¿no?
— Es que… que me ha llamado está mañana… y… y me ha venido.
— ¿Sabes la cantidad de coños que hay por ahí con necesidad de ser follados? Pero tienes
razón, no te he avisado con antelación… sabes… sabes… no te preocupes — decía al mismo tiempo que manoseaba sus piernas—. Vamos al sofá, estarás mejor.
Ya en el sofá Nena se sentó, sin más dilación el se bajó los pantalones hasta los tobillos. Una polla pequeña pero gruesa en erección apuntaba la cara de Nena, con su mano izquierda agarro los testículos peludos y con la otra empezó a pajearlo. Él se deshizo de ella, el pequeño macho quería llevar la voz cantante.
— ¡Despelótate! quiero ver tu potencial —dijo tajante.
— Ya le he dicho que…
— Déjate las putas bragas puestas, entonces.
Nina se despojó de su blusa y falda, así como su sujetador, quedaron sus pechos al aire. Y en esa posición —ella de pie— él la hizo girar sobre si misma.
— Aceptable, si… sabes… te catalogaría en un 7 sobre 10 —dijo en tono insolente—. A ver que tenemos ahí — al mismo tiempo que apartaba la parte delantera del tanga y salía el hilo de la támpax—. Veo que llevas el triángulo de vello. Vamos a ver tu retaguardia — dijo apartando el hilo del tanga y abriéndole las nalgas—. ¿No haces mucho culo, verdad?
— No… no mucho… a veces, pero no…
— ¡Empieza comiéndome el rabo, puta!
Nena se sentó en el sofá y abriendo la boca engulló todo el pene, no era difícil debido al tamaño del miembro. Hizo movimientos circulares con la lengua sobre el glande, al mismo tiempo que masajeaba los testículos. Empezó a gemir como un cerdo, Nena pensó que si seguía así se ahorraría la enculada, por lo cual se aplicó un 100% a la chupada. No iba desencaminada, el cerdo estaba extasiado.
— ¡Oh! ¡Ah! ¡Mmm! Eres buena mamadora, qué hijaputa… ¡Oh!
Nena vio que estaba en fase prelefada y introdujo un dedo en el culo. No tardó en explotar.
— ¡¡¡ Ohhhhhhhhhhh!!! ¡¡¡ Ohhhhhhhhhhh!!! — ronroneaba al mismo tiempo que con sus
manos atenazaba la nuca de Nena—. Esta por tu licenciatura — mientras bombeaba de una tacada la boca de Nena y la dejaba clavada y empezaba el primer deslefe—. Esta otra por tu Master—dio otra tacada vaciando más— y esta otra ¡¡¡por lo puta que eres!!! —exclamo corriéndose de forma total.
La boca de Nena quedo llena de lefa, le salían hilillos por la boca, la polla aún estaba en su boca. Por fin se soltó. Nena corrió a su bolso y en un Kleenex escupió el esperma. La polla del jefe de personal —estaba de pie— goteaba. Se subió los pantalones y con la blusa que estaba encima del sofá se limpió el pene y los genitales. Midió con la mirada a Nena en señal de que disfrutaba de la gloria obtenida.
Un año después ella recordaba todo esto sentada delante de Musan, ya era una confidente más del gran jefe Musan. Podía ver como estaba sentado delante de ella con su órgano grande y largo como una porra ladeado ya en estado de flacidez escuchando las viscitudes y las glorias del interlocutor.
— Llegué aquí por mis propios méritos —dijo Musan—, me consideraban un puto negrata de
mierda y les di una lección —al mismo tiempo señalaba la piscina y el chalé—, ya ves, incluso contraté a gente que no era de mi raza, el jefe de personal, el cual ya conoces era mi amigo, y puedes darte cuenta de donde está ahora. Treinta años desde que vine… lo conseguí a base de esfuerzo — dijo en tono prosaico—. Tengo dos adorables hijos, una mujer blanca, sí, blanca, porque creo en la integración racial.
Tras el sermón salomónico de Musan a Nena le vinieron recuerdos pretéritos, para ser más exactos el día que le informaron que estaba citada por primera vez con Musan. Había pasado un mes y Nena tras su visita al jefe de personal había perdido la esperanza. Su sorpresa vino cuando ya estaba dispuesta a arrojar la toalla. Solicita fue a dar las gracias a su amigo el animador el cual ese día sintiéndolo mucho no podía celebrarlo con ella ya que tenía trabajo y después había quedado con un “pibón de tía” según palabras textuales. Le aconsejó que lo diera/pusiera todo de su parte, que era lo más “brutal” que podía pasarle.
Llegado el día se maquillo, después eligió una falda corta con una blusa con estampados veraniegos. Sujetador negro con transparencias igual que un tanga de hilo, negro también. Tuvo que esperar cerca de una hora antes que Musan desde su sillón gritara que podía entrar. La primera impresión impacto mucho a Nena. Sentado fumando un puro con la camisa abierta del cual colgaba un collar de oro grueso, en ambas orejas dos pendientes de diamante. Su corporeidad y negrura de la piel imponían. Tras sentarse, los ojos de serpiente de Musan la escrutaron sin mediar palabra en un lapso de tiempo interminable para Nena.
— Me han informado que eres competente y estás formada, ¿digo bien? —dijo Musan en
en tono imperativo—. Tengo falta urgente de gente que se encargue de las relaciones públicas.
— Sí, como bien informe al jefe de personal.
— Mi mucama te dará todo el papeleo y los contactos con los que trabajamos —contesto
tajante Musan—. Después nos vemos en la terraza —al mismo tiempo que hacía un gesto con la mano para que se fuera.
Entusiasmada recibió todos los expedientes relativos a su trabajo y espero en la terraza.
Musan, con sus casi dos metros de estatura apareció con un bañador tanga estampado de motivos de tigre. Un bulto descomunal en su parte delantera acrecentaba la sensación de poderío varonil. En sus gruesos labios llevaba soldado su puro humeante. Tomando la voz cantante dijo:
— ¡Escupes!
— ¿Có… có… como dice? Yo… no… no sé… de qué… qué m-m-me habla —contesto indecisa.
Entonces Musan se agarró el paquete por encima del tanga como un saludo de lenguaje
corporal y plenitud de virilidad. La rapidez de esa reacción sorprendió a Nena, y fue a partir de ese momento que se dio cuenta que se iba a producir un fenómeno sexual nuevo en su vida.
Musan se sacó sus atributos sin destangarse sacándoselos, por un lado, se acercó, Nena vio aquel garrote descomunal que se acercaba a su cara.
— ¡Prueba a meterte esta! ¡A ver si es como la que saboreaste para venir aquí!
Las comparaciones eran evidentes, sin embargo, abrió su boca y bordeo el glande, tenía forma de cono negro enorme, con su lengua empezó movimientos circulares, en cada giro dejaba una estela de saliva. Musan con una mano cogió la mandíbula de su cara y apretó la quijada lo que hizo que Nena abriera la boca. Ipso facto le introdujo su polla. Nena noto el gran cipote en su garganta obstruyéndola. Su respiración se volvió nasal emitiendo bufidos intensos. Musan hostigo más su boca en otra embestida. Nena era incapaz de obtener el aire suficiente y empezó a moquear por la nariz. Empezó a hipar. Sus mejillas parecían las de un pez globo. Sus ojos almendrados empezaron a enrojecerse y a lagrimear. Corpulento y expansivo Musan la miraba a los ojos, gozaba como un animal, como macho alfa dominador estaba en su salsa.
Otro personaje los estaba observando, era el jardinero; cincuentón mulato y fiel servidor de Musan. Bajo las acacias a no mucha distancia los observaba, admiraba a su patrón, de hecho, minutos antes le había dicho que fuera al jardín, pensó que quería gratificarlo como otras veces, ya bien mirando con pajote al cante, o bien obsequiarlo con los descartes del patrón. Por eso no había iniciado su masturbación no sabiendo a qué atenerse. Admiró esa manera de follar la boca sin precalentamiento ni haberla despelotado; le impresionaba esa posición de dominio. Pensaba que su patrón era el puto dios.
Musan le tenía incrustada la polla en la boca, empezó a emitir sonidos guturales. Nina ya estaba dando arcadas. Se atragantaba.
— ¡¡ Waggg!! ¡¡ uhhhhhhhh aaahhhh aaaaagggg!!
— Ya terminamos, aguanta puta — dijo Musan y con un ladeo aguanto la mirada de complicidad del jardinero.
— Glup, glup, glup.
— ¡¡Oh, ya queda poco puta!!
La cara de Nena tenía la tonalidad rojo sangre, las lágrimas le habían embarrado todo el
maquillaje, su cara estaba tensada y llena de mucosidad, hacía intentos de apartar la cabeza, pero su nuca estaba apretada por las manos de Musan. Levantó los brazos y cerro los puños en señal de rendición. Musan exhalaba aire a borbotones y gemia.
— ¡¡Oh!! ¡¡Ummm!! A… a… a… la… la… de diez: diez, nueve, ocho… ¡¡Oh!! ¡¡Umm!! Siete, seis, cinco, c-c-c-cuatro… ¡¡Oh!! ¡¡Umm!!… T-t-t-tres… ¡¡Oh!! ¡¡Umm!!… dos, u-u-uno. ¡¡¡Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!! ¡¡¡ Ahhhhhhhhhhhhhhhh!!! —Mientras le atenazaba la nuca.
Musan sacó su polla aún goteante, Nina empezó a respirar fuerte, tosió. Musan le tapo la boca.
— ¡¡Trágatelo todo!!
— Glup, glup, glup, glup.
Volvió a coger todo el aire que pudo, respiraba de forma fatigosa, su pecho se hinchaba y deshinchaba. Musan miró al jardinero y dijo:
— ¿Te apetece continuar mientras descanso un rato?
Presto y veloz como un rayo acudió bajo la terraza, Nena permanecía sentada, estaba rendida. La cogió en volandas y la sentó encima de la mesa. Ella afianzo su postura extendiendo los brazos y reposando las manos sobre la superficie. Su falda fue levantada, su tanga apartado. Se desabrocho los pantalones sacó su polla ya envarada, le levanto las piernas, puso su glande a la altura del coño y embistió sin contemplaciones. Nena con su cabeza baja observaba como la polla le entraba y salía. Cada arremetida la hacía oscilar. El jardinero miraba de reojo a Musan, el cual estaba sentado fumando su puro.
— No te cortes, puedes tratarla como quieras —dijo Musan en tono despectivo y mirándola a ella.
— ¿Te gusta? ¿No dices nada, puta? ¡¡Toma polla!! —dijo el jardinero con la cara desencajada y las mandíbulas apretadas.
Nena cabeceaba con el pelo desgreñado, balbuceaba incongruencias.
— ¡No será porque no estés mojada, puta —dijo el jardinero dando más potencia a sus embestidas— ¡¡¡Toma, toma, toma y toma!!! ¡¡¡Ohhhhhhhhhhhhhh!!! ¡¡¡Me corroooooooooooooooooooooo!!! — dijo al mismo tiempo que quedaba inmóvil.
La cara de Nena era un poema, le caían hilillos de semen y saliva por la boca, de sus orificios
nasales asomaba moco. Intento reincorporarse cuando el jardinero la dejo, se tambaleaba al estar de pie.
— ¿Y ahora qué? —dijo Musan mientras chupaba el puro.
— ¡Reviéntele el culo a esta puta blanca! — respondió el jardinero tirando de su blusa y de su
falda y después le quitaba de forma brusca el sujetador y el tanga.
— No es mala idea —dijo Musan al mismo tiempo que se levantaba.
Ya en erección Musan la cogió por sus caderas, la volteo y la desplomó sobre la mesa. Con las
piernas tensadas y los muslos contraídos embistió la zona anal de Nina. El ojete de Nina opuso resistencia nada más encajado el gran glande. Airado Musan con sus manos extendió las nalgas de Nina cotejando las posibilidades. Escupió sonoramente en el culo.
— ¿Qué pasa jefe, no entra? — dijo el jardinero ansioso.
— ¡La hijaputa es cerrada de cojones! ¿No haces culo nena?
— E-e-es qué… qué… qué… la tiene muy grande — dijo Nina con voz desencajada al mismo
que intentaba reincorporarse.
— Voy a ver si encuentro algo por ahí jefe — dijo diligente el jardinero ya caminado hacía el
chalet abrochándose los pantalones.
Mientras tanto Nina cogía algo de respiro intentando erguirse para conseguir la verticalidad, cosa que no logró ya que Musan empujó su espalda para volverla a tumbar boca abajo sobre la mesa y dar unas caldas a su puro. Mientras tanto el jardinero entraba alterado en la cocina exclamando a la mucama:
— ¡¡El jefe necesita algo que engrase!!
— Le estáis dando caña, eh, y ahora quiere terminar de reventar a la puta blanquita — dijo
ella abriendo el botiquín de la pared para ir sacando un bote de vaselina, lo abrió y desprecintó una considerable jeringuilla, de la cual estiró el embolo hasta que el tubo quedo lleno para después quitarle la aguja y en su lugar dotarla de una dura cánula —. Toma y métele una generosa ración en su puto culo de blanca, al jefe le gusta meterla entera y que se deslice bien.
El jardinero encontró a Musan de pie fumando y ella en la misma posición, su mirada estaba llena de aborrecimiento, estaba claro que Musan establecía una clara posición de dominio. Con un gesto de la cabeza Musan dio a entender que le administrara vía rectal el remedio. Solícito el jardinero abrió las nalgas y introdujo la cánula en el conducto y empujo el embolo suministrándole una buena dosis. Con una habilidosa maniobra también unto la entrada del ano y los laterales de las nalgas, lo cual Musan en una leve sonrisa de condescendencia agradeció.
— Veo que sabes, siempre es bueno tener la parte de la entrada deslizante.
— ¿Se lo abro? — preguntó el jardinero y Musan con la cabeza le dijo que si.
Las nalgas fueran abiertas de par en par por el jardinero. Seguro de si mismo Musan puso su cipote a la altura del ojete, con una de sus manos cogió su tronco y apoyo su glande en medio de las nalgas. Autopropulsado Musan embistió con decisión dejando empotrada media polla. Nena emitió un atronador aullido.
— ¿La notas, verdad, qué dices, verdad que la notas guarra? — preguntó con voz acelerada
Musan.
— ¡Sí! ¡No estoy acostumbrada a anal! —gritó Nena con todas sus fuerzas.
— ¡Métasela toda, yo abriré más! — dijo el jardinero estirando más las nalgas a la vez que
Musan daba una segunda acometida dejando todo su potencial fálico incrustado en la zona rectal.
— ¡Ay! ¡Me duele! ¡Uff! ¡Por favor! ¡¡Paaaaare!!
— ¡Dele caña jefe! ¡ sin compasión! — grito el jardinero mientras Nena intentaba levantarse,
arañaba la mesa y Musan perdía la profundidad rectal que necesitaba su polla para la penetración total.
— ¡Sujétala delante, ya me ocupo yo de la abertura anal! — ordenó Musan.
Ya en la parte delantera el jardinero le agarró las manos, los pechos Nena estaban aplastados contra la mesa. Una vez en esta posición Nena recibió un sonoro trallazo que la hizo gritar. El gran pene de Musan volvía a estar remachado hasta el fondo. Retomó posición, arqueo su cuerpo en marcha atrás sacando la polla y volvió a atacar con más rabia. El cuerpo negro y musculoso de Musan estaba empapado de sudor, apretaba la mandíbula y sus ojos estaban inyectados en sangre.
— ¡Sin compasión jefe, yo la agarro! ¡Reviéntele bien ese culo de blanca! —Nena volvió a
gritar y en ese momento el jardinero la morreo. Nena notaba el aliento fétido del jardinero, notó la lengua que se removía en el interior de su boca. En su parte trasera notaba la intensidad de la polla de Musan, como un golpe que palpitaba en su interior una y otra vez.
Musan empezó a bramar como un toro al mismo tiempo que daba tortazos a las nalgas de Nena volviéndolas rojas. Su polla al adentrarse en el ano de Nena se asemejaba a un rompehielos que se abriera paso en un mar congelado. Nena suplicaba, pero Musan continuaba con más brío sus embestidas como si la negación de Nena fuera parte del poder adictivo del gozo. Nena intentaba erguirse y era morreada. Sus pechos cuando no estaban aplastados en la mesa pendulaban en los embates. Los movimientos de Musan se volvieron como descargas eléctricas señal inequívoca de descarga. Fueron cinco pistonazos a presión. En los dos últimos fueron golpes secos acompañados de un atronador “ Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh”.
Nena mientras escuchaba a Musan su sinceridad y le mostraba el alma agradecía toda la confianza que Musan había puesto en ella, aunque tampoco olvidaba que había sido a costa de sacrificar todos sus orificios. Los lectores sacaran conclusiones si ha valido o no la pena.

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