En Familia. Pt2

Estuve esquivando a Guillermo por semanas. Solo visitaba a Alex y a Chris cuando él se encontraba en el trabajo o salía. Por desgracia no pude ocultarme por mucho tiempo y a las dos semanas de lo ocurrido nos topamos en la esquina de su casa.

— No te he visto en semanas, ¿sucede algo?— mi cara comenzó a ruborizarse y mis labios se sellaron—, no comprendo qué hice mal. Si es por lo que sucedió entre no…

—¡¡Shhh!!, no hablemos de eso aquí. —Estaba espantado, no sabía qué decir, qué hacer, dónde esconderme.

— Fue rico, si quieres que repitamos yo encantado. Ahora debo marcharme, adiós.

Me quedé inmóvil mientras marchaba, el padre de mis amigos estaba proponiéndome tener sexo nuevamente. No sabía cómo reaccionar a eso.

Los días pasaron, comencé a ver a Guillermo más seguido, ya no me sentía tan avergonzado, pero trataba de evitar quedar a solas con él, aunque nunca me dijo nada incómodo. Por desgracia no podía borrar de mi mente lo que había ocurrido, y muchas veces desperté empapado luego de soñar con él. Quería probarlo nuevamente, y estaba cada vez más desesperado.

Se acercó fin de año, tiempo de vacaciones, como plan familiar Guillermo tenían la fabulosa idea de salir de campamento. Obviamente como amigo de todos en la casa fui invitado. Traté de negarme pero fue imposible decir que no. La salida sería luego de navidad, antes de año nuevo. Por lo que pasada la navidad con mi familia partimos de campamento. Dos carpas; una para Guillermo y la otra para nosotros tres.

El primer día del paseo transcurrió normal, dejamos el auto en un estacionamiento fuera del lugar y comenzamos a caminar. El lugar donde nos instalamos no era lejos del auto, y para ser sincero encontraba que demasiado cerca del río, con mi pésima estabilidad sentía que podría caer en cualquier momento al agua. Luego de instalar las carpas decidimos bañarnos en aquel río de agua tan clara.

— ¡Me recago en Cristo, por la puta!, el agua está demasiado fría.

Todos me miraron y comenzaron a reír, no soporté el frío del agua y me salí de ella de inmediato, me senté a contemplarlos bañarse mientras me bebía una cerveza sentado en la orilla tapándome por completo con la toalla. Jugaban tranquilos aquellos tres hombres, bueno, más que nada solo estaba enfocado en uno, Guillermo y su pecho velludo brillando lleno de gotas de agua.

Llegó la noche, todos bebíamos y comíamos algún trozo de carne que Guillermo había asado y una ensalada de tomates con cebolla que Christián había preparado. Entre copas de vino y vasos de cerveza comenzamos a embriagarnos. Christián fue el primero en ir a dormir, estaba cansado, y nadie se opuso a que se marchara. Las horas pasaron y el alcohol nos tenía más embriagados. Alex decidió ir a dormir, se despidió de su padre, me alzó la cabeza en señal de “nos vemos” mientras hacía signo de paz con sus dedos cuando se perdía en la carpa.

— Tendrás que dormir con papá, acá no caeremos los tres, Christián está ocupando mucho espacio.

— ¿QUÉ? — Algo asustado y desesperado.

— Que duermas en la carpa con mi papá— gritaba desde la carpa—, acá no hay espacio.

— Está bien, dormirá conmigo— mientras me miraba y sonreía de manera picarona.

Me quedé callado y me bebí mi cerveza de manera tranquila. Guillermo se levantó de donde se encontraba para sentarse a mi lado, me abrazó por sobre los hombros y me preguntó; “Si no estás cómodo conmigo, puedo ir a dormir al auto ¿qué dices?”. Moví la cabeza en señal de negación y me sonrojé. Tenía la oportunidad de volver a estar con él, pero estaban sus hijos en la otra carpa, algo ebrios y cansados, pero no podía hacer algo con él, nos podrían escuchar.

— Es hora de dormir— me levanté y comencé a caminar hacia la carpa.

— Alto, he olvidado los sacos de dormir en el auto, acá están las llaves, ve por ellos, yo apagaré la fogata.

Fui lentamente ya que no veía muy bien en la oscuridad, llegué al auto pero no encontré los sacos de dormir. Estaba cerrando el maletero cuando aparece Guillermo, sabía porqué venía, y me sentí feliz.

Tomó mi cara y me besó; “no aguantaba más”; en voz baja. Me tomó de las caderas y me sentó sobre el maletero del auto mientras me besaba. Con gran facilidad desnudó mi torso, se quitó su jersey y la camisa que llevaba y se apegó a mi. Me bajó del maletero y me giró. Su barbilla en mi cuello, mientras lamía y mordía mi lóbulo izquierdo era todo lo que necesitaba. Bajó mi pantalón de buzo y sentí que él ya estaba desnudo para abajo. Escupió su mano y tocó mi culo humedeciéndolo, mientras su pene duro y recto entraba en mi culo. Todo pasó rápido, su pene grueso estaba dentro mío, lo sentía, se movía suavemente, no eran embestidas con fuerza, eran suaves y llenas de placer para ambos, él respiraba en mi cuello mientras me tocaba el pene.

— Esta vez no te vayas tan pronto.

Siguió metiéndome su pene por un rato y luego lo sacó, me giró, se agachó y su lengua comenzó a rozar mi glande, sentía mi pene explotar de placer. Comenzó a tragarlo con más ímpetu, podía sentir como succionaba mi pene por completo, lamió mis bolas, comenzó a masturbarme mientras lamía mi glande. Mi semen cayó en su boca, salpicando su nariz. Con sus dedos llevó lo de su nariz a su boca, subió y me besó, mi boca estaba llena de mi semen y su saliva. Me sentía aún excitado y quería sentir su pene en mi nuevamente.

— Vamos.

— Qué, acaso no quieres seguir.

— Sí, pero no aquí. Vamos a la carpa.

— Nos escucharán.

— No, lo prometo.

Nos marchamos al lugar donde estábamos, me besó al costado de la fogata y quitó de mis manos las prendas que traía.

— Bañémonos, el agua a esta hora no está tan fría.

— No me importa si está fría.

Lo decía en serio, quería de él, no me importaba sentir el agua fría, pero por extraño que suene tenía razón, el agua estaba a una temperatura mucho más agradable. Estuvimos unos minutos en el agua, me besó y nos fuimos a la carpa, ahí nos secamos y acomodamos sobre el colchón inflable.

Me volvió a besar, pero esta vez no aguanté mucho y me escurrí entre sus brazos para lamer sus bolas, sus grandes bolas, las que colgaban bajo su enorme pene duro y grueso. Luego comencé a saborear su glande, el cual carecía de sabor en ese momento debido al agua del río. Con nuestros cuerpos aun algo húmedos por el agua, volví a lamer sus bolas y con su mano me bajó la cabeza a su periné y luego al agujero de su culo. Seguí lamiendo, su culo era apretado, se notaba que nunca había entrado algo por él, peludo y masculino. Me tomó con sus manos y me puso en cuatro, era su turno de lamer mi culo. Hundió su barbilla en mi culo y su boca comenzó a succionar, de repente sentí que escupió y se enderezó.

Con sus manos abrió mi culo, lo miró por un momento y me embistió de manera dura. Estuve a punto de gritar, pero estaban sus hijos en la carpa del lado, no podíamos hacer ruido. Me tomó del cuello, me llevó hacia atrás mientras su pene entraba y salía de mi culo una y otra vez. Tapó mi boca y cada vez me embestía más duro, con su mano libre me apretaba mis nalgas brutalmente y sus dientes mordían mis lóbulos.

En un momento de descuido sacó su mano de mi boca y con sus dos manos tomó mi cintura. Su embestida se hizo más lenta pero más fuerte, sentía que me partía de placer y mis gemidos silenciosos comenzaron a dejar de serlo. Sacó su pene de mi culo, me lanzó contra la cama y su leche caía sobre mí, sobre mis pectorales, mi cara, mi pelo y mis brazos. Con su mano limpió cada parte de mi cuerpo y me lo dio de beber. Tenía un sabor algo amargo, no como el mío que me había hecho probar antes. Este era mejor, era grueso, se sentía como un picor por mi garganta, pero no podía dejar de saborear sus dedos.

Finalmente se acostó a mi lado, nos pusimos ropa interior y nos besamos hasta quedarnos dormidos. Al día siguiente al despertar, me besó suavemente y salió de la carpa. Por lo visto, ya no debía sentir más vergüenza de lo nuestro, ya que se volvería a repetir.

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