Transcurrían los últimos días de febrero, las clases comenzarían en un par de días y nuestro último fin de semana quisimos pasarlo en la playa. Por desgracia Guillermo no iría, pero no había problema, Guillermo me había hecho prometerle que no estaría con nadie y que mi culo sería solo de él. Esta relación secreta me gustaba, aunque a veces me recorría un cargo de conciencia al engañar a mis amigos de esta manera, pero no podía evitarlo. Guillermo era todo lo que podía pensar.

Alex estaba saliendo con un muchacho que conocimos en Viña del Mar durante esa semana, era un chico Argentino de pelo oscuro y piel clara, por lo que me quedaba más que nada con Christián, aunque eso cambió luego de dos días ya que Christián conoció a una chica santiaguina de la cuál no se despegaba. Y así terminé solo.

El primer día de mi soledad me quedé todo el día en el departamento que arrendó Guillermo para los tres, masturbándome y viendo porno. El segundo día decidí salir a bailar, aunque me aburrí pronto y a las 2 de la madrugada ya estaba de vuelta. Para mi sorpresa Alex se encontraba con el chico argentino; Vicente, tomando unos vasos de Ron cola.

— Amigo, quieres tomar con nosotros, es la despedida, Chente se marcha mañana.

— Oh, tan pronto, es una lástima no haber compartido más.

— Ahora es el momento, ven, elige tú una canción ahora.

Eran alrededor de las 7 de la mañana cuando Chris llegó, todos bebíamos.

— Qué mierda te pasó— me paré de un salto y corrí a ver a Chris.

— Estoy bien, no jodas— mientras cerraba la puerta de su habitación en mi cara.

— Estás sangrando, deja verte.

— Solo me caí y me hice unos rasguños.

— Estás seguro, puedo limpiar tu herida.

— Déjame solo. Estoy bien.

Alex se bebió su vaso, tomó la mano de Vicente y se marcharon a su habitación. Pero yo no podía pensar en otra cosa que Christián y su cara ensangrentada. Me armé de valor y me dirigí a su cuarto. Estaba en la ducha, al salir me vio sentado en su cama.

— ¿Qué haces?

— Estoy preocupado.

— En realidad me caí, aunque no me duele tanto. Si quieres puedes revisar.

Se sentó en la cama y comencé a examinar, le terminé aplicando una crema antiséptica entre un par de quejas de dolor. Se pondría bien.

— Gracias, siento el portazo, solo que estaba molesto por mi caída.

— No te preocupes, no pasa nada.

Alex estaba aún envuelto en su toalla, algo nervioso.

— Me iré, así puedes vestirte y descansar.

— No, quédate — Se puso un short sin sacar su toalla, luego una polera y aplicó desodorante en barra en sus axilas—. Imagino que no estás muy cómodo, te hemos dejado algo solo, lo siento. En todo caso Andrea ya se marchó, así que tendremos tiempo para salir.

— Vicente igual se marcha, estaremos los tres.

— Sí, aunque dudo que Alex esté mucho con nosotros, ya se encontrará a alguien.

— Tú igual lo harás.

— Ya basta de chicas para mi, solo traen problemas—reímos—. Y tú, porqué estás solo, no entiendo, eres bastante guapo, deberías salir con chicas.

— Chicos.

— Como sea — rió.

— Creo que no he conocido al adecuado —Mentí.

— Pero no es necesario buscar un adecuado, solo debes divertirte.

— No sé— “es que tengo sexo con tu padre solamente”, pensé.

— A veces eres raro. Dormiré.

— Está bien, me marcho.

— No, quédate acá. Ando algo, pensativo, no quiero estar solo.

Le sonreí y nos acomodamos en la pequeña cama. Comenzamos a charlar de nuestros gustos en común, de los deportes que le gustaban, de chicas, chicos, amistades y otras cosas que no recuerdo. En algún momento se durmió, besé su mejilla izquierda y me marché.

Vicente se había marchado hace una hora y Alex ya tenía otra cita, por suerte Chris había prometido no abandonarme, así que fuimos a cenar a un restaurante al borde costero y luego decidimos descansar/tomar algo en el departamento. A las 1 de la madrugada comenzamos a jugar poker y el ganador de cada ronda le daba una penitencia al otro. Al principio apostamos shots de tequila, luego todo comenzó a distorsionarse. Nunca, nunca. Verdad o reto. En algún momento de la noche tuve que sacarme la polera. Luego el desquite fue un striptease. Nunca imaginé que Chris podía ser tan sexy, no sé si fue el alcohol o la falta de acción que me hizo ver a Chris con otros ojos. Su cuerpo tonificado, su piel bronceada, su piel suave, su delgado y castaño camino a la felicidad y sus pectorales cubiertos de pequeños vellos del mismo color lograron prenderme. Sus ojos ya pequeños por el alcohol y su sonrisa perfecta que parecía unir sus orejas en una línea blanca, despertaron en mí más que mi imaginación. Su bóxer ceñido a su firme trasero, sus piernas duras y su paquete voluptuoso me tenían acalorado.

— Te reto a bailar sexy para mi.

Me levanté sin decir nada y comencé a mover mis caderas, me acerqué y comencé a sacar mi pantalón aun teniendo mi pene erecto, quedando solo en bóxer, sentí su nalgada en mi culo y sonreí de espalda a él. Me giré y senté sobre él mientras me movía, sentí su nerviosismo por mi erección, pero no me detuve, lo miraba fijamente mientras me mordía los labios. Se puso de pie levantándome, enrollé mis piernas en su cintura, me posó sobre el sofá y sonrió.

— Te reto a que me des un beso- reí.

— No era necesario eso, lo iba a hacer de todos modos.

Sus labios chocaron con los míos, comenzó a abrir su boca y sentí su lengua deslizarse hacia la mía, su boca sabía dulce, a roncola y menta. Mis manos acariciaban su cabeza, su cabello suave y marrón. Su mano estaba en una de mis piernas y la otra sujetaba su cuerpo para no aplastarme.

No sabía qué pasaba, Christian, el hermano mayor de mi amigo, el hijo del hombre que me follaba, el joven heterosexual que se había convertido en mi amigo estaba sobre mi, besándome, tocándome y provocando más de lo que pensé en algún momento de la noche sentir.

Su mano se deslizó de mi pierna a mi bóxer para arrancarlo suavemente, con mis piernas le bajé el suyo. Quedó su pene erecto curvo rozando mi piel. Nuestros penes se tocaron, él se movía sobre mi mientras me seguía besando suavemente. Levanté mi pierna para que su cuerpo se pegara más al mío, sentí sus músculos contraerse. Se detuvo por un momento, miró a mis ojos y sonrió.

Nos giramos quedando sobre él, con mi mano sujeté su pene, era largo, más largo que el de su padre, pero más delgado, tenía las venas marcadas y estaba levemente curvado hacia arriba. Me bajé de él quedando en cuclillas en el suelo y él recostado en el sofá, nuestras miradas se cruzaron, mordió su labio inferior y los míos besaron su glande, mi lengua comenzó a lamer su pene, olía levemente a sudor y tenía un sabor algo dulce, comencé a disfrutar de aquel pene venoso y largo que tenía frente a mi. Con su mano derecha me acariciaba el cabello y la otra la tenía tras su cabeza. Me alejé un momento, tomé su vaso, sorbí un trago y se lo entregué. Seguí lamiendo su pene por un buen rato más, entre gemidos y entrecerradas de ojos de pronto se incorporó.

— Te quiero mío.

Tomó mis brazos y me levantó del suelo para quedar de pié frente a frente, él superándome por un par de centímetros en tamaño. Sus ojos avellana estaban llenos de deseo. Volvió a besarme, y me guió al sofá. Me puse en cuatro, de su pantalón que estaba en el suelo sacó dos sobres. Abrió uno y se puso un preservativo, luego tocó la abertura de mi culo, sentí una risa suave y nerviosa. Abrió el otro sobre que hasta ahora no sabía qué era, volvió a tocar mi culo, lubricante. Ya no estaba con un hombre bruto que solo usaría saliva, estaba con un caballero, suave y tierno para tratar. Su pene se posó lubricado en mi agujero y suavemente comenzó a entrar, sentía como su pene llegaba cada vez más dentro de mí y comenzó a moverse sutilmente. Comencé a gemir de forma suave, era solo placer, no había dolor. Con cada embestida aumentaba la rapidez y también mi placer, luego entró más, sentía que tocaba algo en mi que nunca había sentido, su pene largo entró por completo y con ello mi placer aumentó. Sacó su pene, me levantó y se sentó en el sofá, con discreción me guió a sentarme sobre él mirando nuestras caras.

Su pene entraba nuevamente en mi, pero ahora yo llevaba el ritmo, y por lo visto ahora estaba completamente dentro mío, gemía y tocaba su cabello mientras él besaba mi clavícula al mismo tiempo que sus manos acariciaban y sujetaban mi cintura. Me mira y me besa, su frente empapada en sudor, sus besos dulces y su pene en mi interior me hacían sentir poderoso. Miraba su cara de placer con cada movimiento que hacía. Se levantó con su pene dentro mío, me recostó sobre el sofá, mis piernas sobre sus hombros, sujetando por los tobillos con sus manos y entrando y saliendo de mi. Sus ojos enfocados en la forma en que me clavaba mientras yo solo gemía.

— Mastúrbate, acabemos juntos— besando mi tobillo derecho.

Comencé a masturbarme mientras él me miraba fijamente. Gemía de placer y su sudor caía sobre mi. Sus embestidas eran más fuertes y profundas a medida que aumentaba mi excitación. En algún momento no soporté más y comencé a eyacular, él apresuró la marcha, sentí un suave gemido de su parte y una especie de tiritón al contraer todos sus músculos, sacó su pene de mi, lanzó el condón lejos en el preciso momento que eyaculaba sobre mi. Sonrió y se acercó para besarme suavemente los labios.

Se sentó a mi lado y me acercó el vaso de ron cola que estaba bebiendo. Me senté a su lado y me abrazó por sobre los hombros. Su sudor no tenía olor, solo sentía el olor de su perfume en todos lados, emanando de su cuerpo caluroso.

— Me ducharé.

— Podemos hacerlo juntos— respondió.

— Claro, pero recojamos nuestra ropa, podría llegar tu hermano.

Nos duchamos entre besos y caricias, luego volvimos al living y seguimos bebiendo y besándonos hasta que se nos hizo de día.

— Iré a dormir, quieres irte a la cama conmigo.

— Ve a dormir, yo aun no tengo sueño— respondí.

Me besó por última vez los labios y se marchó a su pieza. Mi estómago daba mil vueltas y mi cabeza no comprendía lo que sucedía. Había tenido sexo. Sexo romántico. Con Chris Con el hermano de mi amigo. Peor aun, el hijo de mi amante. M.I.E.R.D.A.