En Familia. Pt4

Las clases habían comenzado, por lo que tiempo para estar con Chris no tenía y en cuanto a las llamadas de Guillermo no las contestaba, le tenía bloqueados los mensajes y no iba a casa de Alex desde que llegamos del viaje. Aquel día hacía bastante calor y mi última clase había sido suspendida, así que decidí llamar a Chris.

—Aló, Chris, acabo de salir de clases, me gustaría verte.

—Encantado ¿te pasas por casa?.

«¡NO!» grité en mi cabeza, no podía ir a su casa, no podía enfrentar a Guillermo. «Hola Guille, ahora salgo con tu hijo heterosexual, lo volví gay el fin de semana pasado, al igual que lo hice contigo, debemos parar la nuestro, que tengas linda vida», definitivamente no podía verlo. Pero anda ya, que igual pensar que cambiaron de orientación sexual por mi es algo egocéntrico, pero, ya qué, fuera como fuera, no estaba preparado para dar cara.

—Me gustaría estar a solas contigo, te extraño, sería más cómodo que vinieras a mi apartamento.

—En casa igual podemos estar a solas, pero no hay problema, estoy en el gimnasio, me ducho y voy para allá.

—Te espero, te mando un beso.

Al llegar me puse en plan esposas de Stepford y comencé a preparar y a ordenar todo. Chris llegó al rato con el cabello aun mojado, un jeans azul claro, zapatillas blancas y una camiseta sin mangas rojo desteñido, un bolso deportivo y en su mano derecha una bolsa.

—He traído algunas cosas para picar y beber—dejando la bolsa sobre la mesa del comedor y el bolso al costado del sofá—. Te he extrañado.

Me agarró por las caderas para tirarme hacia él. Mis manos se extendieron a sus bíceps, mientras sus labios buscaban los míos y nos sumergimos en un profundo beso, su mano izquierda subió a mi nuca mientras su otra mano se estancó en mi cintura.

Gemí cuando su boca recorrió mi cuello tirando mi cara hacia el lado para tener acceso a mi clavícula. Nuestro deseo era salvaje. Aún no había pasado mucho tiempo sin estar juntos, pero no podía resistirme. Necesitábamos follar, había que hacerlo.

Lo tomé de la mano y lo guié directo a mi dormitorio. Lo empujé sobre la cama, me saque mi jersey de punto color azul, lo miré fijamente mientras le tiraba su camiseta para arrancársela. Estaba sin aliento, y yo también.

Comencé nuevamente a besarlo y a continuación desabroché el botón de su jeans y jalé la cremallera hacia abajo.

—Extrañaba tus besos —mientras deslizaba su mano desde mi lóbulo a mi barbilla.

Le di un pequeño beso en su boca, luego besé su cuello y empecé a bajar suavemente, mi nariz acarició los delgados vellos de su pecho, olía maravilloso, saboree sus tetillas, al principio lamí y mordí de manera suave para tantear si le gustaba, luego mordí un poco más fuerte y gimió. Besé su pecho nuevamente y bajé besando su camino de vellos que llevan directo a su entrepierna.

Miré a sus ojos y sonreí enganchando mis pulgares a las tiras de sus jeans para tirar de ellos, los logré quitar junto a sus pequeños calcetines, enrollé y lancé todo a una esquina de la habitación. Su bóxer gris tenía manchas de líquido preseminal fresco, me acerqué a su paquete y por sobre su ropa interior besé y mordí su pene.

—Bésame —susurró mientras me miraba con deseo.

Subí a su boca y sus manos quitaron mi camiseta, al igual que yo hice con sus pantalones, los lanzó lejos. Su gesto me causó una sonrisa; él rió nervioso.

Bajé su bóxer mientras seguíamos trabados en nuestros besos.

—Sigue.

—¿Qué sigo?

—Tú sabes.

—Pídemelo

—Baja —en voz baja y avergonzado.

—Dímelo claramente, quiero escucharlo.

—Mámalo, por favor

—Encantado —reí entre dientes.

Tomé su pene con mi mano y ocupé mi lengua hábilmente haciéndolo gemir mientras revolvía mi pelo con ambas manos. Lamía y succionaba su pene desde la base hasta el glande, intenté meterlo en mi boca por completo pero el tamaño me lo impedía. Mientras chupaba el tronco de su pene masajee sus testículos húmedos por mi saliva, acerqué mi boca a ellos y lamí. Sus manos empujaron mi cabeza y quedó mi lengua a la altura de su agujero el cual comencé a lamer y a succionar enseguida. Su respiración era cada vez más intensa y sus gemidos aumentaban. Acerqué un dedo y comencé a meterlo en su agujero mientras mi lengua no dejaba de lamer y mojar su abertura.

—Házmelo —gimió

—¿Qué? — sin dejar de lamer.

—Hazme el amor —Suplicó.

—Eso hago.

—Métemelo, quiero sentirte —Sus deseos eran órdenes, pero quería seguir jugando con su deseo.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—Te puede doler.

—Por favor hazlo —suplicando más encarecidamente.

—¿Estás seguro?— repetí e introduje otro dedo en su culo.

—Basta, solo hazlo —gritó de placer.

Me levanté sacando suavemente mis dedos de su culo. Comencé a mirar a todas partes para hacer memoria del lugar donde tenía condones.

—¿Y bien? —seguía mirando a todos lados —¿Algo anda mal?

—Condones, no recuerdo donde tengo —reí suavemente.

—Confío en ti, no lo necesitamos, pero si no estás seguro tengo un par en mi bolso.

Su frase me sumergió en la máxima ternura, «cómo puede este hombre tan sexy y lindo decirme algo como eso». Lo besé nuevamente mientras sonreía.

—¿Entonces?

—Sigo vestido —volví a reír.

—Yo me encargo.

Se incorporó, besó abajo de mi ombligo y luego mis oblicuos, se dejó caer de rodillas al suelo, desabrochó mis pantalones y de un jalón bajó mis pantalones junto a mi bóxer, mi pene duro como una roca chocó en su mandíbula. Mirándome con una sonrisa de lado apretó su mano con fuerza hacia atrás a lo largo de mi pene. —«Se ve tan sexy» era lo único en mi mente—. Luego tomó mi pene con su boca y comenzó a lamerlo haciendo girar su lengua por la punta, lo dio un par de besos tiernamente y se introdujo la mitad de mi pene en su boca. —«Estoy a punto de correrme» grité en mi mente.

—Tranqui —suspiré.

Me chupaba cada vez más duro y con sus manos acariciaba mis bolas. Se sentía fenomenal, el placer era extremo y mi pene palpitaba de placer, no podría aguantar mucho. Volvió a meter mi pene en su boca, más profundo esta vez.

—Sí —jadeé.

Entonces ladeó la cabeza hacia atrás para esta vez meter mi pene en su boca más profundamente, sintiendo mi glande chocar con la parte trasera de su garganta provocándo pequeñas arcadas que intentó disimular.

—Suficiente.  No quiero acabar en tu boca.

No se detuvo, él chupaba más duro otra vez y hacía girar su lengua en torno a la cabeza de mi pene. «Se trata de alguna venganza» pensé, quería que le suplicara como hice que lo hiciera conmigo, pero no caería en sus juegos, «hoy yo domino».

Me agaché para tomarlo por los hombros y lo empujé a la cama nuevamente. «Como me gusta hacerle eso». Terminé de quitarme los pantalones y mis zapatos. Chris estaba sobre la cama, manos a los lados, inmóvil, nervioso, sudando y jadeando. «Su cuerpo es hermoso» pensé.

Poco a poco subí a la cama, besé su abdomen, lamí sus pezones mientras acomodaba levemente sus piernas a mis costados. Se encontraba completamente excitado, retorciéndose y respirando agitado a cada caricia, cada lamida y cada beso que le daba.

—Por favor.

—Por favor, ¿qué? —«eso es, ruega de nuevo».

—Te quiero dentro de mí.

—¿Lo quieres ahora?

—Sí—mordí su pezón izquierdo y lamí desde este a su cuello—. Por favor.

Empujé sus piernas a cada costado de mis brazos sin dejar de mirar sus hermosos ojos avellana. Tomándome mi tiempo comencé a introducir mi pene húmedo en su culito todo dilatado, mientras cerraba los ojos y gemía, la expresión de su cara era fascinante, sus dientes apretados y sus labios separados. Inclinó sus caderas para ejercer más presión sobre mi pene dándome permiso para entrar por completo. Poco a poco entrando y saliendo, deslizándome cada vez con más ímpetu.

—Sí —gimió.

Ese era el aviso que necesitaba, puse sus piernas en mis hombros, me incliné y besé sus labios apasionadamente. Empecé a moverme más rápido, embistiendo una y otra vez contra su cuerpo sin dejar de besarlo. Gimiendo aún más fuerte, sentía el sudor de su frente en la mía, volvió a gemir aún más fuerte, gritó y sentí como mi abdomen fue llenado por su semen caliente, cerré los ojos y me rindí ante la dicha de acabar dentro de él.

Luego de unos segundos sin apartar mi frente de la suya finalmente logré tumbarme a su lado en la cama. Jadeamos sin aliento y tratando de recuperar el aliento nos miramos, sonrió, sonreí, me besó suave, lo tomé por la cara y lo besé fuerte.

—Me encantas —susurró.

—Tú a mi me vuelves loco— sonriendo nuevamente y su sonrisa me devuelvió el aliento—. Te parece si te quedas a dormir conmigo esta noche, no quiero que me dejes, no hoy.

—Está bien.

Estiró sus brazos y acomodé mi cabeza en su pecho sudado mientras acariciaba mi cabello.

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