En manos de viejos perversos 2

Con “la señorita” lo esperábamos en la habitación de ella, yo con las manos atrás, las piernas juntas y… ¡y ardiendo de ganas!…
Don Ernesto saludó a su hermana con un beso rápido en la mejilla y enseguida fijó su atención en mí…
-Era cierto… -dijo mientras me envolvía en una mirada caliente…
-Y claro, Ernesto, ¿cómo pudiste pensar que te iba a hacer una broma con algo así?…
-Sí, María, tenés razón…
-Bueno, ahí lo tenés al chico, es todo tuyo…
-Contame cómo lo agarraste…
-Ah,sí, te cuento, yo caminaba por la galería y lo escuché gemir… Abrí la puerta del comedor y el muy putito estaba echado en el piso, desnudo y con un envase de desodorante en el culo…
-¡Sos tremenda! –dijo don Ernesto…
-Ahora es nuestro, yo lo uso como sirvientita, me hace la limpieza, lo mando de compras… y vos le vas a dar pija…
-¿Y no se retoba?
-¡Nooooo!, sabe lo que le espera si se retobara…
-Muy bien, ahora mismo le doy pija… Vení, Jorgito…
Y me acerqué temblando de ansiedad…
Don Ernesto se estaba desvistiendo, al parecer quería hacer las cosas bien…
Cuando se quitó los pantalones y el bóxer vi que tenía la verga ya bien erecta… ¡Ay, qué emoción sentí!…
Es de esos viejos que me calientan mucho… Piel lechosa, vellosidad abundante y grisácea…
-Arrodillate, nene… -me ordenó y cuando estuve en esa posición empezó a pasarme su pija por la cara…
-Vas a chupármela… -me dijo…
-Lo que usted quiera, don Ernesto… -acepté sumiso y después abrí la boca ansiando recibir esa pija palpitante…
Me la metió de un solo envión y empecé a mamar y a lamer imaginando los chorros de lechita caliente…
-La chupás bien, putito… -me elogió el vejete…
Chupé y lamí y chupé mientras don Ernesto jadeaba y gemía y yo temblaba de goce y calentura…
Por fin don Ernesto se corrió y me echó en la boca varios chorros de semen caliente que tragué hasta la última gota mientras él iba a echarse de espaldas en la cama…
Entonces “la señorita” se me acercó:
-A ver, abrí la boca, quiero comprobar que tragaste todo… Muy bien, putito… ¡Muy bien!… –me aprobó y don Ernesto me dijo: -En cuanto descanse un poco te doy pija por el culo…
-Lo que usted quiera, donde Ernesto… -murmuré… -Estoy para servirlo… -y al decir eso me sentí arder en el fuego de la sumisión…
Poco después don Ernesto había recobrado fuerzas y me tenía sobre la cama en cuatro patas, con la “señorita” al lado…
-Dale, Ernesto, dale pija… -dijo… -Es lo que está esperado el nene… ¿cierto, Jorgito?…
-S… sí, “se… señorita”…
-Entonces decilo, así mi hermano no te hace esperar… ¡Vamos, decilo!…
-Sí, don Ernesto… Quiero… quie… quiero su pija…
-¿Dónde, Jorgito? ¿dónde querés la pija de mi hermano? –siguió humillándome la “señorita” y esa humillación me ponía cada vez más caliente…
-En… en mi… en mi culo, “señorita”…
-¿Oís, Ernesto?… No lo hagas esperar más a Jorgito… Tomá, ponete vaselina y dale pija de una buena vez…
¡Qué bien coge el muy sátiro!… Una vez que tiene toda metida su pija en mi culo hambriento va cambiando el ritmo del bombeo, a veces rápido, a veces lento… Y tiene su costado perverso el vejete, porque cada tanto se le da por sacar su verga y yo me desespero…
-Ay, no, don Ernesto…
-Rogame, Jorgito…
-Sí, si don Ernesto, le… ruego que… que vuelva a metérmela…
-Otra vez, putito…
-Ay… ay, don Ernesto, por favor se lo pido… Métamela…
Todo ese juego perverso provoca la risa de la “señorita” y a mí me hacer arder de excitación… Por fin vuelve a metérmela y al rato me llena el culo de leche calentita…
(continuará)

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