Espiando a Luciana

Pasé a verla sin cita previa. Me abrió y me hizo pasar. “Tengo un cliente en quince minutos” “Que lastima, hoy te iba a dar mi culo y te iba a tomar la leche”. Se quedo pensando y me dijo “Escondete en el patio. No vas a poder ver, pero vas a escuchar”.

Llego un tipo. Por la voz tendría unos cincuenta años. Yo no lo podía ver pero escuchaba aunque hablaban en voz baja. Ella le decía que era su macho, que pija que tenés.  Le chupaba la pija. Fue tan rápido que creo que él  no se había desnudado. Daban vueltas en la cama, besos, chupones. Escuche como rompían el envoltorio del forro. Yo estaba recaliente, moría por ver, pero no había forma.

Un gemido de Luciana y el ruido rítmico sobre el colchón. “Despacio, despacio” decía ella. “La tenes muy grande, no voy a servir mas” le dijo. Escuchaba la respiración agitada del hombre y el ruido que se aceleraba  en el colchón. Gemidos ahogados me dijeron que había acabado.

Pasos, ruido en el baño, tiraron la cadena. “¿Te pago?”  “Claro corazón”.  El ruido de pasos y la puerta del departamento que se abre. El corazón me explotaba de excitación. Volvió de despedirlo al cliente. “Salí, ahora te toca a vos, putito” me dijo.  Apenas habían pasado 20 minutos. Estaba parada sobre la cama con la pija dura en la mano.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: