Feliz Aniversario

John tenía todo preparado y, como siempre, se había preocupado del más mínimo detalle. La madurez de sus años le habían enseñado que los detalles importan, que hacen la diferencia, en especial si se acompañan de situaciones desconocidas, inesperadas, sorpresivas. Todo sea por mantener la llama encendida.
Maggy conservaba el encanto y la belleza de su juventud, de suave tez blanca, finas manos y pronunciadas caderas, atributos que siempre enloquecían a John durante la intimidad.
Aquella noche iba a ser diferente. Era una noche especial. No sólo porque celebrarían 20 años de matrimonio, sino porque el menú de la noche incluiría de todo…de todo.
El restaurant elegido, esta vez, era el mejor, del mejor hotel de la ciudad. La fecha y la noche lo ameritaban. No había que escatimar en gastos, no, esta noche definitivamente no.
Todo era perfecto. El espumante; la comida; la conversación, que cada vez se iba haciendo más entretenida y, con cada copa de vino que sumaban, más subida de tono, picaresca.
La cena había finalizado y Maggy se preparaba para retornar a casa, sin embargo John tenía otras intenciones, sobretodo ahora, que el alcohol comenzaba a disminuir las inhibiciones, de ambos.
Una suite del hotel los esperaba, preparada para la ocasión. Pétalos de rosas cubrían su entrada y el lecho matrimonial. Bombones, frutillas, cremas y más espumante decoraban el resto de la habitación. Y sobre un extremo de la cama, una caja de un fino babydoll terminaban por sorprender a aquella mujer por la que John continuaba tan enamorado como lo estaba desde hace 20 años.
Ya ambos estaban deseosos. El alcohol de la cena y el nuevo espumante cumplían su función, sobretodo en John, quien además, se encontraba expuesto al estímulo visual del babydoll rojo que cubría el hermoso cuerpo de su mujer.
John se acerca a Maggy, le venda los ojos y la besa, suave y tiernamente. Muerde con delicadeza su labio inferior y comienza un recorrido por su cuello hasta el pabellón de su oreja. Ella se estremece. Un calosfrío terminó de erectar sus pezones. Luego él la recuesta. La noche era para ella. Debía recibir toda la atención.
Ya recostada boca arriba y aún con los ojos vendados, Maggy comienza a sentir un delicado masaje. Aromáticos aceites eran utilizados para recorrer cada centímetro de su cuerpo. La sensación le era agradable, excitante, a veces intensa en los lugares donde John sabía gatillar. Su respiración poco a poco comenzó a acelerarse. Su cuerpo se inquieta. Tímidamente comienza a separar sus piernas y a sentir una pesadez en su entrepierna. Su vulva quiere reaccionar. Ella se sentía húmeda.
Las caricias por su cuerpo continuaban. Una pluma incrementó los estímulos. Sus pezones ya no dan más. Maggy humedece sus labios y su cuerpo lentamente comienza a ondularse, al ritmo de una lenta y profunda respiración. Cada vez se siente más mojada y deseosa de que su pesadez vulvar le sea aplacada.
– “Cómo está mi putita”, su marido le susurra al oído. – “Ya quiere que se la follen?”. Maggy era lo único que pensaba y deseaba.
– “Te acuerdas de tu antigua fantasía?”, continuaba su marido. Ella no decía nada. Su excitación iba en aumento. Y sí, sólo era una fantasía, pero ella aún la recordaba.
– “Siiiiiiii?, yo sé que sí, que aún la recuerdas, cierto?. Eres una puta?, verdad?, una maraca?, dime, lo eres?”.
– “Sí, soy una puta”, finalmente Maggy responde.
– “Dime qué quieres, entonces?, putita”, insiste John.
– “Un sanguchito”, reconoce ella. “Quiero que me follen dos pollas”, confiesa su esposa. – “Sólo por esta vez, esta única vez, quizás…”, le susurra John, al tiempo que Maggy, aún vendada, siente algo en los labios, que instintivamente comienza a explorar con suaves y tímidas lamidas, reconociendo la anchura de un imponente glande, a la vez que siente le comienzan a succionar, con progresiva intensidad, sus pezones.
La excitación de Maggy estaba al máximo. Entendía lo que sucedía. No era tonta. Y a menos que su marido fuera un contorsionista, no habría otra forma de que ocurriera lo que estaba ocurriendo. – “Sí, mi fantasía se está haciendo real”, pensaba ella. Sin embargo, no quiso ahondar más en ello. Estaba muy excitada y prefirió mantener sus ojos vendados y entregarse a los hechos, a disfrutar de dos pollas reales, como una verdadera puta, la que siempre mantenía escondida.
Ya decidida, tomó la polla que tenía en sus labios, la agarró firmemente y pudo notar su grosor. Sabía que no era la de su esposo. Aquello la excitó aún más e introdujo todo su glande en su boca, comenzando a chuparla con delicada ternura. Sabía cómo hacerlo. Se consideraba una experta en ello.
A su vez, John ya había iniciado sus acciones en su vulva, con suaves y expertas lamidas sobre su clítoris, que incrementaban aún más, como si esto fuera posible, la excitación de Maggy.
Maggy intensificó las lamidas al miembro de aquel desconocido, intentando tragarse toda aquella herramienta, tal como acostumbraba y alardeaba realizar con la polla de su marido, sin embargo sólo pudo llegar hasta algo más allá de la mitad de aquella imponente polla.
Ya era hora de apaciguar la sed vulvar de Maggy y tras las instrucciones que le dio John a su compañera de toda la vida, él se recostó boca arriba y ella en posición mahometana, al alcance de chuparle su miembro y de ofrecerle, al desconocido, su enorme, pero proporcionado trasero. Su culo era un perfecto corazón y a John lo enloquecía. Maggy sintió unas fuertes manos que la tomaban por su cintura y la dureza de una verga que se apoyaba en su vulva. Su calentura era infinita. Jamás sentida hasta ahora. Aún no comenzaba a comerse la polla de su marido, pues estaba concentrada en su entrepierna. No quería perderse los detalles que supondrían aquella inminente envestida.
El grosor de aquella descomunal verga finalmente no fue un problema, pues Maggy, además de deseosa de ser penetrada, se encontraba muy lubricada, con cantidades de fluidos que facilitaron la entrada de ese pollón, que de una ya había ocupado la mitad de su vagina. Estaba muy “compliancente”. Deseosa de recibir y adaptarse a estas nuevas dimensiones. Y tras la segunda envestida, ya tenía completamente esa verga dentro suyo. – “El tamaño no importa!. Bah!. A quién se le ocurrió tamaña mentira?”, pensaba ella.
Tras ir acostumbrándose a los ires y venires de ese nuevo miembro que llenaba su vagina, Maggy decidió ocuparse de su marido, quien por la dureza de su miembro evidenciaba también estar muy excitado. Se lo puso en su boca y comenzó a succionarlo con firmeza y pasión. Quería devorárselo. Aquella polla, aunque de tamaño no despreciable, no era igual a la de su nuevo amigo. Ésta estaba a su alcance y tras unos movimientos la tenía completamente dentro de su boca.
Tras unos minutos de intenso sexo, con algunas variaciones, tocó el turno al desconocido de recostarse boca arriba. Maggy palpaba su verga, que seguía durísima. Sabía que esto, en parte, se debía a ella y esta situación le fascinaba, pues le encantaba saber que aún podía excitar a los hombres. La tomó con firmeza y la dirigió a su vulva con la finalidad de montarla. Lentamente fue introduciéndola en su vagina hasta estar completamente dentro de ella. La sensación de plenitud era máxima. El grosor de aquel miembro viril era lo que más le gustaba. Sentada ya en aquella montura, comenzó a cabalgarla, con vaivenes que hacían presionar intensamente su clítoris contra su pubis. John, por su parte, se acercó por detrás de Maggy, apoyó su pecho en su espalda y la rodeó con sus brazos para agarrarle sus senos, los cuales masajeó con decisión mientras besaba su cuello.
Maggy sentía que estaba a punto de explotar y entonces John la empuja hacia adelante, quedando sus pechos al alcance de la boca del desconocido, quien sin pensar comenzó a succionar, mientras que el culo de Maggy quedó expuesto al miembro de John, quien no titubeó en apoyar su glande en la superficie anal de su amada, procediendo a estimularla sólo con las retroenvestidas que la propia Maggy ejercía contra su pene. – “Esta vez sólo la puntita”, pensó John. – “La penetración anal será mi fantasía”, se dijo. Finalmente, esta triple estimulación, para Maggy, terminó por plasmar un enérgico orgasmo, como nunca antes vivido, que se repitió 5 veces en unos pocos minutos, uno tras otro. Había tocado el cielo.
Por su parte, ambas pollas también estaban a punto de estallar y una vez Maggy de rodilla frente a ellos, ambos descargaron enormes cantidades de semen sobre sus pechos mientras ella continuaba el bombeo de sus miembros, terminando por lamer aquellas pollas que por una noche la habían convertido en la mejor puta del mundo.

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