Hermanos

PRIMERA PARTE.

Martes 12 de Julio del 2016

Tarde

La tercera jarra con cerveza me está surtiendo efecto, pero no pude negarme a la invitación de mis nuevos compañeros de trabajo. Nicolás el hijo del jefe me ha invitado a beber junto a varios otros trabajadores para darme la bienvenida.

—Tendrás que cambiar la válvula a primer hora —escucho a Romeo llamándole la atención a su hermano.

—Lo sé, no es necesario que me lo recuerdes.

—Vendrán por él a las 10 de la mañana.

—Que ya sé.

—No deberías beber tanto.

Federico se levanta de su asiento y camina a la barra.

—Es tan porfiado, puede ser el mejor mecánico, pero si no es responsable el jefe no dudará en tirarlo a la calle.

—No te preocupes, yo hablaré con él —Nicolás sonríe— además si algo sucede, yo lo cubro del jefe.

—No abuses de tu puesto Nico —Romeo sonríe y puedo ver sus blancos y perfectos dientes por debajo de su barba marrón oscura —. Es todo por esta noche, me largo —toma su chaqueta, besa la frente de Adela y se marcha.

—¿Cuánto tiempo llevan juntos? —pregunto a Adela para crear conversación, somos los últimos que estamos quedando.

—Un par de meses de novios, pero nos conocemos hace ya bastante tiempo —revuelve su trago con una aceituna atravesada por un mondadientes—, nos conocimos por Fede, él era novio de una amiga, un día mi amiga me invitó a salir con él y su hermano, algo como una cita doble.

—Oh, ya veo —Adela sigue hablando, pero en realidad no estoy muy interesado en saber su cursi historia de amor, en lugar de prestarle atención termino mi vaso de cerveza y me dejo llevar por la canción que suena de fondo, algo en el ritmo me anima.

—…Desde entonces estamos juntos —come la aceituna de su trago y deja el palillo sobre la mesa— igual me iré, si quieres podemos caminar juntos.

Las pocas personas que quedan del trabajo están ebrios; tratando de ligar en la barra o exigiendo que comience el karaoke:— Claro.

Antes de salir me despedí de Nicolás, le agradecí por su simpatía, Fede me miró con cara de pocos amigos y movió su cabeza en señal de despedida.

—Mira.lo.que.traje — riendo y sacando algo de su bolso.

—Soy muy mal bebedor, y vivo algo lejos de aquí —me apresuro en decir al ver la botella de whisky.

—No seas aguafiestas, la ciudad es pequeña, por lo tanto no hay distancia muy lejana, incluso podríamos caminarla de punta a punta y no demoramos más de dos horas — exagera, pero de todos modos aún es temprano, además tiene una sonrisa muy persuasiva, de esas que ves y sientes que siempre han estado en tu vida.

—Está bien, ¿dónde quieres ir?

—A mi casa, vivo a dos cuadras.

—Vives en pleno centro de la ciudad, por eso todo te parece cercano.

El viaje fue más largo de lo esperado, paramos a comprar una Coca Cola de dieta y goma de mascar.

—Dijiste que vivías a dos cuadras —reclamo, Adela saca el manojo de llaves de su cartera.

—Calculé mal. —ríe y abre la puerta— Pasa y siéntate, necesito ir al baño.

Su casa está ordenada, huele a limpio y está decorada de manera sobria. Entro al salón y veo los últimos rayos de luz del atardecer desde su gran ventanal. Tomo asiento en el sofá.

—Pediré comida China, ¿quieres algo en especial? —aparece Romeo con su teléfono móvil pegado a la oreja, viste solo un short deportivo gris—. Oh, pensé que eras Adela —sonríe—, ¿Te gusta la comida China?

Muevo mi cabeza de arriba a abajo esforzándome por no despegar mis ojos de su cara. Con su mano libre me hace un gesto y entiendo que quiere saber qué comeré:— Lo mismo que coman ustedes. —Recuerdo y exclamo—: Pide arrollados.

—Por supuesto, amo los arrollados — aparece Adela y Romeo se voltea para hablar con ella.

No me concentro en lo que hablan, en su lugar mis ojos comienzan a recorrer la espalda de Romeo, su piel es tersa, y una cicatriz de alrededor de unos 15 centímetros de largo se puede ver en un tono más claro cruzando su espalda y parte de su cintura. Con su mano acerca a Adela y la besa, justo antes de salir de la sala puedo notar por la marca que se le forma que bajo su pantaloncillo no usa ropa interior.

Adela toma una copa de whisky; Romeo, quien ahora luce una camiseta, y yo bebemos un par de cervezas, afuera ya es de noche y la temperatura ha descendido, lo noto por las ventanas empañadas.

—¿Quieres que empaque algunas sobras para mañana llevar al trabajo?

—Sí, me gustaría.

Romeo comienza a levantar la mesa, su camiseta blanca sin mangas tiene pequeñas gotas de salsa de soja. Es apuesto, su cuerpo es fibroso, sus brazos gruesos y su abdomen plano, piernas gruesas y un culo voluptuoso. Mientras friega los platos miro detenidamente su trasero que se define muy bien al usar el pantaloncillo sin ropa interior. Termina y se marcha a su habitación.

—Es hipnotizante —en voz baja mientras rellena su vaso.

—¿Qué cosa? —miro como Adela tapa la botella y toma un sorbo de su copa.

—Sus pompas.

—¿Qué?

—Vi como mirabas su trasero, me pasa lo mismo.

—Oh, eso —río—, sí, es, duro, se ve duro, como trabajado —nervioso.

—Sí, acostumbra ir al gimnasio. Lo que es yo, soy todo grasas.

—Lo dices porque sabes que no es así.

—Lindo, no es necesario mentir. —Adela tiene pelo negro y piel clara, tiene labios delgados pero muy rojizos. Es bastante guapa, su voz es algo ronca. Sus pechos son pequeños, pero su trasero es bastante grande, acorde a su cuerpo pequeño—. En realidad me gusta mucho, de verdad lo amo.

—No, cursilerías no, escuchemos música y bebamos, que se me hará tarde —en el fondo siento celos de Adela, Romeo es un hombre atractivo, varonil, alto y fortachón.

—Lo tiene grande —buscando música en su móvil.

—Sí, ya lo dijiste y lo noté —río.

—Hablo de su pene —suelta una carcajada.

—No necesito detalles —en realidad sí quiero detalles, pero estoy ebrio y no quiero demostrar mis celos y envidia que siento en estos momentos.

La botella de whisky se ha acabado, Adela se lleva varios minutos en el baño y mi taxi acaba de llegar. Camino a la habitación donde se encuentra Romeo para despedirme, me preparo a tocar la puerta, pero se encuentra entreabierta, veo a Romeo sobre la cama mirando televisión mientras se soba su paquete por debajo del bóxer. Noto nuevamente lo suave que parece su piel, los muy escasos vellos que se escapan de su sopa interior. Se acomoda el paquete y posa sus manos por debajo de su cabeza dejando a la vista una pequeña cicatriz bajo su brazo izquierdo muy similar a la que pude ver en su espalda. Escucho la puerta del baño abrirse, así que antes de ser descubierto toco la puerta para despedirme.

Miércoles 13 de Julio del 2016

Mañana

Es mi segundo día de trabajo, así que a pesar de la resaca que me hace sentir pesado soy uno de los primeros en llegar. Nicolás se encuentra sentado sobre el capó de un Land Rover Santana de la década del 80, conversando con Federico a quien veo de espaldas con un pié afirmado sobre el parachoques; al verme me hace señas para que me acerque, estoy tan cansado que solo sigo caminando y simulo no verlo. En la oficina Adela tiene su frente pegada a la mesa de metal y con su mano sujeta una botella de agua.

—Te ves hermosa esta mañana —asomando mi cara por la puerta de su oficina.

—Te odio, pero más me odio a mi —levanta su cabeza y veo que no luce maquillaje, su cara se ve limpia, su piel es mucho más hermosa sin maquillaje, a pesar de la resaca.

—Quería faltar, me siento pésimo.

—No te preocupes, como soy la que manda aquí —sonríe y expulsa aire por su nariz—, he derivado tu trabajo a Nico, al fin y al cabo esto es su culpa.

—¿Puedes hacer eso?

—Ya lo hice, hoy serás mi ayudante, así que puedes tomar asiento en mi gran oficina —hace ademán con su mano y ríe.

—Te amo.

—Yo igual me amo, pero esta mañana no mucho.

—¿Nicolás no se enojará? —Nico es hijo del dueño y nuestro trabajo es el mismo, que él tome mis quehaceres significa que tendrá que hacer su trabajo y además el mío.

—No, en realidad no, pero mañana te daré un poco más de carga laboral, así como Nico es asistente de Fede, mañana te cambiaré de mecánico.

—¿Federico querrá trabajar conmigo?, él y Nico se ven muy cercanos.

—Fede no es el único buen mecánico, si bien es el mejor, Romeo no se queda atrás.

—Romeo —susurro—, pero, Leonardo igual es buen mecánico.

—Lo es, pero Leonardo deja de trabajar aquí, pidió traslado de sucursal, al igual que Ignacio, así que Romeo quedará sin su asistente y tú sin tu mecánico.

—¿Y quién ayudará a Romeo hoy?

—Nico y Juanca se turnaran, Romeo tiene turno de tarde así que uno le ayudará las primeras cuatro horas y luego el otro las siguientes cuatro.

—Me mareé —le suelto al no entender palabra alguna.

—Se llama resaca, siéntate y toma agua.

Viernes 15 de Julio del 2016

Tarde

El día de ayer trabajé desde temprano junto a Romeo, es un tipo bastante agradable, se ríe por absolutamente todo, es muy paciente y además muy buen profesor, luego de colación me hizo cambiar un filtro de aire de un Ford Fiesta Kinetic Design, estaba nervioso, pero supo como guiarme y la tarea fue más sencilla de lo que pensé. Al salir pasé por la oficina de Adela a despedirme, quien rellenaba papeles mientras esperaba a Romeo que estaba en las duchas, luego marché a casa, no tengo la confianza para tomar una ducha en el trabajo.

Hoy el trabajo marchó lento, solo tuvimos un Citroën C4 y un Nissan Navara, el resto fue desviado a el resto de mecánicos del galpón así que tuvimos mucho tiempo libre. Ahora sentados en el sofá de Adela comemos pizza y bebemos cervezas, Romeo tuvo la idea y como mañana tenemos libre, hemos decidido venir a cenar juntos.

—Podemos dejar de hablar de trabajo, en mis tres años que llevo trabajando no he tocado un motor y solo escucharlos me agota.

—Tienes razón cuñadita, basta de trabajo. Iré a comprar más cigarrillos —Fede termina de un sorbo lo que quedaba de cerveza en su lata y se levanta.

—Te acompaño, compraré algo más fuerte que beber.

—Amor me traes una Coca Cola por favor.

—Claro.

—Ten, trae lo que consideres necesario. —Estiro un par de billetes a Romeo, sonríe y se marchan—. ¿Qué edad tienen?

—Romeo cumple 25 el próximo mes, así que tendremos fiesta —moviendo sus puños simulando tocar un par de maracas—; Fede tiene 28.

Federico es más alto que Romeo, y menos guapo. Mientras que Romeo tiene un cuerpo fibrado y musculoso, Fede tiene un cuerpo delgado, musculoso pero muy delgado, mide sobre el metro noventa, su piel tiene pequeños lunares y manchas que solo son visibles estando cerca, sus ojos siempre están algo irritados, sus dientes son demasiado grandes para su boca, con labios gruesos y nariz alargada, su piel es un tono más oscuro que su hermano. Los únicos rasgos que comparten son sus ojos oscuros y sus labios gruesos, el resto es totalmente diferente, salvo ciertos detalles que los hacen hermanables.

Fede destapa la segunda botella de ron mientras Romeo mastica un trozo de limón para ayudar a pasar el shot de tequila que acaba de beber, Adela fuma mientras cambia la música. El alcohol ha surtido efecto en todos, Federico se ha quitado por primera vez su gorra y puedo ver su cabello decolorado que le da un aire nigga. Romeo envuelve un cigarrillo de marihuana y cuando pasa la lengua siento que mi corazón se acelera, sus movimientos precisos lo hacen lucir tan sexy, definitivamente me está provocando más de lo que debería.

Las horas pasan y Adela ha sido la primera en decidir ir a dormir, nos ha dicho a Fede y a mi que debemos dormir juntos en la cama de su hermano, de quien me acabo de enterar de su existencia. Romeo se despide y la sigue a su habitación.

—¿Por qué no invitaron a Nico? —pregunto para hacer conversación mientras terminamos nuestros vasos.

—A Romeo no le cae muy bien, cree que por ser el hijo del jefe puede delatar algo, pero Nico no es así, yo lo conozco bien.

—Se ve que son unidos.

—Somos amigos, nada más.

—A eso me refiero.

—Sí, claro —ríe y termina su vaso—. Si quieres puedo dormir acá en el sofá.

—No hace falta, además hace bastante frío como para dividir tapas.

—No íbamos a dividir, yo me quedaría con todo, tú solo con la cama —comienza a reír.

—Idiota —río.

—Ya es hora de dormir bastardos —me giro y veo a Romeo en bóxer y camiseta afirmado del marco de la puerta, luce tan sexy, el bóxer ajustado le marca el pene semi erecto acomodado hacia el lado derecho. El calor comienza a subir a mis mejillas.

—¡Hermanito, volviste!

—Solo vengo por el último trago —se sienta a mi lado.

—¿Tequila o ron? —pregunto.

—Tequila, un último shot, o dos. —Sirvo los tragos y él los bebe sin sal ni limón—. Ahora sí, me marcho, que descansen.

—Igual iré a dormir —me apresuro en decir y me marcho al baño a cepillar los dientes y tratar de bajar mi erección.

Salgo del baño y enseguida entra Fede en él. La habitación está fría, pero me alegra ver que la cama es de tamaño matrimonial, no la más grande, pero al menos no dormiremos incómodos. Saco mi suéter y pantalones, me quito los calcetines y me acuesto en camiseta y bóxer a la orilla, al cerrar mis ojos la habitación me da vueltas, me acomodo con mi rostro hacia abajo pegado a la almohada y me siento desvanecer.

Sábado 16 de Julio del 2016

Mañana

Despierto con mi cabeza afirmada en su pectoral, su brazo derecho pasa por debajo de mi cabeza y su mano afirmada en mi costilla superior derecha. Su piel es suave al tacto con mi cara, abro los ojos y puedo ver en su barbilla como se asoman escasos y cortos vellos de barba. Su pectoral es marcado y duro, de sus tetillas crecen un par de vellos delgados casi imperceptible. Mi brazo izquierdo se encuentra bajo mi peso y lo siento dormido, mi mano derecha está sobre el abdomen de Fede y es entonces cuando me doy cuenta que Fede solo está dormido con un delgado bóxer.

Intento incorporarme, el moreno se gira sin dejar de abrazarme y su barbilla queda afirmada en mi nariz, levanto rápidamente mi cara por la comezón y nuestros labios quedan pegados. Estoy inmóvil. Siento su boca abrirse y una pequeña sonrisa aparece en su cara, miro sus ojos que comienzan a abrirse lentamente y me besa. Su boca sabe a menta amarga, sus labios carnosos y suaves se separan y toda mi boca es tragada por la suya, devuelvo el beso masajeando sus labios con los míos, sus dientes muerden y tiran suave y lentamente mis labios, su lengua entra en mi boca y saborea la mía. Su mano derecha en mi espalda me empuja hacia él y su mano izquierda se desliza por debajo de mi camiseta y aprieta mi oblicuo. El beso se detiene, sus pequeños ojos se abren por completo, el calor se apodera de mis mejillas, lo veo sonreír y ahora soy yo quien lo besa, levanto mi cuerpo para quedar sobre él y siento su pene duro chocar con mis piernas. Sus manos deslizan la camiseta fuera de mi cuerpo, acaricia mi espalda y me empuja con fuerza sobre él, me gira rápidamente y todo su cuerpo queda sobre mí, su mano baja por mi cintura y entra por debajo de la ropa interior, agarra mi trasero con su gran mano. Separa nuestras bocas y pasa su lengua por mi garganta, su barba casi invisible raspa mi clavícula, ahogo un gemido, con la lengua llega a mi lóbulo y siento sus dientes hincándose en él, su mano en mi trasero toma el borde de mi bóxer y me lo quita dejándome completamente desnudo. Baja la boca a mi tetilla izquierda y acaricio su cabello, muerde suave y vuelve a lamer. Tomo su cara y lo llevo de vuelta a mis labios, su beso es suave pero lleno de deseo. Nos giramos y nuevamente estoy sobre él, beso su cuello y bajo por el centro de su pecho hasta llegar a su pequeño ombligo, paso mi lengua por él y una línea de vellos forman un camino que me invita directo debajo de su ropa interior. Bajo un poco más y por sobre su bóxer paso la lengua en busca de su pene duro, se siente grande, el paquete que se le forma es enorme, busco su mirada y veo su cara llena de placer, así que me decido y lo desnudo lentamente; voy dando pequeños besos desde la base de su pene recorriendo su longitud a medida que quito su bóxer.

—Mierda —murmuro sorprendido

Termino de sacar su bóxer y tengo su pene sin circuncidar frente a mi cara, debe medir unos 24 centímetros o más, beso y observo como su líquido preseminal cuelga desde su pene a mis labios, paso mi lengua por estos y luego meto su glande en mi boca, comienzo a saborear, recorro con mi lengua los bordes y escucho un suave quejido proveniente de él. Su pene sigue endureciendo y crece en cada latido, intento meterlo más en mi boca pero fallo, entrando poco más de mitad de su longitud y comienzo con arcadas, a través de mis lágrimas lo veo sonreír, se siente orgulloso de su pene y puedo apreciar el motivo. Con su mano derecha comienza a masturbarse, al mismo tiempo que con la otra toma mi cabeza y me empuja para pegar mi boca en su pene, lamo y trago lo más que puedo mientras se masturba. Sus músculos se contraen y el sudor comienza a brotar por nuestros poros, veo la tensión en su abdomen que contrae cada vez que se encorva al tiempo que deja escapar suspiros. Intento nuevamente meter más su pene en mi boca sin lograr entrar ni un milímetro más que en el intento anterior; suena una pequeña risa gutural y comienzo a lamer su glande.

Empuja mi cabeza hacia abajo, quedando mi barbilla rozando sus testículos, con mi mano acaricio su escroto colgante, estiro y comienzo a lamer, su respiración se acelera, sus dedos enredados en mi cabello me arremeten contra su paquete, puedo sentir su olor a sudor mientras mi lengua no para de lamer. Me tira del cabello y lleva mi boca a su pene nuevamente, lo introduce dentro, embiste lo más que puede causándome arcadas, mis lágrimas comienzan a brotar y siento como su rabo palpita en mi boca bombeando su semen con mucha fuerza, saco su miembro de mi boca y sin dejar de masturbarse eyacula sobre mi cara. Escucho un quejido acallado seguido por su respiración profunda, toca mis labios y con mi lengua saboreo su viscoso y blanco semen que no para de expulsar. Con sus manos limpia su cuerpo donde ensució, limpia mi cara y me da de beber su elixir, toma mis brazos para cargarme sobre él y me vuelve a besar.

—Iré a la ducha.

—Está bien —digo mientras busco mi bóxer entre las tapas.

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