La princesita

La princesita
La princesita era una chica muy jovencita de 20 años. Yo entonces tenía unos 41 años. La llamaban así porque se parecía a cualquier princesa de un cuento. Tenía el pelo corto y era delgadita y muy atractiva. Yo también era considerado muy bello. Algo me dijo en una ocasión sobre un curso que estábamos dando. Sentía interés por mí. De vez en cuando hablábamos algo. Pero otras veces no conseguía ni una palabra.
Hasta que en una ocasión sucedió una anécdota muy divertida. Coincidí con ella en el autobús de la empresa para la que trabajábamos. Era muy de mañana. Quizás por eso y por la belleza de la chica tuve esos golpecitos invisibles que uno tiene en el pene. Yo creí que ella no se podía dar cuenta, pero por cada golpe ella se reía a carcajadas. La situación era de lo más curiosa y jocosa. La chica sabía más que el tango.
Luego se acercó a donde estaba yo y me habló, aproveché para decirla que la invitaba a mi casa. La princesita me dijo luego hablamos.
Y terminamos en mi casa.
Me tire a por ella. La besé en la boca. Ella la abrió y metí la lengua. Se desnudó y me comí sus deseables y no pequeños pechos. Eres un cabrón me dijo, cambiándole el tono de la voz como más ronco. La chica era toda una vampiresa. Me vuelves loca. Me puse a lamerle el chocho. Ay pirata como me gusta eso. Empezaba a chillar. También chupe su ano. Cómeme el culo. Así así . Mete la lengua que me corro. Me pareció que chillaba demasiado y que la iban a oír los vecinos. Me comía todo su cuerpo y su boca. Devórame la boca decía. Nos metimos en la ducha. Se la metí por la vagina. Ella gritaba y me decía eres un maricón de mierda. Yo que la creía tan dulce e inocente. Yo la sensibilidad la tengo en el coño parecía decirme. Me la folle sentado en la ducha y ella encima de mí dándome la espalda así que podía masturbarle el clítoris. Ay que golfo. Eres un cerdo. Yo también me excitaba con sus gritos. Nos pusimos de pie dándole por detrás. Le di un cachete en las nalgas. Más, más me pedía. Pégame, pégame. Lo hice una vez pero ya no podía darle más. Déjame las nalgas rojas. Luego me dijo escúpeme, escúpeme y tampoco podía. Métemela por el culo y yo no quise porque pondríamos la ducha perdida. Como gritaba. Ella se había corrido varias veces. Se agachó y se puso a chupármela. Suéltamelo todo que me lo trago. Y así lo hice. Fue un orgasmo descomunal. Ella se tragó todo el semen y paso la lengua por sus labios.
Nos vestimos y me dijo que muy bien pero que no repito porque tengo novio.

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