La tía Adriana.*

Mi tía Adriana. Esposa del hermano de mi papa, que trabajaba como trailero y por eso casi no estaba en casa.

Mi tía siempre nos dejaba quedarnos en su casa los fines de semana con la condición de no decirle nada a mi tío cuando salía de fiesta.

Adriana. Morena clara, delgada, pechos chicos, trasero chico, de piernas largas y bien formadas.

Una de esas noches que mi hermano y yo nos quedamos, y como era de costumbre mi tía salió con unas amigas.

Ya pasaba de noche a madrugada, mi hermano se fue a dormir y yo seguí viendo la tele.

Como no tenían hijos nosotros éramos los consentidos de los dos.

Cuando llego mi tía; eso si bien hasta su madre de ebria, me miro preguntando qué porque no me había ido a dormir.

Después de contestarle me pidió sobarle los pies; ya que bailo por mucho tiempo.

Accediendo fuimos a su recamara para tumbarse en su cama, tapándose con una cobija delgada; pues era tiempo de calor.

Me comento que cuando terminara me podía ir.

Al empezar a masajearle los pies, no podía parar de pensar en subir mis manos hasta su rodilla.

En eso le hablé, volví a llamarle y nada; mi tía se quedó profundamente dormida.

Hice lo pensado, subí mis manos hasta su rodilla, mi corazón estaba al 100 de latidos.

Baje las manos para terminar de sobarle.

¿Y si voy más arriba? Pensé ¿Se despertará?

Subí con mucho cuidado mis manos por sus piernas, podía sentir una excitación tremenda, acompañada de un nervio casi palpable, pero no quería dejar de sentir esa suave piel aromatizada por un perfume fresco en sus piernas.

Quite un poco la cobija hasta donde le llegaba una falda corta color blanca.

Acaricie sus muslos hasta llegar a su tesoro del placer.

Se sentía peludo y a la vez algo húmedo.

Como si nada comencé a oler sus piernas, disfrutando del poco sudor que tenían por el baile, mis manos se encontraban entre jugando a la entrada en medio de su panti y de su vagina.

Saque mis manos para darme una paja.

Volví a tocarle esas piernas que más de un hombre en la calle volteaban a ver.

Ahora me di valor e hice aun lado su calzón para con una lamparita de llavero ver por primera vez y en vivo una vagina.

Ahí estaba, cubierta de vello púbico, sus labios como si estuviesen de lado.

Un dedo entro en esa cueva, sintiéndome morir por los nervios de que despertara y por ser la primera vez que tocaba a una mujer.

Lleve mi mano a mi nariz y el olorcito no me agrado del todo, pero me excitaba el poder oler la intimidad de una mujer.

Seguí disfrutando del aroma de sus piernas, parecía que me embriagaba de lujuria. Me decidí a oler en directo su peluche. Wooo.

Esta vez aquel olor no me asqueo.

Me baje el pantalón para seguirme dando placer. Con una mano acariciaba a mi tía y con la otra tirándome a pajas.

Ahora quise saber que se sentía tener en ambas manos unos senos o chichis como les decíamos.

Se sentía agradable tener dos bolas de carne acompañadas de un pezón obscuro. Eso si no le alce mucho la blusa, ni el brasier.

Pero, esa sensación y siendo la primera, me hacía estar en otro lado.

Me subí como pude a la cama para oler esos pechos que mis ojos miraban por vez primera.

Quise hacer lo que veía en los videos eróticos, sacando la punta de mi lengua, para sentir la punta de aquel pezón obscuro.

Solo me dedique a lamerle los pechos a mi tía borracha.

Como pude puse mis labios en los suyos; en eso sentí que ella entre paro la trompa y entre abrió la boca.

Veía que su lengua daba pequeñas vueltas dentro de aquellos labios entre abiertos; así que medio metí la lengua sintiendo la de ella.

Ahora me posicione como al principio, porque mi tía hablaba palabras sin sentido.

Al quedarse callada, fui hasta su puchita, haciendo lo mismo que en sus pezones.

Su sabor era entre dulce y amargo, acompañado de su liquido como si fuera moco.

Estaba tan caliente que ya no hice más que pajearme y con la otra mano acariciarle las piernas, los pechos y la entrada de la vagina de mi tía.

Sin darme importancia le moje un poco los pies de mi leche y créanme que si me ordeñe bastantita.

La tape bien con la cobija y le di un último beso en la boca.

Al día siguiente la espié al bañarse y ahora que soy grande me arrepiento de no haberla disfrutado como se veía.

Su lencería color café, hacía que le combinara perfectamente con el color moreno claro de su piel.

Cuando la veo desnuda, constate que a pesar de tener pechos y trasero chico, se veía muy antojable.

Obviamente ese fin de semana, casi me mate a pajas a su salud.

Por la tía Adriana6.
Vladimir escritor.

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