LAURA, LA HERMANA PEQUEÑA

LAURA, LA HERMANA PEQUEÑA
Tenía 36 años cuando conocí a Laura y a su hermana Mónica. Fue en un trabajo que recuerdo con disgusto. Lo único bueno fueron ellas.
Mónica vivía en mi barrio e iba con ella en el metro. Era esbelta, morena y muy atractiva. De unos 23 años. También vino después con nosotros un amigo suyo, guapo, atlético. Yo creía que ella salía con él. Algo hubo pero un día el chaval me confeso que yo era muy ingenuo y que ella podía estar interesada en mí.
Pasó un año y apareció Laura, la hermana menor de Mónica de pelo largo y liso. Era como dos años más joven pero no lo parecía. Era también, alta, esbelta pero delgada. Atractiva. La verdad es que me gustaban mucho las dos. Creo que Mónica se dio cuenta y me miró una vez con cara de asco como dando a entender, que podía tenerlas a las dos.
Pero por mi timidez no me atrevía a insinuarme y otro joven se adelantó. Prefirieron ir con él en el metro aunque creo que no les gustaba demasiado.
Mónica cogió una enfermedad grave que podía ser contagiosa. Laura no enfermó, pero tenía que tomar una medicación muy fuerte.
Llevaba tiempo sin verlas, pero un día me encontré a Laura sola puesto que Mónica estaba en su casa, acostada. Se sentó frente a mí y note como se le disparaban los ojos de deseo. Necesitaba estar con un hombre a causa de la situación que estaba pasando.
-¡Te acompaño!- le dije.
Ella accedió. Nos bajamos en la parada. Fuimos de noche por la acera, cerca de un parque.
-¡Te beso!-le dije.
-Si, por favor- me contestó.
La abracé y nos besamos.
-Vamos a mi casa-me dijo.
Estaban sus padres y al verlos me entro vergüenza. Laura me llevó su cuarto.
-Saben que eres un amigo- me dijo. -No vamos a follar sino a tocarnos.
Y nos desnudamos. La besé y pasé la lengua por sus hombros. Su cuerpo era bello. Me comí sus pechos. Nos besábamos , metiendo ella su lengua en mi boca. Jadeaba con rabia. Le acaricié el clítoris y le metí primero un dedo y luego otro por la vagina. Ella gimió y lanzaba ayes muy altos. Y gritaba.
-No pasa nada- me dijo.
Tuvo varios orgasmos. Su sexo estaba empapado.
Se lanzó a por mí y se puso a meneármela. Justo en ese momento entró Mónica. Llevaba un camisón. Las dos se miraron y jadearon salvajemente. Con cara de placer. No pude aguantar más y en poco tiempo me corrí soltando mucho semen que salía disparado. Cayendo en su cuerpo. No sé como Mónica también se manchó. Ellas siguieron jadeando un rato.
Me vestí y me marché.

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