Le pagué con la misma moneda a mi marido

Soy una mujer de 46 años, casada desde los 17, nacida en una muy pequeña población y, como toda mujer pueblerina, me case muy enamorada y con muchas ilusiones. Mi esposo era uno de los jóvenes mas guapos del pueblo y fui la envidia de muchas muchachas de mi edad.
Pero mi felicidad duró poco, pues a los cinco o seis meses de casados, mi esposo comenzó a llegar tarde, muchas veces tomado y comencé a encontrar rastros que me hacían sospechar que estuvo con alguna mujer. Esto lo confirme meses después, ya que tuvo problemas con un hombre que le reclamo haber estado con su esposa. Por éste motivo, y por su seguridad y la mia (ya que amenazo con cobrarse conmigo), tuvimos que salir del pueblo e irnos a vivir a una ciudad a 120 kms. de nuestro pueblo. Y aquí comienza todo.

En un principio rentamos un departamento muy pequeño y el, mi esposo, trabajaba en lo que podía. Cabe señalar que, con todo y sus defectos, es muy trabajador y muy responsable, pero también muy mujeriego. Al cabo de un año y medio, se pudo colocar en una buena empresa (Una marca de frituras muy conocidas) como chofer vendedor y antes de un año en ese empleo, ya era supervisor de ventas con un equipo de seis vendedores a su cargo. Ahora, por necesidades de su trabajo, nos mudamos a otro lugar, pero ahora era una casa muy grande, con amplio patio, jardín y su cuarto de servicio. Claro, también rentada.
Como ahí no conocíamos a nadie, yo me sentía sola. Mi esposo tenía la costumbre de cada sábado irse a ver el fútbol con sus amigos, que eran parte de su equipo de choferes vendedores. Llegaba tarde y a veces muy tomado y yo me deprimía mucho.
Teníamos un poco mas de tres años de casados cuando quedé embarazada y, gracias a eso, el comenzó a cambiar. Se volvió mas hogareño; así que en cuanto salia de trabajar volvía a casa y dejó de salir con sus amigos los sábados, y se quedaba a ver el futbol en casa conmigo, pues también me gusta ese deporte; este detalle me agradó mucho. Pero cuando tenia yo cinco meses de embarazo, él tuvo que acudir a un curso de capacitación para los supervisores de la empresa a una ciudad vecina, donde estaba la matriz de dicha empresa. Ya iba en camino cuando me habló diciendo que había olvidado su agenda, me pide unos datos que había en ella, se los paso y, al cerrarla, vi unas palabras raras en una de las paginas y entre paréntesis decía: (contraseña). No le di importancia, pero como fueron tres días los que estuve sola y no podía hacer mucho a causa de mi embarazo, me aburría y me entretuve con la computadora. Fue entonces que encontré ahí unos archivos de mi esposo que pedían contraseña para abrirlos. Recordé la agenda y tomé la contraseña. Vaya sorpresa! Fotos de varias mujeres, algunas con poca ropa y otras sin ropa al lado de mi esposo, con fechas y lugares de donde se conocieron y mas cosas que me destrozaron emocionalmente. Lloré mucho y pensé en recoger mis cosas y que al regresar ya no me encontrara. Pero como sabía que mi familia no me aceptaría de regreso, no tuve el valor de irme, y menos en mi estado. Pero tuve tres días para pensar, así que controle mi coraje y comencé a pensar en la venganza, y es que, mas que su infidelidad, me dolía la burla de que tuviera eso en casa, en la computadora que ambos usábamos. En mi estado no podía hacer nada, pero me dije a mi misma: “ten paciencia; ya saldrás de ésta y entonces si podrás cobrarle esa cuenta”. Le di tantas vueltas en mi cabeza, que hasta comencé a sentir que todo el amor que le tenía había desaparecido y solo sentía deseos de venganza. Así de humillada me sentí.
Como era muy joven, no tenía experiencia, y no sabía como, pero estaba decidida a cobrarme a como diera lugar.
Cuando mi marido vuelve, no le di a sospechar nada. Pero, me comenzó a rondar una idea en la cabeza. Mi esposo ya no salía con sus amigos los sábados como antes, por no dejarme sola en mi estado y, un sábado, mientras veíamos el fútbol, le dije: ” veo que te aburres conmigo. ¿Por que no invitas a tus amigos a ver el fútbol aquí en casa? Tenemos mucho espacio. Se podrán tomar su cerveza y yo les puedo preparar una botana. Así yo no estaré sola y tu no te aburrirás”. A mi marido le gustó la idea y me lo agradeció. Desde el siguiente sábado llegó con tres de sus amigos. Llegaron con dos cartones de cerveza y botana para preparar. Allí conocí a Pedro, Ernesto y Antonio. En ocasiones posteriores llevó también a Juan y Guillermo. Esos cinco fueron los que nos visitaron casi cada sábado. En términos generales me cayeron bien y desde un principio fueron muy respetuosos conmigo.
Les comentaré un detalle curioso. A Pedro le decían “el burro” y yo no sabía por que; así que en cierta ocasión, mientras les arrimaba una botana, le pregunté directamente frente a todos: “¿por que te dicen burro? Yo no veo la razón”. A todos les dio risa, incluso a mi esposo. Ernesto me dice: ” es que no lo has visto encuerado como nosotros. ¿Has visto a los burros cuando parece que tienen cinco patas? Cuando éste está encuerado parece que tiene tres”. De momento no entendí, pero por sus actitudes por fin comprendí a que se refería; se me subieron los colores y me puse toda apenada y mas risa les dio. Pero después, ya en privado, me imaginaba que tan bien dotado estaría el tal Pedro como para que le dijeran “burro”. En mi estado de embarazo me daban muchos deseos, y mi esposo casi no me tocaba, segun el por cuidarme, así que me la pasaba deseosa y me dio por fantasear, y comencé a planear que hacer para seducir a ése Pedro en cuanto saliera de mi embarazo. Ese era mi plan, cobrarme con un amigo de mi esposo y que el no lo supiera, así me podría reir de él a sus espaldas. Con mi embarazo de mas de seis meses ya no era mucho lo que podía hacer para llamar su atención. Solo me esforcé por ser muy amable con todos ellos para ganarme su confianza, cosa que logré, pero también aproveché algunas ocasiones para dejarle ver algo de piernas y otra cosa; y es que debido a mi barriga no me era posible sentarme bien y, cuando estaba frente a Pedro, abría mas de la cuenta las piernas como por accidente. Desde luego que Pedro se fijó, pero no solo él, sino también Ernesto, quien, después me di cuenta, era el mas morboso de todos. En una ocasión, aprovechando que mi esposo estaba retirado, me sente en un sillón reclinable que el sacó al patio. Mi bata de maternidad me quedaba arriba de las rodillas y al sentarme fingí que me iba hacia atrás en el sillón; esto me dio lugar a separar casi por completo las piernas frente a Pedro, quien rapido se acercó a ayudar a incorporarme. Lo que no había notado es que Ernesto estaba a un lado sentado y, al darse la vuelta para ayudarme también, su cara quedó totalmente enfrente con todo el panorama de cerca. Vi la mirada que se lanzaron el y Pedro. Pero el “accidente” logro el objetivo; desde entonces comencé a recibir muchas atenciones de ambos.
Total que, nació mi bebé y ellos muy amables, cuando regresé a casa, me llevaron flores y regalos para mi niña; cosa que me enterneció y valore muchísimo. Mi esposo, ahora se volvió aún mas hogareño y todo su tiempo libre lo pasaba en casa, quería mucho a nuestra hija y cambió mucho para bien, pero eso no modifico mi resentimiento hacia él.
Dos meses después del parto, yo me sentía muy bien físicamente y me di cuenta que la maternidad moldeo mi cuerpo y me sentía mas segura de mi misma.
Como mi esposo ya no salía con sus amigos y tampoco los llevaba a casa, le pregunté que sucedía. El me dice que no desea dejarme sola y que no quiere que ellos puedan incomodarme con sus visitas. Le dije: “No me molestan en nada, al contrario, me caen bien y se que tu necesitas compañerismo y relajarte un poco. Si deseas, invítalos como antes por mi no hay problema, no todo debe ser trabajo, a mi en nada me molesta”. El se alegró mucho por esta actitud mía y para el siguiente sábado ahí estaban. Procure vestirme de manera llamativa, que se notara mi figura. Le dije a mi esposo: “para que no me vean en fachas”. Ahí me di cuenta de dos cosas. Una, que mi esposo confiaba mucho en mi y en sus amigos. Y dos, que se sentía orgulloso de mi y no era celoso.
Mientras ellos veían el fútbol y platicaban, yo los acompañaba sentada en el reclinable, y desde que me senté ahí, veía las miradas insistentes de Pedro y Ernesto. Traía una falda angosta, arriba de la rodilla y al percibir sus intenciones, decidí darles entrada. No sabía cómo, pero algo tenia que hacer. Les dije: “si quieren que les haga una botana, uno de ustedes debe ayudarme a lavar y pelar unas frutas”. Rápido, Ernesto se pone de pié y me dice: ” yo te ayudo “. Mientras yo rebanaba unas carnes frías, Ernesto lavó y comenzó a pelar unas jicamas y pepinos. Al ver la torpeza con que lo hacía, le dije: ” dejame enseñarte como se hace”. Me acerqué demasiado a él y, prácticamente le tome las manos para enseñarle a usar el pelador. Quedamos tan cerca, que el no se aguanto y me abraza dandome un beso en la boca. Yo me quedé helada y muy sorprendida y el se quedó con los ojos muy abiertos, como asustado. No dije nada, sólo me aparté y terminé lo que estaba haciendo y le pedí me ayudara a llevar los platos.
Desde ese momento quedó el camino abierto, solo faltaba la oportunidad.
Ernesto, no tardó en decirle a Pedro lo sucedido; lo supe por sus miradas y, para la siguiente ves que nos visitaron, ya lo sabían los cuatro que esa ves estuvieron en casa; era evidente. Ahora fue Pedro quien se ofrecio a ayudarme a hacer una botana, quedandose solo conmigo y, al percibir que algo pretendía, me le adelante preguntándole: “¿Que sabes tu sobre la relación de mi esposo con la señora Elia, del restaurante de la Colonia del Valle?” “¿Tu sabes eso?” me pregunta él sorprendido. Le dije que si, y que sabía de Maria Luisa, Socorro, Rosy y otras que recordaba haber visto en la computadora. Pedro aceptó que eran “amigas” de mi esposo, pero que no sabía más. Le dije: “se que se ha metido con ellas, y quería estar segura porque le voy a cobrar con la misma moneda. No se con quien ni como le haré, pero se la voy a cobrar”. No dije mas y me aparté de él, llevando la botana a la mesa. Por ya por la noche, antes de irse, Pedro me pasa un papel doblado. En el, de manera extensa, me explica que sÏ saben ellos de la señora del restaurante y de otra de nombre Elvia, pero que de las otras no saben nada. Me pide que no haga una barbaridad, que ellos se consideran mis amigos y que todos estan dispuestos a ayudarme en lo que yo necesite. Que aprecian mucho a mi esposo, pero que me ven como víctima y estan de mi lado. Me dice que el próximo sábado, le pedirán a mi esposo los deje quedarse en el cuarto de servicio, pero que haran algo para que tome de más y yo pueda salir a platicar con ellos, porque quieren aclarar algunas cosas conmigo. Queremos “ayudarte”. Esa fue su expresión.
El siguiente sábado, llegaron muy temprano. Habían planeado hacer una parrillada, llevaron guitarras y cantaron. La pasamos muy bien, pero se fue el tiempo. Dieron las 10 de la noche y se fueron Antonio y Juan y solo quedaron Pedro y Ernesto. Mi esposo, en efecto, andaba ya muy tomado. Cuando Pedro quiso encender su carro, este no prendió. Debido a esto, le pidieron a mi esposo los dejara quedarse. Mi esposo les facilitó todo, pues me pide les arregle el cuarto de servicio, diciendo que él se sentía muy cansado y se iba a dormir.
Yo, sin decir nada, fui y preparé el cuarto. Ellos me dicen: ” Dejalo que se duerma y vienes un ratito, queremos platicar contigo”. No respondí nada, solo salí de ahí casi huyendo. Llegué a la habitación con mi esposo y, el ya estaba acostado. No tardó en estar profundamente dormido. Deje pasar aún una hora, me levanté con sigilo, me puse mi bata, me aseguré que la bebé no estuviera despierta y salí muy despacio. Abrí la puerta de la cocina, muy indecisa aun. Y es que no es lo mismo desear y planear una cosa que llevarla a cabo. ahora me parecía una barbaridad lo que estaba por hacer y no tenía valor para ello. Salgo al patio y un par de siluetas salen de la oscuridad. Allí estaban Pedro y Ernesto esperandome. Me toman del brazo y me llevan al cuarto de servicio. Yo me resisto un poco y les pido que hablemos ahí afuera del cuarto, pero no me hacen caso y me hacen pasar cerrando la puerta. tenían solo una lampara muy tenue encendida, de manera que estabamos en penumbra. Yo ya me había arrepentido y les decíua; “¡No, no quiero! ustedes decían que querían platicar” ernesto me dice: “Hablamos luego”. estaba uno frente a mi y el otro a mis espaldas y, pasando sus manos por mi cintura desde mi espalda, Ernesto desata mi bata y la abre. Solo llevaba la bata y pantaleta, de manera que quede con los senos al aire; Pedro me abraza y comienza a besarme mientras Ernesto me saca la bata y hacen sandwich conmigo. Yo esperaba que mi primera experiencia extramartital fuera algo tierno y romantico con uno de ellos, pero estaba siendo todo lo contrario, nunca esperé que me fueran a tomar entre dos y menos de esa forma. Pedro me abraza y comienza a besarme con mucha pasión, mientras Ernesto se quita toda la ropa y luego el hace lo mismo que Pedro, me abraza y me besa de forma mas salvaje tocandome toda mientras Pedro se desnuda. Ya desnudo, Pedro me voltea hacia él ysentado en una mesita alta, me forza a inclinarme hacia su pene con claras intenciones. Es ahora cuando entendí por que le decían “burro”. Un pene muy blanco y cabezón, de casi 20 cms y bastante grueso. Me resistí un poco, mas que nada porque me sorprendió lo que veía, y es que ya la pasión me estaba invadiendo y sentía muchos deseos. Me dejé vencer y Pedro empujó mi cabeza hasta su pene, lo tomé en mi mano y metí lo que pude en mi boca. Mientras tanto, a mi espalda Ernesto seguia tocando todo lo que quería, me sacó la pantaleta y acariciaba mi trasero y besaba mi espalda por toda la espina dorsal. Eso fue lo que mas me encendió, pues es uno de mis puntos mas vulnerables y Ernesto sin saberlo dió con el. Separó mis piernas y siento su pene a la entrada de mi vagina y de un solo empellón lo metió todo. Yo solo pude hacer: ¡ Aaaahhh! Pedro no me suelta y sigue empujando mi cabeza arriba y abajo en su pene y a mi espalda Ernesto comienza a bombear frenetico y pronto siento que se derrama en mi. Se separa y ahora Pedro me lleva hacia la cama, me acuesta en ella, no sin antes pedirme que seque mi vagina con una toalla. Se acuesta a mi lado y comienza a acariciarme y besarme con mucha ternura. ¡Que diferente! Siento mucha pasión y le correspondo dejandome llevar por la pasión. Despues de muchas caricia y besos, por fin me penetra. Yo estaba preparandome para sentir alguna dificultad al recibir algo tan grande pero, para mi sorpresa, ¡no tuve ninguna dificultad! y es que hasta el momento solo conocía el de mi esposo, que tendrá a lo mucho 15 cms y el de Ernesto, que acababa de conocer tal ves igual o menos. Solo sentí mi vagina bien llena, pero ninguna molestia. Pedro supò tocar mis puntos sensibles, de manera que logré un orgasmo pronto. Luego, me sorprendí yo misma al darme valor para llevar a cabo una de mis fantasías. Desde que supe de sus atributos deseaba saber si soportaría sentarme en algo de esas dimensiones; le mpedí se pusiera boca arriba y yo me monté en el; me acomodé y me fuí sentando poco a poco hasta lograr clavarme toda esa estaca dandome aún unos pequeños sentones para que nada quedara afuera. Sentía que tocaba mis entrañas, pero lo soporte bastante bien. Lo cabalgué unos minutos y ahora alcancé un tremendo orgasmo que me hizo ver luces de colores y casi me desvanecí; quede sin fuerzas y me dejé caer de costado a un lado de él. Sentí que Ernesto se colocó a mis espaldas y me penetra nuevamente en esa posición. Yo solo lo dejé hacer, ya no tenia fuerzas ni para resistirme y menos para corresponder.
Quedé como adormecida varios minutos; no estaba conciente de mi y me sentía extraña, hasta que de pronto me llega la lucidez y me levanto sobresaltada conciente de la realidad. Busco mi bata apenada de estar desnuda delante de ellos y, mientras me pongo mi bata, Pedro me dice: “No te asustes, tu esposo no se despertará, le dimos algo para dormir y seguro se despierta hasta amanecer, tranquilizate”. Ahora entendí por que tenia el tanto sueño. No pedí explicaciones y no sabía que decir; solo quería irme de ahí. Regreso al lado de mi marido y, en efecto, seguía completamente dormido, incluso en la misma posición que estaba antes. Me acosté con mucho cuidado a su lado pensando en todo lo sucedido y comprendí algo: “¡Fue mucho mas sencillo de lo que yo esperaba!”. Volteando a ver a mi esposo, le dije en silencio: “Ahora si, vete a divertir con tus amigas, yo ya tengo también con quien divertirme”. Por la mañana, mi esposo se despierta tranquilo, pues durmió bien. Les doy de desayunar a los tres y Pedro y Ernesto se retiran sin demostrar absolutamente nada.
Con el tiempo, hubo otros encuentros con Pedro en casa y fuera de ella. Con Ernesto solo en otra ocasión mas, pues no era nada habil y no sabía hacerme gozar. Despues tambien estuve con Antonio y Juan y por ultimo con Guillermo y si mi esposo hubiera invitado a algun otro amigo, seguro que también me lo hecho. Así que por mi parte le apliqué el dicho: “El que la hace la paga”.
Luego les platicaré algo muy divertido que ocurrió en otra tardeada que hicieron en casa mi esposo y sus amigos. Ahora ya con las cartas destapadas y sin temores por parte de ellos y mía, las cosas fueron mas faciles. solo nos cuidamos de mi esposo; unos lo distraían mientras otro aprovechaba y así por turnos. ya les platicaré.

Un comentario en “Le pagué con la misma moneda a mi marido

  • el 8 septiembre, 2019 a las 13:55
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    Q riko saber q se puede pagar con la misma moneda

    Respuesta

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