Mi mamá y mi amigo Francisco – Regreso 5

Tengan a recibir siempre mis saludos cordiales queridos lectores y que aún siguen pendientes de este relato que poco a poco irá llegando a su fin y lo que ha pasado con los personajes en la actualidad.

Entre las cosas que le gustaban mucho a mi madre era hacerle sexo oral a mi amigo, cuando la veía acariciaba y besaba de diversas formas el negro e inmenso miembro, sus pequeñas manos blancas recorrían todo el tronco de la verga en la que resaltaban algunas venas grandes, y eso era algo normal según entendí con los años pues para mantener un pene de esas dimensiones totalmente erecto, las venas deben llevar abundante sangre. Y de igual manera su lengua subía y bajaba por el negro tronco hasta subir por completo hasta ver sus labios abrirse para engullir el negro y voluminoso glande, el cual, relamía como si fuera una bola de helado, de chocolate en ese caso, asimismo, sin dejar de jugar con la parte del ojo meón. Y haciendo un esfuerzo tragaba una parte del pene, aunque nunca pudo devorar ese trozo de carne hasta su base, pues era una misión demasiado para ella pero que al final no la detenía al momento de disfrutar y complacer con un muy buen oral a su joven amante. Tampoco sin olvidar que igual atención les prestaba a los huevos de Francisco, al lamerlos y engullirlos y jugar con ellos en su boca, uno cada vez, dejándolos bien ensalivados y que le gustaba mucho a él; y que ahora me parece como si hubiera estado degustando los famosos huevos de cien años. Ni tampoco decir cuando mi amigo antes de eyacular sacaba su pene de la vagina de mi madre y la ponía en su boca para que reciba toda su abundante carga de leche que ella muy deseosa recibía como si de un néctar de vida se tratara, y a veces veía como la descarga de lactosa era tan fuerte, que algunos chorros de semen iban a parar a sus mejillas, barbilla o chorreaban por la comisura de sus labios aunque al final los atrapara con la lengua la muy golosa perra.

Y nunca dejaban de disfrutar de hacer el 69 siempre como parte de sus juegos previos y que recuerdo la primera vez cuando mi amigo aprovechó para decirle a mi madre que se sujete bien y él hacía lo mismo mientras se ponía de pie, cosa que continuaron en esa pose con mi amigo completamente de pie y mi madre de cabeza. Que ella fuera delgada y pequeña facilitaba que Francisco pudiera aguantar buen tiempo así sin cansarse rápido mientras preparaban sus sexos para la inminente cópula. Además, había una pose en la que mi amigo la tenía cargada todo el rato a mi mamá pues mientras ella pasaba sus brazos por el cuello de él, Francisco la sujetaba de las nalgas subiéndola y bajándola a buen ritmo, y cómo él decía hay que tener buenas piernas para aguantar, pero al menos con mi madre no era tanto el esfuerzo. Y lo bueno es que también se podía ver muy bien la penetración, la negra verga abriéndose paso entre los intestinos de mi mamá, su pobre vagina se abría como una boca hambrienta mientras sus lenguas se enredaban como serpientes febriles.

Otra pose que me gustaba era cuando mi amigo se sentaba al borde la cama y mi madre de espaldas a él, agarraba el grueso pene y lo colocaba en su entrada vaginal mientras lo restregaba con sus jugos vaginales y lentamente dejaba que la gravedad haga su trabajo y la verga se fuera abriendo paso hasta completar la unión y solo dejar a la vista los negros huevos de Francisco. Mi madre cerraba los ojos mientras empezaba a moverse en círculos con la verga llenándola por dentro, aunque luego también subía y bajaba ayudada por mi amigo que la sujetaba por la cintura y es allí cuando podía ver la cópula en su máxima expresión. Los labios vaginales de mamá se hinchaban y tomaban un color más oscuro a su rosado natural con el paso de los minutos, signo inequívoco de su excitación y en ese subir y bajar ella se empalaba en esa negra y gorda verga que brillaba por los jugos de su madura amante. Eso era impactante pues el pene era demasiado para esa pequeña vagina, o eso es lo que yo siempre pensaba, pero me daba cuenta lo equivocado que estaba. La negra berenjena entraba y salía, iba y venía, centímetro a centímetro dentro de la vagina y así se repetía la misma operación por varios minutos, mientras sus cuerpos se fusionaban en uno solo, mi madre derritiéndose como mantequilla encima de mi amigo que en su rostro mostraba la satisfacción que da el placer furtivo, el tipo de placer que solo da el poseer a la mujer de otro hombre.

  • Siempre es delicioso hacerle el amor señora Norma. – gruñó mi amigo.
  • Mmmmm sí lo haces muy rico mi semental. – respondió ella sin dejar de subir y bajar.
  • Norma, Norma… siempre serás mi Norma. – dijo Francisco empujando su negra verga haciéndole sentir su virilidad a su mujer.
  • Sí muchacho soy tuya por siempre. – contestó mi madre olvidando por completo a mi padre. Solo sigue y no te detengas.

Y así continuaron en lo suyo por un tiempo con mi amigo haciendo gala de su resistencia al aparearse y mi madre como testigo principal de eso. Después cambiaron a otra pose que, aunque no siempre recuerdo todo con claridad, sí recuerdo las poses que practicaban con más regularidad. Así vi a mi madre echarse boca arriba y mi amigo encima agarrando sus pies y poniéndolos en sus hombros para que luego mi mamá agarrara la negra verga y colocarla en su entrada vaginal, su amante movía sus caderas hacia adelante hasta tener todo su miembro dentro del cuerpo de ella. Y una vez más, Francisco poseía a mi mamá como tantas veces antes y tantas otras después, la mata de vellos púbicos rubios se percibía a lo lejos desde donde me escondía. La gorda verga parecía un taladro neumático que estaba diseñado muy bien para su labor de perforar sin remordimientos la suave vagina de mamá pues las embestidas que le pegaba su macho eran brutales y ella solo dejaba que Francisco hiciera con su cuerpo lo que quisiera. Él debía sentir como ese gel del interior de mi madre embadurnada todo su pene y hacía más fácil la penetración, ni que decir también de la flexibilidad de ella pues sus piernas llegaban casi hasta su cabeza que sus frentes se llegaban a pegar, aunque ya luego mi amigo soltaba las piernas de mi mamá y se echaba encima a seguir gozando ahora en el misionero. Para ellos era una pose que les gustaba mucho pues podían copular y besarse al mismo tiempo y así era como hacían, mi amigo no se detenía en sus embestidas presa del gozo sexual y dándole gozo a su vez a su mujer… mi madre. Su pecho amplio producto de los músculos bien ejercitados aplastaban los pechos blancos y tersos de ella, mientas sus planos abdómenes emitían un sonido de aplausos producto del choque de los cuerpos. Mi madre se sumergía en sus gemidos que llenaban el cuarto que se ahogaban de rato en rato cuando mi amigo buscaba su boca y sus lenguas intercambiaban saliva. Francisco aprovechaba en algún momento para chupar los senos de ella y seguir con la exploración genital pues no tenían apuros de ningún tipo al saber que yo no los interrumpiría y mi padre llegaría después de algunas horas a casa. El cuarto se llenaba siempre de ese olor tan característico del sexo, ese olor que incitaba a los amantes a entregarse aún más embriagados y descontrolados como animales salvajes. Mi amigo embestía con fuerza con su rostro trabado en una mueca de esfuerzo y calenturas propias del coito mientras el rostro de mi madre era una mezcla de placer, dolor y desesperación al sentir todas esas sensaciones en su cuerpo al unísono. La carne llama a la carne y el deseo enciende las pasiones y quema todo a su alrededor, sus genitales se entendían a la perfección; ese grande y gordo pene negro era dueño de la vagina rosada y estrecha de mi madre.

A pesar de mi corta edad, nunca dude que ellos estuvieran hechos el uno para el otro pues eran muy buenos compañeros sexuales. Quien diría que ella se entregaría de forma tan animal a sus instintos primitivos de placer… ser madre y casada parecía ser algo lejano en esos momentos. Y fui testigo furtivo de esa relación por cerca de tres años de la infidelidad hacia mi padre, pues según lo que escuché es que ya estaba alcanzado una edad en la que no era demasiado conveniente que sus encuentros fueran en casa. Por eso lo que cuento a ustedes abarca lo más resaltante de esos años pues el resto solo queda a mi imaginación y lo que ocurre en la actualidad, ya lo contaré en el capítulo final. Muchas gracias por su tiempo y atención.

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