mis vacaciones con mi novio en cancún

Me llamo Antonia, tengo 24 años, me considero una mujer linda, mido 1,60 cm, mi cabello es ondulado, castaño y corto, mis ojos son color miel.
Viaje con mi novio, por fin llegamos al Hotel después de varias horas de vuelo y escalas. Mi novio y yo tenemos varios años de estar juntos, mi novio me regalo el viaje como regalo de aniversario de habernos conocidos, por lo que el viaje era reconfortante y prometedor, el viaje por si solo anunciaba relajación y sobre todo mucho sexo, algo que tanto a él como a mí nos motivaba.
Entramos en la habitación que estaba en el sexto piso, nos dimos una ducha y salimos por algo para cenar y a caminar un poco. Cuando volvimos nos sentamos en el balcón a tomarnos unas cervezas, pero primero entré a ducharme y de pasó me coloqué un vestido de baño en hilo dental rojo que me había comprado de para complacer a mi novio y a su vez, darle una grata sorpresa. Como él estaba llamándome insistentemente, ya que me demoraba un poco por eso de la ducha, las cremas, los aceites y mirándome como me quedaba el hilo, así que se cansó de llamarme y se quedó en silencio, además, él sabe que yo me demoro mucho para ducharme y cambiarme, por lo que creo que pasó más de 20 minutos en salir al balcón donde él estaba, ya llevaba cuatros cervezas consumidas
Cuando salí al balcón, supe porque se había quedado cayado, para mi sorpresa ya había hecho amistad con el vecino de habitación de al lado, un señor casi de la misma edad de mi novio, éste estaba en el lado del balcón de su habitación, pero los balcones estaban juntos y lo separa una pequeña pared de casi menos de medio metro, así que el que quisiera, solo tenía que levantar levemente las piernas y ya estaba en el otro balcón. Estaban los dos tomando cervezas, me sorprendí, ya que estaba vestida con mi nuevo vestido de baño, que era un hilo, pero rápidamente pensé: Mañana estaré delante de muchos hombres y mujeres y a la luz del sol, así que no debe darme vergüenza, por lo que salí y mi novio me lo presentó, por lo que tuve que ir hasta cerca del balcón para saludarlo de mano.
Él y mi novio siguieron conversando de un sin fin de cosas sin importancia para mí. El hombre, quien dijo llamarse Raúl, estaba ahí acompañando a su nieto, dijo que su nieto era un joven de 18 años algo alocado y que su padre le pidió a él que fuera para “cuidarlo”, él había enviudado hacia 4 años y su familia creía que él necesitaba salir y distraerse, en fin, así terminó en Cancún en una habitación de hotel prácticamente sólo, ya que el nieto casi nunca se aparecía por ahí. Él era un hombre alto de más o menos 1.80 metros y algo robusto, con algo de panza, admito que no era feo, seguro en sus años dorados fue muy guapo. Me senté rápidamente, ya que no podía controlar la pena de que estuviese otro hombre ahí viéndome como estaba vestida, pero mi novio me pidió el favor que trajera las tres cervezas, ya que Raúl había puesto las tres anteriores, por lo que me tocó darles mi espalda a ellos, volteé rápidamente y noté como el tipo me comía con la mirada, mientras mi novio de espalda a mí, no lo notaba, ya que estaba concentrado en su conversación
Traje las cervezas y se las entregué a cada uno en sus manos, por lo que volví a sentirme ruborizada, al tener que estar cerca del señor con mi vestimenta, además que ya era consciente de la forma en que me miraba; yo podía notar como Raúl me miraba con algo de morbo, cada vez que mi novio se distraía, él aprovechaba y me recorría de pies a cabeza con una mirada lujuriosa, era algo que noté, no me molestaba mucho, ya que sé que soy una mujer hermosa y estoy acostumbrada a ser observada por los hombres, y el hecho de que me deseen, me sube el autoestima, además, cuando regreso de la calle y le cuento a mi novio los piropos y las miradas, a él le gusta y lo arrecha, así que de esa forma aseguro que esa noche tendré un buen sexo. La verdad es que no podía culpar al viejo, tener frente a él a una mujer atractiva en traje de baño, luciendo unas tetas que apenas se le tapaban las areolas, unas piernas largas bien torneadas, pies pequeños muy bien cuidados, un francés en las uñas tanto de manos como de pies, y un trasero grande y expuesto totalmente, así que Raúl no tenía otra cosa que hacer más que clavar su mirada en mí. Yo solo sonreía de vez en cuando, jamás me metí en su conversación, pero como estaba un poco cansada del viaje, quería que mi novio me quitara ese vestido de baño y me clavara, por lo que dije:
– Amor, me voy a ver un poco de TV en la cama, no te tardes. –
Miré a Raúl y le dije:
– Con permiso, y mucho gusto conocerlo.
– Un placer niña. fue su respuesta.
Casi tres hora después por fin llegó mi novio a la habitación con signos bastantes fuertes de estar ebrio, y se echó en la cama como un tronco y en casi nada comenzó a roncar, ya que eso solo lo hace cuando está borracho. Así que ahí estaba yo, de nuevo, caliente como había estado desde que lleguemos a Cancún, me enojé, y le grité que despertara que me cogiera. Frustrada por que nunca despertó le di una nalgada y me baje de la cama, como me estaba tomando unos whiskys mientras esperaba a mi novio; admito que cuando él llegó a la habitación, ya estaba algo borracha y en mi coraje tomé la botella de Whiskys y me salí al balcón, había decidido ponerme ebria y quedarme dormida para que se me olvidara el coraje y se me bajara la calentura. De repente escuché lo que parecía un encuentro sexual muy ardiente, me sorprendí y me paré enseguida, buscando el origen de tan provocadores gemidos, no tardé en darme cuenta que provenían de la habitación de Raúl, como comenté anteriormente, los balcones están literalmente pegados, así que es muy fácil apreciar lo que sucede en la habitación de al lado, y mi espíritu chismoso, quiso ver con quien estaba Raúl teniendo sexo, por lo que salte el pequeño balcón y observar la escena, pero lo que vi fue que Raúl estaba viendo porno en la TV, tenía la puerta de su balcón abierta y el sonido se escuchaba claramente, para mi sorpresa no sólo eso se apreciaba claramente, cuando me asomé pude ver al viejo masturbándose. Mis ojos se hicieron enormes y la quijada se me fue al suelo cuando le miré la verga, el viejo estaba bien dotado, por lo menos desde mi posición se veía bien proporcionado. En un instante mi vagina se mojó, podía sentir mi hilo rojo empapado, apretaba mis piernas juntas y las frotaba entre sí, como tratando de sentir algo en mi chocho. No sé si fue el alcohol, que había sobrepasado mi zona de confort o no sé qué, lo cierto es que mi chocho me decía entra y mi menta me decía huye, opté por lo segundo, pensando que, si mi novio se despertaba, sería el fin de mi relación, que era muy buena, aunque había muchos morbos alrededor de eso, no sabía si mi novio lo aceptaría o no, por lo que pasé la pierna por encima de la verja para pasar al balcón de mi habitación, con tan mala suerte que tropecé la silla metálica en donde momentos antes estaba sentado Raúl, rodando por el suelo y generando la silla un ruido muy fuerte al caer al suelo, por lo que Raúl salió rápidamente desnudo y con su miembro bien erecto y del tamaño que lo había visto, me vio tirada y se dispuso a ayudarme a levantar, así que ahora estaba casi de rodilla y en frente a Raúl con su enorme verga ahí cerca de mi cara y dándome la mano, eso hiso que en mi mente brotara una idea tan pervertida que hasta podría decir que dejé de ser yo en ese momento. No lo pensé 2 veces, me puse de pie y quedé con su verga puyándome la poquita de tela que tapaba mi vulva.
Él solo atinó a decirme: ¿Estás bien? ¿Qué te sucedió niña? ¿Qué haces aquí a esta hora?
Le contesté: Disculpe que lo moleste, sucede que salí a ver si mi marido estaba acá con usted, ya que no volvió a la habitación, por lo que escuche voces en su habitación y pensé que se habían entrado y quise comprobar, pero cuando me di cuenta que no estaba él, sino que usted estaba solo y viendo TV, quise volver, pero con mala suerte que tropecé y caí, como lo ha comprobado usted.
Raúl ahí frente a mí, desnudo con su notable erección, no pude evitar bajar mi mirada de vez en cuando.
Él se agachó y recogió la botella de trago, que afortunadamente no se había partido y me dijo, si desea tomemos unos tragos y lo esperamos.
Le pedí disculpa por haberlo sacado de su distracción.
Él me contestó, discúlpame tu a mí, en eso traté de volver a mi balcón, pero al caminar noté un leve dolor en el tobillo de mi pie derecho, por lo que tuve que cojear un poco, por lo que él me dijo: No es necesario que camines, más bien te cargo y te paso al otro lado, así que, sin pedirme permiso, me cargó en sus brazos y en vez de coger para mi balcón, entró a su habitación. Jocosamente me dijo: niña Pasa a mi habitación, disculpa mis fachas, si deseas me pondré algo.
No se preocupe usted está en su habitación, además ya me voy
En la habitación aún el televisor sigue encendido y aún con la película porno. Raúl dijo que pensó que su nieto era el que estaba en el balcón y él no lo había visto entrar. Raúl se sentó en el mueble en donde estaba masturbándose, se agarró su verga y lo siguió haciendo y solo me dijo, ¿me deseas ayudar? En ese momento un aire caliente invadió todo mi ser, me invadió el nerviosismo, él se quedó mirando fijamente a mi trasero tan solo tapado por el hilo rojo, mis nalgas estaban cerca a la vista del viejo.
Como no respondí, él me tomó de la mano y me ayudó a sentarme a su lado en el sofá.
Me dijo: ¿Esta algo tomada verdad? ¿Por cierto, no sé cómo te llamas?
– Me llamo Antonia. Le mentí, la verdad si tomé mientras esperaba a mi marido, pero no estoy borracha. Casi no bebo.
Me dijo: Me haría bien un trago ahorita. ¿No me invitas?
– Claro que sí, usted ha sido muy amable no puedo decirle que no.-
Oye Antonia, creo que te han engañado en donde compraste esa botella, está por la mitad.
Me quedé muda, eso no me lo esperaba para nada, no supe que responder.
¿Cuáles son tus verdaderas intenciones Antonia? ¿Querías ver la película conmigo? ¿El televisor sigue encendido, te gusta ver porno?
Tomó el control remoto y subió el volumen. Yo seguía muda. Muy nerviosa, jamás había estado así de nerviosa, y de igual manera excitada. Mi humedad traspasaba mi hilo y comenzaba a mojar el sofá.
– A caso se te ha olvidado cómo hablar? ¿Dime Antonia, te gusta lo que ves?
Asentí con la cabeza.
– Bien. Ahora dime. Decidiste venir a mi habitación a ver la película conmigo porque te gusta, pero eso no es todo. ¿Además, tenías la intención de ayudarme con mi tarea verdad?
Yo… no alcanzaba a articular palabras
– Ponte de pie.
Obedecí de inmediato.
Ahora date la vuelta, quiero verte bien.
De nuevo hice caso.
– Mira nada más, has dejado empapado el sofá. que bien. ¿Eres toda una zorrita verdad? Esas palabras me arrecharon aún más, tanto, que pensé que iba a tener un orgasmo
– Yo, me tengo que ir señor, disculpe todo esto.
Intenté caminar, pero él me tomó del brazo, me acercó a él y a centímetros de mi rostro me dijo que no iría a ningún lado y me besó. Su lengua llegaba hasta mi garganta, yo respondí el beso.
Desde que te vi supe que eras una putita. Ahora a lo que has venido, siéntate. Quiero besarte toda.
Se sentó junto a mí, me acarició las piernas y poco a poco entraba hacia mi vulva, hizo a un lado mi tanga y metió dos dedos en mi chochita, yo tomé su verga con mi mano y comencé a sobarla. Era una buena verga de unos 20 cm aproximadamente, pero de un grosor descomunal, sus testículos eran proporcionados a su miembro, eran grandes y reposaban en el sofá, me excitaba mirar su verga con las venas hinchadas, me excitaba observar su verga dura y sin circundar.
– ¿Que bien lo haces, sigue así, dime cuántos años tienes? Y quítate ese vestido de baño.
– Tengo 28, le mentí.
– Uffff que suerte la mía, que suerte la mía, una putita con novio y de 28 años, pero que parece de 20 años, seguro que estas bien apretadita esa chochita.
Yo me encendía con cada palabra que salía de su boca que sentía soltaba un suspiro y mi cuerpo se estremecía. Solo asentía con mi cabeza afirmando todo lo que me decía.
Dime, Antonia. ¿Y qué tal eres chupándola?
– Vamos putita responde. ¿Qué tan buena eres chupando verga?
– Soy muy buena.
– Así me gusta, responde cuando te hablo. Ahora sabremos si dices la verdad. Arrodíllate y chúpamela.
No lo pensé dos veces, me arrodillé en el suelo y puse mi rostro al nivel de su monda, tenían cierto olor, no un olor desagradable, al contrario, el olor era hipnotizante y me hacía sentir muy puta. Besé la cabeza de su verga y bajé por el tronco poco a poco, venerando ese tubo erecto delicioso hasta llegar a las bolas, me sumergí en su escroto, lo besaba y chupaba con cierta desesperación, y me metía sus testículos a la boca, de verdad lo disfrutaba. Di un par de lengüetazos de abajo a arriba en toda la verga, volví a la punta y abrí mi boca para que entrara en ella, sabía delicioso, ese viejo tenía una verga que estaba disfrutando más que la de mi marido. Raúl soltó un gemido.
– Uuuhhh Uffff, pero que maravillas haces con tu boca zorrita. Ay Antonia que manera de chupar mondá.
Siii sii. –
No te la saques de la boca, sigue chupando. ¿Eres mi puta, mía y de nadie más entiendes?
– Basta zorra, harás que me corra y aún no es el momento, levántate, quítate ese hilo rojo y móntate en mi verga
Obedecí, me puse de pie y me pasé sobre él abierta de piernas, con la punta de su verga en la entrada de mi chochita esperando a ser penetrada. Poco a poco fui bajando y dejándolo entrar en donde juré el día que conocí a mi novio que solo él entraría en mi chucha y en mi culo. De repente me agarró de la cintura y me bajó de golpe.
– Ahhhhhhhhh !!!!! Siiii.
Grité en una combinación de dolor y placer.
– Que grande tienes la verga, que bien se siente
– Así me gusta que hables puta, aquí tienes lo que tanto deseas, móntala, salta en ella, ese lenguaje me excitaba demasiado
Dejé de estar en mis rodillas y me apoyé en mis pies y comencé a saltar más duro. Salpicaba su vientre y sus bolas con mis jugos, me estaba viniendo como nunca.
En eso se paró y me levantó con él, aun ensartada, caminó hasta la cama y me tiró en ella, bajó su cabeza hasta mi entrepierna y me recorrió toda con su lengua, sentí los deliciosos lengüetazos en mi chochito, que estaba bien dilatado de la excitación.
Se incorporó y me penetró de nuevo, con mucha fuerza, me manoseaba toda, me chupaba las tetas, los pezones, y yo gemías y gritaba. El me besaba y me chupaba los pies.
Me daba duro, con todas sus fuerzas, podía se tira sus bolas golpeando mi clítoris, y el sonido que generaban me volvía loca de placer.

De repente, me tomó de la mano y me dijo que lo siguiera. Me llevó al balcón y me dijo:
Cruza a tu balcón, y me dio una nalgada. El cruzó detrás de mí, y entramos a la habitación y me llevó hasta la cama donde mi novio seguía profundamente dormido y ebrio. Me puse de nuevo en cuatro y poniendo a la vista de Raúl mi chochita a hinchada y roja de la excitación. Me metió la verga en mi boca, abrí la boca deseando sentir el preciado manjar en mi lengua, mi garganta, saborearlo. Era mucho, muchísimo, creo que el viejo tenía mucho sin culiar y estaba bien cargado. Se quitó el condón y se vino en mi pecho, la leche escurría a mis pechos, una parte me salpicó la cara.
Él se retiró a mi habitación por el balcón, no sin antes pasarme mi vestido de baño, me acosté a dormir exhausta, muy contenta y satisfecha.
A la mañana siguiente, me sentí súper mal por lo que hice, aunque aún tenía esa hermosa sensación en mi chocho, con una gran vergüenza con mi novio, pero prometí que no volvería a ocurrir, por eso cuando él en algún momento del día me propuso ubicar a Raúl para salir en la noche, le dije que yo había venido solo con él y que habíamos venido a festejar nuestro aniversario que, por cierto, fue espectacular el resto de días.
Han pasados unos seis meses que sucedió esto y aún no se lo había contado a mi marido, pero una noche sin querer descubrí que se estaba cruzando mensajes y vídeos porno con una amiga que, según él, no se la había culiao, sino que estaban solo intercambiando mensajes, además, me contó una experiencia que tuvo con una amiga que yo no tengo conocimiento que sale con ella, pero que allí tenemos un acuerdo especial, que no es el momento de trátalo. La experiencia que me contó fue que estando en un motel, entró el que atiende por un problema del aire acondicionado y terminaron haciendo un trío, asín este escrito lo hice, para aprovechar y quitarme este secreto de encima, y a la vez contarle a mi marido lo que pasó, esperando a ver como lo toma.

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