NO EXISTEN MÁS SECRETOS ENTRE PAPÁ Y YO

Con mi padre siempre hemos sido muy unidos, muy cómplices, soy su hijo menor, actualmente tengo 22 años, cuando murió mamá decidí quedarme con él. Mis dos hermanas armaron familia y se fueron a otras ciudades a vivir, aunque de tanto en tanto vienen a visitarnos.
Con papá no tenemos secretos, bueno casi no tenemos secretos, la verdad es que nunca le he confesado que soy gay, él tampoco nunca me ha preguntado si tengo novia o que tipo de mujer me gusta.
Mi vida universitaria es intensa, mucho estudio y poca diversión, aunque he conocido un par de muchachos con los que he tenido relaciones en moteles baratos.
Todo cambió cuando una noche uno de mis compañeros me pidió si podía ir a mi casa a estudiar conmigo una asignatura que a él le resultaba muy complicada, pero para mí era fácil de entender, lo dude unos instante, no suelo llevar gente a mi casa. Llamé a papá y le pregunté si habría algún inconveniente en que fuera Carlos a estudiar a casa y papá respondió que no había problema alguno.
Papá nos tenía preparado algo de comida y un botella de vino que tomamos a medias entre los tres, luego papá se retiró a su habitación y nosotros nos quedamos repasando los contenidos de la asignatura.
Carlos de pronto me dice acercándose más a mí.- La verdad es que quería estar contigo porque me gustas mucho. Yo me quedé helado, ni siquiera conocía bien a aquel muchacho, era buen mozo, alto con cara de niño. No supe que responder, pero tampoco hice nada por rechazarlo cuando sus labios se encontraron con los míos, debo ser sincero soy muy caliente, es mi debilidad y cuando Carlos comenzó a tocarme perdí la cabeza, me dejé llevar. Carlos se bajó el pantalón mostrando su hermosa verga dura como fierro y caliente, inmediatamente la atrapé con mi boca y chupé ese trozo de carne sabrosa. La habitación de mi padre estaba muy cerca de donde estábamos nosotros, pero no me importó si escuchaba el sonido del pene de Carlos cuando entraba y salía de mi boca. No aguanté y le ofrecí mi culo, Carlos sin perder tiempo de una estocada me penetró todo, sentí dolor, mordí mis labios, pero no me aparté ni un milímetro de su cuerpo. Cuando mi hoyo se acostumbró al mástil de Carlos lo cabalgué sin respiro, él trataba de llenarme, yo habría mis nalgas con las manos para permitirle entrar mejor a aquella verga tan deliciosa. Gemía sin importar si mi padre escuchaba, nos besábamos, le pedía más pene, lo quería todo dentro mío, mi pene chorreaba fluido preseminal sobre el sillón, mis nalgas muy abiertas recibían las embestidas de mi macho.
En un momento determinado Carlos me da vueltas y quedo con el rostro mirando hacia la puerta de la habitación de mi padre, Carlos sobre mí moviendo su miembro, la saliva caía por mi boca. Miré hacia la puerta y ahí estaba mi padre desnudo, pajeándose mientras no perdía la vista de lo que pasaba en el sillón, sentí vergüenza, pero mi padre con una dulce sonrisa me hizo un ademán que siguiera, que no me preocupara por él. Y seguí moviéndome con aquel hombre dentro mío, luego saqué su miembro de mi culo y lo llevé a mi boca, traté de ponerme de tal modo que mi padre pudiera ver como su hijo menor se tragaba todo la verga de un hombre. Mi padre miraba fijamente como me comía el pedazo de mi amigo y se masturbaba con más fuerza, eso a mí también me calentaba aún más. Carlos no aguantó más y derramó su semen en mi boca, sentí los chorros golpear mi garganta y los saboreé con desesperación, luego miré a mi padre mostrando la leche que escurría por mis labios. Él se corrió también y guiñándome un ojo entró en su habitación, Carlos agarró mi pene con su boca y me hizo acabar entre gemidos.
Ahora ya no tenemos ningún secreto con papá, por las noches me acuesto junto a él desnudo y lo abrazo, sé que en algún momento su verga estará dentro de mí, es sólo cuestión de tiempo.

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