PAPILOC

PAPI LOC

Tengo en la actualidad 27 años.
Hace seis que me casé con una piba hermosa a la que en teoría había embarazado.
Como ella tenía entonces 18 años, mis padres me obligaron a hacerme cargo del bebé por nacer y entonces nos casamos.
Para facilitarnos en algo la vida, mi padre nos entregó una casita que había heredado de mis abuelos, sus padres.
Yo 21 años, ella 18.
Los dos con toda la energía de personas jóvenes nos pasábamos la mayor parte del tiempo manteniendo relaciones sexuales.
Mañana, tarde, noche.
No teníamos limites para ello.
Todo cambió cuando nació la criatura.
Tanto Esther (mi esposa) como yo teníamos cabellos negros y la bebé, la nena que nos nació, era rubia, hermosa.
Entraron las dudas.
Todo se resolvió con un ADN que demostró que yo no era el padre biológico.
Esther reconoció que mientras era mi novia tenía relaciones con “el gringo Fito” al que todos le llamábamos “el loco” quien en definitiva resultó ser el padre de la bebé a la que registramos con el nombre de Viviana.
El loco aceptó su paternidad y se comprometió a ayudar en la crianza de su hija a la que, cuando cumplió un añito, comenzó a llevar a su casa los fines de semana.
Mi amor por Esther no cambió.
Tan es así que a los tres meses la embaracé y nueve meses después parió otra nena a la que llamamos Verónica.
Nuestra vida de familia tuvo un desarrollo normal.
La nena mayor decía que tenía dos papis.
Al biológico le llamaba “Papiloc” y a mi me decía “Papilín”.
Todo iba bien.
Los fines de semana Vivi se iba con su papá quien nos la traía la noche del día domingo.
Llego el tiempo en que Vivianita debía ser inscripta en el colegio para que ingresara a la escuela primaria y para ello su papá y su mamá iniciaron los trámites respectivos.
Una mañana temprano pasó por casa el gringo Fito a buscar a Esther para ir a inscribirla y ocurrió el desastre.
Un accidente de tránsito los tuvo como protagonistas y victimas fatales.
Murieron los dos.
Quedé viudo y con las dos nenas.
Para no separarme de ellas acondicioné mi casa y me puse un negocito, un polirubro, que hasta hoy nos permite salir adelante.
Mi casa es enorme así es que acondicioné tres dormitorios.
Uno para cada nena y el tercero para mi.
Al principio fue duro pero con la ayuda de mis familiares pudimos superar y hacer el duelo.
Hace algunos meses, a comienzo de año sucedió algo que voy a relatar tal y como ocurrió.
A Vivianita le asustan las tormentas y al primer trueno que escucha se altera.
Por el contrario a Vero no la despiertan ni cañonazos.
Una noche de enero llovía torrencialmente.
Si mal no recuerdo era una noche de sábado.
Ya entraba la madrugada cuando me despierta de mi plácido sueño Vivianita que se mete bajo mis sábanas y se abraza a mi pierna a la altura de mi muslo.
Temblaba del pánico que la tormenta le producía.
No podía convencerla de que soltara mi pierna.
Encendí la luz y la vi acurrucadita y desnuda prendida a mi pierna.
Con caricias en su cabecita y palabras suaves logré que me dejara abrazarla y la cubrí con la sábana.
-Qué pasa mi amor ¿Por qué estás desnudita, mamita? –le dije…
-El Papiloc me dijo que tengo que dormir así si quiero ser feliz…
-¿Desnudita?.
-Sí Papilín…
-Que loco…
-Papilín vos no queres ser feliz?.
-¿Por qué lo preguntas, mi amor?.
-Porque vos estas vestido, Papilín… El Papiloc siempre se acuesta sin ropas…
-¿Vos lo viste desnudo a tu Papiloc?.
-Sí, Papilín.
El Papiloc tiene un pipio que se llama trompita y tiene muchos pelitos, por todos lados tiene pelitos el Papiloc… -la nena siguió contando – El pipio del Papiloc es suavecito y se pone gordote y grande si yo lo toco… ¿Vos tenés pipio, Papilin?.
No sabía cómo reaccionar.
Estaba alterado.
De pronto la nena comenzó a llorar de manera inconsolable.
-¿Qué pasa mi amor? ¿Por qué lloras mamita?.
-Lloro porque vos no querés ser feliz Papilín…
-No, mi amor.
Yo quiero que seamos felices los tres, vos, tu hermanita Vero y yo…
-Entonces ¿Por qué no te sacas la ropa?.
-No es necesario, hijita.
Desde que mamita se fue al cielo yo me pongo pijama para dormir.
Además no es bueno que me vean desnudo, Vivi…
-El Papiloc dice que no es malo… El me deja tocarle su pipio y me pide que le de besitos y él me besa mi chochin…
Estaba más que impactado.
Me imaginaba al gringo pidiéndole a su hija que le bese el pene y metido entre las piernitas de la niña besándole la vaginita.
El llanto de la nena fue increscendo al punto en que para calmarla y en un estado de sobreexcitación me quité el saco del pijama y eso la calmó más como no hacía nada más ella misma tiró del lacito del pantalón y lo soltó.
No me quedó otra que quitármelo.
La nena se sonrió.
Entonces la atraje hacia mí, la acuné en mis brazos y apagué la luz para dormir.
Estaba cansado y me dormí.
Me despertó una sensación placentera y húmeda.
Desde la muerte de mi mujer que no tenia actividad sexual.
Encendí la luz… Entre mis piernas abiertas, sosteniendo con una manito mi miembro mientras tenía el glande en la boquita y con la otra acariciando mis testículos estaba la nena.
Casi puedo ver esa postal.
Mi cuerpo peludo desnudo, apoyado en mis codos mirando a la nena entre mis piernas peludas con mi falo palpitante y duro lamiéndolo.
Dejó de chuparme el pene y me sonrió.
En dos movimientos se subió sobre mi panza a caballito.
Podia sentir el calorcito de su vaginita acariciada por mis pelos…
-Oh, Papilín… Juguemos al hico hico de la princesita… -mientras se hamacaba sobre mi panza.
Sentí que todo el morbo del mundo me ganaba y la larga abstinencia me exigía terminar con ella.
Tenia el pene duro y mojado por la saliva de la nena y derramando litros de flujo.
Sus latidos me estaban llevando por mal camino.
Cerré mis ojos.
La nena se deslizó hacia abajo y su vaginita caliente y mi sexo ganoso y baboso se encontraron.
Con suavidad la presión del cuerpito descendente provocó la apertura de los pequeños labios y la gorda cabeza de mi pene fue como succionada por la vaginita.
No sé cuanto entró.
La reacción del cuerpecito tensándose y el gemido de la nena me confirmaron la penetración.
Era un pequeño y ajustado hornito en el que comenzó a quemarse mi miembro.
Hubo un silencio breve.
Luego la nena entró a mover su cuerpo y otro pedacito entró.
-“El loco se la cogía, no solo se hacía chupar la pija sino que también se la cogía” pensaba.
De pronto sentí que la pequeña vaginita se contraía y se dilataba rítmicamente y no me supe contener.
Toda le leche acumulada comenzó a llenar el pequeño sexo.
Mi pija latía con fuerza en cada expulsión del semen.
Vivianita dejó escapar un largo suspiro y se quedó tendida sobre mi.
Ninguno dijo nada.
Al rato me di cuenta que se había dormido.
Aunque mi pija estaba dormida no se salía de ella y la tuve que levantar y acostarla a mi lado.
En ese momento sentí un “PLOP” producido por el desacople.
Me levanté y fui al baño a buscar una toalla que humedecí y volví.
La limpié y al separarle las piernitas solo vi el coñito irritado por la entrada de mi falo pero nada de sangre por lo que confirmé que el padre biológico la había desvirgado.
Afuera la lluvia decrecía en intensidad.
Como se había dormido la llevé en brazos a su dormitorio y la acosté en su cama dejando el velador encendido.
Fui al living y me serví una generosa medida de wisky y mientras lo bebía pensaba en lo que había ocurrido.
No solo en ese momento sino desde antes cuando la nena se iba los fines de semana con su padre.
Me di cuenta que seguía desnudo, que el pensar en eso me excitaba y que tenía el pene erecto.
Termine el wisky y decidí ir a dormir.
Antes abrí la puerta del dormitorio de la más pequeña de las nenas y vi que dormía profundamente.
Cerré la puerta y seguí.
Desde la puerta del dormitorio de Vivi la miré dormir.
Estaba vuelta de lado tenía un dedo pulgar en su boquita y estaba con una pierna extendida y la otra recogida permitiendo ver los labios regordetes de su sexo.
Entré y cerré la puerta.
Con suavidad me tendí a su lado quedando de cucharita.
Mi pija se babeaba y latía.
Con mi mano orienté la cabeza y la ubiqué entre sus labios.
Pincelé un poquito y luego con la punta en el centro presioné para que entrara hasta que hizo tope y la nena dijo…
-Oh, Papiloc… despacito.
Dejé que se acostumbrara a tener el gordo cabezón de mi pene en su interior y luego comencé a menearme. No puedo negar que me llenó un profundo placer que me recorría desde el glande de mi miembro hasta el último cabello de mi cabeza. Eyaculé en su interior y mantuve esa posición de cucharita sin salir de su sexo. Mi pene estaba erecto y seguí allí hasta volver a eyacular. Cansado por el sexo y el alcohol me dormí. Me despertó la insistencia del timbre de la puerta de casa. Estaba todavía unido a Vivi. Salí y busque una toalla para limpiarla. Esa fue la primera vez.

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