PEPE VOLVIENDO A ENTRAR POR DONDE NACIO

PEPE QUERIENDO VOLVER A ENTRAR POR DONDE SALIÓ
(Relato contado por Pepe)

La adoro; la adoraré siempre.  A ella, a mi madre, la mujer por excelencia, la mujer excepcional, la más amorosa y la más sensual. Ninguna otra podrá ocupar su lugar.  A su lado la felicidad total existe. Ella es muy natural, extrovertida, sin complejos ni tabúes de ningún tipo.  Para ella la sexualidad es algo tan sencillo como comer o beber y se manifiesta siempre muy en contra de la cultura que ha creado todos esos complejos sobre ese regalo de la naturaleza que es la sexualidad.

Desde niño me acostumbré a ver el desnudo de una mujer.  Mi madre, tan natural, se paseaba con frecuencia desnuda delante de todos en casa, para ir a la ducha, para vestirse, etc. Al principio observaba yo, curioso, su pubis poblado con un vello muy negro, muy rizado, que brillaba cuando le daba la luz.   Años después, cuando vino la moda del depilado, me sorprendía al descubrir sus labios mayores, muy gorditos, tersos, ahora ya al descubierto sin el camuflaje de los vellos.  Toda una mujer.  Sus tetas son grandes con pezones sobresalientes y quien no la conoce como la conocemos nosotros jamás se imaginará la historia que encierra su cuerpo ni lo apasionada que es.

Mis primeros contactos con ella consistían en sentarme en su regazo, o bien acurrucarme a su lado en la cama. Me apretaba fuerte contra ella, sintiendo su calor, oliendo su perfume. Ella me acariciaba la cabeza, me susurraba al oído.  Yo me atrevía algunas veces a meter una mano por su escote y dejarla apoyada en un seno. Era una sensación maravillosa, el calor, la suavidad de su piel, como se movía ligeramente el pecho con la respiración.  Me quedaba muchas veces dormido.

La cosa comenzó a cambiar cuando la piel de mi prepucio se retiró hacia atrás; había descapullado y me despertaba muchas veces con la verga parada.  Esa ternura hacia mi madre evolucionó a una atracción hacia la mujer, ahora me fijaba mucho cuando la veía desnuda, me recreaba en su figura, en sus curvas, como se balanceaban sus tetas al andar por la casa, como se movían sus nalgas carnosas.  Recuerdo un día que se preparaba para vestirse y se había puesto solo el pantie.  Mientras se colocaba el resto de las prendas yo estaba como embobado.

_Cariño, que me vas a desgastar con tanto mirarme…

_Ah, perdona madre, no me daba cuenta.

_jajajajaja… Yo sí, yo me doy bien cuenta como me miras, pero no me importa, me gusta que me veas, es más debes aprender que el cuerpo humano es bello y no debemos avergonzarnos de él.

A partir de ese momento yo también me di cuenta que algo cambiaba en mí pues ya no veía a mi madre solo con mamá pues ahora también la veía y la sentía como mujer. A partir de ese instante el hombre despertaba y el niño quedaba atrás. Y para mi infinita satisfacción se paseaba desnuda más a menudo. Comencé a hacerme unas pajas tremendas por ella y sobre todo muy motivado por las ocasiones en que la escuché gemir por el placer que mi padre le daba, pero especialmente en las ocasiones en que los vi culiando. Eso me pareció una verdadera maravilla y desde ese momento me prometí que algún día tendría que volver en entrar por donde hace años había salido.

El tiempo pasaba y cada vez que la veía desnuda y la escuchaba o veía con mi padre me motivaba, pero de allí no pasaba, aún a costa de mi deseo tenía que contenerme y respetarla pues a fin de cuentas era mi madre, hasta que un día empezaría la maravilla que estamos viviendo. Recuerdo que nos reunió a todos sus hijos para comentarnos que había estado hablando con mi padre y que habían tomado la decisión de involucrarnos en sus eventos sexuales y todo motivado porque nuestro padre quería que ella lo hiciera cornudo o sea deseaba verla culiando con otro hombre y en el caso de ella quien sabe debido a que bichito de la naturaleza deseaba tener relación con sus hijos o sea que de alguna manera todo cuadraba y los beneficiados íbamos a ser todos. De alguna manera sin ser muy expresivos, los hombres aceptamos con beneplácito la propuesta, pero nuestra hermana Lucia se incomodó un poco y Juanita se limitó a abrazar a papá diciéndole que lo quería mucho.

El tiempo pasaba y pasaba hasta que llegó el momento y nuestra primera experiencia plenamente sexual ocurrió una de esas tardes. Ella estaba vestida solo con una falda y el pecho descubierto mientras hablábamos de muchas cosas hasta que de pronto me abrazó y yo me arrimé a ella de modo que sus tetas quedaron justamente cerca de mi boca y no resistí la tentación. Lo he intentado muchas veces, pero nunca he encontrado las palabras exactas para poder describir tan bellísimo momento, era algo sublime. Y aún a pesar de mi inexperiencia, el instinto de macho me condujo a acariciarlos, lamerlos y besarlos. Ella ahora ya notó lo que ocurría y mirándome con cariño y pasión empezó a jadear por lo que estaba sucediendo, así puede ver como esbozaba una sonrisa dulce, mezcla de amante y de madre, una sonrisa complaciente, que me invitó a seguir con aquel delicioso placer mientras me abrazaba con más fuerza, dándome tranquilidad. 

Notaba bien como gemía. La sensibilidad que tenía en las tetas era tan grande que notaba que su respiración se agitaba, que abría la boca cerrando los ojos, que su cuerpo se tensaba y luego se relajaba abrazándome.

_no se te ocurra jamás comentar esto con alguien, cariño. ¿Me lo prometes?

_claro, madre, nunca nadie lo sabrá en la vida.

_eres ya muy hombre y no puedes vivir con esa tensión.  Pero siempre será un secreto
¿entiendes?

_claro, madre ya te digo, jamás nadie se enterará.

Ella comenzó a acariciarme mientras me explicaba algunas cosas

_mira cariño, tienes que ser muy delicado, el cuerpo de una mujer es como un jarrón de porcelana, es frágil, sutil.  Una vez que se ha desnudado y accedes a su concha debes ser cuidadoso.

_sí, mami, cuéntame cómo debo hacerlo.

_pues mira, nunca manipules un coñito seco. Es lo más desagradable que puede suceder para ella.  Si notas que no está húmeda tienes que ir muy despacito. 

_sí, mamá, entiendo.

 _se incorporó un poco y bajó sus calzones muslo abajo, sacándolos por los pies. Y vi de cerca su concha cuidadosamente depilada

_primero tienes que conocer bien el sexo femenino. Ven, ponte aquí abajo.

_yo miraba super atento, como si fuese una clase de anatomía, pero ya mi verga estaba que estallaba.

_ahora, mira un poquito más al medio, ¿ves ese agujerito? Es por donde orinamos y más abajo, el agujero grande, la vagina, por donde nos entran las vergas y por donde naciste ¿Qué te parece? Mira también los labios menores, esa especie de alas de mariposa que protegen toda la zona.  Algunas mujeres los tienen muy grandes y sobresalen de los labios mayores.  En mi caso son pequeñitos.

_Es todo precioso, madre, de veras.

_ahora no es el caso, pues estoy excitada, pero imagina que no lo estoy, que tengo algo de miedo y no lubrico. Pues en ese caso tienes que comenzar con la palma de la mano, acariciando la concha por fuera, deslizando los dedos por los labios mayores, arriba y abajo. Ven, dame tu mano, ponla sobre mi concha.

_por finnnn dije para mí. Por fin la concha de mi madre, mi mayor deseo, mi mayor ilusión. Cogió mi mano y la colocó encima de su concha. Sin soltarla, pasó la palma abierta por toda la zona, mientras yo creía que me iba a desmayar.

_sigue tú ahora, solo, sigue acariciando, si la mujer está todavía seca, ese roce suave, lento, sin prisas, irá despertando sensaciones de placer en ella.

La experiencia era maravillosa, tocar esa zona tan suave, tan cálida. Al tiempo que lo hacía noté que mi madre movía un poco las caderas.

_ahora sube al monte de Venus, arriba del todo, esa especie de montañita, ahí, al tiempo que lo acaricias presionas ligeramente, es como una esponjita, como un cojín.  Sirve para cuando el hombre nos mete la verga y aprieta fuerte, esa protuberancia protege al hueso del pubis, para no sentir molestias.

_yo, muy obediente, hacía todo lo que me decía, ni se me ocurría rechistar. No sé quién inventaría del concepto de monte de Venus, pero quien fuese seguro que se inspiró en una mujer como mi madre.  Ella tenía, ahí, en esa zona, una protuberancia grande, carnosa, muy sensual. Ella me seguía dando instrucciones.

_para tocar a una mujer en lo más íntimo, comienza siempre con el dedo índice y el corazón, unidos, usando la yema de los dedos. Siempre con delicadeza, comprobando su humedad, si notas que aumenta su lubricación aumentas también el roce.  Bien, ahora ya es el momento de que comenzar a experimentar por la parte interior.  Separa mis labios con los dos dedos… Bien, bien, eso es Así…Busca el clítoris, esoooo, aprendes rápido, cariño.

Tomé contacto con la humedad de su concha y más que humedad ya chorreaba, notaba como las gotas de sus jugos prácticamente corrían hacia sus piernas. Pasé los dedos, como ella me decía, por toda la zona, desde la entrada de la concha hasta el clítoris.  Los movimientos de sus caderas aumentaban, buscaba mi mano.

_sigue así, sigue así, mi vida… Lo haces muy bien.  ¡Ufff, que calor…¡¡ Me estorba la falda espera…

Se incorporó un poco y se quitó la falda quedando totalmente desnuda. Ahora tenía ante mi vista a mi madre totalmente desnuda.  Las tetas formidables, deliciosas, se mostraban completas, con los pezones grandes y bien paraditos.  Yo, aún ignorante, no sabía que están erectos por el deseo.

_céntrate ahora en el clítoris, cariño… Asíiiiiiii, en círculos, suave, con la yema de los dedos, bien, bien, muy bien, eso es…

Mientras la masturbaba con la mano izquierda, ella agarró mi mano derecha y la llevó a una de sus tetas.

_las tetas también hay que tocarlas, cielo… Acaricia mi pezón…. Asíiiii…..

Yo observaba muy atento todo lo que ocurría, la tremenda transformación de mi madre, ahora solo hembra, hembra deseosa, receptiva, ardiente. Tenía los ojos cerrados, concentrada, la respiración agitada.

_más fuerte, más rápido en el clítoris, mi amor…. Síiiiiiiiiiiiiiiiii,  síiiiiiiiiiiiiiiiiiiii……Yaaaaaaaaaaaaaaaaaa…..

_presencié el orgasmo completo de la mujer, el tremendo poderío femenino cuando alcanzan el clímax, cuando se sueltan, se desinhiben, al natural, sin tapujos. Ella me abrazó fuerte mientras me bajó la pantaloneta. Ahora mi verga apuntaba al cielo. Sin perder ni un momento comenzó a pajearme sin dejar de mirarme a los ojos.

—¿Mejor así? —me preguntó sonriente.

—Muchísimo mejor le respondí

Sin molestarse en contestar acercó la boca al glande y le dio un beso en la punta. A continuación, comenzó a envolverlo con sus labios para comenzar a chupar como una maestra. De pronto se sacó mi verga de la boca y agarró sus tetas para comenzar a pajearme con ellas.

—¿Te gusta, cariño

—Me encanta. Eres la mejor madrecita le dije acariciando su rostro.

Se arrodilló frente a mí para lamer mi verga muy despacio sin usar sus manos, solo sus labios iniciando desde mis bolas hasta el glande, sentía que iba a morir de placer, solo veía esos ojos negros que me miraban fijamente mientras mi verga se perdía en su boca, comenzando a chuparla primero despacio, para ir poco a poco aumentando el ritmo. Yo no podía aguantar más y sentí que estaba por descargar toda mi leche en su boca por lo que tuve que pararla besándola repetidamente por su cuello y tetas para tendernos en el sofá nuevamente.

Entendí que había llegado el momento, que ya no había ninguna excusa por su parte.  Estaba totalmente desnuda y abierta debajo de mí, era algo exquisito, dispuesta, preparada, esperando al macho que debía entrar en ella. Me miraba con los ojos muy abiertos, sorprendida del atrevimiento de su niño, ahora ya su macho y nos dejamos llevar, así que me acomodé en el sofá y le empecé a besar y lamer el cuello, mordiendo sus hombros y ella se retorcía bajo esas caricias. Cuando llegué a sus pezones los encontré duros como piedras. Mi lengua y mis mordidas hicieron que gimiera fuertemente. ¡Que delicia! Mi sueño hecho realidad, al fin estaba disfrutando los gemidos de mi madre que estaba bien arrecha.

Una de mis manos tocó su concha la cual sentí cada vez más húmeda. Entonces ella se subió sobre mi y mientras me miraba fijamente poco a poco fue bajando sobre mi verga, mientras se iba deslizando poco a poco sentía como mi verga inmediatamente se iba acoplando a ese interior rico y caliente mientras ella se retorcía un poco gimiendo, eso me calentó más y empujé un poco más adentro de su concha la cual se fue adaptando al tamaño de mi verga. Cuando sintió que estaba toda adentro se quedó quieta un momento, tal vez para adaptarse a mi tamaño y después de eso empezó a moverse adelante y atrás, arriba y abajo haciendo un rico vaivén que me llevaba al éxtasis. A estas alturas, no sabía si la cara que ponía era de dolor o de placer, el caso es que ambos lo estábamos disfrutando

La escena era impresionante ambos en el sofá, yo dentro suyo con una linda vista de cómo mi verga iba desapareciendo en su concha y ella sobré mí con sus manos atrás abriéndose las nalgas para que le entrara mejor. Ufff cada vez sus gemidos eran mucho más fuertes, lo que me excitaba más y cada vez le daba más y más. Que ricura ver una y otra vez, mi verga saliendo y entrando de su concha, como la excitación era tanta paré un poco para no venirme muy rápido y poder seguir disfrutando a lo que me dijo: “no pares, sigue, lléname de leche la concha”. Eso me excitó mucho más y empecé a darle duro y rápido. Por fin me culiaba a mi madre con total plenitud. Sabía bien, a pesar de ser la primera vez, que si me movía mucho me iba a venir rápido. Volví a besarla con pasión, pasando mi lengua por su boca, por su cara, por su cuello, como un perrito que lame a su hembra.  Ella se agitaba y gemía, su cara radiante me sorprendía, sus ojos abiertos, como puestos en blanco. Agarrada a mi cuello no se soltaba y comenzó a mover las caderas rápidamente atrás y adelante al tiempo que me animaba.

_muévete, mi niño… Atrás y adelante, sácala y vuelve a meterla, apretando bien, bien, asíiiiiiiiiiiiiii….  ¡uffff, cielo, que bien culeas para ser la primera vez ¡

En este momento me dejé llevar y por supuesto que le hice caso, no faltaría más.  Inicié un mete y saca que me transportó al cielo.  El polvo fue rápido, los dos estábamos al máximo de deseo; sentí bien las contracciones de su concha, que me apretaba la verga, noté sus gemidos más fuertes, levantó las caderas y a mí con ellas como si yo fuera una pluma, luego se dejó caer, exhausta.  Con esos fuertes movimientos yo ya había soltado todo el contenido de mi semen en su concha. Ella lo notó.

_vaya, mi niño, vaya chorro de leche que me has dado, bien inseminada quedo, menos mal que ya no embarazo

Nos dejamos caer uno al lado del otro, satisfechos. Ella volvió a insistir en la prudencia.

_cariño, esto es muy fuerte, hemos caído en el incesto total. No me asusta, soy feliz habiéndote hecho un hombre, como madre quería ser tu primera hembra, así me querrás y no olvidarás a tu madre mientras viva. ¿verdad?

_no lo dudes, madre, eres la única para mí.

_pero recuerda lo que te dije hace tiempo, esto es un secreto. Sería gravísimo que se supiera, puedes con tus amigos decir que te culeas a alguien, por ejemplo, una vecina más madura, una amiga de tu madre, pero nunca la verdad total.

_así lo haré, madre, no te preocupes, sabes bien que cumpliré

_no lo dudo, mi niño, tú eres mi macho, y ya te iré enseñando más cosas.

Fin

2 comentarios en “PEPE VOLVIENDO A ENTRAR POR DONDE NACIO

  • el 7 agosto, 2020 a las 21:02
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    excitante, pero que paso despues?

    Respuesta
  • el 31 julio, 2020 a las 17:37
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    Muuuy bueno tu relato. No sé si sea real, pero parece. Cuando las siguientes partes??

    Respuesta

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