Se la chupé en clases. | Relatos del salón de clases N°1

Estaba en medio de una clase de historia, aburrida como siempre, había llegado hace nada del trabajo pues debo trabajar para mantener a mi hija, misma razón por la que estoy en una escuela de adultos. Todas eran chicas algo mayores que yo, salvo un chico con el que me empecé a sentar regularmente. Había terminado con mi novio, padre de mi hija, así que ya estaba buscando algo con que divertirme y se lo insinué a este chico en sus narices, pero no me daba bola, trataba de hacer la conversación sobre esto con otras chicas fijándome que escuchara, cuando salíamos de clases se iba sin decir nada, no sé qué tenía pero el me iba a terminar enterrando su miembro, eso era seguro, ya era incluso un desafío personal. Mi honor estaba en juego y no iba a dejar escapar ni un polvo.

Claro, podría simplemente ir y bajarle los pantalones y hacerle una mamada como Dios manda y listo, lo tendría rompiéndome el culo en nada, pero nos gusta lo difícil y este chico lo estaba poniendo así. Volví a concentrarme, el es muy listo la verdad, acabó cada tarea en cosa de instantes, no sé como lo hace, pero es realmente inteligente y aunque no es feo tampoco sobresale salvo por su extraña forma de ser, que es lo que me tiene así, embobada, buscando como ir a la cama con él.

Entre esos pecaminosos pensamientos estaba cuando de pronto el se recuesta en la silla y me queda mirando, estábamos en la última fila de atrás y en una sala de computación, un escondite perfecto como pocos para cualquier acto que quisiéramos llevar a cabo. Puso una mano sobre mi muslo, temblé al instante, pero no miré su mano o alguien podría sospechar.

-Voy a masturbarte- Me dijo.

No supe que responder, el puso su mano sobre el jeans que llevo puesto y notó que mi vagina estaba húmeda. Sacó el botón y pasó su mano hacia mi ropa interior, la que ignoró para ir de lleno. Siempre depilo mi vagina pues me gusta que sea así, limpia y suave para la ocasión, así que él no pilló obstáculos e insertó el primer dedo dentro, comenzó a moverlo y yo nada podía hacer más que disfrutar. El continuó introduciendo más dedos, yo estaba entrando al paraíso pero claro, sin hacer ruido, solo miraba hacia el computador y con leves vistazos a la profesora, pues sería demasiado embarazoso que descubrieran a mi macho. Es bastante hábil, ya me tenía aguantando los gemidos cuando decidí que no era yo la única que debía pasarlo bien, pues el también lo merecía, así que pase mi mano a su pantalón y bajé el cierre, el me miró sin ninguna emoción, con la otra mano continuaba escribiendo plácidamente y es más, no solo no me prestaba atención, seguía leyendo y anotando sin problemas a la par que me daba placer. Tomé su miembros tras sacarlo del boxer, lo comencé a mover de arriba a abajo con suavidad durante un rato, el seguía moviendo sus maravillosos dedos dentro de mí y yo no pude aguantarme las ganas, así que lancé un lápiz al suelo y mientras lo recogía me detuve a medio camino, todo para engullir en mi boca su virilidad. Por obvias razones el no me estaba masturbando, pues me quedé yo ahí abajo mamando como quería hace días, todo iba bien comiéndome aquel trozo de carne grueso y jugoso, hasta que no pude sacar mi boca un instante pues mi pelo molestaba, esto hizo que sonara, ese sonido, ese inconfundible sonido de una mamada en proceso, la saliva separándose de la boca en un corto estruendo. La profesora se levantó y preguntó que pasaba con nosotros, yo debajo, con su miembro en la boca, lo miré.

-Nada profe, la Nadia busca un lápiz que se le cayó. – Dijo él, con suma tranquilidad.

Me levanté con el lápiz y la profesora volvió a su puesto, el me dijo que fuese a entregar la tarea pues él por las circunstancias no podía. Fui, dejé el trabajo y al volver me encuentro con tamaña sorpresa. Estaba él, con los pantalones y los boxer en el suelo y el miembro sumamente erecto y jugoso, palpitaba e incluso lo movía, señalándome a mí. Me senté y boté el estuche completo, varios lápices rodaron pero ni me moleste en ellos, bajé y me puse frente a él metiéndome toda su hombría en la boca, hice todos los ruidos que quise, la besé, le chupé de la cabeza hasta los huevos, cada vez se lo hacia más fuerte mientras él con sus manos empezó a tocarme los pechos por encima, y luego por debajo de la ropa, me tenía muy excitada. Se vino en mi boca y me lo tragué todo, me saboreé mirando hacia él y no dejé rastros de su caliente y sabrosa leche. Me levanté, nadie había notado nada, me senté y esperé el fin de la hora pues, ya era hora, necesitaba que el me hiciese su mujer. El timbre sonó. Era mi turno. Exijo esa carne dentro de la mía. Pero él tiene otros planes.

-Hoy harás un acto de caridad- Me dijo

-¿Que quieres que haga?- Respondí.

-Ven- Se puso de pie y salió al patio.

Jamás hubiera imaginado lo que él quería, pero si había algo seguro, es que me iba a romper el culo ese día.

Continuara.

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