Sexo con mi cuñadita

Con mi esposa empezamos el noviazgo cuando yo tenia 21 Años y ella 20. Desde el principio tuvimos un vínculo sexual muy apasionado y caliente.
En ese momento su hermana menor tenía 18 años y muchas veces estaba en su casa cuando yo iba a visitarla. Tenía mucha confianza conmigo y me contaba cosas de sus noviecitos adolescentes, sin entrar en detalles.
Yo la veía como una niña, muy bonita, pero no pensaba en otras cosas.

Cuando cumplió 18 años fui a saludarla a su casa. Mientras esperaba a que mi novia se cambiara para salir a pasear, mi cuñadita adolescente bajó las escaleras desde su habitación con una remera sin corpiño y un minishort blanco de jean súper ajustado y muy corto.
Era uno de esos shorts que dejan que un poco de la nalgas queden afuera.

Me miró con una libidinosidad que nunca antes había tenido. Estaba creciendo y yo no me había dado cuenta. Cuando vio que yo le miraba los pechos vino y me abrazó muy fuerte diciendo: ¿no me vas a saludar? Y me dio dos besos en ambas mejillas.

Yo estaba paralizado. De repente ya no era la jovencita inocente que había tenido en mente.

Le dije feliz cumpleaños y me preguntó qué me pasaba. Porque parecía que había visto un fantasma. Nada, le dije.

Se fue desde la sala hasta La cocina a buscar un vaso de leche, porque se iría a dormir. Sus padres no la dejaban salir a la noche todavía.

Cuando se fue, me quedé mirando su hermoso culo firme, parado, tenso que se movía suavemente de un lado a otro mientras ella caminaba con una sensualidad irreconocible hacia la heladera , a buscar su vaso de leche.

Observé cada detalle de su cuerpo, su espalda, su cabello, sus piernas y mi pene se erguía de manera alocada, mojándome mis boxers. Me toqué disimuladamente un segundo. La miré con mucho deseo y pensé que ella no me miraba, Hasta que vi que había una puerta espejada en la cual, de reojo, ella había visto todo.

Había visto mi mirada, y el movimiento de mi mano hacia mi miembro. Miró otra vez de reojo hacia esa puerta espejada y yo no sabía qué hacer, hasta que se dio media vuelta y me sonrió de forma cómplice.

En ese momento supe que había algo más que cachondeo adolescente.
Fue hasta la heladera, llenó su vaso de leche fría y volvió a despedirse. Me dijo: “voy a tomarme toda esta leche sola y me duermo”.

Bebió un sorbo y en la comisura de sus carnosos labios quedó una gotita de leche, que quitó con un sensual movimiento usando la punta de su lengua. Y se fue a su habitación. Yo seguí mirándola, sabiendo que ella ya sabía que me calentaba.

Esa noche tuve sexo con mi novia como nunca antes había tenido .Pero pensé todo el tiempo en mi cuñada adolescente. Y cuando mi novia me chupaba la verga, veía la perfecta lengua de su hermana menor quitándose la leche de los labios.

Al poco tiempo, con mi novia nos fuimos a vivir a otra ciudad, nos casamos y casi no regresábamos a ver a nuestra familia. Solo hacíamos videollamadas y de vez en cuando mis padres o suegros nos visitaban.

Pasaron dos años de aquel episodio de la lechita, como me gusta recordarlo.

Mi esposa un día me dice que mi cuñada había terminado su colegio secundario y que no sabía qué hacer. Me pidió por favor si la Podíamos tener un tiempo en casa hasta que buscará universidad o encontrara algún trabajo en nuestra ciudad. Le dije que estaba de acuerdo, pero que por solo unos meses. Yo había dejado atrás aquel episodio y francamente no se me cruzaron dobles intenciones. Pensé que había sido una nimiedad y que, realmente, no había pasado nada.

En fin. Se mudó con nosotros. Hacía dos años que no la veía personalmente. Solo había visto fotos y de vez en cuando la saludé por Skype, mientras hablaba con mi esposa.

La vi mejor de lo que la Recordaba. Seguía teniendo ese culito parado y duro, sus pechos firmes y sus labios carnosos. Su mirada tenía una carga libidinosa, sexual, penetrante y sensual , pero a la vez algo inocente.
Había estados unos meses de novia y se notaba que había aprendido mucho de sexo. Se notaba su madurez en algunos comentarios que hacía cuando veíamos alguna película o comentábamos alguna situación cualquiera.

Yo estaba loco por tenerla en casa. Se vinieron a mi memoria todas las cosas que había suscitado En mi aquel momento de la lechuga. Empecé a pensar que quería cogerla desde el primer día. Pero no quería dar el primer paso. Con mi esposa estábamos
en excelente relación. Podía ser peligroso. Quizás esa escena de aquella vez había sido solo un histeriqueo sin sentido y podía lanzarme al vacío sin saber si tendría alguna respuesta.

Un día, mientras ella estaba con mi esposa en la cocina entré al baño y vi su tanga. Se la había olvidado allí. Cerré la puerta y me la pasé por la verga, la besé, la olí desesperadamente mientras me masturbaba. Realmente estaba muy caliente.

Al día siguiente, era un sábado y ellas se habían ido de compras. Me levanté y ya no estaban. Entré a su habitación para dejar la bombacha entre sus cosas. Sorprendentemente estaba ahí, durmiendo. Mi esposa se había ido sola a comprar. No había querido despertarla al verla muy dormida y cansada.

Me quedé quieto al verla. Era verano, hacía mucho calor, estaba boca abajo, tapada con una fina sábana transparente que caía sobre las curvas de su cuerpo. La miré detenidamente. Yo estaba en bóxers a punto de darme una ducha y sentí que mi pene empezaba a crecer de manera instantánea. Se despertó cuando ingresé y se sorprendió al verme con su tanga en mi mano. Se levantó de la cama y, sonriendo, Me dijo: “Ah, por fin me la devuelves ladrón. Sabía que la tenías, aunque si quieres puedes quedártela. Me gusta saber que está en tus manos.” Le pedí perdón. Pero Se acercó y me puso su dedo índice en mis manos labios: “Shhh. Es un secreto entre nosotros. Yo también tengo algo tuyo.”
Fue hasta su cama y sacó de abajo de las sábanas uno de mis bóxers. Le pregunté qué hacía con eso. Me dijo al oído, suavemente y despacio: “lo mismo que vos haces con mi tanga.” Y siguió: “discúlpame. Tengo que desayunar. A la mañana me gusta tomar lechita.” Se arrodilló ante mi y empezó a dar pequeños mordiscos a mi verga por sobre mi bóxer. Levanta la mirada y dice: “Hace dos años que quiero tomar. Me quedé con las ganas una vez.”
Mi cuñadita, es adolescente que tantas calenturas me había dado estaba ahí, haciendo realidad mi sueño. Me estaba chupando la verga a más no poder, derramando todo mi semen en la
Comisura de sus labios.” Eran las 9 de la mañana. Mi esposa llamó y dijo que regresaría después del mediodía. Por la tarde.
Con mi jovencita cuñada nos duchamos juntos, le comí el clitoris hasta que saboree todo su flujo vaginal una y otra vez. Pasé la punta de mi lengua por su clitoris endureciendo y ablandando, con movimientos circulantes, por momentos succionando y en ocasiones dando pequeños soplidos en su joven e inocente vagina.
A Ese culo, culito, tan firme, rendondito, paradito, que tantas veces había deseado, pude ingresarle mi verga sin parar, mientras ella no paraba de gemir y gemir, diciendo que quería que le diera mi lechita.
Fue excelente. Y lo mejor ha venido después. Mi cuñada se inscribió en una facultad. Hemos llegado a un acuerdo con mi esposa y ella. Le permitimos que se quede a vivir con nosotros. A cambio, le pedimos que vaya a la
Facultad por la tarde, así durante la mañana me ayuda con algunas cosas de mi trabajo. Yo tengo mi oficina en el mismo edificio donde vivimos. Mi esposa sale temprano de casa y hasta las 17 hs. en el centro de la ciudad . Así que con mi cuñada trabajamos por la mañana en casa o en mi oficina. Eso si, casi siempre la despierto su desayuno preferido.
Una tibia y sabrosa lechita.

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