Sirvienta

Yo de nuevo. La chica rubia, alta y de buen culo. Para que identifiquen mis relatos, me haré llamar Sofía. Después del oral con Andrés, tuve varias experiencias sexuales, pero la mejor de todas es la que les voy a contar.

Empecé a trabajar con un señor como sirvienta, pero no como cualquier sirvienta, si no como sirvienta sexual. Me tenía que vestir provocativa diario, pero hubo un día en el que no quise hacerlo por el simple hecho de ‘rebelarme’ de alguna forma.

Mi jefe me llamó a verle y obedecí, enfundada en unos jeans y una playera cualquiera. Al verme así, noté que había logrado mi cometido, pues ya se había enojado conmigo. Antes de continuar, debo aclarar que siempre trabajaba con un vibrador entre las piernas, que cuando hacía algo mal, él subía de intensidad, sin avisarme, haciendo temblar de placer. Lo primero que hizo al verme así, fue buscar el control del vibrador, pero yo me lo había quitado, todo con tal de hacerlo enojar aún más. Quería ver hasta dónde podía llegar enojado, y estaba a punto de descubrirlo.

Tras notar que no había ningún efecto en mí, su molestia aumento muchísimo más, acercándose a mi y dándome un cachetadón. Las lágrimas acudieron a mis ojos inmediatamente por el dolor y me arrepentí en lo más profundo de mi alma por ello. En serio que no debí haberlo hecho enojar tanto, pero ya no había vuelta atrás.

-¿Y a ti zorra, quién te dio permiso de quitarte el vibrador y de vestirte así?

Al ver que no respondía, otro golpe dio en mi rostro y sacó aún más lágrimas.

-¡Contesta!- dijo ya bastante molesto

-N~nadie amo…- conteste asustada y temblando

-¿Y qué te hago cuando no obedeces?

-M~me castigas amo…

-Así es. Quítate los jeans y las bragas. Te toca castigo

Obedecí sin rechistar, porque no quería provocarlo más. Me colocó boca abajo en su escritorio y ató mis manos con una corbata a mi espalda, sabiendo que a mi no me gustaba eso. Pero como era mi castigo, no podía decir nada. Alzó mi playera y quitó mi brassier, dejando mis pechos en constante contacto con el escritorio.

Me puso de espaldas, dejando mi trasero completamente a su merced. Para ese momento, yo era virgen, solo hacía orales. Pero no era muy probable que saliera de la misma manera.

Abrió el cajón de los juguetes, ese cajón que yo tanto amaba. Sacó un dildo, uno muy grande.

-Por favor amo… eso no va a entrar en mí…

-¡Cállate! ¿Quién te dio permiso de hablarme de esa manera?- Dijo mientras me daba una nalgada tan fuerte que me hizo llorar y seguramente había dejado una marca enorme en mis blancas nalgas. Preferí mantenerme callada, no fuera que gracias a eso su castigo empeorara. Me cargó y me llevó a su cama, donde siempre me hacía mamársela. Pero esta vez parecía que no quería eso.

Me acostó en la cama, boca arriba y sacó un antifaz de dormir, que me puso en los ojos. A partir de ahí, yo no veía nada, solo sentía todo y cada uno de mis sentidos aguzados. Gracias a eso fue que sentí que había metido el dildo a mi boca, en busca de lubricarlo. Abrí mi boca para cooperar y ver si así lograba ablandar un poco el castigo.

Sentí algo recorrer cada centímetro de mi cuerpo, recorriendolo zona por zona, hurgando entre mis muslos y haciendo que estos se mojaran de mis jugos.

Luego, sentí algo hundirse en mi vagina. Instintivamente arqueé mi espalda por el placer, poniéndome un tanto roja y agitada. Sentí que sacaba el dildo de mi boca y lo empezaba a untar entre mis nalgas. Pensé lo peor y empecé a suplicar por mi virginidad anal. Podía quitarme la virginidad vaginal, pero la anal, ni de broma.

Descubrí que lo que pasaba por mi cuerpo era un látigo, porque en cuanto me quejé porque él quisiera quitarme mi virginidad anal, me dio un par de latigazos, que me ardieron como el infierno mismo.

-¡Cállate!

Obedecí de inmediato, entregandome por completo. Me cogió de todas las maneras posibles, pero cuando me quiso poner en cuatro yo no lo permití. Sabía que me quería coger analmente, pero no lo pensaba dejar.

Aún así, me puso en cuatro a la fuerza, dejando amarradas mis manos en mi espalda.

-Así quédate zorra. Te va a gustar y lo sabes

Empezó a lubricarme el culo, metiendo primero el dildo. Pensé que lo iba a hacer suavemente, pero después de meter solo la punta del dildo, lo sacó y metió de un golpe su pene. Gemí en una mezcla de intenso dolor y gran placer.

-¡A~amo! D-duele… Me va a partir…

Dije jadeando, pero a él poco le importo y me siguió cogiendo. Antes de venirse, la sacó y la metió en mi boca, violándomela así. Se corrió y yo como buena zorra que soy, me tragué todo lo que dejó. Me quitó la corbata de las manos y el antifaz, dejándome ver la vergonzosa posición en la que yo estaba.

-Vete a bañar, vístete adecuadamente y ponte el vibrador. Tienes que limpiar

Obedecí y me fui, aún con las piernas temblando.

He vivido muchas experiencias más, si quieren conocerlas, las iré publicando bajo el nombre de Sofía.

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