Una avería telefónica le alegra la tarde

Me llamo Benito…pero mis amigos me dicen “Nito”. Y como también soy gay (y de los buenos) me dicen “Carla” para distinguirme.

Sí…soy gay. Esa palabrita elegante con que ahora se reemplaza lo de “maricón”…o “puto”.

Me gustan los hombres. Es más…me gustan los hombres bien dotados sexualmente. Creo que una buena verga hace la felicidad…y calma los nervios. Quería contarles mi última aventura. ¡Que los oídos castos se cierren a mis palabras…porque lo que van a escuchar no es muy santo que digamos!

Días atrás…al despertarme…quise hablarle por teléfono a un macho con el cuál iba a encontrarme esa noche para follar…y quería confirmarlo. Soñando con su polla cariñosa y también agresiva…tomé el tubo del teléfono en mis manos con suavidad (yo todo lo tomo como si fuera una verga)…y me encontré con que el muy follón…NO FUNCIONABA.

Dije un montón de malas palabras… me saqué el camisón…me puse una ropita…y me fui a una cabina telefónica que está cerca de mi casa. Desde ahí le hablé al macho, que me dijo que “esa noche no podría ser porque había surgido un inconveniente”,…dije mentalmente otras muchas malas palabras…y llamé a la compañía para que me mandaran a alguien a revisar mi MALDITO teléfono.

Regresé a casa puteando al macho que me había dejado colgada…digo “colgado”…con muchas ganas… y nadie que me empujara los tallarines. Hice varias cosas… porque soy buena ama de casa…y después de almorzar….: TRRRRRRRRRRIiiiiiiiiiiINNNNNNNNN…el timbre de la puerta. Pensé…”debe ser el que viene a cobrarme la renta”…y fui a abrir con cara de culo.

¿El cobrador de la renta? ¿Ese viejo asqueroso? No…no…¡Madre Mía…era una muy otra cosita! Era un macho…alto…fornido…sonriente…de ojos oscuros…que tenía en la mano un maletín de herramientas. Pero esto de alto, fornido, maletín, etc. lo noté mucho después. Lo primero que noté fue el tremendo bulto que tenía en el pantalón…del lado derecho. ¡Un delicioso y enorme bulto…ocasionado, seguramente, por una polla mayúscula!

Me había quedado hipnotizado. ¡No podía apartar mis bellos ojos de aquella delicia!

El macho habló:

Buenas tardes, señor. Soy Roberto. Vengo de la compañía a revisar su teléfono.

Todo mi ser gritaba: “¡¡Revísame a mí, pijudo!!”, pero, mudo como estaba…contesté con un hilo de voz al saludo…y me hice a un lado invitándolo a entrar. El hermoso macho entró.

¡Su tremendo bulto pasó a diez centímetros de mi mano…y yo sin poder prenderme a él! Estaba al borde del ataque. El muy dotado volvió a hablar:

¿Dónde está el descompuesto?

Yo iba a gritar “¡Aquí!”, señalándome…porque aquel bulto, realmente, me tenía descompuesto, pero me di cuenta que preguntaba por el teléfono así que en vez de señalarle mi culito glotón, le señalé el rincón del recibidor. El macho fue hasta el sitio…comprobó que el fono estaba mudo, sin tono para marcar…y se agachó buscando la conexión. Yo, detrás, le seguía mirando el bulto que ahora veía, arrogante, entre sus piernas. El pijudo se incorporó con el cable en la mano:

Es poca cosa, señor…el cable se ha cortado.

Lo dijo mirándome…y sus ojos, luego, recorrieron la dirección de mi mirada, que se estrellaba contra el bultazo que me tenía loco. El hombre sonrió…adivinando algo…y mientras agregaba no sé qué sobre el cable…sin disimulo se llevó la mano al bulto…y se tocó la polla, como desafiándome. Yo quería morirme. El tipo se la manoseó dos o tres veces y…¡Cielo Santo!…¡¡¡EL BULTO EMPEZÓ A CRECER!!!

Yo estaba con el cuerpo afirmado a la mesa donde el macho había dejado su maletín, para no caerme. Él, entonces, se acercó al maletín y al hacerlo, rozó (¿casualmente?) con su bulto mi pierna. Sentí algo duro y caliente que me rozaba…y la boca se me secó de puras ganas.

El hijo de puta sonreía…porque seguramente sabía que me estaba matando de ganas. Del maletín sacó una pinza…volvió a rozarme con su verga celestial…e hizo como que se concentraba en el arreglo, vuelto hacia mí para que yo no dejara de acariciarle con mis ojos su protuberancia…y de vez en cuando se la tocaba sin dejar de sonreír. ¡¡¡Y EL BULTO SEGUÍA CRECIENDO!!! Parecía que iba a romper el pantalón. Roberto, el delicioso dueño de aquella verga, sin dejar de sonreír, ahora no se la tocó. ¡LA AGARRÓ PARA QUE YO ME DIERA CUENTA DE SU ENORME TAMAÑO! Y yo empecé a gemir de la calentura. ¡Todo mi ser temblaba ante la posibilidad de que aquella verga gigantesca pudiera llegar a ser mía!. Me pasé la lengua por los labios. Tragué saliva y el HOMBRE, sabio, experto, bajando la voz, preguntó:

¿Qué está mirando?

Yo no pude contestar…abrí la boca…pero mi voz estaba amarrada a mi muda calentura. Entonces el Bestia se acercó. Me apoyó “aquello” en el vientre…y muy bajito preguntó:

¿Esto miras?

Yo hice que sí con la cabeza y él me preguntó si me gustaba. Entonces recuperé la voz y casi grité:

¡¡¡Sí me gusta…mucho!!!

Y el muy macho…también caliente y con la polla dura, dictaminó:

Es tuya.

Ni lerdo ni perezoso bajé el cierre del pantalón y metí la mano, con los ojos cerrados. Mi bella y manicurada manita se encontró la verga más gruesa y dura que he tenido en mi mano jamás. La apreté fuerte…y el macho gimió de placer. Siempre con los ojos cerrados, saqué a aquella belleza al aire libre…y abrí los ojos. Al ver lo que vi…caí de rodillas. Mi boca se abrió…. y el hijo de puta me metió la cabezona de su polla en mi boca.

Comencé lo que ahora denomino “la chupada de mi vida”. ¡Casi no me cabía en mi preciosa boquita de labios sensuales! Mi lengua recorría aquella cabezota enloquecida de placer. El macho decía “¡Así….así…ricura…!”. Yo jugueaba con mi lengua en su frenillo y Roberto se retorcía de placer. Su pija palpitaba. Estaba a punto de reventar…y yo iba hacia adelante hasta que la sentía en la garganta, ahogándome, y luego hacia atrás, para poder respirar. El pijuto se movía…adelante…atrás… ¡El muy follón me estaba culiando la boca!.

De repente me la sacó, explicando: “No hagas que me vaya todavía… Quiero tu culito…”

Yo me desprendí de mi pantaloncito…. me bajé la bombachita negra…me di vuelta…y paré el culito para que él hiciera allí lo que quisiera. Se proponía penetrarme…o matarme, ya no lo sé. Se mojó dos dedos con saliva y me los pasó por la rica puertita de mi ano ardiente.

Y de paso, el muy cabrón, me metió un dedo en el culito y empezó a revolver, como queriendo agrandarlo. Yo gemía de gusto… ¡Con todas las fuerzas de mi alma estaba dispuesto a entregar la vida con tal que aquel macho vergudo me la metiera hasta los mismos cojones!

Ya estaba yo despidiéndome de la vida…cuando sentí, con placer, que me afirmaba en la puerta de mi culito hambriento la cabezona dañina de su dañina polla. La metió lenta… suavemente. Yo tiritaba de ganas, de gozo, de miedo, de placer…y ya puesto en ello, tiritaba por lo que fuera. El macho habló….:

La cabecita es tuya, putito rico… Ahora empuja tú.

Yo gemía…lloraba…arañaba el aire. Empecé a empujar…suavemente. Aquella pija se deslizaba golosa hacia adentro…como buscando el fondo. Despacio…despacito…poco a poco…gimiendo de dolor y placer. Y de repente….¡AYYYYYYYYY!!!…¡el hijo de puta, de un sólo pijazo, me la había metido toda…TODA…!

Grité…lloré…gemí…puteé…pero también gocé. ¡Nunca me había sentido tan lleno de pija como esa tarde! Mi culo se revolvía de dolor y placer…y el muy macho…la metía…la sacaba…la volvía a meter…la revolvía… y yo gozaba como una yegua en celo.

Tanto ir y venir…la polla no pudo aguantar más…y el macho eyaculó en mi maltrecho culito. Yo también acabé. Y sentí que me desmayaba.

El hombrón se abrazó fuertemente a mi culo. Siempre adentro, su polla comenzó a mermar de tamaño… Cuando se ablandó al todo…se salió de mi culito que por ello se puso triste.

Ah… -exclamó el macho satisfecho-…¡qué hermoso polvo te he echado putonazo!

Pero yo no contesté. Estaba ocupado limpiándole con mi pañuelo la polla que presentaba algunos restitos de sangre. Me abrazó y me dijo lo más lindo que he escuchado en mi vida:

Te la sabes tragar…maricón puto…y te la aguantas…¡me gusta eso!

Nos bañamos juntos, para sacarnos de encima toda la leche que habíamos desparramado con tanto gusto. Mientras nos bañábamos, se la volví a chupar con todas mis ansias. Su polla se volvió a poner dura… y muy pronto volvió a escupir su leche, esta vez en mi boca. Me tragué golosamente todo aquel manjar…mientras pensaba, con una sonrisa, que el muy bestia quizá iba a dejar mi estómago embarazado.

Nos secamos, nos vestimos, y volvimos al recibidor. Muy formal, como si no hubiera pasado nada, Roberto dijo…_

Este cable lo arreglo en un minuto.

Y se puso a hacerlo. Yo, que estaba a sus espaldas, mientras el trabajaba lo abracé…busqué con mi mano su bulto ahora normalizado…me prendí a la verga…y la estuve sobando un largo rato…totalmente encantado…y creyendo que ya había llegado al cielo.

Roberto terminó su arreglo. Probó el aparato telefónico, hizo un gesto de aprobación con la cabeza…se libró de mi mano que le atrapaba la pija…y guardó la pinza en el maletín.

Me voy, putito mío – dijo y yo me sentí morir… ¡Iba a quedarme sin la cosa más bella que había saboreado en la vida mi culo privilegiado!

Quédate conmigo… y sigamos culiando, amor – le dije. Pero él miró el reloj, negó con la cabeza y dijo que tenía que volver a la empresa. Pero agregó algo…:

Mira, chupador delicioso de vergas ardientes: mañana descuelga el tubo de tu teléfono…te vas a un vecino…hablas a la Compañía reclamando que el arreglo de hoy no ha surtido efecto…y me van a mandar otra vez. ¡Entonces sí que te la voy a dar hasta por la oreja!

Yo saltaba de felicidad…mañana…mañana…¡mañana iba a ser otra vez mía aquella polla de exposición…aquella ricura…aquella joya destinada a morir en lo profundo de mi colita culiadora.

Cuando estaba por saludarme y salir todavía lo agarré…le desprendí la bragueta…saqué la palomita idolatrada…y se le llené de besos. Él me acarició la cabeza, guardó la polla, cerró su cartera y dijo…:

-Mañana, mamita…mañana…toda tuya.

Abrió la puerta y se fue… yo me quedé trémula…trémulo, digo, pensando en aquella polla gigantesca que me había hecho pasar la tarde más hermosa de mi puta vida. ………………………………………………

Al otro día hice lo que él me dijo. Descolgué el tuvo telefónico, fui a la cabina…reclamé a la Compañía…y a las cuatro de la tarde tenía otra vez la pija de Roberto en la boca.

Culiamos como desesperados. Me la puso por todos lados… Gozamos como caballos… y todavía ambos queríamos más. Fue una tarde de locura en la que se la besé, se la chupé, se la mordí, se la acaricié, me la pasé por la cara, por la panza, por el culo…por la espalda.

¿Y él? El muy hijo de puta me la restregó…me la metió…me la mezquinó…me la dio…me hizo doler…me hizo gozar…me hizo eyacular tres veces… y hasta, en determinado momento, me la metió en el sobaco derecho…para envidia del izquierdo.

Algún día la Historia Universal de la Follada…va a registrar esta tarde de tanta polla, de tanta leche…de tanto gozo mutuo.

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