Una cuenta pendiente | Parte III

Entre a su casa. Nos dirigimos al jardín donde él guardó la manguera y me enseño el lugar. Al fondo una leñera con bastante leña y herramientas, y entre la casa y el fondo varias plantas, sobretodo comestibles como tomates, cebollines y arvejas.

Debo volver rápido, le dije, mi mamá va a sospechar y debo estar con mi hija. Dijo que mi hija era preciosa, y que se parecía mucho a mí. También me preguntó si me lo habían hecho por el culo. Respondí que no. Me miró de pies a cabeza y se acercó poniendo una mano en mi mejilla y la acarició. Acercó su rostro y rosó mis labios pero no concretó el beso, yo ya me estaba acelerando, luego pasó su otra mano sobre mis pechos, fue bajando y tocó con suavidad sobre mi barriga y metió la extremidad dentro de mi pantalón. Tocó mi vagina por sobre el calzón, rosaba mi cuello con sus labios. Estaba ya encarrilada y traté de tomar su pene pero no me dejó, tomó mi brazo de la muñeca y con fuerza la puso sobre la pared.

Bruscamente me dio vuelta contra la misma pared. Bajó mis pantalones y luego mis calzones, ambos hasta los tobillos. Pregunté que iba a hacerme. No respondió. Si te das vuelta te trataré como a la zorra de tu madre, me advirtió, y se agacho. Abrió las nalgas, me sentía extraña, nerviosa, incluso puedo decir que temblaba un poco, estaba ante algo desconocido, que podía hacerme sentir bien pero a la vez me daba un horrible nerviosismo ante la primera vez. Ya no hubo marcha atrás. Introdujo su lengua y comenzó a comerme el culo. Al principio traté de salirme, sentía tan raro que alguien me tocara ahí, ni siquiera mi pareja lo había hecho. Solté un fuerte gemido. El me tomó firmemente de la cintura y seguía moviendo su lengua dentro, mientras yo gemía más y más ante este nuevo placer descubierto. Atiné a sacarme la blusa y morderla, o toda la cuadra se iba a enterar de que me estaban comiendo el culo en la casa de enfrente.

Sentí un agua que corría por mi pierna y bajaba hasta mi ropa. Era mía. Mi cuerpo emanaba todo ese jugo desde mi vagina, desde mi culo, desde mi ser, así que atiné a poner una mano en mi entrepierna y me introduje los dedos. Moví frenéticamente los dedos mientras mi macho aumentaba el ritmo. En mi boca, la blusa empapada, mordí fuerte, pues estaba como loca gimiendo y a ratos gritando, ya me venía, lo sentía, y él sacó su lengua, poniéndose de pié. No entendí que pasó, pero todo cobró sentido cuando sin aviso me clavó todo su miembro hasta el fondo en el culo. Grité. La blusa cayó al suelo y seguí gritando y gimiendo con fuerza. Estaba por acabar. Él seguía con el mete y saca a mi culo, afirmado de mi cintura, hasta que no dí más y soltando el último grito acabé. El orgasmo fue largo, mis piernas temblaron, aún estaba en las nubes cuando sacó su pene. Me apoyé de la pared, casi abrazándola. Una voz sonó. ¡Lissete! Llamó otra vez. !Lissete! !Hija, ven aquí! Mierda, era mi mamá, debió escuchar todo mi griterío. Fui a abrir, mi mamá me miraba con una expresión molesta. Él salió y abrió el portón, mientras ella me preguntaba por qué demoraba tanto; “Solo le ayudaba con el jardín, mamá” Él la miró con una cara llena de serenidad, aunque algo se notaba el bulto en sus pantalones. Me despedí con un beso en la mejilla y al acercarme le agarre el miembro por sobre la ropa, me di la vuelta y seguí a mi madre, ella me iba a sermonear probablemente, pero si había algo claro, era que no había probado esa carne tanto como mi madre, y eso pronto iba a cambiar.

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