Viajé a Argentina para coger a Karina (Parte I)

Empezaré por decir que el problema del sexo con mi esposa nunca fue el sexo con mi esposa sino el sexo SÓLO con mi esposa; lo cual, inevitablemente, me llevó al aburrimiento. Así pues, decidí hacer algo al respecto, aunque pareciera paradójico: reavivaría mi matrimonio, cogiendo con otras chicas.
Empecé buscando en Facebook a mis antiguas novias,  pero ninguna me permitía intentar el siguiente paso: Las charlas se resumían en un “hola, cómo estás?” “¿Qué es de tu vida?” “Te casaste, qué lindo…” Sin embargo, al poco rato me enganché con la alternativa más insospechada: Se llamaba Karina. Karina fue una cibernovia con la que mantuve una relación en un verano, hace 10 años, pero nunca tuvimos un encuentro físico porque ella vivía en Argentina y yo, por ese entonces, no me podía costear un viaje hasta allá.
Sin embargo, fue una relación intensa: nos desvestíamos por webcam, nos masturbábamos juntos, ella me mandaba sus fotos privadas y yo las guardaba en una carpeta escondida en mi pc hasta que me casé y me sentí en la obligación moral de borrarla. De lo cual me arrepentí al poco tiempo.
Recuerdo bien las fotos de Karina: En la primera me mostraba su nuevo corte de cabello. Sin embrago, lo interesante es que en una segunda foto, se bajaba el pantalón y me mostraba sus nalgas blancas y redonditas. En la siguiente foto se quitaba un bvd negro que ceñido a su delgado cuerpo y me mostraba sus pechos prisioneros por un brasier negro que parecía reventar (me gustaba esa en especial porque se veía un pequeño tatuaje que tenía en el hombro en forma de estrellas) Por último, en la cuarta foto de esa serie, Karina se desabrochaba el sostén y sus senos se desparramaban marcados por las costuras de sus prendas íntimas.
Recuero haberme hecho miles de pajas mirando esas y otras fotos, imaginando que me venía en las tetas de Karina.
Karina era 10 años menos que yo. Tenía 16 y yo 26 cuando la conocí. Ahora ella tenía 26 y yo 36. Sin embargo conservaba todo ese atractivo de entonces, ése que me despertaba tener sexo de la manera más vulgar. Para ser descriptivo, Karina medía aproximadamente 1.65m (o eso me decía). Era delgada, piel clara y cabello castaño. Tenía el culo levantado, los pechos puntiagudos y, además, un detalle que siempre me fascinó (o quizá sólo era un fetiche personal): usaba anteojos de carey.
Mientras chateaba con ella sentía que mi pene se ponía duro y abultaba en el pantalón. Luego no resistí y tuve que abrirme el pantalón para tocarme. Fue la conversación más placentera que había tenido con una mujer desde hacía mucho. Recordamos buenos tiempos, manifestamos nuestros deseos de tener sexo y hasta juraría que nos hicimos una paja juntos, como lo hacíamos hace diez años.
Lo decidí de inmediato. Dentro de dos semanas yo sabía que mi esposa tenía que irse un fin de semana entero a visitar a su familia. Aproveché las circunstancias y compré un pasaje ida y vuelta para Argentina esos mismos días. Sería un vuelo relámpago:
Llego, cojo y me voy.
Claro, muchos de ustedes dirán: “Qué bruto, una puta cualquiera trae menos complicaciones”. Pero los que realmente ven en el sexo algo más que autosatisfacción comprenderán lo estimulante que resulta hacer estas cosas, más aún considerando lo buena que estaba Karina.
Aquel fin de semana, mi esposa salió temprano y a continuación conduje a toda marcha al aeropuerto. En las cuatro horas que duró el vuelo a Argentina recordé una antigua clasificación que tenía para las chicas: Existen chicas “no cogibles”, que desgraciadamente son la mayoría. Luego, existen chicas “cogibles”, con las que uno a veces se acuesta para pasar el rato pero no para hacer concesiones como hacerles “sexo oral”.  Sin embargo, hay también un grupo reducido con las que sí estaría dispuesto a más; por ejemplo, darles una buena lamida en sus labios vaginales. Por último, hay un cuarto tipo de chicas que me despiertan aún instintos más profundos; a estas chicas no sólo me provoca meterles mi lengua por su vagina sino introducírcela por sus anos y hasta el fondo. Karina era de este último grupo.
Llegué a Buenos Aires y tomé el primer taxi. No me importó lo que cobró. Sólo tenía en la mente cogerme a Karina; darle duro y en todas las posiciones, venirme en su boca, en sus senos, en sus nalgas; o qué sé yo… venirme a dentro de ella, hacerle un hijo. En ese momento venía hecho un animal. No me importaba nada.
Karina trabajaba en una tienda de zapatos, sola. Esto facilitó mucho las cosas. La vi y no le dije ni hola. Caminé hacia el mostrador, donde estaba ella apoyada y le di un beso de lengua. Ella me aceptó sin reparos. Nos besamos desenfrenadamente por varios minutos mientras nos acariciábamos sobre la ropa. Habría que comentar que la zona que más recorrí fueron sus hermosas nalgas, redondas y puntiagudas, en las cuales pude apretar con mis dedos a través de sus ajustados leggings.
La lengua de Karina era grande y larga y fácilmente llenaba mi boca. Yo se la chupaba, intentando absorber todas su saliva, aunque lo hacía con tanto apetito que un fino hilo de sus babas se le derramó entre sus pechos y se perdió en el escote. Entonces me detuve y le ordené: cierra ya y vamos a la trastienda que te quiero coger hasta que me pidas perdón.
Karina sonrió, aceptando el trato, y cerró las puertas del local. Tan pronto le puso llave, me pegué a su espalda para manosearla por detrás. Además de su ajustado leggings negro vestía una camiseta negra de The Beatles, bastante holgada. Recorrí todo su cuerpo con mis manos, como un policía buscando evidencia en las zonas más complicadas. Luego, por fin me hice con sus caderas y pegué mi pene contra su trasero para pincharla una y otra vez hasta que empezó a gemir con su acento porteño:
-¡Ay!… Sí… No parés… no parés….
La tomé del pelo y empujé su rostro contra la puerta. Acerqué mi boca a su oído y le dije: “Quiero que agaches y me chupes la verga hasta que no puedas respirar”. Karina aceptó. Pero antes de que se pudiera hincar, tomé su camiseta desde el cuello y se la rompí violentamente, desnudando su torso.
Tenía ante mí esa deliciosa imagen que me recordaba a aquellas fotografías que tuve que borrar. Estaban ahí, frente a mí, sus dos pechos prisioneros de un brasier negro apunto de reventar. Me excitó tanto que no pude evitar derramar un poco de líquido preseminal. Mi verga se puso  gomosa. Pero eso no le importó a ella: Karina la limpió toda con su lengua. Y, cómo si no fuese suficientemente malcriadez hablar con la boca llena, preguntó:
-¿Me la querés meter, mi amor?
“Aún no”, respondí, tratando de reponer mi autoridad (he de decir que había mamado tan rico que casi acabo en su boca).
-¡Párate, puta! -Le ordené.
De pie, me acerqué a sus pechos blancos y tiernos y  empecé a abofetearlos dentro su brasier.
-¡Ay!… ¡no parés… dame más! -me suplicaba Karina, mientras sus pechos rebotaban con los golpes.
-¿Te acuerdas cuando te masturbaste frente a la webcam mientras tu mamá estaba en la misma habitación que tú? -le pregunté.
-¡Sos malo! -Recordó ella.
-Te metiste una mano dentro del pantalón mientras que, con la otra, te pellizcabas los pezones… Tu mamá ni cuenta se dio.
-¡Estuvo rico! -Contestó Karina, mientras la pellizcaba sus pezones.
-¡Hazlo! Hazlo apoyada en el mostrador en posición de perrito.
Karina obedeció. Empezó a masturbarse con el culo levantado en dirección a mi rostro. Me quedé contemplándola mientras gozaba excitada y sudorosa. Entonces saqué mi móvil y le tomé algunas fotos masturbándose. ¡Estas no las voy a borrar! amenacé.
-¡Mmm…! ¡No lo hagás!  Mmmmmmmm…. -Dijo ella, mientras parecía llegar a un orgasmo.
Entonces, al fin me puse detrás de ella y empecé a lamer el espacio entre sus dos nalgas, por encima del leggings tan apretado que tenía. Lamida tras lamida, como si fuese un perro, descubrí que esa zona iba cambiando de sabor, probablemente mezclándose con todos sus fluidos. Lamí con tanta intensidad que hasta sentía las bolitas del tejido de sus calzas en mi lengua.
Cogí las costuras de sus leggings y con mis dedos les hice un agujero hasta que tiré hasta rasgarle el pantalón en dos. Le jalé la tanga a un lado de inmediato enterré mi rostro entre sus nalgas. Lamí y lamí hasta que introduje mi lengua en su ano, a sus cavidades más profundas.
No la podía ver pero sentí que Karina empezó a convulsionar en ese momento. No, no, no… me decía…. Nunca nadie le había hecho algo tan sucio. Se sentía indefensa. Se sentía avergonzada. se sentía vulgar. Entonces empezó a chorrear todos sus jugos vaginales, los cuales se derramaron entre sus piernas desnudas.
La cargué mientras aún temblaba y la llevé a la trastienda, donde acabé por desnudarla completamente. La acaricié un rato para que se calme y luego, con más delicadeza,  la acosté boca arriba sobre el escritorio y la penetré en la posición del misionero. Karina estaba tan jugosa que no hubo necesidad de hacer una entrada en falso. Le di hasta adentro una y otra vez.
Recuperada un poco, la tomé de la nuca y la hice levantarse un poco para poderla penetrar haciendo que mi pene se doble dentro de su vagina. Al sentirme, Karina empezó a sentir un nuevo orgasmo y me dijo de todo:
-¡Por favor… por favor! ¡Dame…. Dame toda tu leche, toda adentro…!
No lo pensé más… Me vine adentro  de ella, llenando toda su vagina de leche tibia. Creo que nunca había eyaculado tan feliz.
La vi un momento, algo repuesto del acto. Karina lucía desnuda y mojada por todo tipo de fluídos: sudor, semen, liquidos vaginales y saliva. Con todo permaneció en el suelo, recorriendo sus labios con su lengua, intentando encontrar en el aire el sabor a sexo.  ¿Me conseguís algo de ropa?, me dijo, recordando que había destruido todo lo que llevaba puesto. Yo me reí, al recordar que le había roto lo que llevaba puesto. Voy a comprarte algo en la tienda de al lado, le dije, mientras recogía su calzón del suelo y me limpiaba el pene con él.
Me alegra que hayas venido, me confesó: llevaba diez años esperando por esto.
Yo también. Yo también.
Ese fin de semana cogimos todo el día. Apenas paramos para comer algo y dormir una media hora. Se puede decir que cumplí todas y cada una de mis fantasías. Pero esas historias, una más vulgar que la otra, serán tema para mis siguientes relatos.

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