Yllom, ardiente e insaciable esposa recibe en bata de baño a su jefe laboral para estrenar la cama nueva cogiendo con lujuria en la propia morada del cornudo esposo.

Para facilitar el seguimiento de todas las aventuras de la protagonista de las historias que he escrito y las que escribiré, usaré a partir de ahora su seudónimo “Yllom” que será abreviado como “Y” para proteger su identidad. Las historias son reales basadas en lo que mi esposa Y y yo vivimos juntos cuando en ese tiempo no sabía que estaba identificado con ser cuckold, simplemente lo vivía por el placer de experimentarlo . Los siguientes relatos son de mi autoría y hacen alusión al amancebamiento de Y con su jefe laboral identificado por “R”:

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https://www.relatosdesexo.xxx/mi-esposa-se-anima-a-coger-con-su-jefe-en-nuestro-departamento/

Como les narré en otras historias, mi esposa Y y su jefe laboral R habían establecido una relación amorosa intensa. Asimismo, R era el asesor de tesis de Y para graduación universitaria por lo que nos visitaba en nuestro departamento. Cada día mi esposa se sentía más unida a R pues convivían durante la jornada laboral y después de ella, pues para ese tiempo yo me había traslado a otras oficinas en Santa Fe al poniente de la Ciudad de México aprovechando una oportunidad en otra área dentro de la misma empresa, por lo que R pasaba por ella a la casa en las mañanas y la traía de regreso por la tarde. Debido a la distancia de mi trabajo yo salía más temprano y regresaba hasta la noche lo cual daba oportunidad de que R estuviera diario en casa a solas con su novia –mi esposa– y de que la atendiera sexualmente pues además de un gran amor entre ellos también existía un gran deseo; así que muchas veces a mi llegada era común que ya hubieran cogido pero otras por la dinámica del día a día no se consumaba por falta de tiempo.

Los fines de semana era cuando más tiempo dedicaban a trabajar en la tesis. Aquel sábado mi amada Y me informó que R llegaría más tarde lo cual nos tenía muy excitados a los dos, a ella porque tendría tiempo de estar con su jefe en calidad de asesor de tesis (así fue como Y convenció a R de que podía asistir a nuestra morada conyugal sin que se sintiera nervioso porque yo me enojara de verlo por ahí, aunque claramente mi esposa y yo sabíamos que al contrario yo estaba encantado de que la visitara y se la cogiera en casa, pero R no entendía esa parte) y sobretodo en calidad de amante, y a mí porque me daría la posibilidad de ver como mi mujer se entregaba sin reservas al hombre que la traía loquita, con la panocha húmeda al pensar en el, ansiosa de consumar el ayuntamiento carnal con su Macho.

Previamente les comenté que en un principio en la recámara donde trabajaban en la tesis no había cama. Al principio estaba vacía, sólo con una alfombra, y fue en esas condiciones donde pude deleitarme por primera vez viendo como R le comía la panocha a mi mujer haciéndola gemir como perra en brama y escuchar como se la cogía con pasión e intensidad provocándole enormes orgasmos. No fue la primera vez que cogieron pero si la primera que yo pude ver. La primera fue cuando por sugerencia mía le dije a Y, muy al principio de su relación, que para disipar dudas sobre lo que sentía por R que fornicara con el aprovechando un viaje que hice a Guadalajara por motivos de trabajo. Cuando le hice esa propuesta aun no estaba afianzado como cuckold pues sentía una combinación de celos por saber que ella amaba a R, mezclados con excitación de imaginar a Y entregando su Pucha a R pues previamente fantaseábamos con que ella fuera de otros además de mi pero sólo como fantasía. Por ejemplo, desde que éramos novios cuando comíamos, en la hora del lunch del trabajo, yo la bromeaba con el esmero de los jóvenes meseros que nos atendían y nos referíamos a ellos como sus “cachos” en alución a que me imaginaba que se la cachondeaban; ellos eran jóvenes como nosotros y bien parecidos y yo sentía que querían alagar a mi novia con su atención. Ella reaccionaba con cierta turbación al escucharme, pero también dejaba ver cierta excitación de saberse deseada por otros además de mi, su novio, con quien fornicaba casi desde el inicio de nuestra relación en la cual me di cuenta de que era una hembra extremadamente ardiente, entregada, apasionada, intensa, que disfrutaba enorme del sexo. Otra fantasía era cuando otros compañeros de trabajo, en particular S, le hablaba de temas sexuales y lejos de evadirlos ella le seguía la corriente; ella me lo platicaba cuando ya estábamos casados y recién nos habían trasladado al edificio donde conocimos a R. Así que cuando salíamos del trabajo e íbamos rumbo a casa ella me platicaba de las insinuaciones sexuales de S y yo la animaba a que me contara los detalles refiriéndome a S como su “Picador” aunque nunca hubo interacción física entre ambos, solo cuestiones verbales de índole sexual y ella reaccionaba con cierto desconcierto de que le dijera eso pero al mismo tiempo se excitaba. Creo que esto fue el inicio de mi tendencia a ser un cuckold –sin saberlo explícitamente pues en ese tiempo ni siquiera conocía el término y con ninguna de mis anteriores novias viví algo similar pues con ellas fui el típico novio que creía que ellas deberían ser solo para mí– Creo que ella tenía una facilidad extrema para derivar las conversaciones con los hombres en temas sexuales, por ejemplo, le encargaron elaborar dos programas de computación uno para dejar evidencia de ciertos registros como “testigos” y otro para “verificar” el resultado del proceso y ella los nombró “Testi” y “Veri” lo cual provocó la risas de sus jefes de ese momento a lo cual ella preguntó el por qué de sus risas. Ellos le dijeron que usaba unos nombres muy sugestivos pues el “Testi” podría identificarse como “Testículos” y el “Veri” como Verija (para los que no son de México, la verija es la parte íntima femenina).

Regresando a la narración de la recámara, para ese tiempo ya estaba acondicionada con un escritorio para trabajar en la tesis lo cual era muy lógico y … ¡con una cama nueva! del tipo litera. Y me dio la noticia de que R había comprado la cama pensando en que nuestro pequeño hijo pronto podría ser acompañado por un hermanito y el quiso regalarla; además de que como “trabajaban” arduamente en la tesis era necesario que tomaran descansos y que mejor que una cama para ello, amén de poder estar más cómodos en sus andanzas carnales … lo cual era también bastante lógico … el hermanito de nuestro hijo podría ser engendrado por R con quien mi esposa cogía muchísimo o con muy poca probabilidad por mí pues para este momento de mi desarrollo como cuckold a mí me gustaba verla ensartada en el Pitote de R más que en el mío, pequeño. Y me decía que le fascinaba el pene de R y por su puesto también se lo hacía saber a él, en sus conversaciones íntimas cuando ella le hacía una felación y en alguna pausa le decía “me encanta tu pene”.

Volviendo a la narración del evento de ese tarde de sábado, R llegó al departamento poco antes de que oscureciera y se instaló en la recámara trabajando en la tesis. Yo me encontraba en nuestra recámara conyugal que estaba equipada con un baño interior y mi mujer se apresuró a darse una ducha. Al salir de ella salió envuelta en una bata de baño, se humectó su cuerpo, incluyendo sus muslos y pude contemplar la excitante imagen de su peluda vulva cuando colocó una de sus piernas sobre la cama. Me acerqué a contemplarla de cerca y a acariciarla sintiendo su calor de hembra en celo y le anticipé que esa cuca más tarde sería disfrutada por R nuevamente, a lo cual ella respondió afirmativamente, lo cual erizó mi piel de la excitación y acerqué mi lengua a sus labios vaginales para constatar que en ese momento tenía que despedirme de ellos pues estaban reservados para la boca y el Pito de su Macho. Ella terminó de secarse el cabello y como no le vi intención de ponerse alguna prenda de ropa le pregunté, conociendo de antemano la respuesta, si se iba a reunir con R con ese atuendo, es obvia la respuesta que me dio.

Y se trasladó a la recámara contigua donde aguardaba su asesor de tesis, se saludaron y trabajaron un rato en la misma. Transcurrida aproximadamente media hora y llegada la noche, me acerqué al pasillo al que daba a la recámara donde los amantes se encontraban y con mucho nerviosismo y con sigilo, para no ser descubierto por R, empujé un poco la puerta que como les he dicho en otras narraciones tenía averiada la chapa y no se podía asegurar la puerta (intencionalmente nunca la reparamos). Casi me desmayo de la impactante imagen que mis ojos contemplaron: ¡Mi caliente linda esposa y su adorado amante estaban estrenando la cama nueva! Tenían atenuada la luz y la del pasillo estaba apagada para evitar que me vieran pero era suficiente para que mi vouyerismo se viera recompensado con la candente y lujuriosa escena en la que mi Sancho saboreaba las mieles de la vagina de su novia –nuestra mujer compartida– deslizando su lengua y sus labios con suaves caricias sobre los labios mayores y menores de la vulva de una MUJER CASADA, EN LA PROPIA MORADA CONYUGAL DE ELLA, CON SU ESPOSO PRESENTE EN LA CASA, con riesgo de ser descubierto de su atrevida hazaña, pero … el amor, la atracción, el delirante deseo que R sentía hacia Y era capaz de hacerlo superar sus infundados temores (yo era el más complacido de que R disfrutara de mi mujer en mi propia casa pues así me daban la oportunidad de verlos en infernal acción copulatoria y aunque veladamente le hacía notar que yo no tenía problema en que se cogiera a mi esposa, R mantenía ciertas reservas dada su personalidad y moral). Totalmente empoderada y entregada al placer, mi esposa ofrecía su peludo chocho (su mono como él le decía a la abundante pelambre del pubis de nuestra hembra) a su hombre dejando constancia de que ERA SUYA NUEVAMENTE, sin reservas ni limitaciones, dispuesta a complacerlo en todo lo que quisiera, pues para ello era su PUTA, la señora de la casa que ante los demás era mi esposa pero ya en la intimidad ERA LA MUJER DE R POR DERECHO PROPIO. R elevaba su cuello y cabeza para alcanzar con picotazos de su lengua la cavidad vaginal de Y que respondía con entrecortados jadeos sin hacer el más mínimo intento de ahogarlos y de evitar que se escucharan en los departamentos de abajo y arriba del nuestro ¿Qué podrían pensar … quién se estará cogiendo a Y … su esposo o su amigo … como viene muy frecuentemente el amigo, seguro es el que se la chuta corneando al esposo (concluirían)?

El sonido del roce de sus cuerpos era extasiante, me llevaban al paraíso al contemplarlos en ese magistral Sesenta y Nueve (69) ella colocada encima de él, ubicados en la cama baja de la litera con la cabeza de R cerca de la puerta (después hubo otras distribuciones de la cama en la recámara donde también R hizo suya a mi mujer, ya les contaré en otras historias) donde yo los contemplaba con unas ganas de masturbarme ante tal escena, pero tenía que contenerme para no hacer ruido. La preciosa mujer que me juró fidelidad ante el altar deleitaba a su macho con una encomiable felación.

Nota: Antes de que nos casáramos, acudimos a una entrevista con el Sacerdote Católico que oficio nuestra celebración matrimonial, en compañía de mi papá y de una de mis tías. Ahí nos explicó que el acto de casarse era una gran responsabilidad y que teníamos que estar conscientes de que si alguno de los dos incurría en alguna infidelidad, el matrimonio no podría ser deshecho y tendríamos que arreglarnos entre nosotros dos para seguir adelante con el. Aún recuerdo las palabras que usó, me dijo: Si Y llegara a tener un ”acostón” con algún otro hombre vas a tener que asumir la responsabilidad para seguir al lado de ella y de mantener su matrimonio. Comento esto como algo anecdótico en el sentido de que hubiera parecido una profecía de parte del sacerdote que mi mujer terminaría entregando su exquisita, ardiente, apretada y jugosa Panocha a otro macho. Personalmente, me causaba un gran placer que mi mujer me corneara con mi consentimiento y me daba un gran morbo que fuera en nuestro propio lecho conyugal y a pocos años de habernos casado (las cogidas con su jefe iniciaron como tres años y medio después de habernos casado), así que en realidad no se trataba de infidelidad, sino de un acuerdo entre ambos para permitir que ella disfrutara de otro macho. En todo caso, para algunos sería una infidelidad consentida. Claro, bajo el marco de la Fé católica es una infidelidad consumada, lo cual me produce aún más morbo.

R tampoco se contenía ya de los húmedos ruidos que su boca hacia al recorrer la vulva de su amada pasando por su clítoris, sus labios mayores y menores, su entrada vaginal, su perineo y su ano. La afanosa estimulación que mi esposa hacía sobre el falo de R le arrancaban jadeos a su macho que vibraba ante la exhibición experimentada de una gloriosa Mujer, casada sí, pero no prohibida pues ella misma se entregaba en cuerpo y alma, lo llamaba para que acudiera a su casa para saciar sus enormes apetitos sexuales. En respuesta a la fragorosa mamada de glande, cuerpo cavernoso, base del pene, escroto, el Picador de mi mujer explotó en intensa eyaculación sobre la boca y cara de su hembra, quien atinó a beber el exquisito liquido proveniente de su macho.

Después de ello me retiré a la recámara conyugal para darles espacio y permitir que tuvieran su compenetración emocional, al estar abrazados en esa cama que daría constancia más adelante de fragorosas batallas sexuales, además, por supuesto, de nuestra propia cama conyugal que era más ancha y que también fue usada extensamente por R para cogerse a mi esposa, sobre todo en el intervalo de tiempo en el que tenían cuando regresaban del trabajo y el que yo tardaba en llegar.

Por lo pronto, la nueva cama había sido bendecida sexualmente con una de las prácticas favoritas de la insaciable Yllom: su famoso 69.

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